Burgos, junto a su patrona

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El próximo 1 de noviembre se cumplirán 75 años desde que el papa Pío XII declarara como dogma de fe la Asunción de la Virgen María en cuerpo y alma a los Cielos. Una fecha relativamente cercana, habida cuenta de que este misterio se celebra en toda la cristiandad desde tiempo inmemorial. Prueba de ello es la misma catedral de Burgos, dedicada a la Asunción de María, cuyo misterio ha quedado grabado en piedra en la parte central de su cimborrio.

 

Esta misma tarde, Santa María la Mayor ha sido honrada en su misterio de la Asunción en uno de los actos centrales de la novena que se desarrolla en el templo desde el pasado 7 de agosto. Hoy, el habitual Rosario ha acompañado una procesión con la réplica de su imagen por las naves del edificio y la misa ha concluido con la proyección del montaje ‘Stella’. Mañana viernes, día de la solemnidad, el arzobispo, mons. Mario Iceta, presidirá la solemne eucaristía a las 12:00 del mediodía, que finalizará con la impartición de la bendición papal y en la que la corporación municipal realizará el tradicional voto de la ciudad a la patrona.

 

Coincidiendo con el misterio de la Asunción de la Virgen al Cielo, la catedral conmemora cada año el título que el rey Alfonso X, el Sabio atribuyó como blasón de la catedral en el año 1260: «Es esta la iglesia dedicada a Santa María, la mayor de Castilla». La imagen venerada que recibe este título data del siglo XV y, desde 1596, ocupa el espacio central del retablo mayor, justo debajo de la escultura de la Asunción de la Virgen, de Juan de Anchieta (1578). Santa María la Mayor es la patrona de la archidiócesis y siempre recibe el cariño y homenaje de los burgaleses, que recurren a su intercesión en diferentes momentos del año.

La provincia celebra a su patrón, santo Domingo de Guzmán

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En una de sus calles nació en 1170 uno de sus vecinos más ilustres no sólo por fundar la orden de Predicadores, sino también por ser uno de los difusores de la devoción del rezo del santo Rosario y un gran defensor de la fe cristiana frente a las herejías albigense, gnóstica o pelagiana. Y aunque ejerció gran parte de su ministerio pastoral en la vecina Osma, santo Domingo de Guzmán es el patrón de la provincia de Burgos, y su localidad natal, Caleruega, se convierte cada 8 de agosto en su capital.

 

Hasta el municipio se han acercado hoy las principales autoridades provinciales, encabezadas por el presidente de la Diputación, Borja Suárez, quien ha presentado sus peticiones al santo en la eucaristía que ha presidido el arzobispo. También ha acudido el delegado territorial de la Junta de Castilla y León en Burgos, Roberto Saiz, y numerosos diputados provinciales.

 

Monseñor Mario Iceta ha repasado en su homilía algunas de las virtudes del santo, entre las que ha destacado su sabiduría y su misión apostólica en todo el mundo. Al igual que hizo con santo Domingo, «el Señor ha tocado nuestros labios para que podamos cumplir con nuestra misión». Una misión que consiste en «ser testigos antes que maestros», que convenzan al mundo «más por su ejemplo que por lo que dicen», ya que basan su acción en la sabiduría divina. Recordando que los vocablos «sal» y «sabiduría» proceden de la misma raíz etimológica, ha recordado que «ser sal de la tierra significa dar sabor» y que ser sabios quiere decir «tener una mirada cierta de las cosas como Dios las ve».

 

Como es tradición, la jornada ha contado con la habitual recepción que las madres Dominicas han brindado a las autoridades provinciales. En el acto también han participado el abad de Santo Domingo de Silos, dom Lorenzo Maté, y el obispo de Puyo (Ecuador), el burgalés Rafael Cob, así como numerosos sacerdotes dominicos.

El arzobispo entrega a los sacerdotes sus nuevos nombramientos

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Para el arzobispo, mons. Mario Iceta, la entrega de los nombramientos a los sacerdotes que el año próximo estrenarán cargo pastoral, supone un momento de «renovar nuestra vocación sacerdotal, de volver a decir al Señor que sí, aquí estoy, envíame, mándame». La nueva encomienda se convierte así en un «envío del Señor por medio de la Iglesia» a cumplir con una misión específica, bien porque se asumen nuevas responsabilidades, bien por cesar en ellas por motivos de edad.

 

El arzobispo ha recordado que «todos los cristianos estamos llamados a hacer presente al Señor en el mundo», si bien los sacerdotes han de realizarlo de «una manera muy específica», representando a Cristo Pastor, celebrando la eucaristía y yendo a las pobrezas de este mundo: «La tarea es la de siempre, estar en contacto permanente con el Señor, pegados a él, ir a las pobrezas de este mundo, que no sólo son pobrezas materiales, que son muy sangrantes; son pobrezas existenciales, pobrezas familiares, pobrezas laborales, pobrezas de futuro, pobrezas de estar atado a los bienes materiales», ha explicado recordando a san Juan Pablo II.

 

Antes de hacer profesión de fe y entregar a los sacerdotes sus respectivos nombramientos, les ha recordado que el suyo es un «ministerio de unidad», capaz de lograr la comunión en medio de un mundo «fragmentado, enfrentado y polarizado». «En la parroquia hay diversas sensibilidades, diversos grupos. La Iglesia es una, pero no es uniforme, sino diversa en dones, carismas y ministerios en virtud del don común que es la caridad».

 

Por último, ha querido tener un recuerdo y una oración por todos los sacerdotes, de modo particular, «por los que pasan momentos difíciles». «Que el Señor nos conceda el corazón de buen pastor», pues, ha asegurado, «se nos pide especial ejemplaridad ante el pueblo de Dios, que vivamos siempre en la transparencia del don del Espíritu Santo, y que nuestra vida sea conforme al don que hemos recibido. Que lo vivamos con sencillez, con humildad, con verdad, conscientes de nuestras fragilidades, pero también acompañados por la gracia de Dios y sostenidos por el amor de nuestros hermanos del presbiterio».

«Una fiesta no se celebra solo»: el arzobispo anima a vivir la fe como camino compartido

por Natxo de Gamón,

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Burgos vive hoy el día grande de sus fiestas mayores en honor de san Pedro y san Pablo. La importancia de vivir la fe y la fiesta en comunidad, especialmente en un mundo marcado por la soledad y el individualismo, ha sido uno de los mensajes destacados de la celebración. «Una fiesta no se celebra solo», ha recordado el arzobispo, Mons. Mario Iceta Gavicagogeascoa, que ha presidido en la Catedral la solemne misa en honor de los santos apóstoles. El prelado ha destacado que el cristianismo es siempre una experiencia compartida, de hermanos que caminan juntos.

 

En su homilía, el pastor de la Iglesia burgalesa ha reflexionado sobre la fragilidad de los apóstoles y la fuerza transformadora del amor de Dios, que llama personalmente a cada uno por su nombre.

 

Mons. Iceta ha destacado cómo Pedro y Pablo fueron elegidos por el Señor no a pesar de sus limitaciones, sino precisamente en medio de ellas. «El Señor nos conoce mejor que nosotros mismos, y nos ama con un amor que es una llamada», ha afirmado. Esta llamada, ha recordado, no se fundamenta en el activismo, sino en la acogida del don de Cristo, que se convierte a su vez en misión: «Tú eres Pedro. En el nombre está la tarea».

 

El arzobispo ha invitado a los fieles a abrazar el combate interior que implica la vida cristiana: «transformar nuestros sentimientos según los de Cristo, nuestra ira en paciencia, nuestro egoísmo en generosidad». Como Pedro y Pablo, ha señalado, todos los creyentes están llamados a entregar la vida, incluso en medio del sufrimiento y de la cruz, que en Cristo siempre está envuelta en esperanza.

 

Ha subrayado también la importancia de vivir la fe en comunidad: «una fiesta no se celebra solo». En un mundo marcado por la soledad, ha exhortado a los cristianos a caminar juntos, sosteniéndose unos a otros. Finalmente, ha animado a los presentes a mirar hacia la meta última del camino: «nos aguarda el abrazo del Señor».

 

Mons. Iceta ha llamado a los presentes a cuidar los unos de los otros, a sostenerse mutuamente y a no dejar a nadie atrás, especialmente a quienes atraviesan dificultades o viven aislados. La fiesta litúrgica, ha señalado, es imagen del pueblo de Dios reunido en torno al Señor, y signo de una Iglesia viva, unida y alegre. Finalmente, ha animado a los fieles a no perder de vista el horizonte último del camino cristiano: «nos aguarda el abrazo del Señor».

 

Flores para la patrona

La celebración eucarística ha dado paso a la popular ofrenda de flores a Santa María la Mayor, un acto que se viene repitiendo desde hace 70 años, cuando la entonces reina de las fiestas obsequió a la patrona con las flores con que le habían agasajado los burgaleses. El arzobispo ha sido el primero en depositar flores ante la imagen de la Virgen que, en esta ocasión, se ha situado en el centro de la plaza, sobre una estructura que ha permitido que las flores ofrecidas por los burgaleses se hayan convertido en un manto para la patrona.

«La paz que el mundo necesita solo brota de un corazón convertido por la Eucaristía»

por Natxo de Gamón,

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Las calles de Burgos han arropado una año más al Santísimo Sacramento que ha procesionado por el centro de la ciudad. En la custodia y sobre la carroza de plata del maestro Suárez, el Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo ha vuelto a recorrer –tras la celebración eucarística presidida por el arzobispo– la plaza de Santa María, la calle Nuño Rasura, el paseo del Espolón, y las calles de Santander, Laín Calvo y La Paloma. Lo ha hecho acompañado por el propio arzobispo, un nutrido grupo de sacerdotes, gran parte de la Corporación Municipal y la Provincial, las autoridades militares de la ciudad y las cofradías y hermandades.

 

Además, en el desfile procesional con el Santísimo han participado la Agrupación Musical de la Ilustre Archicofradía del Santísimo Sacramento y Jesús con la Cruz a Cuestas, la Escolanía de los Pueri Cantores de la Catedral y la Banda de Música Ciudad de Burgos, y también Tetín y los Danzantes, los Gigantones y los Gigantillos, que han aportado la dosis de folclore a la tarde. La lluvia, que ha amenazado con su presencia hasta el último momento, ha permitido finalmente que la procesión se haya realizado en su recorrido completo, dejando bellas estampas a su paso por las calles de Burgos.

 

Al finalizar el recorrido, el arzobispo ha impartido la bendición con el Santísimo desde un altar improvisado instalado a los pies de la Catedral, en la plaza del Rey San Fernando.

 

Ser «servidores de la paz»

Antes, durante la celebración eucarística –en la que también ha participado el arzobispo emérito, Mons. Fidel Herráez Vegas–, Mons. Iceta ha subrayado en su homilía que «la Eucaristía es la ofrenda permanente del Señor, su cuerpo y su sangre entregados para que nuestra vida alcance su plenitud». En un templo lleno de fieles, el arzobispo ha recordado que «tantas veces oímos esas palabras, ‘toma y come’, que casi pierden fuerza, pero nadie más nos ofrece su vida entera como lo hace Cristo». Por eso, ha añadido, «la Eucaristía es lo que el mundo necesita» y ha señalado tres aspectos esenciales: el amor, la unidad y la paz.

 

En primer lugar, el prelado ha destacado el vínculo entre Eucaristía y caridad, al celebrarse también el Día de Cáritas. «Como en la multiplicación de los panes, el Señor pide nuestros pocos dones para multiplicarlos en favor de los demás», ha señalado, animando a ofrecer vida, tiempo y servicio a quienes más lo necesitan. A continuación, ha hablado de la Eucaristía como sacramento de unidad: «Así como el pan se hace de muchos granos, la Iglesia se edifica en la diversidad unida en un solo cuerpo». Esta comunión, ha indicado, debe reflejarse en la vida familiar, eclesial y social.

 

Por último, ha subrayado la dimensión pacificadora del sacramento, en un momento marcado por la escalada de tensiones en el mundo: «Nos hemos despertado estos días con una guerra más. La paz que el Señor nos da no es como la que ofrece el mundo, fruto de equilibrios frágiles y de intereses políticos. Cristo nos da su paz desde la entrega total, desde una cruz que engendra vida nueva», ha señalado Mons. Iceta.

 

«La paz de Cristo nace de una sangre derramada, de un amor entregado en la cruz. Es una paz que serena, que cura, que restaura». Frente a la violencia, el individualismo o la desesperanza, Mons. Iceta ha animado a los fieles a dejarse transformar por la Eucaristía: «Sólo un corazón convertido puede ser fuente de paz verdadera, portador de una luz humilde pero capaz de iluminar la noche», y los ha invitado a ser «servidores de la paz que nace de un corazón convertido».