La constitución de unidades pastorales en la archidiócesis es una realidad. Poco a poco, se erigen nuevas mientras se estudia la viabilidad de la constitución de otras. Es el caso de las parroquias de San Adrián, San Juan Pablo II y San Juan de Ortega, en la zona noreste de la ciudad. Los consejos pastorales de las tres parroquias ya han realizado reuniones conjuntas y comienzan a emprender acciones en común de cara a configurarse como unidad pastoral.
Entre ellas, una peregrinación a la residencia Teresa Jornet, como un motivo de celebración del Jubileo de la Esperanza, inaugurado el pasado 29 de diciembre en Burgos. En distintas columnas, expresión de la diversidad de recorridos y experiencias eclesiales de estas parroquias, el pasado 2 de enero, se concentraron a la puerta de la residencia. Un grupo de residentes también se sumó a la iniciativa, así como representantes de la Fraternidad Verbum Spei.
Ya en la residencia, las tres parroquias se unieron en una celebración que invitaba a adentrarse en la historia de un pueblo peregrino. La lectura del libro del Éxodo ayudó a recordar las dificultades del camino. Dos testimonios, uno de duelo y enfermedad y otro de desarraigo migratorio, actualizaron esta experiencia.
En medio de la Navidad, el relato del nacimiento de Jesús ayudó a acoger al Dios que camina con su Pueblo. También se pusieron en común distintas experiencias de acompañamiento a enfermos e inmigrantes, cuidados en la residencia, acogida a personas en soledad o comunión de comunidades cristianas.
La oración del Jubileo cerró la celebración, que se prolongó con un chocolate junto al belén artesanal expuesto en la Residencia.
Desde hace cuatro décadas y con la única excepción de las navidades de 2020, Torregalindo, un pequeño pueblo de la Ribera del Duero, transforma por completo su fisonomía (y la de sus habitantes) para convertirse durante unas horas en el escenario del belén viviente más espectacular de la provincia burgalesa. La Cabalgata de Torregalindo, reconocida con el título de Fiesta de Interés Turístico Regional, celebrará el próximo 5 de enero su cuadragésima edición. Cuarenta años durante los que la fiesta de la Epifanía, día de los Reyes Magos, los varios miles de personas que atrae este municipio tienen la posibilidad de hacer un viaje en el tiempo y en el espacio que convierte Castilla en la Judá del año 0 y al propio municipio ribereño en Belen Efratá.
Las siete de la tarde es la hora oficial en la que todo el engranaje comienza a funcionar a la espera de la llegad de sus majestades de Oriente al pueblo. Pero antes pasan muchas otras cosas, porque en las distintas calles y espacios del municipio se van recreando los episodios tradicionales de la primera Navidad. Todo comienza con la llegada al pueblo de san José y la Virgen, montada en un jumento, y su comparecencia ante la oficina del censo, abierta durante toda la tarde por si alguien más quiere también que su nombre quede inscrito en el padrón. Sufrirá, la sagrada pareja, la negativa de un posadero a darles cobijo, pero después llegarán los momentos gozosos: un ángel anunciará a los pastores que ha nacido el Mesías y correrán al portal donde está con su madre y san José. Por su parte, los magos de Oriente, a caballo y con una amplia comitiva, accederán al pueblo desde la colina donde se sitúan los restos del castillo del municipio. Visitarán primero a Herodes, que no les será de gran ayuda para llegar a su destino, pese a lo cual conseguirán encontrar al Niño Dios y Rey para ofrecerle sus dones.
Paralelamente, en el mercado y en los alrededores, los habitantes del Belén ribereño siguen en sus tareas, pero expectantes de los acontecimientos que están ocurriendo en su pueblo: lavanderas, herradores, alfareros, orfebres, cantineras y pastores dan vida a un pueblo lleno de artesanos y de una población acogedora que ofrece patatas asadas, bebidas calientes como chocolate y sopas de ajo, y otros refrigerios tradicionales, entre los que no faltan castañas asadas y frutos secos. También se dejan ver en todos estos espacios, vigilantes y circunspectos, los soldados romanos, pendientes de que nada escape del control del Imperio.
Para poder llevar a cabo ese acontecimiento, que en las últimas ediciones ha superado los 5.000 visitantes, sus organizadores, la Asociación Conde Galindo, lleva desde antes del verano movilizando al pueblo para tenerlo todo listo e ir añadiendo nuevos detalles cada año. Faroles, techumbres, cercas, ornamentos y estructuras para los puestos del mercado, la lujosa estancia de Herodes, vestimentas judías y romanas, salen de la mano de la propia organización y de los miembros de asociaciones del pueblo, como la de jubilados, que lleva reuniéndose entrono a estas tareas artesanas desde hace meses. Pero no sólo se implican en estas labores quienes viven todo el año en Torregalindo, sino quienes emigraron o tienen procedencia en el pueblo y vuelven en vacaciones y siempre que pueden. De esta forma, en la cabalgata participan directamente alrededor de 200 personas, casi el doble de los vecinos y vecinas con los que cuenta el municipio de forma estable.
A las siete de la tarde del 5 de enero de 2025 está previsto que se ponga en marcha la edición número cuarenta de esta cabalgata de Torregalindo, que como Belén de Judá, demuestra que no es, ni mucho menos, el más pequeño de entre los pueblos de su región.
Esta tarde se han realizado en Burgos los actos de apertura del año santo jubilar Peregrinos de Esperanza, que en la archidiócesis coincide, además, con el 950 aniversario del traslado de la sede episcopal de Oca a la ciudad de Burgos.
Cerca de mil personas se han dado cita en el templo mayor de la archidiócesis entre los que había más de 100 sacerdotes, entre los que se encontraba el abad de San Pedro de Cardeña, el padre Roberto de la Iglesia, y cuatro obispos: Mons. Ramón del Hoyo López, obispo emérito de Jaén; Mons. Cecilio Raúl Berzosa Martínez, obispo emérito de Ciudad Rodrigo; Mons. Fidel Herráez Vegas, arzobispo emérito de Burgos y Mons. Mario Iceta Gavicagogeascoa, arzobispo de Burgos, que ha presidido la celebración.
La ceremonia ha comenzado con una estación en la capilla de la Facultad de Teología del Norte de España, sede de Burgos. Allí, se ha proclamado el Evangelio y Lucía Ferreras, miembro del Consejo Pastoral Diocesano, ha leído un fragmento de la Bula de Convocación del Jubileo del papa Francisco.
Tras ello, se ha partido en procesión hasta la Catedral. Una procesión encabezada por la cruz jubilar, seguida por el arzobispo, los obispos concelebrantes, el Consejo Episcopal, el Colegio de Arciprestes, el resto de sacerdotes y una representación del pueblo de Dios que peregrina en Burgos, encabezada por el Consejo Pastoral Diocesano y seguida por un grupo de cada uno de los arciprestazgos.
Al llegar a la Catedral, en la puerta, el arzobispo ha alzado la cruz y, mirando a la muchedumbre congregada a los pies del templo, ha dicho: «Salve, cruz de Cristo, única esperanza». Después, la procesión ha continuado hasta el altar mayor, en el que se ha situado esta cruz que permanecerá en ese emplazamiento hasta el final del año jubilar –el 28 de diciembre de 2025– y donde se ha desarrollado la celebración eucarística.
En los ritos iniciales, durante el acto penitencial, Mons. Iceta ha bendecido agua del río Oca –que da nombre a la anterior sede episcopal– y ha recorrido las naves del templo, asperjando el agua sobre el Pueblo de Dios. Tras ello ha llegado el momento de las lecturas.
En su homilía, el arzobispo ha explicado que el concepto de ‘jubileo’ está asociado en la tradición cristiana «a la indulgencia de Dios o gran perdonanza», y ha destacado cómo este año jubilar, en concreto, está dedicado a la esperanza. También ha señalado cómo tanto la esperanza como el jubileo «hunden sus raíces en la infinita misericordia de Dios».
Mons. Iceta ha señalado que la forma de vida de los peregrinos de esperanza son «las bienaventuranzas y las obras de misericordia», y su alimento es «la Eucaristía, el Pan de la Vida que sostiene el camino». «El sacramento de la reconciliación es el quirófano del ‘hospital del campaña’ en el que Cristo sana nuestras heridas y nos hace un maravilloso trasplante, quitándonos el corazón de piedra y dándonos un corazón como el suyo», ha asegurado el arzobispo.
También ha explicado que este jubileo universal coincide en la archidiócesis con el 950 aniversario del traslado de la sede episcopal a Burgos, y ha repasado cómo ésta, a lo largo de los siglos, ha sido y es una fuente de santidad, de comunión, de celebración, de anuncio, testimonio y evangelización, de servicio a los necesitados y de transformación del mundo.
El arzobispo ha recordado que las únicas puertas santas de este Jubileo están en Roma y que la archidiócesis ha organizado diferentes peregrinaciones para acudir a la Ciudad Eterna, aunque la indulgencia propia de este tiempo jubilar se puede ganar también en cada uno de los templos jubilares de la archidiócesis, repartidos por los ocho arciprestazgos de la provincia, así como en la Catedral y en el Seminario Diocesano de San José.
Tras la comunión, el diácono ha invitado a rezar la Oración del Jubileo escrita por el Papa y, tras ello, el arzobispo ha agradecido la presencia de la multitud de fieles que se han reunido en la Catedral.
La celebración eucarística ha estado animada por el Coro de Cámara Tiento, el Coro de Cámara Vadillos y La Voz de Vadillos, dirigidos por Raquel Rodríguez y acompañados del ensemble Emiholia y del organista capitular, han interpretado la Misa del VIII Centenario de la Catedral, compuesta por Pedro María de la Iglesia, mientras que el canto de salida ha sido el Himno del Jubileo Peregrinos de Esperanza, compuesto por Pierangelo Sequeri.
Como es tradición cada 28 de diciembre en Burgos, uno de los niños que forman parte de la escolanía Pueri Cantores de la Catedral ha sido investido «obispillo» en el Monasterio de la Visitación de las salesas. Este año, el afortunado ha sido Miguel Puebla Agustín, un niño de diez años amante del fútbol, la música, la lectura y la pintura seleccionado por sus propios compañeros de la Escolanía para asumir tan alta responsabilidad. Junto a él, también han sido elegidos su vicario general, César Cuesta Río, y su secretario, Hugo Pérez Prieto.
Los tres han participado en los ritos celebrados este día de los santos inocentes en el Monasterio de la Visitación, junto al capellán del mismo, Saturnino López Santidrián. Allí, se han revestido y el obispillo ha ofrecido sus primeras palabras a la feligresía. Posteriormente, se han impuesto las túnicas a los nuevos escolanos y el obispillo ha presentado una pequeña imagen del Niño Jesús para adorarlo. Todo ello ha estado amenizado por los cantos de la Escolanía.
Tras ello, los miembros de los Pueri, encabezados por el obispillo, han acudido al locutorio de las madres salesas, que han agasajado con dulces a los niños, gesto que estos han agradecido con su canto. Después, han acudido en procesión al Palacio Arzobispal, para saludar al arzobispo.
Mons. Mario Iceta Gavicagogeascoa ha recibido a su homólogo en el vestíbulo del Arzobispado y, tras indicarle cómo se portan el báculo y la mitra, le ha mostrado el belén que se ha instalado a los pies de la escalera –desde el que el arzobispo ha felicitado este año la Navidad– y ha conducido al obispillo al Salón del Trono. Allí, como dicta el protocolo, se han intercambiado unas palabras.
Miguel Puebla, el joven obispillo, ha reivindicado el papel de los niños y jóvenes de la Escolanía: «Hay niños que sueñan con jugar en grandes estadios como El Plantío, el Santiago Bernabéu, el Camp Nou o incluso en uno que llaman ‘la Catedral’. Sin embargo nosotros, junto al Papamoscas y Martinillo, cumplimos el sueño de cantar en la majestuosa catedral de Burgos. Nuestras voces, como un balón en juego, se elevan y resuenan en esta histórica Catedral, compartiendo la magia de nuestra música». Durante su intervención, destacó la importancia de mantener viva esta tradición, que simboliza «la cercanía de la Iglesia con los más pequeños y la alegría de la infancia».
Dirigiéndose al arzobispo, Mons. Mario Iceta, el obispillo ha solicitado que se sigan promoviendo iniciativas pastorales que acerquen a los jóvenes a la fe, como «catequesis dinámicas, grupos cristianos comprometidos y convivencias enriquecedoras». También ha recordado el compromiso de la Iglesia con los niños más vulnerables y los misioneros burgaleses, pidiendo que «no olvidemos a quienes trabajan en las realidades más duras».
Por su parte, el arzobispo ha agradecido las palabras de Miguel Puebla y ha animado a los niños a ser misioneros y evangelizadores. Subrayó la labor de la Iglesia en la educación y la ayuda a las familias a través de sus colegios y programas de Cáritas, afirmando: «Vosotros sois discípulos del Señor y misioneros desde vuestro bautismo». En ese sentido, les ha explicado que «eso quiere decir que también vosotros tenéis que ser misioneros de Jesús con otros niños. Con otros niños del colegio, por ejemplo. Que nadie esté solo. Que os compartáis las cosas. Que os ayudéis en las tareas. Que sea un ambiente siempre de alegría y de confianza.
También ha recordado a estos niños la necesidad de sacerdotes y, en ese sentido, les ha invitado a explorar la vocación que el Señor tiene para ellos. También les ha puesto deberes: «Buscad una foto de vuestro bautismo, ponedle la fecha y la colocáis en vuestra habitación». Y, con un toque de humor, ha concluido: «Don Miguel, muchas felicidades. ¿Te vas a arreglar bien con el caballo?».
Desde el Palacio Arzobispal se ha dirigido a la calle de Nuño Rasura, donde una corcel blanco le esperaba para cabalgar hasta la Casa Consistorial. Allí ha saludado a la alcaldesa, Cristina Ayala, antes de dirigirse a los niños burgaleses.
Gustavo García López nació en 1985 en Burgos capital, aunque su procedencia familiar se encuentra en la pequeña localidad burgalesa de Renuncio. Cursó estudios de Ingeniería Informática, desarrollando parte de los mismos y algunos de sus trabajos en las ciudades italianas de Génova y Turín. Actualmente, su vida transcurre entre Burgos, donde pertenece a la parroquia San Martín de Porres, y Renuncio, lugar en el que comparte vida con su familia y desde el año 2001 monta un belén espectacular todas las navidades, los primeros años en la iglesia del pueblo dedicada a Santa Catalina, y actualmente en un local de su propiedad que tiene una superficie de 55 metros cuadrados y donde expone cerca de 200 figuras de cerámica, en su mayoría obra del escultor de Toledo, aunque afincado en Madrid, José Luis Mayo. Quienes deseen visitarlo pueden hacerlo hasta el 6 de enero en la Calle de la Iglesia, 2, en Renuncio. Por Paco Peñacoba.
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¿De dónde proviene tu afición por el belén?
En casa siempre habíamos montado en Navidad un belén sencillo y tradicional, con figuras muy pequeñas, pero un año nos regalaron unas figuras más grandes y muy vistosas, y habilitamos un lugar especial para ponerlas. Además, como en la iglesia del pueblo no ponían belén, nos animaron para que las pusiéramos allí y así lo hicimos los dos primeros años desde 2001. Pero la iglesia se quedaba pequeña porque nuestro belén iba creciendo y decidimos buscar un local, en un garaje que teníamos, y así llevamos 24 años.
¿Y cada año con más figuras y nuevos diseños?
Sí, actualmente el garaje ya se nos queda pequeño y también decoramos un poco las calles, en el exterior del belén. Nos hemos aficionado mucho al belén, comenzamos con muy poquito y nos ha ido enganchando tanto a mí como a mi padre, porque este es un trabajo de padre e hijo, lo hacemos los dos. ¿Cómo es el belén que habéis puesto este año? Se compone de unas 200 figuras, contando también los animales, de las que el 95 por ciento han sido realizadas por el escultor José Luis Mayo, que es un gran belenista con su taller en Madrid, y también tenemos algunas figuras, sobre todo de animales, de Joaquín Pérez. Hay que reconocer que montar un belén de estas características es muy complicado… Bastante complicado, porque un belén de estas dimensiones, con 55 metros cuadrados, efectos especiales de luz, música, niebla y hogueras con humo, más tres escenarios que contemplan el pueblo de Belén y Egipto, con 30 casas montadas a mano… supone más de tres meses de trabajo en la planificación y montaje.
¿Cuáles son las principales novedades este año?
Tenemos tres novedades respecto a otros años: La primera es una zona que hemos creado, de Egipto, dedicada al templo de Hatshepsut, también hemos puesto una nueva casa en el pueblo de belén y otra novedad es un nuevo puesto en el mercado ambulante, muy llamativo. Cada año intentamos realizar nuevas cosas.
¿Vives el espíritu navideño prácticamente todo el año?
Pues sí, porque ya desde abril o antes estamos pensando en las novedades que podemos crear para la próxima Navidad y vamos ya recogiendo materiales para el belén. Pensamos en la Navidad casi todo el año.
¿Y cuál es el objetivo con el que hacéis todo esto?
En realidad son muchos objetivos, desde mostrar el espíritu de la Navidad como un tiempo muy especial del año y también el aspecto artístico, porque siempre me ha gustado la arquitectura y el paisajismo. En el fondo, no hay otro objetivo que la satisfacción de poderlo hacer y que lo puedan disfrutar muchas personas. El belén es una mezcla de sentimiento espiritual y arte, yo lo valoro todo. En la composición del belén, lógicamente le damos una especial importancia al portal de belén con el nacimiento de Jesús, ponemos una iluminación constante y especial en María y el Niño.
¿Animarías a que se ponga el belén en las casas?
Por supuesto, en las casas no hace falta poner un belén tan complicado como el nuestro, es todo mucho más fácil y es bonito que se animen a ponerlo.
¿Y vosotros continuaréis cada año poniendo este belén en Renuncio?
Esa idea tenemos, es una satisfacción poderlo hacer y el deseo es continuar mientras podamos mi padre y yo. Supone mucho trabajo pero también es muy comprobar la acogida que tiene este belén en un pueblo pequeño y humilde, cuando vemos la gran cantidad de gente que nos visita cada año, entre 3.000 y 6.000 personas. Además, en el pueblo se ha creado un ambiente navideño especial, el trayecto que va desde la carretera principal está decorado con más de 30.000 bombillas en forma de árboles luminosos y estrellas. Y a la entrada del belén los visitantes son recibidos con árboles nevados, faroles y velas. Hasta el 6 de enero nos pueden visitar de 12 a 14:30 y de 17:30 a 20:30 horas.