La oración es la clave que permite entender la vocación de los 6900 misioneros españoles

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Este martes, 2 de julio, ha dado comienzo la 76 Semana Española de Misionología en la Facultad de Teología de Burgos. El director nacional de Obras Misionales Pontificias, José María Calderón, ha recordado en rueda de prensa que son casi 7.000 los misioneros españoles repartidos por los cinco continentes y, de entre ellos, más de 500 son burgaleses. Las palabras de la máxima autoridad en España sobre las misiones fueron secundadas por Jorge López, sacerdote burgalés con experiencia misionera en Zambia, y ahora director del Instituto Español de Misiones Extranjeras (IEME).

 

Aparte de recordar el tema de las siete conferencias y dos mesas redondas, Jorge López ha insistido en la grandeza de la Semana: «Un tiempo de encuentro y de reflexión para misioneros y voluntarios». Igualmente, recordó que la vocación misionera nace en la parroquia misionera. El hacer de los sacerdotes y de los laicos que de forma apasionada se entregan a las personas que les rodean es la mejor semilla para el brote de vocaciones misioneras.

 

En la presentación también ha intervenido Belén Sánchez, laica misionera encargada de Selvas Amazónicas, que ha presentado la experiencia misionera como plenificante para la vida para cualquier joven. La experiencia misionera «engancha y transforma» y así queda reflejado en la exposición de más de 40 fotografías que han poblado desde el hoy el claustro de la Facultad de Teología.

 

Tras la rueda de prensa, Francisco Julián Romero ha pronunciado la conferencia de apertura, centrada en la llamada del Papa a prepararnos para el Gran Jubileo del nacimiento en 2025. Este sacerdote de Badajoz ha insistido en que la oración es el oxígeno de todo cristiano, que acompaña cualquier acción diaria con la escucha silenciosa de Dios. Es el puente entre el cielo y la tierra que hace posible escuchar a Dios y orar con Dios. El ponente también ha recordado que todos somos misioneros de la oración y que ésta nos lleva y anima en la misión.

 

En la Semana Española de Misionología (SEM) se han matriculado más de 70 personas procedentes de más de 15 provincias, incluidas las Islas Canarias. Las ponencias y mesas redondas durarán hasta el próximo viernes, 5 de julio y pueden seguirse en abierto a través del canal de YouTube de la Facultad de Teología de Burgos o a través de Instagram y X. Son muchos los misioneros que siguen estas jornadas desde los cinco continentes.

 

 

Cuando Gamonal se convirtió en la catedral del obispo

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Asterio es el nombre del primer obispo burgalés del que tenemos constancia. Su nombre aparece en las actas del III concilio de Toledo del año 589 como obispo de la sede de Oca, cuyos orígenes se remontan, según los historiadores, al siglo III. Sin embargo, con la invasión musulmana, Oca es destruida y sus obispos emprenden un periplo por distintos puntos de la hoy geografía burgalesa: Amaya, Valpuesta y Sasamón son algunos de los lugares donde se establecieron.

 

La última parada antes de su asentamiento definitivo en Burgos fue en Gamonal. Las infantas Urraca y Elvira, hermanas del rey Alfonso VI, entregaron en posesión al obispo don Simón algunas de las tierras que poseían en la villa medieval de Gamonal. De esta manera, su entonces iglesia románica, de la que sólo queda como vestigio un antiguo capitel, fue elevada a la categoría de sede episcopal. El 8 de julio de 1074 se firmó la escritura de la concesión en presencia de varios obispos, abades, condes y otros testigos.

 

Transcurridos 950 años de aquella efeméride, la parroquia de la Real y Antigua de Gamonal ha elaborado un programa de actos para rememorar esa fecha. «No vamos a participar en otro aniversario así», ha bromeado su párroco, Jesús Castilla. Para él, «tiene sentido celebrarlo y ser agradecidos con la fe que nos han transmitido nuestros mayores». Con la fiesta, la parroquia desea también «fortalecer» su «identidad e inserción en el mundo de hoy y lo que podemos aportar. Queremos mirar al futuro porque nuestra comunidad cristiana tiene sentido, porque la fe da esperanza al mundo de hoy», ha trasladado.

 

Fiesta de todos y para todos

 

Por eso, la parroquia ha buscado la implicación de peñas y asociaciones de la zona, con el fin de «estar más presentes en la realidad del barrio y que podamos trabajar juntos por el bien de nuestras gentes», como ha explicado Marisa Rogel, miembro de su consejo pastoral. «Queríamos contar con el apoyo de las instituciones y asociaciones y nos hemos sentido apoyados por todos ellos, todas las actividades han sido muy bien acogidas».

 

«Es un cumpleaños que tenemos que celebrar», como ha animado la concejala de fiestas y participación ciudadana, Carolina Álvarez. «Es una fiesta que contará con la participación ciudadana y todas las peñas del barrio» y con actos «abiertos a toda la ciudadanía». La jornada comenzará a las 8:00 de la mañana, con un volteo de campanas «que anunciará a toda la ciudad que algo grande se está celebrando». Por la tarde, a las 18:30, tendrá lugar una procesión con la Virgen de las Candelas, con música de la agrupación musical ‘Entre Notas’, que interpretará piezas religiosas. Después, el arzobispo, mons. Mario Iceta, presidirá una solemne eucaristía que dará paso a la degustación de un vino español y pincho de morcilla patrocinado por IGP Morcilla de Burgos y Burgos Alimenta, colaboradores especiales de la efemérides junto al Ayuntamiento, la Diputación Provincial, el Consejo de Barrio y las peñas de Gamonal.

 

Ellas serán protagonista en la réplica más festiva de este cumpleaños, que se celebrará el 19 de octubre, con participación de distintos grupos de música y folclore de la capital y de Latinoamérica. También habrá una gran paellada popular organizada por el Consejo de Barrio.

 

Estos actos servirán como antesala del año jubilar que vivirá la archidiócesis en 2025, cuando se cumplan los 950 años del asentamiento de los obispos definitivamente en la ciudad. Con el lema «Peregrinos de esperanza», se sumará al jubileo internacional convocado por el papa Francisco en el 2025 aniversario del nacimiento de Cristo.

Las fiestas nos ayudan a «dedicarnos los unos a los otros» y a «descansar honestamente del trabajo»

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Burgos vive hoy el día grande de sus fiestas mayores en honor de san Pedro y san Pablo. En medio de la fatiga del trabajo y de las actividades, la fiesta sirve para que «el cuerpo y el espíritu no se corrompan», para «dedicarnos tiempo unos a otros, para estar juntos, para liberarnos de la fatiga del trabajo, para realizar actividades que nos hagan crecer como personas». Así al menos sostiene el arzobispo, monseñor Mario Iceta, que ha presidido en la catedral la solemne eucaristía en honor de los santos apóstoles.

 

Para él, la fiesta es «una ventana», una especie de balcón donde el ser humano puede descubrir que está hecho para amar y para vivir en plenitud. De esta manera, los días de bullicio también nos descubren que «nuestras relaciones siempre quedan disueltas y que nos hemos desacostumbrado a estar juntos». De igual manera, el deseo de unas fiestas que nunca terminen y «sean muy largas» revela que «nuestro corazón está hecho para la expansión, para la plenitud, siempre quiere más, no queremos lo fugaz», ha explicado.

 

De esta manera, san Pedro y san Pablo «nos ayudan a encontrar una fuente de agua que no termina en siete días». Son los apóstoles que el Señor eligió pese a que uno lo negó y otro lo persiguió. «No te escandalices si te elige a ti, a personas limitadas; su amor es infinito y siempre nos restaura», ha trasladado, porque «el Señor ama nuestro barro, ama las limitaciones de nuestra vida y es capaz de hacer maravillas en ella». De esta manera, Dios se convierte en una «luz en la oscuridad» que «llena la carrera de la vida de fe y amor».

 

Al acto han acudido la corporación municipal, autoridades provinciales, autonómicas y nacionales, así como las reinas y reyes de las peñas y representantes falleras venidas desde Valencia, y numerosos burgaleses. Monseñor Iceta ha orado por «nuestra maravillosa ciudad» y por el Santo Padre: «Donde está Pedro está la Iglesia y donde no está Pedro no está la Iglesia», ha concluido su alocución.

 

Flores para la patrona

 

La eucaristía ha dado paso a la popular ofrenda de flores a Santa María la Mayor, un acto que se viene repitiendo desde hace 70 años, cuando la entonces reina de las fiestas obsequió a la patrona con las flores con que le habían agasajado los burgaleses. Son flores que «portan un mensaje de agradecimiento, petición, esperanza y ayuda», ha explicado el arzobispo, que ha sido el primero en depositar flores ante el altar levantado a los pies de la catedral. «Que María acoja en cada flor los anhelos de este querido pueblo burgalés», ha deseado.

 

Jornada de reflexión compartida por y para la religiosidad popular

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[Archivalladolid] Eran ya una realidad en distintos puntos de la geografía española. Y desde el pasado 15 de junio se han extendido también a la región del Duero, en forma de un primer Encuentro de obispos y juntas de cofradías de Semana Santa que nace con vocación de continuidad para «intensificar la formación de los cofrades». Una «preocupación», como ha recordado el obispo de Segovia, Mons. César Augusto Franco, que lo es también del Papa Francisco y del arzobispo de Valladolid, Mons. Luis Argüello, que aunque no pudo asistir a este primer Encuentro por el fallecimiento de su padre sí alentó su convocatoria.

 

Por parte de la archidiócesis de Burgos han participado Carlos Izquierdo, vicario general, que ha acudido representando al arzobispo; Lucinio Ramos, delegado de Piedad Popular y Cofradías; Luis Manuel Isasi, presidente de la Junta de Semana Santa; María Peña, presidenta de la Coordinadora de Cofradías de Aranda de Duero; y Teresa Tudanca, de la misma coordinadora.

 

Esta primera reunión, celebrada en el Colegio Nuestra Señora de Lourdes de Valladolid, ha servido para analizar debilidades, amenazas, fortalezas y oportunidades de las cofradías en tres ámbitos: el culto, la evangelización y la caridad. Y es en este último en el que Guillermo Camino, consiliario de la Junta de Cofradías de Semana Santa de Valladolid, ha invitado a las hermandades a crear «un banco del tiempo», que ayude a poner en contacto a viejos y jóvenes cofrades y ayudar a combatir, así, una pobreza que no se puede cuantificar, pero que se hace presente en los cofrades de mayor edad: la soledad.

 

Un reto para las cofradías

Además de la de Valladolid, han acudido desde la provincia las juntas de cofradías de Semana Santa de Medina del Campo, Medina de Rioseco y Peñafiel. Pese a estar convocado para la región del Duero, conocida también como Iglesia en Castilla, ha intervenido también el director del Encuentro Nacional de Jóvenes de Hermandades y Cofradías que acogerá la ciudad de León en 2024 en el mes de octubre.

 

El obispo de Palencia, Mons. Mikel Garciandía, ha señalado un «reto claro», que implica hacer compatibles la «fidelidad» de «lo que se nos ha transmitido» con la «creatividad» para atraer a los jóvenes del siglo XXI.

Los diáconos de la archidiócesis participan en el encuentro de diáconos permanentes de Castilla y León

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El pasado sábado, 22 de junio, los diáconos permanentes de las diócesis castellanoleonesas tuvieron un encuentro en la Casa de Espiritualidad de Valladolid. Veintiuna personas, entre los que había diáconos, aspirantes, esposas y presbíteros se reunieron para pasar un día de convivencia, formación y oración. De Burgos asistieron los tres diáconos con los que cuenta actualmente la archidiócesis: dos permanentes y uno transitorio.

 

La formación estuvo centrada en el análisis de la Plegaria de Ordenación de Diáconos, y fue impartida por Jesús Fernández, vicario general de la archidiócesis de Valladolid, quien incidió en el abandono a la Providencia como actitud diaconal invocada en la plegaria.

 

La jornada de convivencia acabó con una visita al Museo Oriental de Valladolid, situado en el monasterio de los Agustinos Filipinos que, así mismo, es el centro de formación de los diáconos vallisoletanos. El próximo año, si Dios quiere, la familia diaconal de Castilla y León se volverá a encontrar, esta vez, en Palencia.

 

En España, según estadísticas de los propios diáconos, a 13 de mayo había quinientos setenta y dos diáconos permanentes, distribuidos de una manera muy desigual entre todas las diócesis españolas. De las setenta diócesis españolas (incluido el Arzobispado Castrense), hay quince diócesis sin diáconos permanentes, siendo Sevilla (cincuenta y cinco), Madrid (cuarenta y ocho), Barcelona (cuarenta y siete) y Valencia (cuarenta) las diócesis que cuentan con más diáconos.

 

En Castilla y León, de las once diócesis, hay tres sin diáconos (Astorga, Segovia y Osma-Soria). En el resto de diócesis ejercen su ministerio treinta y un diáconos (diez en Valladolid, seis en León, seis en Salamanca, tres en Palencia, dos en Zamora, dos en Burgos, uno en Ávila y uno en Ciudad Rodrigo). Las funciones que los diáconos realizan en las diócesis son muy variadas: atención pastoral rural, asistencia en las parroquias (despacho parroquial, catequesis, bautizos, bodas…), encargados de órganos diocesanos, servicio en los tanatorios y cementerios, capellanías de hospitales, curia diocesana, Cáritas…

 

Pueden acceder al ministerio ordenado hombres casados mayores de treinta y cinco años y con al menos cinco años de matrimonio, o célibes mayores de veinticinco años. En el caso de estar casados ha de contar con el visto bueno de la esposa para empezar el proceso de formación y discernimiento.