Responsables del Camino de Santiago buscan revitalizar la espiritualidad de la ruta

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El pasado lunes, la parroquia de San José Obrero acogió una reunión de los responsables de la pastoral y de la atención a los peregrinos del Camino de Santiago a su paso por la provincia de Burgos. Un encuentro en el que se compartieron experiencias en la atención a los peregrinos del Camino de Santiago, que ostenta el título de «Primer Itinerario Cultural Europeo» y que, junto a la catedral de Burgos y los yacimientos de Atapuerca, también es Patrimonio de la Humanidad.

 

La reunión fue una oportunidad para compartir inquietudes, dificultades y retos en la tarea de evangelizar en esta milenaria ruta, donde algunos albergues apuestan por una acogida auténticamente cristiana a los peregrinos. De cara al futuro se concretaron algunas líneas de acción que ayudarán a trabajar para que el Camino siga siendo un espacio en el que los peregrinos puedan cultivar o descubrir el auténtico sentido de la peregrinación hasta la tumba del apóstol Santiago.

 

En la Asamblea Diocesana celebrada recientemente se pedía «fomentar el sentido de peregrinación del Camino de Santiago para que la fe que animó a los peregrinos en el curso de la historia y que los reunió en un anhelo común, los estimule en este marco de creación artística y cultural para difundir los valores intemporales de la identidad cultural cristiana que nos es común: la tolerancia, la concordia, la libertad y la solidaridad» (nº 228). Igualmente se pedía «cuidar la religiosidad popular como patrimonio inmaterial, con sus santuarios, cofradías, romerías y otras manifestaciones similares» (nº 229).

 

Según explican los responsables de la pastoral de la ruta jacobea, este tipo de encuentros, en los que se comparten experiencias, iniciativas y proyectos, «permitirán seguir alimentando la espiritualidad del Camino de Santiago y el gran servicio que está llamado a prestar a la causa de la evangelización en la sociedad actual».

Catequistas mistagogos que introducen en el ministerio de Dios

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Con el título «Catequesis mistagógica», los catequistas del arciprestazgo de Gamonal se dieron cita el pasado sábado en la parroquia de San Fernando Rey para mantener la tercera de sus sesiones formativas del curso. De la mano de Manolo Madrigal, los responsables de la acción catequética en este popular barrio de Burgos capital conocieron qué es la «mistagogía» y cómo orientar su acción siguiendo esta perspectiva fundamental.

 

El nuevo Directorio General de Catequesis muestra varias referencias a la mistagogía como una iniciación en el misterio de Dios. Por eso, el objetivo del catequista es mistagógico, pues su tarea consiste en introducir progresivamente a niños y jóvenes en ese misterio, evidenciar la acción del Espíritu Santo.

 

Según constataron los catequistas presentes al acto, la mistagogía parte de un acontecimiento donde se produce un encuentro con Cristo vivo en la liturgia, la Palabra y la comunión eclesial. Para entrar en el misterio de ese acontecimiento, la Iglesia ayuda a poner en ejercicio tres acciones: hacer memoria, gustar (sentir) y participar. La memoria, como facultad del alma, apertura a la belleza, confesar la fe y celebrarla. La sabiduría, como don del Espíritu Santo que hace gustar y sentir la bondad de Dios. Por último, cultivar el sentido de pertenencia a la Iglesia, una participación activa, fructuosa y consciente, corresponsables de la misión de la Iglesia y de su tarea evangelizadora.

 

Una catequesis mistagógica precisa de catequistas mistagogos; una catequesis que quiera ser mistagógica debe pivotar sobre el sentido de la fe de los catequistas, y eso determinará la selección de los catequistas y las claves de su formación. Una formación que responda a la vocación de santidad que incida en la experiencia espiritual, que inste a participar en la vida de la Iglesia, que integre el acompañamiento espiritual y que ayude a expresar la fe.

Sacerdotes para un mundo plural

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Dicen que los caminos del Señor son inescrutables. Y si no, que se lo pregunten a Guillermo Pérez Rubio. A sus 32 años nunca había imaginado que, tras estudiar dos grados superiores de formación profesional (administración y finanzas y gestión comercial y márketing) y haber cursado la carrera de Magisterio con los grados de Educación Infantil y de Primaria con la mención de Educación Especial estaría prácticamente a las puertas de ser sacerdote. Y máxime cuando, como tantos otros chicos, se apartó de la Iglesia después de haberse confirmado y en casa nunca se ha vivido la fe con especial intensidad. 

 

Todo cambió cuando, en el último año de carrera, una compañera le animó a inscribirse a la DECA, la Declaración Eclesiástica de Competencia Académica que permite a los maestros impartir clases de Religión católica en las escuelas. Como había convalidado muchas asignaturas y tenía tiempo disponible, se apuntó a los cuatro módulos del curso. «Me estudiaba todo el temario, incluso lo que no era necesario, y encontraba paz en lo que leía», cuenta sin saber explicar qué experimentaba entonces al devorar sus apuntes. Entre los folios descubrió que existía la liturgia de las horas y se la descargó en su móvil. «No entendía nada, ni sabía qué eran los laudes o las vísperas, pero empecé a rezar y descubrí que los salmos eran mi vida». Poco a poco y después de años de ausencia, «Dios empezó a entrar de nuevo en mis esquemas». «Necesitaba más; me leía todo. Y hasta me llegó un momento de desolación cuando se acabaron los apuntes», recuerda.

 

Acompañamiento y discernimiento

 

El momento de inflexión llegó con una interpelación de uno de sus profesores –hoy a la sazón su formador en el Seminario–. Después del día de Todos los Santos, Agustín Burgos les lanzó en clase una indirecta: «¿Iríais ayer a misa y al cementerio a rezar por los difuntos, no?», espetó. Aquello martilleó por días la cabeza de Guillermo y el bucle se hizo más grande hasta que tomó la decisión de entablar una conversación con su profesor: «Comenzamos un acompañamiento sin yo saberlo». Tras realizar sus prácticas en Apace –«aunque hice educación especial no tenía un gran afecto al mundo de la discapacidad»– experimentó cómo con cada salmo que leía y en el trato con las personas que atendía, Dios transformaba su «corazón replegado y de hielo»: «Veía en sus ojos a Dios que me pedía que los ayudara y descubrí que me decía que mi vida no era para mí; Dios me había arrebatado».  

 

Guillermo se confesó, volvió a su parroquia de San José Obrero y pasó largo tiempo en su capilla de la adoración perpetua. Volvió a ir a misa y a reencontrarse con la Iglesia… y el Seminario, donde comenzó a acudir a rezar las vísperas de los domingos. Rechazó acudir a unos ejercicios espirituales y las reticencias iniciales de sus padres a que ingresara en el Seminario dilataron su decisión de entregar su vida a Dios. Pero, como explica, «uno puede intentar luchar con Dios, pero nunca ganarás».

 

Después de estudiar el primer año de Teología como externo, entró en el Seminario hace cinco años y este es ya su último curso. Ahora vive con ilusión su formación, en un ambiente que «nunca imaginó tan plural», en el que todos sus compañeros «comparten la llamada y trabajan con la misma meta y la misma ilusión».

 

En efecto, junto a Guillermo conviven en el Seminario Mayor otros dieciocho jóvenes de distintas edades y procedencias. Diez de ellos son de Burgos; el resto proceden de las diócesis de Osma-Soria (con cuatro), Calahorra y La Calzada-Logroño (con uno), Monterrey, en México (con dos) y Gitega, en Burundi (con otros dos). 

 

«Dios nos une, compartimos lo esencial», explica Luis Vicente Ndong (25), oriundo de Guinea Ecuatorial y hoy seminarista de la diócesis de Osma-Soria. «El contexto de mi país y el de Soria o Burgos no tienen nada que ver, pero la diversidad de mis compañeros me hace descubrir la necesidad de formarme para adaptarme a la misión que Dios me envíe». Una misión que presupone será «con muchos pueblos» en medio de una España vaciada a la que llegó apartándose del contexto poco sano que respiraba en el Seminario de su tierra. 

 

Una religiosa de Jesús María le habló de la posibilidad de venir a Soria, donde ingresó en su Seminario, que tiene su extensión en el de Burgos. «Esta ciudad es más grande que Soria y cambia mucho la perspectiva entre las dos diócesis», comenta, mientras subraya que sus compañeros le ayudan a abrir la mentalidad y descubrir «que la Iglesia no es mi parroquia ni mi ámbito, y que existen muchos modos de vivir la misma fe. Y eso es enriquecedor». 

 

Unidad en la diversidad

 

La misma opinión manifiesta Alexis de Jesús (27), un mexicano que ha aterrizado en Burgos junto con otro diácono –él también lo es– enviados por su obispo para formarse en la Facultad de Teología y ser la avanzadilla que logre en su diócesis de Monterrey su propio centro de estudios teológicos. Después de trece años de estudio en su floreciente Seminario, y de ser ya diácono y haber servido en alguna parroquia, creía que su vida formativa «ya estaba acabada». «Pero nunca es suficiente. La formación es siempre necesaria porque yo no soy el destinatario de mi formación, sino que serán las personas con las que viviré mi sacerdocio», que llegará, según lo previsto, el próximo agosto. «Si el diaconado es servir a la Iglesia en la Palabra, la eucaristía y los pobres, necesitamos formarnos para poder desarrollarlo. Y entiendo que mi modo de servir hoy a la Iglesia es obedecer a mi obispo y proseguir mi formación».  

 

Para Alexis, el Seminario de Burgos «es una casa sana y buena», donde todos «compactamos enseguida» a pesar de las edades tan distintas y las culturas tan dispares de sus moradores. «La vida comunitaria no siempre es fácil pero aquí cada uno ofrece lo que tiene y Dios nos mantiene unidos». 

Un máster digital para mostrar la belleza del matrimonio en «tiempos de Tinder»

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«Cuando todo es líquido y la confusión se cuela por cada rincón, afectando al matrimonio y a la familia, necesitamos respuestas y fundamentos sólidos». Esa es la razón por la que la Facultad de Teología de Burgos, la Universidad Francisco de Vitoria y la Universidad CEU San Pablo se han unido para ofertar el primer máster 100% online sobre matrimonio y familia. El curso, que arrancará el próximo mes de noviembre, pretende ofertar a sus alumnos «criterios y argumentos imperecederos, inalterables y no corruptibles, anclados en la verdad del ser humano, válidos para educar ayer, hoy y siempre», como explican los organizadores.

 

Para presentar el máster, el próximo lunes 27 de marzo, tendrá lugar un evento en la Universidad Francisco de Vitoria de Madrid [inscripciones pulsando aquí]. Estará presidido por don Mario Iceta, arzobispo de Burgos y gran canciller de la Facultad de Teología del Norte de España; y contará con la participación de María Lacalle, vicerrectora de Ordenación Académica y directora del Centro de Investigaciones sobre la Familia de la UFV, y Carmen Fernández de la Cigoña, codirectora académica del Máster y directora del Instituto de Estudios de la Familia CEU.

 

Junto a ellos estará Isabel Rojas Estapé, psicóloga y periodista, quien ofrecerá su testimonio como mujer casada, madre y profesional, en la conferencia «Hacer familia en tiempos de Tinder». La celebración de este evento será presencial, pero se grabará toda la jornada para poder compartirlo después a través de los canales digitales de las tres instituciones involucradas en el proyecto.

 

Apuesta por la familia y la vida

 

El máster digital se enmarca dentro del impulso que don Mario Iceta está dando a los estudios sobre laicos, familia y vida en la Facultad de Teología de Burgos, de la que es gran canciller. La Santa Sede autorizaba al centro de estudios impartir -junto a otra de «evangelización y misión»- una nueva especialidad de su licenciatura teniendo como trasfondo esta perspectiva y cuatro profesores de su claustro impartirán algunas materias de este máster interinstitucional: Eloy Bueno, Rubén Manrique, Juan María González y Rafael Pérez.

 

El curso, que se extenderá de noviembre de 2023 a julio de 2024, contará con cuatro módulos en torno a «naturaleza y persona», «matrimonio», «familia y sociedad» y «acompañamiento conyugal y familiar» y con asignaturas que versarán sobre cuestiones de bioética, psicología o afectividad, entre otras. Además de los apuntes en formato digital, los alumnos participarán en clases online (de una hora y media de duración) y tendrán acceso a una serie de vídeos complementarios. La formación se completará con distintas pruebas de evaluación y unos seminarios presenciales. El máster tendrá carácter oficial reconocido gracias a la titulación que expedirá la Universidad Francisco de Vitoria.

Cáritas Burgos recauda más de 50.000 euros para las víctimas de los terremotos de Turquía y Siria

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Después de los terremotos sin precedentes registrados a principios de febrero en el sureste de Turquía y norte de Siria, Cáritas Burgos lanzó una campaña de solidaridad para enviar fondos a los afectados, que se cuentan por centenares de miles entre desplazados y heridos, además de los más de 30.000 fallecidos.

 

«La preocupación que nos transmiten tanto desde Cáritas Turquía como desde Cáritas Siria es el elevado número de personas que han perdido sus casas en pleno invierno. Los terremotos les sorprendieron mientras dormían y salieron a la calle con lo puesto a pesar de que la temperatura estaba bajo cero», explica Carlos López Ahedo, del equipo de Cooperación Internacional de Cáritas Burgos. La respuesta humanitaria se está centrando precisamente en abrir canales de escucha para facilitar información a los afectados sobre espacios de refugio.

 

En el caso de Siria, el terremoto profundiza el drama de un país que arrastra desde más de una década una guerra civil que ha dejado medio millón de muertos y 6,6 millones de refugiados. «La primera respuesta está centrada en habilitar centros de refugio para dar cobijo a las personas que han perdido sus casas. Además, se está facilitando comida y sobre todo abrigo, ya que las personas han huido de sus hogares con lo puesto. Por el momento se ha dado alojamiento a 5.000 desplazados en 27 escuelas y salones», subraya Bárbara Lorenzo, del equipo de Cooperación Internacional de Cáritas Española.

 

Desde Cáritas Burgos agradecen a los burgaleses su solidaridad con los damnificados en una región que ya arrastraba numerosos problemas humanitarios, y animan a seguir colaborando con ellos a través de los siguientes números de cuenta bancarios.

 

«Cártias Burgos con Turquía y Siria»

 

La Caixa: ES 87 2100 0097 37 2200203772

Ibercaja: ES 15 2085 4801 20 0330341736

Fiare Banca Ética: ES 38 1550 0001 28 000157972