«Soy feliz de ayudar en Chad a mejorar la vida de los más necesitados»

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GLORIA VARONA VARONA (2)

 

Gloria Varona es la mayor de tres hermanos, y a los 14 años ingresó en el internado para chicas de las Hijas de la Cáridad en Rabé de las Calzadas. Cursó estudios hasta PREU y después viajó a San Sebastián, donde estudió dos años en el Seminario de Hijas de la Caridad. Desde allí se desplazó a Valladolid para cursar estudios de Magisterio. Pasó después a impartir enseñanza en el Colegio de San José de Santander, donde se involucró para colaborar con un Centro de Menores. También desarrolló su vocación de servicio en pisos de acogida para menores en Valladolid, vinculados a la Junta de Castilla y León. Y en 2001 viajó a la República de Chad, país ubicado en África Central, donde ha desempeñado su tarea educativa y misionera hasta ahora.

 

Fue a los 10 años cuando sintió la llamada, pero hasta los 17 no comprendió verdaderamente que quería entregarse al Señor. «Mi deseo era ser como las manos de Jesús y mostrar el amor que Dios nos tiene. La vocación me vino pronto, pero no la viví hasta años más tarde», recuerda. Su familia, católica, no puso pegas a su decisión. «Yo era una chica muy aplicada en los estudios y cuando les dije que me iba al seminario de las Hijas de la Caridad fue un momento duro, sobre todo para mi madre, pero recuerdo que mi padre me dijo que tenía que hacer mi propia vida y me animó a seguir adelante. A mi madre le costó, pero luego fue una gran alegría para ella», recuerda.

 

Sintió la vocación misionera desde su periodo de estudios en Rabé de las Calzadas, porque por allí pasaban misioneros que estaban en América y las hablaban de muchas cosas. «Además yo leía libros y después, en mi etapa de Santander, tuve la oportunidad de vivir de cerca con los niños de la calle, y trabajar en un centro de menores. Eso, junto con mi vocación por la enseñanza y la experiencia de atender a niños en los pisos de Protección de Menores de la Junta, en Valladolid, con quien colaborábamos las Hermanas de la Caridad, fueron formando en mi un deseo de ayudar y una vocación de servicio por los niños más necesitados», argumenta.

 

Previamente, en España vivió los momentos de un cambio radical en la sociedad, entre los años 1979 y 2000, «en los que se notó muchísimo el incremento de niños y niñas viviendo en situaciones extremas, fruto de familias desestructuradas; fue como un cambio social importante porque afectó a muchas familias y los niños fueron las víctimas».

 

Su experiencia en Chad «ha sido impresionante» y ha marcado su vida. «A Chad fuimos cinco Hermanas de la Caridad, fuimos las primeras porque el obispo nos pidió ayuda para colaborar en la salud, en la educación y en la pastoral. Y eso hemos hecho. Montamos la misión en Bebalem, un pueblo de 17.000 habitantes, donde desarrollamos tareas de educación, trabajamos en diez escuelas de primaria, tres colegios y un liceo, con más de dos mil alumnos de diversas etnias y religiones, y además colaboramos también en temas de salud, atendiendo a niños malnutridos y a discapacitados, haciendo curas por quemaduras o pequeños accidentes. Hay mucho trabajo».

 

Ellas no dan clases, su misión es formar a los maestros que luego las imparten, «que son gente de buena voluntad y que quieren enseñar». «Nosotras les formamos y luego hacemos un seguimiento. Además hemos creado un APA (Asociación de Padres) en cada escuela, para garantizar que funcione, porque los padres son quienes gestionan todo, con la idea de que si algún día nos vamos, las escuelas sigan por su cuenta. Son todas escuelas diocesanas, que se construyen con el permiso del obispo».

 

La situación en el país africano atraviesa muchos problemas y es muy compleja, comenzando por la política, ya que hay una etnia que quiere el poder y surgen muchos conflictos. «El año pasado mataron al presidente y se pensaba en una guerra, aunque nosotras seguimos allí porque estamos a 600  kilómetros de la capital y además porque nos necesitan. Chad es el cuarto país más pobre del mundo».

 

A pesar de las dificultades, las Hijas de la Caridad están muy contentas allí, asegura, «porque hemos conseguido que la sociedad haya dado pasos importantes, como crear conciencia en las familias de que deben enviar a sus hijos a la escuela, ya han sido muchos niños los que han pasado por ellas y han recibido formación para después encontrar un puesto de trabajo. Son escuelas para todos, católicos, protestantes, musulmanes… solo el 25 por ciento son católicos».

El arzobispo recibe en Murcia el galardón «Tizona del Cid»

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La iglesia de San Nicolás de Bari de Murcia acogió el pasado sábado la entrega del reconocimiento que la Hermandad del Santísimo Cristo de Burgos concede cada año. Un galardón, denominado Tizona del Cid, que recayó en esta ocasión en el arzobispo de Burgos, don Mario Iceta Gavicagogeascoa.

 

La Hermandad, que cuenta con unos 40 cofrades en Murcia, celebró el acto en la iglesia donde recibe culto la imagen del Santísimo Cristo de Burgos, obra del escultor –también burgalés– Andrés Martínez Abelanda. Tras la celebración de una eucaristía, que fue oficiada por el arzobispo, el presidente de asociación de fieles, Francisco Casado, impuso a don Mario la distinción que otorga la asociación a aquellas personas que han destacado por su apoyo a la institución.

 

Al acto, al que asistieron decenas de personas, también acudió el arzobispo emérito de Burgos, don Francisco Gil Hellín, murciano de nacimiento, y que acudirá este sábado a Burgos a consagrar la nueva iglesia en honor de San Juan Pablo II.

 

Nace la parroquia de San Juan Pablo II: «Es como construir tu propia casa»

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«La Iglesia de nuestro tiempo se esfuerza por convertirse en una casa de cristal, transparente y creíble, y esto es bueno». La frase es de san Juan Pablo II. La dirigió a unos periodistas en 1984. Casi cuatro décadas después de haberla pronunciado, el nombre del santo papa polaco y su deseo de una iglesia de vidrio se han conjugado a la perfección en uno de los barrios más jóvenes de Burgos. Un moderno templo en el que sus paredes son de cristal y sus espacios diáfanos y versátiles para lograr una «nueva evangelización», en clave con otro de los grandes deseos de Wojtyla, marcada por un «nuevo ardor, nuevos métodos y expresiones». 

 

Coincidiendo con la fiesta de su patrón, la iglesia parroquial de San Juan Pablo II será consagrada el próximo 22 de octubre (12:00 horas) por don Francisco Gil Hellín, el arzobispo emérito que impulsó su creación en 2010. Apenas dos años después de su erección, Julián Palencia fue nombrado párroco y le ha tocado a él lidiar con proyectos, planos y burocracias con el ayuntamiento y las administraciones. El nuevo templo, ubicado entre las calles Lazarillo de Tormes y José María Codón, supone un hito en una comunidad cristiana que poco a poco echa a andar en medio de un barrio residencial en el que se estima que vivan, al menos, unas 8.000 personas y donde poco a poco algunos vecinos van entrando a formar parte de la parroquia. 

 

Virginia y Laura son dos de las mujeres que más se han implicado en la puesta a punto de la nueva iglesia. Pertenecen al «servicio de ambientación» y se han encargado de la decoración de los espacios comunes del complejo, que cuenta con dos grandes salones, una zona a modo de guardería (para que las familias con hijos pequeños puedan acudir con comodidad a las celebraciones) y otras estancias, como despacho, sacristía y cocina, vital para algunas de las actividades pastorales. Para ellas, es «emocionante» formar parte del proyecto. «Es como construir tu propia casa», explican. Cuando llegaron al barrio no se conocían y sus hijos no eran amigos. Ahora ven que la parroquia también puede servir para dinamizar el barrio y crear comunidad. 

 

De hecho, el párroco sostiene que implicarse en pequeños grupos de trabajo –los llaman «servicios»– está ayudando a que los feligreses «se conozcan mejor» y «asuman el proyecto como propio». Algunos se encargan de la escuela de padres; otros de la economía, otros de los cursos Alpha, las cenas de novios o el «reloj de la familia», propuestas pastorales innovadoras que sirven para formar la parroquia en clave de primer anuncio. «No sé cómo se crea una parroquia, lo tendremos que construir entre todos; es algo que iremos viendo», comenta Julián, consciente de que su mayor reto no será construir la iglesia sino evangelizar el barrio y forjar comunidad.

 

Por ello, entiende que el nuevo complejo parroquial se destine a una pastoral diferente, más dinámica y en clave de primer anuncio, mientras que las actividades habituales seguirán desarrollándose en los salones de la vecina iglesia de San Adrián, en Villímar, de la que también es párroco. De hecho, ambas comunidades trabajan de forma conjunta y los horarios, las reuniones y las propuestas pastorales se entienden como una unidad. 

 

El complejo parroquial está diseñado por la arquitecta Adriana Cañada. El templo cuenta con un presbiterio presidido por una réplica de la cruz que san Juan Pablo II regaló a los jóvenes y está dotado de mamparas que, al cerrarse, permiten convertirse en capilla. Tendrá un sagrario construido por Óscar Martín y una talla sedente de la Virgen María. Dos de sus fachadas se han realizado en hormigón y otra lleva un recubrimiento de termoarcilla y una fachada ventilada. También hay una torre con una campana. La obra ha supuesto un desembolso económico de un millón de euros, que se sufragará entre el Arzobispado y las aportaciones de los propios feligreses.

El Monasterio de Santa María de Rioseco protagoniza un encuentro de excelencia en la recuperación del patrimonio

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Encuentro Rioseco
 

El rector de la Universidad de Burgos, Manuel Pérez Mateos, inauguró ayer en el Aula Romeros del Hospital del Rey un encuentro de excelencia en el patrimonio en el que estuvieron representadas la Fundación Monasterio Santa María de Rioseco, Hispania Nostra y la Fundación Banco de Santander y cuya conferencia marco, «Diez años de buenas prácticas», corrió a cargo de la directora de Hispania Nostra, Bárbara Cordero Bellas.

 

Durante la jornada se celebró una mesa redonda en la que René J. Payo, catedrático de la UBU, Fernando Tejerina, ex rector de la Universidad de Valladolid, Francisco Rodríguez de Partearroyo, arquitecto, y Francisco Javier García-Gallardo, jefe de Servicio de Arquitectura y Jardines de Patrimonio Nacional, conversaron sobre la rehabilitación del Hospital del Rey para convertirse en sede de la Universidad, una actuación que mereció el Premio Europa Nostra 1992.

 

«Caminos de Sefarad», Premio Hispania Nostra a la señalización y difusión del patrimonio cultural y natural, fue el tema de debate de la siguiente mesa redonda, moderada por el periodista Rodrigo Pérez Barredo, y en la que intervinieron Alejandra Abulafia, autora del libro Ciudades de Sefarad, y la arqueóloga de la Fundación Atapuerca Ana Isabel Ortega. Carmen Sánchez Gómez, arquitecta y presidenta de la Sociedad Histórico-Arqueológica Martí i Bella, Miguel Ángel María Ballester, consejero de Cultura del Consejo Insular de Menorca, y Roberto Lozano, de la Fundación Oxígeno, Premio Nacional de Medioambiente 2022, fueron los encargados de debatir sobre energías renovables en la mesa redonda «Preservar el paisaje, generar energía, el modelo de Punta Nati», un proyecto que recibió el Premio Hispania Nostra 2022 a la intervención en el territorio y en el paisaje.

 

En el programa de hoy cobra protagonismo el voluntariado. La Fundación Monasterio de Santa María de Rioseco ha sido premiada por la recuperación del monasterio cisterciense mediante la implicación de voluntarios y vecinos y de ello se ha hablado en la mesa redonda que se ha celebrado esta mañana y que ha reunido a Teresa Merello de Miguel, responsable de comunicación y micromecenazgo de Hispania Nostra como moderadora, y Juan Miguel Gutiérrez Pulgar, presidente del Patronato de la Fundación Rioseco, Esther López Sobrado, doctora en Arte y vicepresidenta de la Fundación, Félix Escribano, arquitecto rehabilitador de Rioseco, y Roberto Saiz Alonso, delegado territorial de la Junta en Burgos.

Mons. Martínez Varea, nuevo presidente de la Fundación Las Edades del Hombre

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Martínez Varea Edades del Hombre

 

La sede de Las Edades del Hombre acogió la reunión de patronato extraordinario de la Fundación celebrado este lunes 10 de octubre con el objetivo de llevar a cabo la elección de los cargos de presidente y vicepresidente de la institución. A la reunión asistió también el arzobispo de Burgos, don Mario Iceta. La votación de los obispos ha designado a don Abilio Martínez Varea, obispo de la diócesis de Osma-Soria, como presidente para los próximos tres años. Por su parte, el arzobispo de Valladolid, don Luis Argüello ejercerá como vicepresidente de la Fundación. Don Mario Iceta se responsabilizará de las secciones de liturgia, laicado, familia y vida.

 

Hasta el pasado 1 de octubre, el puesto de presidente estaba ostentado por el entonces obispo de Ávila, don José María Gil Tamayo, actualmente arzobispo coadjutor de la archidiócesis de Granada y que había accedido al mismo en enero de 2019.

 

Las Edades del Hombre, 1988-2022

 

El Patronato de la Fundación Las Edades del Hombre está formado por los arzobispos y los obispos de las once diócesis católicas de Castilla y León: Burgos, Valladolid, Astorga, Ávila, Ciudad Rodrigo, León, Osma-Soria, Palencia, Salamanca, Segovia y Zamora. Por su parte, José Enrique Martín Lozano es el secretario general dentro del organigrama ejecutivo.

 

En estos momentos se está desarrollando en la catedral de Plasencia la XXVI edición bajo el título ‘Transitus’. Desde la primera, celebrada en el año 1988 en la catedral de Valladolid hasta la actualidad, doce millones de personas han visitado las exposiciones, erigiendo a Las Edades del Hombre en el proyecto cultural más importante de Castilla y León  y uno de los más destacados del país.