Fallece el sacerdote Feliciano Martínez Archaga

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feliciano martinez archagaAyer, 9 de junio, fallecía a los 93 años de edad el sacerdote burgalés Feliciano Martínez Archaga. Nació en Porquera de Butrón el 2 de febrero de 1927 y fue ordenado sacerdote el 11 de junio de 1954. Desempeñó su ministerio pastoral como párroco de Orbaneja del Castillo, Salgüero de Juarros, Poza de la Sal y servicios y párroco de Briviesca. En su etapa de jubilado colaboró en la parroquia de San Martín de Porres de la capital burgalesa.

 

El funeral por su eterno descanso se celebrará mañana jueves 11 de junio a las 11:30 de la mañana en la en la parroquia de San Martín de Porres, cumpliendo con las medidas decretadas por el actual estado de alarma, con aforo limitado.

 

Hoy Feliciano toma prestadas estas palabras de san Agustín y desde los brazos del Padre que con amor le acoge nos dice: «Te espero… No estoy lejos, justo del otro lado del camino… Ves, todo va bien. Volverás a encontrar mi corazón. Enjuga tus lágrimas y no llores si me amas».

 

Pedimos al Señor para que sus hermanos y sobrinos puedan enjugar con lágrimas de esperanza el dolor de la separación. Dale, Señor, el descanso eterno y brille para él la luz eterna.

«No abundamos, pero otros lo necesitan más»

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Las Clarisas de Belorado, elaborando sus afamados chocolates. Foto: Cope.es.

 

La crisis sanitaria provocada por la Covid-19 ha derivado en una grave crisis económica. Muchas familias han perdido sus puestos de trabajo o se han visto abocadas a expedientes de regulación de empleo perdiendo poder adquisitivo y haciendo difícil la supervivencia. También los monasterios de vida contemplativa de la provincia han experimentado una considerable disminución de sus ingresos al suspender la actividad económica que ayudaba al sostenimiento de muchas comunidades, la inmensa mayoría dedicadas a la repostería.

 

La madre María Sagrario, superiora de la comunidad de Clarisas de la capital, relata cómo su obrador ha estado parado durante algo más de dos meses. El pasado 1 de junio, ante la insistencia de algunos vecinos, volvieron a elaborar sus pastas de té, aunque las ventas no han sido significativas: «Hemos vendido muy poquito», asegura la religiosa mientras detalla que la venta de pastas es solo una «pequeña ayuda a la economía de la comunidad», que ha sobrevivido durante la pandemia gracias a los donativos de algunos conocidos y la pensión que cobran algunas hermanas de la Seguridad Social.

 

Esta comunidad, que ha pasado la cuarentena sin que ninguna de sus 13 monjas sufriera «ni un simple catarro», está muy agradecida a la ayuda que les han prestado amigos y conocidos: «En nuestra economía no sobra nada y es difícil llegar a fin de mes. Por fortuna, nos han hecho entrega de una enorme cantidad de alimentos durante estos meses. Estamos muy agradecidas: comida no nos ha faltado y hemos podido celebrar la eucaristía todos los días, que era lo que más deseábamos y necesitábamos». asegura.

 

Agradecidas a los sacerdotes de Belorado están también las Clarisas de esta comunidad de 14 hermanas al borde del Camino de Santiago, a las que se suman otras seis monjas en Derio, Vizcaya. Gracias a ellos han podido celebrar cada día la misa y poder seguir rezando por todo el Pueblo de Dios: «Somos el pulmón orante de la diócesis y el coronavirus no ha podido enfermar ese pulmón», narra por teléfono una de las religiosas. «Sin la eucaristía no habríamos podido sobrevivir».

 

Ellas también han visto menguados sus ingresos de elaborada repostería, aunque «gracias a Dios hemos seguido trabajando a través de la web», algunos días, con tan solo uno o dos pedidos. Pese a todo, se han sentido más que nunca «parte del pueblo», no solo porque aplaudían a los sanitarios junto a sus vecinos, sino porque han notado su ayuda y cercanía: «Mucha gente nos ha traído alimentos y donativos, vivimos de la providencia», insiste mientras asegura que han sido también muchas las llamadas y correos electrónicos recibidos implorando también sus oraciones.

 

«No abundamos, pero otros lo necesitan más»

 

Sor Amparo, secretaria de la comunidad de Clarias del Espino, en Vivar del Cid, también relata cómo el coronavirus ha supuesto un revés para su obrador, que tuvo que cerrar a mediados del mes de marzo con un importante stock de productos que donaron al Banco de Alimentos, a quienes agradecen a su vez la entrega de productos alimenticios que les ha permitido sobrevivir durante la pandemia.

 

Esta religiosa reconoce que han sido muchas las llamadas de gente interesándose por ellas y ofreciéndoles diferentes donativos que, sin embargo, han declinado: «Sería para nosotros un cargo de conciencia porque con lo que teníamos ahorrado y las pensiones de las más mayores podríamos sobrevivir, así que les pedíamos que entregaran esos donativos a Cáritas o a Ayuda a la Iglesia Necesitada. Y no es que abundemos, pero otros lo necesitan más», concluye.

Los sacerdotes entregan a Cáritas Burgos más de 75.000 euros

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sacerdotes cáritas

 

Desde que los sacerdotes de la diócesis decidieran renunciar a parte de su suelo y entregarlo a Cáritas para paliar las consecuencias económicas de la pandemia, se han recaudado, a fecha 31 de mayo, un total de 75.736 euros. El dinero procede de los donativos que los presbíteros han entregado de forma voluntaria a la entidad caritativa para que pueda implementar sus ayudas, ya que los problemas económicos empiezan a agudizar la situación de las familias más vulnerables ante la crisis del coronavirus.

 

El gesto del presbiterio, coordinado desde al vicaría diocesana del Clero, nació a propuesta de varios sacerdotes y ha sido respaldada por una amplia mayoría de ellos. Se trata de una colecta conjunta del clero diocesano «para estar muy cercanos de los que en esta pandemia se van a quedar en las cunetas sociales y económicas», tal como detalló en su momento Jesús Castilla, vicario para el Clero.

 

Según Castilla, se trata de «una expresión de entrega y cercanía a los más necesitados», una muestra de «estar al lado de quienes sufren tanto dolor». Una acción que se deriva de «nuestro ser sacerdotes y diáconos» y que responde a la acción de Dios, que «nos quiere tomar como instrumentos para llegar cada vez más cerca de su pueblo amado».

Un Corpus Christi sin procesión en las calles

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La pandemia provocada a causa de coronavirus y las medidas sanitarias impuestas para evitar su transmisión imposibilitan que, este año, la procesión del Corpus Christi recorra las calles de la ciudad. Aún así, el arzobispo, don Fidel Herráez Vegas, presidirá en la Catedral una solemne eucaristía a la que seguirá, por las naves del templo gótico, una procesión con el Santísimo Sacramento.

 

La misa, que comenzará a las 12:00 del mediodía, podrá contar únicamente con la participación de la mitad del aforo total permitido (192 personas en cumplimiento con las medidas impuestas para la «fase 2» del desconfinamiento) y guardando siempre la distancia de seguridad de, al menos 1,5 metros. Para ello, se habilitarán invitaciones que podrán recogerse en la Casa de la Iglesia a partir del martes día 9 en horario de 09:00 a 14:00 horas.

 

Durante la procesión, desde el interior de las puertas de Santa María y el Sarmental el arzobispo impartirá la bendición con el Santísimo Sacramento a toda la ciudad. En cumplimiento de las medidas de seguridad, el Cabildo ruega encarecidamente a los burgaleses no congregarse en los exteriores del templo. Está previsto que en el acto, que se retransmitirá en directo desde el canal de YouTube de la diócesis, participen los danzantes de la ciudad.

 

Parroquias

 

Dada la excepcionalidad de este año, serán las parroquias de la ciudad las que podrán organizar en sus respectivos templos otras celebraciones de devoción eucarística, cumpliendo siempre con las normas exigidas, pudiéndose impartir la bendición con el Santísimo desde la puerta. Idéntica medida se sigue para todos los pueblos de la diócesis.

 

Ese día, además, Cáritas celebra su día, con una llamada a los fieles a vivir la caridad que brota de la eucaristía y desarrollando distintas acciones de difusión de su actividad y de sensibilización a la sociedad en general.

Cáritas ha atendido a 400 familias en el entorno rural desde el inicio de la pandemia

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La parroquia de Espinosa de los Monteros no ha cesado de atender a los vecinos más vulnerables de la zona.

 

Cáritas diocesana de Burgos desarrolla desde hace algunos años un intenso programa de acompañamiento a las personas que sufren dificultad en el mundo rural. Cuatro técnicos dedican actualmente sus esfuerzos a la animación comunitaria y a la atención de las necesidades más fundamentales en las zonas más despobladas de la provincia. Entre sus quehaceres destaca el trabajo con las familias más desfavorecidas a través de sus programas de acogida; la atención a la población migrante apoyando su integración y adaptación; el cuidado de la soledad y el aislamiento de los mayores y el acompañamiento a niños y jóvenes dotándoles de igualdad de oportunidades en la educación y el ocio. También se ha fortalecido el voluntariado como eje vertebrador de todos los proyectos y se han multiplicado las experiencias de espacios y tiendas solidarias y fomentado el comercio justo, sin olvidar la colaboración con distintas instituciones y asociaciones.

 

Durante la crisis sanitaria, Cáritas rural también se ha tenido que reinventar como lo ha hecho el resto de proyectos y programas. Su presencia física quizás no ha estado en los despachos o en las reuniones pero su quehacer ha sido muy importante para ayudar y dar esperanza en estos momentos tan duros para muchas personas.

 

En muchos lugares, han proseguido con el reparto de alimentos, que en algunas ocasiones se ha intensificado y se ha personalizado. También se han intensificado los trabajos de acompañamiento a las personas, llamando a las que estaban solas, especialmente a las más mayores y atendiendo las necesidades básicas cuando ha sido necesario. En ese sentido, también han cubierto sus necesidades de medicinas y farmacia. Los diferentes equipos de Cáritas rural han atendido desde el inicio de la pandemia a 376 familias, 727 personas en total. Incluso algún equipo de Cáritas rural se ha dedicado a hacer mascarillas y acercarlas a los lugares donde se precisaban.

 

Desde Cáritas diocesana de Burgos sostienen que todo este trabajo «hace que nuestra gente siga confiando en Cáritas porque se presenta siempre como una respuesta útil, eficaz, generadora de oportunidades, vinculada a la comunidad cristiana y que de modo sencillo hace realidad, en lo concreto, hace vida el mensaje del evangelio».