El belén de Renuncio: una tradición familiar

Gustavo y Carlos García montan uno de los nacimientos más cuidados de la provincia. Conocemos cómo es su montaje y cómo nació en ellos la afición por el belenismo.
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Desde hace 17 años, Gustavo García y su padre Carlos componen uno de los belenes más cuidados de la provincia. Con más de 270 figuras, entre personajes y animales, el belén de Renuncio supone para ellos una tradición en la que se afanan meses antes de la llegada de la Navidad. Ubicado a unos 8 kilómetros de la capital, este belén recibe cada año la visita de 6.000 personas que se quedan admiradas por su belleza. Gustavo asegura que cuando llega la gente a verlo no lo esperan ni “tan grande” ni con tantos detalles: “A unos les sorprenden los efectos especiales, a otros, las figuras que se mueven y los entendidos se fijan en las construcciones y los detalles”.

 

En efecto, si algo no falta en este belén son los detalles. Además de la cueva con el misterio, la anunciación a los pastores -con ángel que desciende del cielo- o la cabalgata a los magos, está cuidado al detalle la recreación del pueblo de Belén y añade otras escenas, como la huida a Egipto. Este año, además, se han incorporado nuevos elementos, como un molino de aceite y un impresionante palacio de Herodes. “Empezamos a planificarlo en febrero y lo hemos construido desde marzo a octubre; después hemos tardado casi dos meses en montarlo en su lugar del belén porque lo hacemos a ratos, cuando tenemos tiempo libre después del trabajo”.

 

La edificación, de tres plantas, cuenta con unas dimensiones de 80 cm de ancho, por 170 cm de alto y 230 cm de fondo. Posee una escalinata de mármol que da acceso a un patio central cuyo suelo es un mosaico romano realizado con más de 1.000 teselas de mármol. El edificio se levanta gracias a 40 columnas de estilo corintio, y para cubrir todo el tejado se han utilizado más de 2.000 tejas romanas. A las edificaciones, hechas a mano, hay que añadir la impresionante colección de figuras, obras de los maestros belenistas José Luis Mayo y Joaquín Pérez. 

 

La afición de esta familia por el belenismo nació cuando les regalaron unas figuras para el nacimiento. Comenzaron montando un pequeño belén en su propia casa. Después, en la iglesia de la localidad y tras, instalarlo en distintos lugares, decidieron ceder el garaje de su casa para su montaje definitivo. Es tal el volumen de casas, detalles y ornamentos “que es prácticamente imposible trasladarlo a otro lugar”, comenta Gustavo.

 

Sea como fuere, el de Renuncio es uno de esos nacimientos de obligada visita para los amantes del belenismo. Seguro que Gustavo y Carlos están ya planificando el montaje del próximo año.

 

Para ampliar: galería fotográfica del belén

 

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