Unos panecillos con mucha historia detrás

San Lesmes, a quien la ciudad de Burgos homenajea estos días, fue un santo que procuraba que a nadie necesitado le faltase el pan. Y con este aliento tan básico se le recuerda en la actualidad.

 

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Don Fidel Herráez recibe uno de los roscos de san Lesmes durante la ceremonia en honor del santo.

 

Durante la celebración de san Lesmes abad, patrón de la cuidad de Burgos, están presentes en la iglesia del santo unos roscos que son toda una tradición. Estos panecillos de san Lesmes se ofrecen durante la eucaristía en su honor. Los llevan la reina de las fiestas y las reinas de las peñas y otras niñas que le acompañan y lo presentan como ofrenda junto a ramos de flores. El alcalde por su parte ofrece un cirio, que simboliza el compromiso de la cuidad de renovar su devoción y gratitud a san Lesmes, y además, la ceremonia incluye la incorporación de los nuevos hermanos a la hermandad Adelmus.

 

Volviendo a los roscos, surge la pregunta: ¿De donde nace esta tradición inmemorial? Según cuenta César Alonso, quien fuera párroco de la iglesia de San Lesmes durante más de dos décadas, esta costumbre viene de «la vida de beneficiencia del santo, quien no dudaba en alimentar a los pobres ofreciéndoles pan, además de atender también a peregrinos y enfermos». Procuraba disponer de la suficiente cantidad como para que no le faltase a nadie, y por este motivo se pensaba que este monje benedictino hacía milagros con este alimento y que nunca se le acababa. «Posteriormente, con el transcurso del tiempo, los burgaleses adoptaron la costumbre de llevar el pan en el día de san Lesmes para que se lo bendijese el sacerdote en la iglesia, esto es algo que también se hacía en el día de san Blas. Después ese pan se guardaba en casa como un sacramental, así contaban con la gracia de Dios en sus hogares, con algo que les conectaba con Él. Este pan bendito también se daba a los enfermos o se colgaba en algún lugar de la casa, como la cocina, con la idea de tenerlo en allí todo el año». Y llegamos a la época actual, cuando se constituye la hermandad Adelmus, y que utilizará estos panecillos como una forma de obtener ingresos para sus actividades. «Los llevan a bendecir y los venden para obtener medios económicos para la celebración de las fiestas del santo, concretamente buscan acoger a los peregrinos franceses».

 

 

Además, los roscos también están presentes en las pastelerías y panaderías, que han adoptado en estos últimos años la costumbre de producirlos en estas fechas, y son dulces y hojaldrados, a diferencia de los que se ofrecen ante el patrón en la parroquia, que son de pan. Suelen estar rellenos de crema o nata, y al igual que el roscón de reyes, este rosco también lleva una sorpresa en su interior. En este caso se trata de un pequeño báculo de san Lesmes, y debe pagar el rosco quien se lo encuentre. Otra manera de dar proyección a este santo tan querido por los ciudadanos de Burgos.

 

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