Un ángel, protagonista de la Semana Santa de Aranda

Desde tiempo inmemorial, Aranda de Duero celebra el domingo de Pascua la tradicional «bajada del ángel». Este año estará protagonizada por el niño Manuel Martín López.
angel aranda de duero

Fotografía de la última edición, en 2017.

 

Si hay una Semana Santa donde los niños juegan un papel especial es la de Aranda de Duero. Cada domingo de Pascua, su plaza de Santa María se inunda de gente para vivir la tradicional «bajada del ángel». A mediodía la imagen del Resucitado se encuentra con la de su Madre, la Virgen de las Candelas, enlutada por la muerte de su hijo. En ese momento, un globo que atraviesa la plaza por las alturas se abre para descolgar un angelito que soltando al aire dos palomas, quita el velo a la Virgen ante la admiración de los presentes y una lluvia de confeti.

 

Este año, el encargado de cumplir con la tradición es Manuel Martín López. Tiene cinco años y cursa tercero de infantil en el colegio Claret. Apasionado del fútbol y forofo del Atleti, lleva varios sábados ensayando el acto colgado por los aires, aunque asegura no sentir miedo a las alturas. «Me ponen los arneses y la corona; me suben arriba y abajo mientras muevo los brazos y las piernas. Y cuando llego abajo, quito el velo que lleva una amiga mía» que hace de María.

 

Manuel pertenece a la cofradía de la Virgen de las Candelas, organizadora del acto y la hermandad más antigua de Aranda (los primeros documentos datan de 1532, aunque la leyenda remonta su origen hasta el mismo Cid Campeador). Fue el primero en apuntarse a la lista de espera para interpretar el papel de angelito, así que su elección no fue complicada. «Solo hace falta ser un niño pequeño», relata con sencillez. «Cuando se abra el globo, tengo que soltar las palomas, patalear y quitarle el velo negro a la Virgen».

 

Asegura que sus papás, José Félix y Orealis, «están muy contentos y orgullosos», sus abuelos, «muy felices» y sus amigos del colegio le miran «con un poco de envidia». Y no es para menos. Manuel se convertirá en uno más de la innumerable lista de niños que han protagonizado esta tradición –en algunas ocasiones han participado solamente niñas gitanas–, de origen desconocido y que se celebra desde tiempo inmemorial. A él mismo le ha tocado en suerte revivir aquella mañana de resurrección, cuando el ángel «dice a María que su hijo ha resucitado y que ya no tiene que estar triste». Aunque revela estar un tanto «nervioso», seguro que cumplirá a la perfección la misión encomendada.

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