Don Fidel Herráez participa en la plenaria que elegirá nuevo secretario general de la Conferencia Episcopal

Los obispos deben designar nuevo secretario tras la designación del anterior como pastor de Ávila; así como abordar temas pastorales y otros que atañen a la propia organización del episcopado español.
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La sede de la Conferencia Episcopal, en Madrid, acoge desde ayer y hasta el próximo viernes 23 de noviembre la asamblea plenaria de los obispos del país en la que es su 112ª reunión. En ella participa también el arzobispo de Burgos, don Fidel Herráez Vegas.

 

A lo largo de la semana, los prelados abordarán distintas cuestiones relacionadas con el organismo colegiado de los obispos españoles –como la elección de un nuevo secretario general tras la designación del último, don José María Gil Tamayo, como obispo de Ávila, o la reforma de la propia Conferencia Episcopal– y otros relacionados con la vida de la Iglesia en general. Entre estos últimos asuntos, destacan cómo llevar a cabo la reforma de los monasterios de clausura propuesta por el papa Francisco, la reforma de los estatutos de CONCAPA o la elección de un nuevo director nacional de Obras Misionales Pontificias.

 

Además, como es habitual en la plenaria de noviembre, se estudiarán y aprobarán los presupuestos de 2019, los balances y liquidación presupuestaria del año 2017, y los criterios de constitución y distribución del fondo común interdiocesano. La plenaria tratará también diversos asuntos de seguimiento, repasará las actividades de las distintas Comisiones Episcopales y procederá a la aprobación de distintas Asociaciones Nacionales.

 

Erradicar los abusos

 

En el mensaje de apertura de la reunión, el presidente de la Conferencia Episcopal, el cardenal arzobispo de Valladolid, don Ricardo Blázquez, aseguró que «la Iglesia reconoce abiertamente los abusos de diversa índole y tiene la firme decisión de erradicarlos». Además, afirmó que la Iglesia reconoce abiertamente los abusos de «diversa índole» y tiene la «firme decisión de erradicarlos», al tiempo que subrayó que «los pecados, que en ocasiones son también delitos, deben ser reconocidos humildemente ante Dios y sin pretextos ante los hombres». El presidente de la Conferencia, enfatizó que este y todo tipo de pecado, además de poseer una dimensión individual, «hiere a la Iglesia y causa daño a otras personas».

 

No obstante, el cardenal subrayó que «no es legítimo abrigar sospechas sin fundamento» y agradeció la dedicación «paciente» de tantos cristianos, ministros, consagrados y laicos que ejercen su ministerio en servicio de la Iglesia y de la entera sociedad.

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