«Esfuerzo y dedicación» para recrear el nacimiento de Jesús

Conocemos cómo Gustavo García y su padre, Carlos, trabajan durante todo el año para construir el belén de Renuncio, uno de los montajes más sobresalientes entre los entendidos en la materia.
Gustavo ha ampliado su templo egipcio y construye nuevas edificaciones para el poblado de Belén.

Gustavo ha ampliado su templo egipcio y construye nuevas edificaciones para el poblado de Belén.

 

A sus 34 años, Gustavo García se ha convertido en uno de los grandes belenistas del país y un referente en el mundo del arte de pesebre, tanto que sus montajes aparecen en las revistas y páginas web especializadas en la materia. Aunque asegura que belenista «se nace», lo cierto es que su técnica ha mejorado Navidad tras Navidad y lo que comenzó hace 19 años ocupando unos pocos metros en el salón de la casa de su pueblo, Renuncio, hoy se ha convertido en un belén de 55 metros cuadrados y casi 300 figuras (incluyendo animales) que instala en el garaje, por el que cada temporada pasan entre 3.000 y 4.000 personas.

 

Define el suyo como «un belén popular», donde el musgo y las cortezas se mezclan con ríos y casas, puentes y templos construidos a mano a base de porexpan, escayola y madera de balsa. «Es un nacimiento de estilo hebreo, quiero que sea fiel a la historia y a la época del nacimiento de Jesús; procuro que sea muy real, aunque siempre nos concedemos algunas licencias, como un camello cargado de juguetes o un burro derramando leche», elementos que siempre atraen la atención de los visitantes.

 

En efecto, el belén está plagado de infinitos detalles que marcan la diferencia y manifiestan el ingente trabajo que hay detrás del montaje. Gustavo comienza a planificar su nacimiento cuando apenas ha montado el último y en septiembre tiene ya construidas las casas que desea incluir en el próximo proyecto. A partir de esa fecha, después de su jornada laboral se desplaza hasta Renuncio para proseguir con el montaje del belén sin olvidar las horas de trabajo gastadas durante los fines de semana. De hecho, prolonga nueve días sus vacaciones estivales para ultimar las nuevas construcciones. «Es un arte que te tiene que gustar», indica. «Exige esfuerzo y dedicación. Para hacer cualquier cosa se tarda mucho tiempo y hay que dedicarle muchas horas; de lo contrario no consigues los resultados que buscas», explica mientras aclara que las piedras de las casas están talladas una a una a base de cúter y una buena dosis de paciencia. «Es algo sacrificiado que hago porque me gusta, no obtengo ningún beneficio de esto. Aquí empleo mi tiempo, mi trabajo y mi dinero». De este modo, mientras construye su belén, Gustavo  se «sumerge en su pequeño mundo, es como que yo también estoy en el lugar donde nació Jesús».

 

Apuesta por la tradición

 

A su entender, el arte del pesebre en Burgos no está tan arraigado como en otras zonas del sur de la Península, «donde se vive más la Semana Santa, la imaginería o el belenismo». Eso, junto al ritmo de vida actual, donde «faltan tiempo y paciencia», elementos básicos para la construcción de un belén, hacen que la tradición de montar el nacimiento en el hogar esté quedando relegada a un segundo plano. Aún así, «a la gente le sigue gustando ver belenes como este o el de la Catedral» pues, asegura, «son obras de arte y eso siempre gusta contemplar».

 

En estos primeros días de diciembre, con la inestimable ayuda de su padre Carlos, Gustavo se afana por regar el musgo y limpiar y colocar con mimo las cuidadas figuras, obra del artista madrileño José Luis Mayo Lebrija, con el fin de dejar todo a punto para poder inaugurar su nacimiento el 20 de diciembre. Estará abierto hasta el 7 de enero y podrá contemplarse de lunes a viernes en horario de 17:30 a 20:30 horas. Los sábados y festivos abrirá, además, de 12:00 a 14:30 horas.

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