La ciudad de Burgos ha vivido esta noche del Martes Santo una de las procesiones que con el paso de los años está ganando en afluencia: la de las Siete Palabras. Organizada por la cofradía del mismo nombre, esta celebración parte y concluye en la catedral, recorriendo enclaves emblemáticos del centro histórico en un ambiente de profundo silencio y oración.
Para quienes la viven desde dentro, se trata de mucho más que una procesión. «Es verdad que tiene como algo muy especial porque es un momento de recogimiento, de oración y de intensidad de fe muy importante», explica en una entrevistaCristina Ibáñez, miembro de esta cofradía. Entre los momentos más sobrecogedores del recorrido, destaca la salida del Cristo de Burgos desde la catedral, el encuentro con la Virgen de la Soledad en la iglesia de Santa Águeda y la lectura de cada una de las reflexiones en torno a las siete palabras que pronunció Jesús en la cruz antes de morir.
Antes de la salida, además, los nuevos miembros han participado en su rito de ingreso a la hermandad, un momento de ilusión y emoción que marca el inicio del camino de cada cofrade que sale a la calle por primera vez.
«No es una de tantas procesiones, no; al rezar cada una de las siete palabras y tener momentos específicos, yo creo que merece mucho la pena acercarte e intentar contemplar lo que se está intentando representar… es mejor vivirlo a que te lo cuenten», añade.
Además de la imagen articulada del Santo Cristo de Burgos, otro de los elementos más característicos del cortejo son las cruces faroles que representan cada una de las palabras de Jesús. «Son unas cruces que están hechas de cristal y por dentro están iluminadas», describe Ibáñez. «La parte de arriba es una cruz grande, están todas numeradas y está escrita la palabra que corresponde» a cada farol. A lo largo del recorrido, que atraviesa las calles de Santa Águeda, Martínez del Campo, el paseo de la Audiencia o el Arco de Santa María, cada gesto y cada parada invitan al recogimiento. A su paso por el Palacio Arzobispal, monseñor Mario Iceta ha ofrecido al Santo Cristo de Burgos un ramo de doce rosas rojas, en una procesión que convierte la noche burgalesa en un itinerario de fe, tradición y contemplación.
El Via Crucis del Castillo volvió a congregar en la noche del Lunes Santo a numerosos jóvenes burgaleses en un acto marcado por el silencio, la oración y la luz de las antorchas. La celebración partió desde la iglesia de San Esteban y ascendió por las laderas del parque del Castillo hasta el mirador de la ciudad, en un recorrido que, año tras año, se ha convertido en uno de los momentos más sencillos y emotivos de la Semana Santa local.
Organizado con el impulso de la delegación diocesana de Infancia, Adolescencia y Juventud, junto con voluntarios de la parroquia de San Josemaría Escrivá, este Vía Crucis pone en el centro a los jóvenes, que portan la réplica de la cruz que Juan Pablo II regaló a los jóvenes de todo el mundo y presente en todas las Jornadas Mundiales de la Juventud. Los propios jóvenes animan las distintas estaciones con sus reflexiones y oraciones, centradas en sus problemáticas y anhelos.
«Me ha sorprendido que haya tantos jóvenes», cuenta Lucía, quien ha acudido a la cita «porque otros jóvenes me han invitado». Era la primera vez que participaba en este Via Crucis, que califica como «emotivo y bonito» tanto por las reflexiones y los cantos. La iniciativa busca ofrecer un espacio de encuentro y de vivencia de la fe en clave juvenil, compartir y llevar la cruz de los jóvenes en un ambiente de recogimiento que ilumina la noche burgalesa.
El programa de actos de la Semana Santa en Burgos prosigue esta tarde con el Rosario Penitencial Obrero que recorrerá las calles del barrio de Vega. Contará con los pasos de Jesús Atado a la Columna y el Santo Sudario y partirá a las 20:15 horas desde la sede del Círculo de la calle Concepción. Por la noche, a las 22:15, el Santísimo Cristo de Burgos partirá de la Catedral en el ejercicio de las Siete Palabras.
Sobrio y elegante, sobre una cama de rosas rojas y musgo, el Santísimo Cristo de Burgos ha vuelto a recorrer las calles de su ciudad. El también conocido como «Cristo de las santas gotas» ha sido llevado con maestría por treinta y ocho costaleros por las calles de San Gil, Arco del Pilar, San Lorenzo, San Carlos, Almirante Bonifaz y Avellanos, ante la atenta mirada de cientos de burgaleses, que han aguantado con estoicismo el frío de la tarde.
El cortejo ha partido, fiel a su cita, a las 20:00 horas desde la parroquia de San Gil Abad, donde tiene su sede la Real Hermandad de la Sangre del Cristo de Burgos y Nuestra Señora de los Dolores, que organiza esta procesión que se remonta a finales del siglo XVI. La imagen que sacan a la calle sus cofrades es un Cristo de acusada personalidad, plagado de numerosas heridas en torso, brazos y piernas, de las que brotan tres gotas de sangre al tratarse de un Cristo vinculado a la orden Trinitaria. De la herida del costado, de las manos y los pies, también brota abundante sangre. A pesar de las llagas, el rostro es apacible, dulce y tranquilo, con los ojos entreabiertos.
Además de sus cofrades y la banda de cornetas y tambores de La Sangre del Cristo de Burgos, han acompañado la procesión del Santo Cristo de las Gotas miembros de otras hermandades penitenciales, la agrupación musical de Santísimo Sacramento y Jesús con la Cruz a Cuestas, representantes del Ayuntamiento y de la policía nacional.
La procesión del Santísimo Cristo de Burgos hunde sus raíces en 1592, cuando la Cofradía Noble de la Sangre de Cristo ya recorría las calles cada Domingo de Ramos portando la reliquia de las milagrosas gotas de sangre. Esta tradición se vincula a un episodio arraigado en la devoción burgalesa, cuando en 1366, el convento trinitario que albergaba la imagen se derrumbó. Según la leyenda, durante el colapso, una piedra golpeó la cabeza del Cristo y la talla comenzó a manar sangre. Aquella sangre fue recogida en un sudario que, con el paso de los siglos, se ha conservado como una de las reliquias más significativas de la ciudad y que se custodia en la iglesia de San Gil desde el año 1836. Ante su Imagen se han postrado a orar devotos de todas las clases sociales a lo largo de la historia, pidiendo milagros. En 1615, el rey Felipe III rezó ante el Santísimo Cristo, al igual que también Felipe IV.
La mañana del Domingo de Ramos ha comenzado en Burgos con un tiempo cambiante que no hacía presagiar una jornada estable. A primera hora, el sol se ha alternado con fuertes rachas de viento y algunas nubes que incluso han dejado caer algunos copos de nieve, aunque con el paso de las horas el sol ha terminado abriéndose paso.
Desde la parroquia de San Lorenzo el Real partía la tradicional procesión con el paso de Jesús en la Borriquilla, acompañado por los cofrades de la Coronación de Espinas y de Cristo Rey. Tras la bendición de los ramos y la proclamación del Evangelio según san Mateo, en la que se conmemora la entrada del Señor en Jerusalén, los anderos han portado el paso por las calles de la ciudad en un recorrido seguido por numerosos fieles, muchos de ellos portando palmas y ramos, en una escena que combina el carácter festivo de este día con el recogimiento propio del inicio de la Semana Santa.
Hacia la mitad de la calle de la Virgen de la Paloma, unos finos copos de nieve han presagiado una situación similar a la que ocurrió el pasado año. Los anderos han apretado el paso con el objetivo de alcanzar la Catedral lo antes posible, aunque cuando el trono iba ya por la calle de Cadena y Eleta, el sol volvía a brillar en el firmamento burgalés.
El acompañamiento musical de la Banda de Cornetas y Tambores de la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad y de Santiago y la presencia de miembros del resto de las cofradías han contribuido a crear el ambiente característico de esta jornada, en la que los más pequeños cobran también un especial protagonismo. A pesar del viento, el cortejo ha podido avanzar con normalidad hasta la Catedral.
Ya en el templo, ha tenido lugar la celebración eucarística, en la que se ha proclamado la Pasión del Señor, uno de los momentos centrales del Domingo de Ramos. La liturgia introduce así a los fieles en los misterios que se conmemorarán a lo largo de la Semana Santa.
A diferencia de lo ocurrido el pasado año, cuando la lluvia impidió el normal desarrollo de la procesión e incluso obligó a suspender su salida desde la Catedral, en esta ocasión el paso ha podido completar su recorrido de regreso hasta la parroquia de San Lorenzo sin incidencias, permitiendo vivir con mayor normalidad este inicio de la Semana Santa.
Parroquias y templos de toda la archidiócesis han acogido también celebraciones similares, reflejando la participación de la comunidad cristiana en este día tan significativo. Con el Domingo de Ramos comienza así un camino espiritual que llevará a los fieles a acompañar a Cristo en su pasión, muerte y resurrección, hasta culminar en la celebración de la Pascua.
La imagen de Nuestra Señora de las Angustias ha vuelto a recorrer la noche del Sábado de Dolores las calles del centro de Burgos en una de las primeras grandes citas de la Semana Santa en la ciudad. La procesión ha partido puntual –a las 21:00 horas– desde la parroquia de San Cosme y San Damián para seguir su itinerario habitual por la plaza Vega, el puente de Santa María, el paseo del Espolón y la plaza del Rey San Fernando, antes de regresar de nuevo al templo de salida. Este año, sin embargo, en el tramo de Vega, la procesión ha tenido que compartir calzada con los vehículos, una estampa poco habitual que ha causado sorpresa entre los asistentes al cortejo y los mismos cofrades.
Además, como novedad, la Virgen ha estrenado túnica, fruto de la recuperación de un bordado antiguo que ha sido incorporado a un nuevo soporte de terciopelo rojo, realzando así el patrimonio textil de la imagen, obra del escultor sevillano Juan Manuel Montaño. Portada a hombros por 26 mujeres cofrades de distintas hermandades de la ciudad, el acto ha vuelto a mostrar el carácter participativo de esta procesión, que coordina la ilustre archicofradía del Santísimo Sacramento y Jesús con la Cruz a Cuestas, cuya banda ha acompañado el desfile.
Uno de los momentos más emotivos se ha vivido en la plaza del Rey San Fernando. A los pies de la catedral, en la escalera del Sarmental, mujeres del grupo Tierras del Cid, ataviadas con trajes regionales han obsequiado a la Virgen con una danza con velas ante los sones de la banda. Un gesto cargado de simbolismo que ha puesto la guinda a una procesión marcada por el recogimiento, la resistencia al intenso frío –los termómetros marcaban apenas tres grados, con una sensación térmica de menos seis– y la devoción de quienes acompañaron las Angustias de María en la Semana Santa burgalesa.