La presencia de la Iglesia en la vida pública marca el Encuentro Sinodal Diocesano

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Nació hace tres años como una jornada de formación y convivencia en torno a la solemnidad de Pentecostés. Surgió a raíz de las propuestas de la última Asamblea Diocesana y como un intento de revisar cada curso la puesta en marcha de sus conclusiones finales. Hoy se ha vuelto a celebrar con la mirada puesta en una de las prioridades que ha marcado la vida de la Iglesia en Burgos durante este último curso: la presencia de los cristianos en la esfera pública.

 

El Encuentro Sinodal Diocesano ha reunido en el Seminario de San José a agentes de pastoral de toda la archidiócesis para reflexionar, a través de distintos talleres rotativos marcados por los testimonios y las experiencias personales, sobre el papel de la Iglesia en la vida social. Se ha conocido parte del trabajo que la Iglesia en Burgos realiza en la cárcel, entre las personas mayores y quienes viven en soledad y en el mundo social, político y comunicativo. También se ha incidido en la necesidad de cuidar el patrimonio cultural como cauce evangelizador y se ha conocido cómo la Iglesia también es agente de dinamización en el mundo rural con iniciativas que van desde el acompañamiento a niños y ancianos, a propuestas culturales, educativas, de ocio y tiempo libre y de voluntariado.

 

Asamblea

 

Este encuentro quiere nutrirse del impulso sinodal que está marcando la vida de la Iglesia en los últimos años. De ahí que la recepción de las conclusiones de la Asamblea de Iglesia en Castilla celebrada recientemente en Ávila haya marcado parte de la jornada. Tras la comida y posterior sobremesa, animada por los jóvenes de Acción Católica General, Víctor Román y José Luis Lastra han presentado las líneas de trabajo marcadas para las diócesis de la Región para los próximos años y se han trasladado algunas de las experiencias que los burgaleses vivieron en este encuentro, en el que la «conversación en el Espíritu» y la escucha compartida delinearon las propuestas aprobadas.

 

La jornada ha concluido con la celebración de la Vigilia de Pentecostés, preparada por el Consejo Diocesano de Acción Católica, y con el envío de los participantes a ser germen de evangelización en la esfera pública.

El Rosario de la Aurora recorre Burgos pidiendo por la visita del papa León XIV

por redaccion,

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El tradicional Rosario de la Aurora ha vuelto a recorrer esta mañana las calles del centro de Burgos, congregando a numerosos fieles desde primera hora del día en torno a la imagen de la Virgen de Fátima en el día de su fiesta. Organizado, por la Milicia de Santa María, el rezo ha partido desde la plaza del Rey San Fernando y ha estado marcado por un ambiente de oración y recogimiento, en una de las citas de piedad popular más arraigadas del mes de mayo en la ciudad. De hecho, este año la participación ha parecido más numerosa que en ediciones anteriores.

 

Durante el recorrido, los misterios del Rosario se han ofrecido especialmente por los jóvenes, las familias, los sacerdotes y obispos –de modo particular por el prelado burgalés– y los cristianos perseguidos en distintas partes del mundo. Asimismo, se ha rezado de forma especial por la próxima visita apostólica del papa León XIV a Madrid, Barcelona y Canarias durante el mes de junio, pidiendo por los frutos pastorales de este acontecimiento para toda la Iglesia española. La oración ha estado acompañada por cantos marianos y por la devoción de centenares de burgaleses que, fieles a la tradición, han acudido a la celebración.

 

El Rosario ha concluido a los pies de la catedral, donde se ha celebrado la santa misa. Con este acto popular, el pueblo burgalés ha vuelto a mostrar la profunda devoción mariana que caracteriza estas fechas y que cada año convierte el Rosario de la Aurora en uno de los actos religiosos más multitudinarios y significativos de la ciudad. El arciprestazgo de Gamonal celebrará también un rosario de la Aurora el último sábado de este mes, el 30 de mayo, mismo día en que se celebrará en las calles de Aranda de Duero.

Los sacerdotes aprenden a escuchar «afectiva y efectivamente»

por redaccion,

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Una de las dimensiones propias del ministerio pastoral de los sacerdotes es la del acompañamiento y la escucha. Muchas personas necesitan contar y relatar a un sacerdote no sólo sus pecados en la confesión, sino también sus preocupaciones, problemas y esperanzas en otros ámbitos, como el acompañamiento y la dirección espiritual. Los tiempos, las tareas y otras ocupaciones hacen que los presbíteros, a veces, encuentren dificultades a la hora de desarrollar esta tarea esencial de su ministerio.

 

Conscientes de esta realidad, Fernando del Castillo y Nieves Tomillo, de la fundación Solidaridad Humana, impartieron ayer la tercera sesión de formación que durante este año están desarrollando con la vicaría del Clero. A través de fundamentos teóricos y varios ejercicios prácticos, trasladaron a los sacerdotes algunas claves para escuchar «afectiva y efectivamente». La empatía, la receptividad, la actitud activa y consciente se convierten así en elementos clave para desarrollar una buena escucha, evitando siempre el contagio emocional o la lectura de los problemas de los demás desde sus propias vivencias: «No tengo derecho a interpretar lo que le ocurre al otro», explicaron, «tengo el deber de escuchar y preguntar». Para ello, son clave también cuidar los espacios, las miradas y las actitudes que se generan en los encuentros que mantienen con las personas que tienen encomendadas.

 

También detallaron cómo el diálogo sereno y la escucha activa son herramientas fundamentales para evitar las críticas, los juicios de valor y la falta de comunión en el presbiterio.

 

Con la sesión desarrollada ayer en el Seminario de San José concluía un ciclo formativo que los sacerdotes han trabajado durante todo el curso, basado en la afectividad humana y en la que también han tocado otros temas, como la autoestima, la corporeidad y la sexualidad, el autoconocimiento o el propio cuidado del pastor.

Cristo vive: Burgos celebra la Pascua de Resurrección

por Natxo de Gamón,

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Fotografías de Rodrigo Mena Ruiz para Archiburgos

 

La alegría de la Resurrección ha llenado las celebraciones del Domingo de Pascua en Burgos, culminación de la Semana Santa y centro de la fe cristiana. La Iglesia ha proclamado que Cristo vive, un anuncio que transforma la tristeza en esperanza y abre un horizonte nuevo para los creyentes.

 

Tras la intensidad vivida en los días anteriores, la celebración de este domingo ha estado marcada por un ambiente de gozo y solemnidad. La celebración eucarística en la Catedral ha reunido a numerosos fieles, que han participado en una liturgia en la que el anuncio de la Resurrección ha sido el eje central.

 

La mañana empezaba pronto en la parroquia de la Sagrada Familia, sede de la Cofradía de Cristo Resucitado, que ha procesionado con el paso hasta la Catedral. Allí, los miembros de la Cofradía han participado en la celebración eucarística del Domingo de Resurrección.

 

Las lecturas y oraciones han invitado a profundizar en el sentido de la Pascua, recordando que la victoria de Cristo sobre la muerte no es solo un acontecimiento del pasado, sino una realidad viva que transforma la vida de los cristianos. La luz, tan presente en la Vigilia Pascual, se prolonga en este día como signo de la vida nueva.

 

Tras la celebración eucarística, el paso de Cristo Resucitado ha salido a la plaza de Santa María -bajo una lluvia de pétalos y con el repique de las campanas de la Catedral de banda sonora- para encontrarse con la Virgen de la Alegría, de la parroquia de San Nicolás de Bari. Allí, el grupo de danzas María Ángeles Saiz ha ofrecido sus jotas a las imágenes, junto de la Banda Infantil de Tambores de la Hermandad de la Sangre de Cristo

 

El acto central de la procesión del Anuncio Pascual ha tenido lugar en la plaza del Rey San Fernando, donde se han leído dos poemas y ha habido un intercambio de ofrendas entre las dos cofradías. Después, la procesión ha continuado hasta la plaza de Alonso Martínez, donde se han despedido y cada paso ha retornado a su templo de origen.

 

El Domingo de Pascua abre además un tiempo litúrgico de cincuenta días en el que la Iglesia celebra la Resurrección como un único gran día de fiesta. Es un tiempo marcado por la alegría, en el que los fieles son llamados a vivir desde la esperanza y a dar testimonio de la fe en la vida cotidiana.

 

Parroquias y templos de toda la archidiócesis han acogido celebraciones a lo largo de la jornada, reflejando la participación de la comunidad cristiana en este día central del año litúrgico. Con la Pascua, la Iglesia culmina el camino iniciado en la Cuaresma y celebra el triunfo definitivo de la vida sobre la muerte.

La Soledad llora la muerte de su hijo por las calles de Burgos

por Natxo de Gamón,

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Fotografías de Rodrigo Mena Ruiz para Archiburgos

 

Como cada año, el Sábado Santo es el día en el que la Soledad recorre las calles de Burgos, saliendo desde la iglesia de Santa Águeda, haciendo una parada en el Convento de las Madres Salesas para recibir el cántico Stabat Mater y continuando hacia el Arco de Santa María.

 

En este último lugar tradicionalmente se realizaba el indulto a un preso, sin embargo el ministerio ha vuelto a denegar la petición solicitada por la cofradía, por lo que nuevamente no tendrá lugar el perdón para el reo. Esta costumbre fue creada en Burgos en 1447 por Juan II de Castilla, padre de Isabel I la Católica, y lo denominó «El perdón del Viernes Santo de la Cruz»

 

A pesar de este contratiempo los asistentes han podido contemplar una vez más a su señora. La actual talla, creada por Ildefonso Serra, data de principios del siglo XX y salió en procesión por la ciudad por primera vez en 1905, con una estética que supuso una renovación respecto a los modelos anteriores. «Crea una imagen totalmente distinta. Los autores, la Casa Serra, hacen esta Virgen maravillosa, con la mirada al Cielo, sujetando la Corona de Espinas fuertemente sobre el pecho, con esa fuerza en la mirada, la boca entreabierta… rompió un poco con los modelos que había hasta esa época», explica Alfonso Díez Ausín, mayordomo de la Cofradía.

 

Esta procesión ha sido la segunda que ha acogido el Sábado Santo, siendo la primera un Rosario Penitencial junto a la imagen de Nuestra Señora de la Misericordia y de la Esperanza que ha recorrido las calles Nuestra Señora de Fátima, Santa Bárbara y Severo Ochoa, entre otras, terminando su itinerario de vuelta en la parroquia.