Borja López Herreros está más cerca de alcanzar la meta del sacerdocio. Esta mañana, en el seminario diocesano de San José, ha respondido «sí» a su vocación ante el arzobispo, don Mario Iceta, durante la celebración de su rito de admisión a las sagradas órdenes. Como él mismo explica, «se trata de una ratificación de la llamada» al sacerdocio por parte de la Iglesia, que se «compromete a formarle hasta su ordenación». Por su parte, Borja también ve en este gesto «una seguridad» de que la vocación que él intuye en su vida «también la ve la Iglesia».
De esta manera, este joven se compromete a proseguir con su formación y encaminar su vida hacia el sacerdocio, que para él ha de basarse en una «profunda vida de oración y de vida sacramental» y hacer fructificar «sus preferencias o dotes». Una llamada que comenzó a intuir cuando tenía 17 años y empezó a dejar atrás sus sueños de ser extremo izquierdo del Rácing de Santander, formar una familia o tener un buen trabajo. Le ayudó a ello el acompañamiento de otros sacerdotes y la lectura de los grandes clásicos espirituales, donde descubrió que «toda renuncia comparada con el sacerdocio es pequeña», como le susurraba Tomás de Kempis.
Ahora se siente afortunado «por su vocación, por ser católico y por afrontar las cosas desde una perspectiva sobrenatural». «Estoy muy contento. Vale la pena ser cura porque es la vocación más grande, estoy firmemente convencido», explica.
Configurar su vida con Cristo sacerdote
Por su parte, el arzobispo ha recordado al candidato a recibir las órdenes sagradas que «es la Iglesia la que te llama y la que te pide y encomienda configurar tu corazón como el corazón de Cristo al Señor». De esta manera, Borja podrá acompañar a un mundo «que vive en blanco y negro», «que ha perdido la esperanza de la recompensa de plenitud para siempre». De ahí que haya animado al joven a vivir su formación en el seminario para ser «amigo de Jesús» y poder «mostrar la caridad de Cristo, su infinito amor y misericordia» superando el prejuicio «de la ley o las cosas intelectuales».
El grupo ‘Cartel’ recupera la representación de la Pasión, que este año vuelve a la programación de la Semana Santa de Aranda de Duero después de cuatro años de ausencia por la pandemia. Este grupo de teatro, cuyos orígenes se asocian a la comunidad claretiana ribereña, comenzó en 2007 a recrear las escenas de la Pasión en la víspera del Domingo de Ramos, un hueco que recuperará este año el sábado de Dolores, la noche del 23 de marzo, como pórtico y anticipo de las celebraciones que se sucederán durante la semana siguiente.
Con su montaje, el director de ‘Cartel’, Valentín Martín, quiere evitar el «morbo y el latigazo» tan típicos de estos montajes en pro de un espectáculo «más íntimo», donde destacan los diálogos entre Jesús y su madre o el monólogo de Judas cuando expresa sus sentimientos después de haber entregado a la muerte a Cristo. «Uno se mete en la mente de estos personajes y se preguntaría qué haría» ante esas situaciones, explica el dramaturgo. «Quiero llegar a la gente a través de esos sentimientos», subraya.
Martín logra de esta manera un espectáculo en el que la palabra, la imagen y la música se combinan para narrar los episodios centrales de la pasión y resurrección de Jesús y consiguen provocar un clima de intimidad. Unas setenta personas participan en este montaje en el que se incluye la interpretación de ocho piezas musicales en directo a cargo de agrupaciones y artistas de Aranda de Duero y la Ribera.
Aunque la representación de la Pasión se llevará a cabo en el auditorio del Centro Cultural Caja de Burgos de la plaza del Trigo, el grupo ‘Cartel’ hará un guiño a las primeras representaciones que se llevaron a cabo en la calle, con un breve comienzo en la plaza de Santa María, desde donde se acudirá en procesión hasta el auditorio. El importe de las entradas, de 8 euros, se destinará íntegramente a Cruz Roja.
Este martes, 12 de marzo, se ha presentado, en un acto celebrado en la capilla de los Condestables de la Catedral, la programación de la Semana Santa de Burgos 2024. Una edición que trae novedades como la incorporación de dulzaineros a una de las principales procesiones, entre otras.
Al acto, presidido por el arzobispo de Burgos, Mons. Mario Iceta, y presentado por el vicepresidente del Cabildo Metropolitano y abad de la Semana Santa, Agustín Burgos, han acudido el vicealcalde de la ciudad, Fernando Martínez-Acitores, el delegado territorial de la Junta de Castilla y León en Burgos, Roberto Sáiz, y el presidente de la Junta de Semana Santa de Burgos, Luis Manuel Isasi.
En su intervención, el arzobispo de Burgos ha pedido a los cofrades que no se desanimen y ha pedido a la gente de Burgos vaya a las procesiones, pero no solo al principio, sino durante todo el recorrido. Mons. Mario Iceta también ha señalado que los desfiles procesionales son «un recuerdo de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo». Y, en ese sentido, ha recordado que las procesiones no pueden entenderse como actos aislados, sino que nacen «de lo que se celebra esos días».
El arzobispo también ha animado a los organizadores a continuar con su importante labor al frente de la Semana Santa burgalesa y ha reclamado que se defienda «la identidad propia de la Semana Santa castellana» y, en concreto, burgalesa, evitando emular tradiciones ajenas a las costumbres de esta tierra.
El acto ha concluido con la entrega de los premios XXIV Concurso Fotográfico sobre la Semana Santa en Burgos 2023, con los que la Junta de Semana Santa ha querido reconocer el inmenso trabajo de los fotógrafos, muchos de ellos no profesionales, que dedican su tiempo a captar la esencia de los misterios que se celebran durante estos días.
El salón de Caja Círculo se ha quedado pequeño para acoger a los más de 800 alumnos que han secundado la llamada de Escuelas Católicas para celebrar su jornada en Burgos. Un día para festejar «lo que somos y las infinitas posibilidades que nos oferta el futuro» y que los colegios de titularidad eclesiástica afrontan con optimismo.
Representantes de los casi 19.000 alumnos y más de 1.700 docentes que configuran estos centros –en Burgos 29– han leído un manifiesto en el que han dejado constancia del trabajo que realizan de forma conjunta. «Somos un proyecto educativo fundamentado en la educación de calidad y en valores cristianos destinados a una formación integral y completa, donde la educación va más allá de las aulas», se ha leído en un manifiesto. «Juntos construimos un futuro en el que cada alumno pueda alcanzar sus sueños, guiados por los valores comunes del evangelio y un compromiso firme con la calidad y la excelencia educativa».
Al acto ha acudido el director provincial de educación, José Antonio Antón Quirce, quien ha aplaudido la labor realizada en estos colegios, donde estudia el 34% del total del alumnado de la provincia. «Es un tipo de escuela que enseña en valores, que te enseña a caminar en la vida, a construir tu futuro; no sólo a estudiar y a saber de matemáticas, de física, de ciencias naturales o de lengua española, que también, sino a construir otras cosas que tiene que haber en nuestra persona para ser mejores y ofrecer más a la gente», ha explicado al micrófono. Por su parte, Leandro Roldán, presidente de Escuelas Católicas en Castilla y León, se ha felicitado de tener «un proyecto común, una escuela basada en la innovación, el compromiso y los valores cristianos».
Hace dos años que la patronal que integran las escuelas de titularidad católica celebran este día. Si en 2022 y 2023 lo hicieron al aire libre, esta vez han evitado el frío en un acto festivo, que ha contado con la música del grupo «SUM», de alumnos del colegio Niño Jesús. La celebración continuará a las 18:00 horas de esta tarde, con una conferencia para docentes impartida por Javier Cortés, también en el salón de actos Fundación Caja Círculo. La charla «Inteligencia artificial: retos, desafíos y oportunidades para la escuela» servirá para conmemorar este día y aprender sobre los últimos avances del mundo educativo.
Con el lema «Buscar una vida más digna», en la tarde de ayer se celebró la última edición de Círculos de Silencio, organizada por la delegación diocesana de Pastoral para las Migraciones. A partir del recuerdo de los cuatro últimos fallecidos en un cayuco llegado la semana pasada a la isla de El Hierro, voluntarios del Cáritas en el Centro San José y seminaristas de la archidiócesis se preguntaron por qué pasan estas cosas y animaron a la «audacia» para «buscar soluciones y misericordiosos para encontrar la mejor manera de acoger a toda persona de buena voluntad».
A través de un manifiesto, se denunció que «nos estamos acostumbrando» a las noticias que hablan de naufragios de migrantes frente a las costas españolas –especialmente en Canarias– «en busca de una vida más digna». También pidieron que Europa abogue por una «democracia nos permita vivir libremente con una sociedad abierta» y desearon que la «Iglesia que sea hospital de campaña» que pueda acoger a todos los que llegan.
«Queremos construir una sociedad sensible a las necesidades de todos y crítica para comprender el porqué de estas situaciones que provocan el desarraigo de la propia tierra», se escuchó en medio del silencio que envuelve estos actos de denuncia pacífica. «Pedimos poder tener siempre una mirada limpia que nos permita ver en el otro un ser humano creado a imagen y semejanza de Dios».
Los Círculos de Silencio surgieron como un movimiento ciudadano en Toulouse en 2007, respaldados por algunas comunidades franciscanas. Pronto, aquella acción reivindicativa y no violenta se extendió por ciudades francesas, sumando, mes a mes, nuevas convocatorias. La iniciativa llegó a Burgos hace exactamente 13 años de la mano de la todavía Mesa Diocesana de Pastoral de Migraciones (hoy delegación de Pastoral para las Migraciones) y otros colectivos de Iglesia. Cada dos meses, y con el lema «Trato digno para todos, fui forastero y me acogisteis», estos actos de denuncia se repiten en el paseo Sierra de Atapuerca de Burgos.