Comienzan en Aranda los actos en honor de su patrona, Nuestra Señora de las Viñas

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Virgen de las Viñas Aranda de Duero cultos

 

Con la novena en honor de Santa María de las Viñas, Aranda de Duero inicia hoy los actos de devoción a su patrona. Y lo hace de la mano de un nuevo párroco, Francisco Javier Valdivieso Sáenz, hasta ahora rector del Seminario de San José, quien asumirá también las parroquias de La Aguilera y Villalba de Duero y la capellanía de las religiosas de Iesu Communio.

 

Según una antigua tradición, en el siglo XII se encontró en el monte Costaján una imagen de la Virgen procedente del monasterio de Santa María de Lara que había sido escondida para protegerla de las incursiones árabes. La leyenda asegura que la Virgen se apareció a un labrador para decirle dónde habían escondido dicha imagen y señalarle el lugar donde debía construirse una ermita. La imagen fue exhumada y se le comenzó a dar culto en una pequeña ermita levantada, se cree, en el lugar de la aparición. Se desconoce a ciencia cierta si el nombre de Virgen de las Viñas ya lo tenía la imagen cuando se la veneraba en el monasterio de la Peña de Lara, según mantienen algunos historiadores, o se la rebautizó popularmente por haberse aparecido en una viña.

 

Posiblemente la imagen original (que debía de ser de los siglos VII u VIII), se deterioró con el paso del tiempo y, por este motivo, se realizó una nueva que recordaba a la anterior, aunque siguiendo la estética del momento. La que se venera en la actualidad es una talla policromada de aproximadamente el siglo XIV. A sus pies se sitúa la figura de un niño, conocida como «El Mediquín», que rememora uno de los milagros de la Virgen: cuenta la tradición que en época de la peste que asoló la ciudad, Nuestra Señora de las Viñas hizo aparecer a un médico que curó a los enfermos.

Llega a Burgos la iniciativa «40 días por la vida»

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40 días por la vida

 

40 Días por la Vida es una campaña mundial de 40 días dirigida a acabar con el aborto mediante la oración, el ayuno, la sensibilización de la comunidad y una vigilia pacífica, diaria y constante. Tras pasar por más de 65 países y más de quince ciudades españolas, esta iniciativa llega ahora a Burgos en una campaña que se prolongará del 28 de septiembre al 6 de noviembre. El lugar escogido para rezar en estas vigilias de oración es la puerta trasera de la Unidad de Atención a la Mujer (en la calle del Donante, junto al colegio Jesús María), en horario de 9:00 a 15 horas, en turnos de una hora, que podrían ampliarse hasta las 21:00 en caso de haber personas interesadas.

 

Como bien explican en su página web, la iniciativa es toda una «declaración de paz» y la reunión frente al lugar escogido será exclusivamente para orar: actuar de manera violenta o dañina desasocia inmediata y completamente de la campaña», asegura un manifiesto. Se exhorta a no realizar proselitismo ni promocionar ningún tipo de partido político o candidato electoral. Tampoco se permite obstruir las calles o aceras ni amenazar o entrar en contacto físico con nadie, ni dañar la propiedad privada; solo «mostraré compasión y reflejaré el amor de Cristo al personal de empleados, voluntarios y clientes del abortorio», se pide a los voluntarios de la iniciativa.

 

La oración y el ayuno son los pilares sobre los que se basa esta acción, pues «creemos fervientemente que la fuerza de la oración y el ayuno terminarán con el aborto». La oración pública sirve de «ejemplo de Cristo de amor hacia el prójimo», mientras que toda la propuesta tiene un fin evangelizador, por medio del cual se envía a la comunidad un testimonio de fe público para la defensa del no nacido y de las mujeres víctimas del aborto. En su paso por ciudades de todo el mundo, los impulsores de la iniciativa aseguran haber salvado la vida de 21.989 bebés, logrando que 240 trabajadores de abortorios hayan renunciado a su trabajo y conseguido cerrar 117 clínicas abortistas.

 

Los coordinadores de la actividad en Burgos han creado un grupo de WhatsApp y un perfil en Instagram donde comparten información del evento y explican el modo de convertirse en voluntarios. Además, en su página web comparten el modo de inscribirse y apuntarse a las vigilias de oración.

«La Iglesia en Tailandia es minoritaria pero muy respetada y en crecimiento»

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JOSE MARIA RODRIGUEZ REDONDO (3)

 

José María Rodríguez Redondo nació en Burgos en el año 1962. Vivió sus primeros tres años en Tenerife, de donde es su madre, y después estuvo en Puentedura, donde hizo su primera comunión. Estudió Bachillerato en el Instituto Cardenal López de Mendoza y posteriormente hizo Magisterio para ingresar en el Seminario de Burgos. Fue ordenado sacerdote en 1990 por el arzobispo don Teodoro Cardenal. Su primer destino fue la parroquia Sagrada familia de la capital burgalesa, en la que permaneció tres años. Tras pedir permiso al arzobispo, inició su preparación como sacerdote misionero en el IEME (Instituto Español de Misiones Extranjeras). En 1995 comenzó su misión en Tailandia, donde permaneció diez años, hasta que en 2005 se traslada a la India durante dos años para hacer un Máster en Misionología. Posteriormente es llamado a Madrid para participar en el equipo de dirección del IEME como secretario general hasta 2013 en que vuelve a Tailandia, donde todavía continúa desarrollando su actividad sacerdotal y misionera.

 

«Yo estudiaba Magisterio y me gustaba, donde surge mi vocación es en el contacto que tuve con la catequesis, yo era catequista y me sentía muy bien, estaba lleno de alegría de transmitir la doctrina de Jesús a los niños. Estuve medio año de discernimiento de mi vocación, yo estudiaba segundo curso y hablé con el rector del Seminario de Burgos, quien me aconsejó que no me precipitara y que antes de ingresar terminara mis estudios. Y así lo hice», relata.

 

«En realidad mi vocación misionera se produce dentro del Seminario, porque tuve la suerte de participar en algunas convivencias del IEME, el Instituto Español de Misiones Extranjeras, en las que se vive una sensibilidad misionera, y aquello me llamó la atención porque veía cómo seminaristas de toda España se comprometían dando un paso más en su vocación sacerdotal. Y fruto de ello fue también mi vinculación con la Pastoral Gitana, donde comencé a trabajar primero como seminarista y luego como sacerdote. Ello me supuso un enriquecimiento al encontrarme ante otra forma de entender la vida, otra cultura, lo que me hizo abrir horizontes en mi propia vocación de sacerdote».

 

Su primer destino, la parroquia de la Sagrada Familia, fue muy especial para él porque en ella había sido catequista y ahora volvía como sacerdote a la misma. «Tengo un bonito recuerdo de aquel momento porque fue el comienzo de mi sacerdocio, éramos tres sacerdotes y una parroquia en proceso de cambio, ya que pasaba de estar en una lonja, un local bajo, a tener un templo amplio, una iglesia nueva. Además pude seguir colaborando con Pastoral Gitana» evoca.

 

Pero lo cierto es que estaba empeñado en ser sacerdote misionero. «Sentía como una llamada especial del Señor a la evangelización misionera, pero tenía que confirmarlo, porque al principio era solo como una intuición, algo que me atraía. Hablé con el arzobispo de entonces en Burgos, Santiago Martínez Acebes, del que recibí todo el apoyo, me explicó que con los sacerdotes misioneros es toda la diócesis quien se hace misionera. Así que inicié un curso en el IEME para conocer la realidad y los proyectos del Instituto de Misiones y después viajé a Londres, donde estuve un año para aprender inglés, que lo consideran imprescindible. Mi destino después fue Tailandia».

 

Allí ha encontrado «un pueblo muy religioso, allí la religión es un valor, en contraposición con Europa y España, donde parece un antivalor. En Tailandia la religión principal es el budismo y también muy influenciados por la religión primitiva, conocedores de que hay algo trascendente que supera lo material, lo que implica un gran respeto por la Naturaleza».

 

La relación entre budistas y cristianos, cuenta, es fluida, pero la Iglesia en Tailandia está muy en minoría, «está diseminada en grupitos y muy esparcida, pero hay total armonía entre budistas y cristianos, cualquier cosa en el día a día se hace en común, es lo que llamamos diálogo interreligioso de vida, que supone compartir la vida y que todos nos tenemos que ayudar, de hecho compartir celebraciones budistas y cristianos suele ser normal».

 

El Papa ha pedido un mayor acercamiento y eso intentan, «aunque no es fácil», advierte. «El problema es que en el acercamiento, cuando nos presentamos como sacerdotes católicos, la gente nos acepta y considera que todas las religiones son buenas, pero falta curiosidad, interés e inquietud por conocer en profundidad el cristianismo. Esa es la tarea pendiente. Hay un enorme respeto entre las dos religiones y eso es lo más positivo. El budismo no habla de Dios, tampoco lo niega, pero pone toda su confianza en el hombre. Cada persona debe recorrer su camino y hacerlo de forma personal, para el budismo eso es vital, pero con sus propias fuerzas, no entienden el poder de la gracia, les cuesta mucho entender eso, el budista considera que debe salvarse a sí mismo y el cristiano sabe que no puede hacer nada sin Dios en su camino», explica el misionero.

 

«Nosotros nos presentamos como sacerdotes de la comunidad en la que viven y eso es una plataforma importante, manteniendo actividades con niños y jóvenes, en los que trabajamos los valores, y también tenemos promoción de adultos, sobre todo en la mujer; son pequeños detalles que les hablan de que trabajamos por la dignidad de las personas, compromiso con las personas, que es la doctrina de Jesús. Y hay personas que se sienten llamadas a la conversión, lo que para nosotros es una alegría, presentarles a Jesús con sencillez».

 

Poco a poco van surgiendo algunas conversiones, una media de dos o tres adultos al año que se bautizan. «Podemos decir que hacemos cristianos de forma artesanal. Pero la Iglesia en Tailandia no tiene complejo de inferioridad, hay mucha ilusión en el trabajo que nos queda por hacer», concluye.

El obispo de Vitoria imparte ejercicios espirituales a los sacerdotes

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ejercicios espirituales juan carlos elizalde

 

La abadía benedictina de Santo Domingo de Silos ha acogido en la última semana de agosto la habitual tanda de ejercicios espirituales que organiza la vicaría del clero para los sacerdotes de la archidiócesis. Entre los clérigos que han participado en este acto de piedad se encontraban también algunos pertenecientes a otras diócesis del país, así como el obispo de Mondoñedo-Ferrol, mons. Fernando García Cadiñanos, y el obispo electo de Tarazona, Vicente Rebollo. La tanda ha estado dirigida por el obispo de Vitoria, mons. Juan Carlos Elizalde.

 

El predicador de esta práctica de piedad nació en Mezquíriz (Navarra) el 25 de junio de 1960. Fue ordenado sacerdote en Roncesvalles el día 3 de octubre de 1987 y es licenciado en Filosofía, en Teología y en Teología Espiritual. Fue nombrado obispo de la diócesis de Vitoria el 8 de enero de 2016 y ordenado el 12 de marzo.

 

Según marca el Código de Derecho Canónico, todos los sacerdotes deben realizar durante el año, al menos, cinco días de ejercicios espirituales. Varios sacerdotes diocesanos suelen sumarse a esta tanda antes de que acabe el verano y comience el nuevo curso. La vicaría del Clero también organiza otros turnos en Adviento y durante la semana Pascua.

Santa Teresa de Jesús Jornet, patrona de la ancianidad

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Queridos hermanos y hermanas:

 

Una vez escuché al Papa Francisco decir a los ancianos que «están llamados a ser artífices de la revolución de la ternura». Y así, en clave de una esperanza que nunca se cansa de renacer, recordamos hoy a santa Teresa de Jesús Jornet, patrona de la ancianidad.

 

Su santo, que celebramos el próximo viernes 26, nos recuerda a una mujer que vivió dedicada –en cuerpo y alma– al servicio de los ancianos en estado de abandono. La vida de Teresa estuvo marcada por una fuerte vocación hacia todas esas causas difíciles donde no solo era necesaria la fe, sino también la pasión, la entrega, el cuidado, la caridad y la donación de uno mismo en pos de un amor infinito…

 

Leridana de nacimiento, desde muy pequeña se dejó llevar por la enseñanza hasta hacerse con el título de maestra. Tras varios años como educadora en Barcelona, recibe la llamada del padre Francisco Palau, su tío, quien le invita a trabajar como profesora en el Instituto de las Hermanas Terciarias Carmelitas, que él había fundado. Teresa desempeñó su labor allí, sin considerar en ningún momento la vida religiosa como opción para su vida. Ella, tras un tiempo, descubre que su verdadera vocación no se encontraba donde, anteriormente, había puesto su tienda…

 

Después de un largo discernimiento, Teresa decide entrar en el monasterio burgalés de las Clarisas de Briviesca, optando así por la vida contemplativa. Y aunque su afán religioso no se desvanece, la situación social le impide emitir los votos, por lo que vuelve a su hogar y se hace carmelita terciaria franciscana. Sin embargo, su regalo mejor guardado llegaría después: la Providencia le lleva a conocer una fundación nacida del celo sacerdotal de Saturnino López Novoa, canónigo de Barbastro. Este, junto a un grupo de sacerdotes amigos, se dedicaba al cuidado de ancianos abandonados. En ese momento, Teresa descubre que era el mismo Cristo quien le pedía entregarse a los demás desde ese servicio inspirado en la caridad evangélica, con los ancianos más pobres y desamparados.

 

«Cuidar los cuerpos para salvar almas» era la frase que acompañaba en todo momento su desmedido quehacer, por y para los demás. Y así, dándose sin descanso, secundaba Teresa de Jesús Jornet el carisma de la congregación de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, del que ella sería la superiora general durante 22 años (hasta el mismo día de su muerte, con solo 54 años).

 

La espiritualidad de la congregación se resume en acoger a los ancianos más pobres e integrarlos en un ambiente familiar, humano y fraterno donde estén cubiertas todas sus necesidades materiales, humanas, psicológicas y espirituales. Una tarea que esta religiosa no descuidó ni un solo momento, porque los ancianos eran su prioridad y el motivo por el cual veía en ellos el rostro de Cristo herido, necesitado, sufriente y resucitado. Fiel a las indicaciones de don Saturnino, encarnó el carisma y lo transmitió sin un solo respiro. Todas las hermanas decían de ella que era el alma y la vida de la Congregación, a la que condujo por caminos de caridad, entrega y santidad.

 

«Teresa Jornet tuvo algo, misterioso si se quiere, que nos atrae. A su lado se siente esa presencia inefable de la Vida que la sostuvo y la alentó en sus afanes de consagración a Dios y al prójimo, orientándola hacia la senda concreta de la caridad asistencial», confesó el Papa san Pablo VI en la homilía que pronunció en la Misa de canonización, el 27 de enero de 1974. El fruto de su ingente labor «cuajó de manera admirable, pero sin clamor externo», sostuvo el Santo Padre, dejando una verdadera profecía: «El quehacer de la gracia será siempre algo misterioso».

 

Declarada patrona de la ancianidad, es conocido el testamento que –desde su lecho de muerte– legó a la Congregación: «Cuiden con interés y esmero a los ancianos, ténganse mucha caridad y observen las Constituciones; en esto está su santificación».

 

Ponemos esta hermosa festividad y las casas que las Hermanitas tienen en Burgos y en Aranda de Duero en las manos de la Virgen María, a quien Teresa de Jesús Jornet amó desde una entrega total y una gozosa donación a Dios sirviendo a los ancianos. Y con sus palabras, nos abandonamos a ese amor con el que Dios Padre ama a cada uno de sus hijos desamparados, con el firme propósito de cuidar a los mayores como ella nos enseñó: «El Corazón de Jesús arde en llamas de purísimo amor. Con este amor purísimo es necesario que tratemos siempre a nuestros ancianos, interesándonos muchísimo de su bienestar temporal y eterno».

 

Con gran afecto, pido a Dios que os bendiga.

 

+ Mario Iceta Gavicagogeascoa

Arzobispo de Burgos