Fallece el sacerdote Santiago del Cura Elena

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Foto: serviren.info.

 

Esta mañana ha fallecido, a los 74 años de edad, el sacerdote burgalés Santiago del Cura Elena. El arzobispo, don Mario Iceta, y todo el presbiterio lloran su pérdida y oran, junto a sus hermanos y familiares, para dar gracias a Dios por su vida y ponerlo en las manos del Padre. El funeral por su eterno descanso tendrá lugar mañana martes 16 de agosto a las 12:00 del mediodía en la Catedral y será sepultado en el cementerio de San José a las 17:00 horas. Su sala velatoria será instalada en la funeraria San José.

 

Ordenado sacerdote el 7 de octubre de 1972, ha ejercido su ministerio como párroco de Villangómez y Villaverde del Monte; profesor de la Facultad de Teología de Burgos, párroco  de Cubillo del Campo y servicios; vicario parroquial de San Cosme y San Damián, canónigo de la Catedral de Burgos y miembro de la Comisión Teológica Internacional.

 

Hoy Santiago, arropado por el manto de María en la fiesta de la Asunción, goza para siempre de la presencia de Dios. Misterio que él vivió profundamente y tantas veces trasmitió en su cátedra. El Catecismo de la Iglesia Católica, dice en el nº 966: «La Asunción de la Santísima Virgen constituye una participación singular en la Resurrección de su Hijo y una anticipación de la resurrección de los demás cristianos».

La Asunción de la Virgen: con la mirada puesta en el Cielo

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Queridos hermanos y hermanas:

 

Cada 15 de agosto, con la fiesta de la Asunción de la Virgen María, celebramos en la Iglesia que Cristo se llevó al cielo a su Madre. Una celebración marcada por la alegría, porque María –elevada en cuerpo y alma– pone de manifiesto que la última palabra la tiene el amor: un amor que es más fuerte que la muerte.

 

El Catecismo de la Iglesia Católica, en el numeral 966, dice que la Asunción de la Santísima Virgen «constituye una participación singular en la Resurrección de su Hijo y una anticipación de la resurrección de los demás cristianos». Una llamada verdaderamente importante, que nos recuerda que el hecho de que María se halle glorificada en el Cielo, supone no solo la resurrección de Jesucristo, sino también el anticipo de nuestra propia resurrección.

 

Ella, aun siendo la Madre de Dios, pertenece a nuestra condición humana, excepto en el pecado de la que fue preservada desde su concepción inmaculada. Y esa humanidad configura el sentido de la historia, que encuentra su plenitud cuando, a través del discípulo amado, la hizo –in aeternum– madre nuestra: «He aquí a tu madre» (Jn 19, 26-27).

 

María fue elevada en cuerpo y alma a la gloria del cielo, y con el Hijo es reina del cielo y de la tierra. «¿Acaso así está alejada de nosotros?». El papa emérito Benedicto XVI, en una homilía pronunciada el 15 de agosto de 2005 en Castelgandolfo, lanzó esa pregunta, para proclamar que «María, al estar con Dios y en Dios, está muy cerca de cada uno de nosotros». Cuando estaba en la tierra, apuntó, «solo podía estar cerca de algunas personas» pero, al estar en Dios, «que está cerca de nosotros, más aún, que está dentro de todos nosotros, María participa de esta cercanía de Dios». Por tanto, «al estar en Dios y con Dios, María está cerca de cada uno de nosotros, conoce nuestro corazón, puede escuchar nuestras oraciones y puede ayudarnos con su bondad materna».

 

La Madre de Cristo, la misma que en la Anunciación se definió como «esclava del Señor», es ahora glorificada como Reina universal. Ella, la primera discípula, no experimentó la corrupción del sepulcro, y fue asunta al cielo, donde ahora reina, viva y gloriosa, junto a Jesús.

 

La Asunción de la Virgen María ha de ser huella, horizonte y sendero que nos recuerde que nuestra vida solo ha de tener un camino: el cielo. Siempre desde la generosidad hacia los hermanos más necesitados, siempre desde el servicio que, con su ejemplo, dejó instituido el Hijo del hombre, estando disponibles para servir y para dar la vida como rescate por muchos (Mt 20, 28). No será fácil, pero merecerá la pena. Y cuando más nos cueste, pongamos la mirada en tantos santos que descubren, en el corazón traspasado de la entrega, el acto más bello del amor.

 

¿Quién no se emociona con vidas como la de la Madre Teresa de Calcuta, la de san Juan de Dios, la de santa Bernardette o la de san Francisco de Asís? Ellos, pobres entre los pobres, vieron en María la prolongación de la misericordia, de la compasión y de la ternura de Jesús. Y quisieron ser pobres, porque la Sagrada Familia de Nazaret nació y creció en pobreza.

 

El fundador de la Orden Franciscana veía en los ojos de los pobres, a quienes él más amaba, el reflejo de Cristo y de María: «Hermano, cuando ves a un pobre, ves un espejo del Señor y de su Madre pobre» (2 Cel 85). Y la Madre Teresa, quien dedicó su amor a la Virgen María socorriendo a los más necesitados de la tierra, decía que «a María, nuestra Madre, le demostraremos nuestro amor trabajando por su Hijo Jesús, con Él y para Él».

 

Todas y cada una de las hermosas piedras de nuestra catedral está dedicada a nuestra Madre la Virgen María. Esta tarde, desde la catedral, llevaremos su preciosa imagen en procesión por nuestra ciudad para que podamos decirle que le queremos y que es la madre de nuestros hogares y nuestras vidas. Nos ponemos bajo su protección y le pedimos que cuide maternalmente de nosotros, especialmente de quienes más lo necesitan.

 

Con gran afecto, pido a Dios que os bendiga.

 

+ Mario Iceta Gavicagogeascoa

Arzobispo de Burgos

Werner Barasch: El judío al que Pío XII liberó del campo de prisioneros de Miranda de Ebro

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Pio XII Werner Barasch

 

«Beatísimo Padre. Queráis perdonarme si me confío a Vuestra paternidad y caridad demostrada copiosamente en la asistencia y protección de tantas infelices víctimas de la situación política actual; me permito exponer a Vuestra Benevolencia el caso de Werner Barasch». Con estas palabras, la joven Paola Malchiodi escribe el 9 de febrero de 1942 al papa Pío XII suplicando ayuda para liberar a su amigo, «hijo de Arturo e Irene, nacido en Berlín en 1919, de origen judío, bautizado en junio de 1938 en el Instituto de los Neófitos de Roma» y hecho prisionero «en el campo de concentración de Miranda de Ebro». 

 

Su historia es una de las miles que el papa Francisco ha sacado a la luz al hacer públicas de forma online y para todo el mundo cerca de 2.700 cartas del antiguo «Archivo Secreto» vaticano con las que se desmota el mito del supuesto ‘conchaveo’ entre el papa Pacelli y el régimen nazi. Las historias publicadas demuestran que si bien Pío XII –sabedor de lo que se cocía en Alemania, donde fue nuncio– no pudo condenar públicamente las atrocidades del Tercer Reich, sí actuó en la sombra para prestar ayuda a miles de judíos.

 

Werner emigró de Alemania a Roma en 1933 para comenzar sus estudios. De ahí se trasladó a Suiza y más tarde a París, donde apenas graduado como profesor le sorprendió la guerra en 1939. Huyó a Marsella con la intención de obtener un visado y escapar a Cuba, donde se refugiaba su madre. Pero fue detenido y lo condujeron al campo de concentración de Les Milles, de donde escapó para emprender un largo recorrido en bicicleta hasta llegar a Ginebra. Allí fue de nuevo extraditado, lo condujeron al campo de Argelès-sur-Mer, en Francia, y de ahí a Miranda de Ebro, donde fue obligado a diversos trabajos en la oficina de censura del campo de prisioneros.

 

Fue en Miranda donde se acordó de su vieja amiga romana y decidió enviarle una misiva firmada el 17 de enero de 1941, sabedor de que ella le podría «ayudar desde lejos» en la obtención de su visado para América desde Lisboa. La petición es clara: «Alguna autoridad tiene que dar su consentimiento para mi liberación», explica en la carta. «Pero necesariamente tiene que intervenir una persona de fuera». Y ese candidato para «salvar a estas ovejas», según Werner, no sería otra que el nuncio apostólico de Su Santidad en Madrid, Gaetano Cicognani. «Si lograra con una audiencia a Su Santidad el Papa o por otros medios proponerle mi caso, con lo que tenga que hacer, sería fácil liberarme para partir». «Otros, con esta intervención desde Roma han podido dejar el campo de concentración», explica Werner, sabedor de que la Santa Sede estaba logrando la liberación de varios presos de origen judío. 

 

Malchiodi no duda en escribir al Papa, a quien recuerda que en agosto de 1941 otros solicitaron la intervención del nuncio para mediar en la liberación de Werner. Páginas más adelante del archivo, encontramos una petición de la Secretaría de Estado vaticana solicitando la intervención del nuncio madrileño. 

 

El registro documental [ver páginas 7 a 26] calla sobre el éxito de la comunicación. No hay más cartas. Sin embargo, el United States Holacust Memorial Museum nos da una pista sobre el destino de Werner. Él mismo, en un vídeo grabado cuando sumaba 82 años, cuenta cómo su petición fue escuchada, fue liberado y cruzó el Atlántico para encontrarse con su madre en Estados Unidos. Allí estudió en las Universidades de Berkeley y Colorado, trabajando finalmente como químico toda su vida. Es la historia, con final feliz, de un huido de guerra al que salvó Pío XII de las garras del nazismo.

Programan un viaje para asistir a la ordenación episcopal de Vicente Rebollo

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vicente rebollo

 

El secretariado de Peregrinaciones y Turismo de la archidiócesis de Burgos ha programado un viaje a Tarazona el próximo sábado 17 de septiembre para participar en la ordenación episcopal de Vicente Rebollo Mozos y su toma de posesión de la diócesis turiasonense, que tendrá lugar en la Catedral de Santa María de la Huerta.

 

El viaje, de ida y vuelta en el día en cómodo autocar, tiene un precio de 40 euros e incluye comida en un restaurante, con primer y segundo plato, postre, agua, vino, gaseosa y café. Quienes estén interesados pueden contactar con Julián Gumiel a través del teléfono 689 977 094.

 

El hasta ahora vicario episcopal para los asuntos económicos de la archidiócesis de Burgos, Vicente Rebollo Mozosfue nombrado el pasado 28 de junio por el papa Francisco obispo de la diócesis de Tarazona tras haber aceptado la renuncia del ministerio episcopal, por razones de edad, de quien ha sido su pastor desde 2011, el agustino Eusebio Hernández Sola.

Burgos homenajea a su patrona, Santa María la Mayor

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Como cada año, la catedral celebra con el honor habitual a la patrona de la archidiócesis, Santa María la Mayor, en su misterio de la Asunción en cuerpo y alma a los cielos. Desde el pasado domingo, cada tarde tiene lugar el ejercicio de la novena, que comienza a las 19:00 horas horas con el rezo del Rosario  y sigue, a las 19:30horas, la celebración de la eucaristía. Además del vicario general, Carlos Izquierdo, del nuevo canónigo, José Luis Cabria, y del párroco de San Lesmes, Alfonso Sáez, que predicaron días atrás, las eucaristías estarán presididas por próximos días por el obispo emérito de Jaén, Ramón del Hoyo (miércoles 10); el arzobispo emérito, don Fidel Herráez (jueves 11 de agosto); el canónigo Micael Hellín (viernes 12 de agosto); el obispo electo de Tarazona, Vicente Rebollo (sábado día 13) y el arzobispo de Burgos, don Mario Iceta (domingo 14 y lunes 15).

 

El domingo 14, a las 19:00 horas, tendrá lugar una procesión con la imagen de la patrona que, saliendo de la catedral, recorrerá las calles aledañas a la seo acompañada del rezo del santo Rosario.

 

El lunes día 15, solemnidad de la Asunción de la Virgen María, el arzobispo de Burgos, don Mario Iceta, presidirá una solemne eucaristía a las 12:00 horas en la nave central de la catedral.

 

Coincidiendo con el misterio de la Asunción de la Virgen al Cielo, el primer templo de la diócesis conmemora el título que el rey Alfonso X, el Sabio puso como blasón de la catedral en el año 1260: «Es esta la iglesia dedicada a Santa María, la mayor de Castilla». La imagen venerada que recibe este título data del siglo XV y, desde 1596, ocupa el espacio central del retablo mayor, justo debajo de la escultura de la Asunción de la Virgen, de Juan de Anchieta (1578). La imagen se venera también de modo especial por los burgaleses durante las fiestas mayores de la ciudad con una tradicional ofrenda de flores.