Un simposio que profundizará en la fraternidad sacerdotal

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Del 11 al 13 de marzo, la Facultad de Teología acogerá el XXXVI Simposio Internacional de Teología del Sacerdocio, que llevará por lema «Amor y fraternidad en la vida sacerdotal». Este evento está organizado por el Instituto de Teología del Sacerdocio.

 

Los actos darán comienzo con el discurso de apertura del arzobispo de la diócesis, don Fidel Herráez Vegas. A continuación, el obispo de Barbastro, Ángel Javier Pérez Pueyo, ofrecerá la ponencia «El amor a Cristo y la configuración con Él en la vida sacerdotal». Posteriormente, el profesor de la Facultad de Teología, Francisco Pérez Herrero, disertará sobre el tema «El amor a Dios y su palabra en la vida sacerdotal. San Jerónimo, un ejemplo a seguir».

 

El simposio continuará el día 12 con la ponencia que tendrá lugar a las 10:30 horas, de Ramón Álvarez Velasco OSB, priorato de Ntra. Sra. de Montserrat (Madrid), y que se centrará en «El amor a la liturgia de las horas en la vida sacerdotal y monástica». Le seguirá la ponencia a cargo de Luis Ángel Plaza Lázaro, director general del IEME, titulada «El amor del sacerdote a la Iglesia Universal». Por la tarde, a partir de las 16.30 horas, los asistentes podrán escuchar dos ponencias: la primera correrá a cargo de Lucinio Ramos Rebollares, párroco de Nuestra Señora de Fátima de Burgos («El amor del sacerdote al pueblo de Dios que le ha sido encomendado») y la segunda será impartida por el profesor de la Facultad Rafael Pérez Oreiro («Los vínculos de amor con la propia familia en la vida sacerdotal»).

 

En el tercer y último día de simposio, los asistentes podrán escuchar cuatro ponencias. La primera de ellas comenzará a las 10.30 horas, y en ella, el profesor Santiago Bohígues Fernández hablará sobre «Amor y fraternidad sacerdotal en el presbiterio diocesano», mientras que el profesor procedente de Argentina José Luis Narvaja Bergoglio lo hará sobre «La amistad con Dios como fundamento de la vida comunitaria en la experiencia de san Agustín». La tarde estará marcada por la ponencia del profesor Agustín Sánchez Manzanares sobre «Amistades tóxicas en la vida sacerdotal» (16:30 horas) y la del profesor Ángel Matesanz Rodrigo sobre «Fraternidades sacerdotales en la actualidad: La Asociación del Prado» (18:00 horas). Finalmente, el arzobispo don Fidel Herráez Vegas presidirá la ceremonia de clausura.

«Ateo es aquel que ignora y niega el sufrimiento de los más pobres»

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El arzobispo emérito de Tánger, Santiago Agrelo Martínez, ha pasado unos días en Burgos, donde ha ofrecido su experiencia como pastor de la diócesis marroquí y ha hablado sobre inmigración. Sobre este tema, lo primero que quiso destacar Agrelo es el «propósito de silencio informativo sobre lo que pasa en las fronteras, porque por ejemplo en Ceuta y Melilla no hay periodistas para informar, con lo cual lo único que existe es una información oficial, escasamente creíble y muy poco fiable». Otro problema que señaló es el del lenguaje periodístico «que criminaliza constantemente al inmigrante, calificándoles de ilegales o irregulares, y además se les relaciona con las mafias sin hacer ningún tipo de distinción, por lo que inmigrante termina siendo equivalente a mafioso, cuando el inmigrante es una víctima de las mafias».

 

En Tánger, además, denuncia que la situación ha empeorado mucho: «Antes los inmigrantes podían estar por las calles pidiendo para paliar sus necesidades, ahora se les busca incluso en los pisos donde se alojan para pedirles los papeles y se les detiene. Incluso poderles ayudar está penalizado y llevarles comida y ayuda hasta los montes donde se encuentran es casi imposible, está todo muy controlado y no se atreven a salir, ni a nosotros nos dejan pasar. La situación es malísima, al inmigrante no se le deja otra salida que echarse al mar y arriesgar sus vidas, porque en su país tampoco tienen futuro. Es todo muy triste». Un problema que a los países europeos n parece afectarles, a pesar de estar directamente implicados en su causa. Para Agrelo, «cuando las noticias nos dicen que han muerto varios inmigrantes ahogados, o dan como muy positivo el que han sido rescatados, me supone una gran tristeza moral, porque nosotros les hemos obligado a ello, a ponerse en la situación de morir y eso es una grave responsabilidad para todos nosotros. Lamento que estas cosas no se digan en las iglesias, porque la moral del cristiano pasa por una vida de compromiso con los demás».

 

El colonialismo continúa

 

Y no es un problema político, sino un problema de justicia, de respeto de los derechos fundamentales de las personas: «No se trata de hacer beneficencia desde los países ricos». «A veces –señala Agrelo– proponen que se haga llegar dinero a los países africanos para que sus gentes se queden allí, pero no se trata de eso, yo creo que con África sería suficiente con que dejásemos de explotarla los que no somos africanos. Durante el siglo pasado, África ha sido una sucursal de Europa, los países africanos han sido colonias europeas, hoy las banderas han desaparecido pero el colonialismo sigue estando ahí, tanto económico como cultural y político. Nada se mueve en África sin el permiso de los países poderosos y así África no puede vivir, bastaría con dejarles explotar sus propios recursos, para que ellos fueran los máximos beneficiados y no solo nosotros. Lo que está pasando no cuadra, que el país con más recursos naturales sea el que tiene sus ciudadanos más pobres».

 

Agrelo no se considera con capacidad para ofrecer soluciones, pero sí considera que se deben respetar los derechos de las personas, «y un inmigrante tiene derecho a salir de su país con seguridad y volver cuando quiera, sin que tenga que arriesgar su vida en ello, esto es un derecho fundamental reconocido por todos los países, que ahora no se respeta por ninguno». «Está claro -prosigue- que la inmigración debe ser regulada, pero ello no debe suponer impedirla. Por lo tanto, el primer paso debe ser el de los respetos humanos, porque además se están violando los de las personas más necesitadas. Si no se respetan derechos de un obispo en las fronteras, -yo en muchos casos he sido también humillado en varias ocasiones-, pues no pasa nada, pero cuando hablamos de personas que no tienen ninguna protección, que llegan sin nada, los más pobres y humildes, esto es inaceptable. No entiendo cómo las sociedades pueden tragar semejantes cosas».

 

Sobre el papel del cristiano ante este problema, Agrelo apunta que  también es víctima de una sociedad desinformada, y añade que sueña con una Iglesia que no tenga en la sociedad «ningún peso político»: «Nosotros como Iglesia y como comunidad no tenemos otro destino en este mundo que vivir nuestra fe, el evangelio, y ser testigos de Jesús, lo que supone ser una buena noticia para los pobres, y estoy convencido que si la Iglesia profundiza en ese camino con los pobres, tendrá un verdadero peso social. No es ateo quien niega a Dios, sino quien ignora el sufrimiento de los demás y de los pobres. Tenemos necesidad de meter a los pobres en la Iglesia, si no nos preocupamos de los pobres no tenemos verdadera fe en Jesús».

 

Nombrado por Benedicto XVI

 

Nació en Asados, municipio de Rianxo, provincia de A Coruña, diócesis de Santiago, en 1942. Estudió Humanidades en el Seminario franciscano de Herbón e hizo el Noviciado en el convento franciscano de San Francisco de Santiago. Estudió Filosofía y Teología en la Universidad Pontificia de Salamanca, en la que obtuvo el título de Licenciado. Se ordenó sacerdote en 1966. Desde 1986 hasta el 2004 desempeñó el cargo de Secretario provincial de la Provincia Franciscana de Santiago. En 1998 fue nombrado Vicedirector del Centro Cultural Juan XXIII. En julio de 2002 se incorporó al Centro de Atención Pastoral de Vega de Valcarce como párroco. Es nombrado Arzobispo de Tánger por el papa Benedicto XVI el 11 de abril de 2007.

Los asistentes al Congreso de Laicos repasan la experiencia vivida

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Los asistentes al Congreso de Laicos se reunieron ayer por la tarde junto con el arzobispo de la diócesis, don Fidel Herráez, para tratar dos asuntos. El primero de ellos, valorar y revisar el Congreso en sí, las expectativas previas con las que contaban los asistentes, sus impresiones e interpelaciones… todo ello con el objetivo de que la delegación de Apostolado Seglar pueda transmitir la valoración diocesana a la organización del Congreso. Los presentes reconocieron que las expectativas previas de las que partían no eran muchas, pero sí volvieron con una rica experiencia de eclesialidad, de sinodalidad, viendo que la Iglesia en España tiene futuro y que los laicos son capaces de estar corresponsablemente en la misión. Se destacó también la grata sorpresa que supuso el ver la gran diversidad que hay entre los laicos de parroquias y movimientos, y cómo todos ellos fueron capaces de sintonizar en lo esencial. Don Fidel por su parte, más allá de valorar el Congreso en sí, valoró el hecho de que haya habido un Congreso de estas características, porque se pone de manifiesto cómo tiene que ser la Iglesia hoy.

 

En la segunda parte de la reunión se abordaron los planes para el futuro. En este marco, la delegación quería escuchar las propuestas de todos los participantes. A la espera de que envíen desde la Conferencia Episcopal la ponencia final que tuvo lugar en el congreso y que estuvo enriquecida con las aportaciones de los 40 grupos que hubo en los 4 itinerarios (primer anuncio, acompañamiento, formación, presencia pública), se habló de compartir lo recibido y visto, y hacerlo llegar a los correspondientes organismos o personas encargadas en la diócesis. Se propuso también compartir en los respectivos arciprestazgos, parroquias y delegaciones de los miembros asistentes la experiencia tenida en Madrid, y también se pidió dedicar al pos-Congreso el Encuentro diocesano de Apostolado Seglar del 30 de mayo, víspera de Pentecostés. Además, se planteó cómo comunicar lo vivido en Madrid al Consejo Pastoral Diocesano en su sesión del 14 de marzo.

Una llamada a la conversión al inicio de la Cuaresma

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El arzobispo, don Fidel Herráez Vegas, hizo ayer un llamamiento a la conversión. Fue en el transcurso de la celebración del miércoles de ceniza en la Catedral, con la que quedaba inaugurado el tiempo litúrgico de la Cuaresma.

 

El pastor de la Iglesia en Burgos aseguró que lo importante no es recibir la ceniza, sino «vivir su significado», que no es otro sino «una llamada a la conversión». Sirviéndose del mensaje del papa Francisco para la Cuaresma de este año, don Fidel trasladó las actitudes fundamentales con que los fieles deben vivir este «tiempo de gracia y salvación». En concreto subrayó que hay que recorrer el camino cuaresmal mirando al horizonte, que es la Pascua, aceptando la llamada urgente a la conversión. Además, hay que tener una relación estrecha con Dios en la oración sin olvidar compartir cuanto somos y tenemos con los necesitados.