Burgos 2021: Comienza la cuenta atrás

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El arzobispo de la diócesis, don Fidel Herráez Vegas, ha participado esta mañana en el balcón de la Casa Consistorial en la puesta en marcha de un marcador que descontará los días que quedan hasta 2021, el año en que la ciudad se volcará en la celebración del octavo centenario de la Catedral. Lo ha hecho junto al alcalde de la ciudad, Javier Lacalle, el presidente de la Diputación, César Rico, el vicepresidente de la Fundación Octavo Centenario, Antonio Miguel Méndez, y el vicepresidente del Cabildo catedralicio, Juan Álvarez Quevedo.

 

El cartel luminoso estará ubicado en la fachada principal del Ayuntamiento, «la casa de todos los burgaleses», como la ha definido el alcalde, y descontará, precisamente desde hoy, los 800 días que restan hasta la entrada del año 2021. «Justo hoy faltan 800 días para el 1 de enero de 2021 y faltan, además, 1.000 para el 20 de julio de 2021, fiesta de la colocación de la primera piedra de la Catedral». Para el Regidor municipal, la iniciativa «no es novedosa, pues otras ciudades han hecho cosas parecidas en otros momentos», pero sí es un «acto sencillo e importante» para ir calentando motores de cara a la celebración del centenario del templo.

 

El arzobispo, por su parte, ha querido trasladar al alcalde su «enhorabuena» por la iniciativa, que será, ha dicho, un «medio eficaz» para «recordarnos continuamente, día a día, este recorrido conjunto que estamos teniendo y que ha implicado a toda la sociedad burgalesa».

Hablan los jóvenes: Por qué nos hemos alejado de la fe

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De izquierda a derecha: Luis Adolfo Gil, Jorge González, David Bravo, Alberto García, María Sedano, Iván Solla, Ana Vargas, Virginia Mozo y Enrique Angulo.

 

Son nueve jóvenes de entre 20 y 27 años, todos ellos bautizados, y cinco de ellos recibieron el sacramento de la confirmación. Están alejados de la Iglesia, aunque dicen seguir creyendo en Dios. Cursan la asignatura «La Iglesia, los Sacramentos, la Moral y su Didáctica» en la Facultad de Educación de la Universidad de Burgos, prácticamente todos con la esperanza de poder acceder en un futuro a un trabajo en la enseñanza en un centro concertado. Incluso alguno no descarta la posibilidad de impartir clase de Religión católica, una asignatura que consideran necesaria pero no obligatoria, y sustituible por la de ética. «Se puede ser buen cristiano y no acudir a la Iglesia», apuntan.

 

No creen en la Iglesia «por un cúmulo de cosas que se han hecho durante mucho tiempo, porque la Iglesia no ha cambiado en 2.000 años», pero se fueron alejando en cuanto abandonaron las catequesis «porque las misas no nos decían nada, las homilías son una repetición de fórmulas viejas que no llegan a nadie, y menos cuando lo que necesitamos son más testimonios, no un lenguaje que nadie comprende». «Lo que uno va buscando es ser mejor persona, y eso no se consigue escuchando ni repitiendo algo que un niño no entiende».

 

La familia, en su opinión, juega un papel fundamental. Muchos de ellos dejaron de participar en la misa de los domingos porque sus padres, en cuanto ellos hicieron la primera comunión y dejaron de ir a catequesis, también la abandonaron. Algunos siguieron vinculados algún tiempo más, por sus abuelos.

 

Diálogo abierto

 

¿Y qué habría que cambiar en la Iglesia para que ellos se acercasen de nuevo? La respuesta no es muy halagüeña. La mayor parte de ellos dice que todo, prácticamente empezar de cero, y en caso de que algo cambiase, opinan que para su generación se ha llegado tarde, pero deberían hacerlo para las venideras.

 

Lo más importante para ellos es que exista diálogo abierto, sobre todo en cuanto a cuestiones que a ellos les preocupan y de las que «no se puede hablar, nos hacen sentir culpables». Citan entre ellas la identidad de género, la moral sexual… Uno de ellos incluso se pregunta: «¿Hay algún pasaje de la Biblia donde Dios condene a los homosexuales?» También cuestionan el celibato obligatorio, algo que consideran «bastante absurdo, porque un sacerdote no va a ser peor por tener una familia». «Casi siempre se posicionan con demasiada rotundidad. Ofrecen poca posibilidad de diálogo, de intercambio de ideas», añade otro de los alumnos.

 

No podía faltar, entre sus opiniones, la repercusión pública de los casos de abusos y otros desmanes que han afectado a la institución en los últimos años. Pero al mismo tiempo, reconocen que la Iglesia realiza una excelente labor social apenas reconocida y que no sabe comunicar. La labor de Cáritas, de los misioneros, de muchos religiosos es muy valorada por todos ellos, pero consideran que no se sabe comunicar y que «hacen más ruido» los escándalos que lo que se está haciendo bien. Uno de los jóvenes propone que en lugar de la homilía tradicional, algún misionero, un voluntario en alguna de las múltiples labores sociales que la Iglesia desempeña, asuma el papel del sacerdote para ofrecer un testimonio que llegue.

 

En resumen, para ellos, la Iglesia «necesita un giro total, porque no se trata de ir a recibir un sermón y a que nos juzguen –apuntilla uno: no juzguéis y no seréis juzgados– sino transmitir unos valores, que es lo que realmente vas buscando cuando entras en una comunidad. De lo que se trata es de ser mejor persona».

Una Iglesia preocupada y ocupada por los jóvenes

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Desafección en la sociedad hacia la Iglesia, desánimo por parte de los sacerdotes y los agentes de pastoral, que no dan con la fórmula para conectar, convocar y reunir a esos muchachos que se alejan después de haber recibido los primeros sacramentos, familias que tampoco participan en la comunidad… Para nadie es un secreto que la pastoral juvenil es uno de los mayores retos actuales de la Iglesia. El Sínodo de obispos que se está desarrollando en Roma supone una gran oportunidad para hallar nuevos caminos. Y nuestra diócesis también se ha puesto manos a la obra.

 

«El momento actual de la pastoral juvenil está marcado por dos notas, desde mi punto de vista, por un lado, la irrelevancia de la propuesta eclesial para los jóvenes. Hemos pasado a ser casi invisibles para ellos, lo que la Iglesia propone no interesa, su discurso no conecta, las actividades de las parroquias no les llaman la atención, e incluso la imagen de la Iglesia genera desafección; y por otro lado, la propia comunidad eclesial arrastra mucho desánimo en la pastoral juvenil, los agentes pastorales y los sacerdotes están empezando a situar a la juventud en el ámbito de lo imposible, es decir, de aquellas tareas que no merece la pena realizar porque de antemano ya podemos saber la respuesta, y nos decimos: si no van a venir, pues dejamos de convocar y proponer». Este es el panorama que dibuja el nuevo delegado diocesano de Juventud, Óscar Moriana.

 

Ante esta situación, Moriana recuerda que el Sínodo de los obispos que se está desarrollando en Roma «nos ayuda a recordarnos que la pastoral juvenil para la comunidad cristiana no es algo opcional o para los que tienen ganas de conectar con los jóvenes, sino que es una parte sustancial de su vocación y de su misión en la historia», como consta en el Instrumentum Laboris sobre el que están trabajando los prelados. «La propia reflexión de este documento nos sitúa ante la constatación de que Dios sale al encuentro del joven de hoy y quiere encontrarse con él, por lo tanto, nuestra tarea pastoral será discernir por dónde Dios está buscando ese encuentro, y cómo podemos facilitar dicho encuentro».

 

Repensar la pastoral

 

Para ello, el nuevo equipo de la delegación de Infancia y Juventud de la diócesis se ha puesto puesto a trabajar en la elaboración de un proyecto marco de pastoral de juventud «para un medio plazo». Se ha constituido una comisión con miembros de los colegios diocesanos, los profesores de religión, la Confer, la Escuela Diocesana de Educadores de Juventud, el movimiento Scout y los sacerdotes del equipo de la delegación. «Nuestro objetivo es presentar un borrador de un proyecto de pastoral juvenil para comienzos del curso 2019-2020 para que pueda ser aprobado por los organismos diocesanos a lo largo de ese curso, y posteriormente, irlo desarrollando», explica Moriana.

 

Para llegar a esta meta se han marcado mantener una reunión mensual que permita realizar el recorrido que propone el Instrumentum Laboris del Sínodo: reconocer, interpretar y elegir. «Intentamos escuchar las necesidades de los jóvenes, y al mismo tiempo, alentar y potenciar todo lo que se está haciendo desde las comunidades cristianas. La tarea más importante de este momento, desde la delegación, es animar y apoyar todo lo que se hace en la diócesis en pastoral juvenil, y descubrir los nuevos caminos por donde el Señor sale al encuentro de nuestros jóvenes».

 

La tarea no es fácil, ya que, como apuntó don Carlos Escribano, obispo de Calahorra-La Calzada-Logroño y encargado del departamento de Juventud de la CEE, en el encuentro nacional de delegados celebrado recientemente, hay que escuchar a los jóvenes en sus ambientes, y actuar en tres niveles de implicacion: los alejados, los ausentes y los presentes. Y además de escuchar, es imprescindible una comunión entre los proyectos pastorales que se están desarrollando en los diversos niveles de la comunidad eclesial y crecer en formación pastoral.

 

Quienes van a acometer la elaboración de ese nuevo proyecto marco de pastoral juvenil en nuestra diócesis no parten a ciegas para cumplir ese cometido. El pasado año, más de un centenar de jóvenes burgaleses respondió al cuestionario lanzado por la Santa Sede para preparar la asamblea de los obispos, consulta en la participaron cerca de 220.000 jóvenes de todo el mundo. Y también, a comienzos del nuevo curso pastoral, se ha realizado un estudio de las debilidades, amenazas, fortalezas y debilidades (DAFO) de la pastoral juvenil en la Iglesia de Burgos.

 

Entre las debilidades, se constata que pocos jóvenes asisten a catequesis y menos quieren continuar, faltan animadores, cunde el desánimo entre los agentes de pastoral, falta capacidad de escucha y de formación y priman una pastoral centrada en lo sacramental y una programación repetitiva. A ellas hay que sumar algunas amenazas: familias rotas y nuevos modelos de familia, la influencia mediática, que ha provocado desafección hacia la Iglesia y una dimensión negativa hacia la actitud dimensión creyente, familias cristianas pero que tampoco participan en la comunidad…

 

Afortunadamente, no faltan fortalezas y oportunidades: entre las primeras, disponer del mejor mensaje, el encuentro con Cristo, el trabajo de algunos grupos de referencia y personas dispuestas a trabajar y la misma participación de algunos jóvenes que, aunque pocos, son fieles y entregados. Entre las oportunidades, abre un nuevo camino el Sínodo de los obispos, que podría suponer un revulsivo para llegar a los jóvenes que buscan llenar su corazón, valoran ser acompañados y escuchados, y para las familias que confían en la Iglesia y anhelan educar en valores a sus hijos.

«Concibo el sacerdocio como la entrega a los demás para acercarles a Dios»

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Rodrigo Camarero Abad nació en Madrid en el año 2000 y hasta los 12 años vivió en Ciudad Real, a cuya provincia pertenece la localidad de Los Quiles donde recibió catequesis y fue monaguillo. Es el mayor de 3 hermanos. En 2012 viajó con sus padres a las localidades de Quintanar y Palacios de la Sierra, que se convirtieron en dos de sus lugares favoritos. En 2014 recibió la llamada del Señor al sacerdocio y decidió ingresar en el Seminario de Burgos. Ahora, después de 4 años, pasa en este nuevo curso al Seminario Mayor, donde recibirá estudios de teología para fortalecer su vocación, en lo que supone un paso más hacia la meta de convertirse en sacerdote.

 

Para Rodrigo, estar en el Seminario Mayor supone un paso más en su camino hacia el sacerdocio. Explica que , además, «a partir de ahora recibiré estudios de teología, que me atraen mucho, porque me permitirán profundizar en el conocimiento de Dios y fortalecer mi fe desde unas bases racionales». Reconoce Rodrigo que la vida en el Seminario no es dura, pero sí muy «ajetreada» y con «horarios muy ajustados»: «Es importante la dedicación de todo tu tiempo para aprovecharlo bien con ratos de oración y tiempo para meditar e intentar tener siempre a Dios muy presente, porque todo nos puede ayudar a conocerle. Su rutina comienza a las 06:45 horas, y tras la primera oración del día, desayuna con sus compañeros para después ir a clases a la Facultad de Teología. Allí coincide con gente que no es del Seminario, pero que también quieren formarse en estos estudios. «Después llega la hora de comer y por la tarde hago un rato de estudio y algunos días también deporte. La jornada termina con una oración y la cena, aunque después tenemos un rato de convivencia con el resto de compañeros».

 

A la hora de pensar en su vocación al sacerdocio, Rodrigo no se plantea ninguna preferencia especial y los expresa con claridad: «Dios me ha llamado a entregarme y a ponerme a su disposición y punto. No tengo ninguna preferencia, donde se me pida allí estaré. En los pueblos, en las ciudades y en los ámbitos que mis superiores consideren. Entiendo la vida sacerdotal como entrega a los demás para intentar atraer a las personas a Dios, esa considero que es mi misión principal». En cuanto a posibles preocupaciones, comenta que no siente temores y que confía en poder desarrollar lo que se le pida, «aunque reconozco que lo más duro y lo más difícil para mi sería sentirme solo en algún momento. La soledad es lo peor que me podría pasar, pero sabemos que siempre tenemos al Señor, aunque también es bueno sentir a otras personas a tu lado, que te apoyen y ayuden a mejorar el mundo en que vivimos». El apoyo de otros también lo ve como algo fundamental para perseverar en la vocación sacerdotal y no correr el riesgo de que el mundo le acabe cambiando a él: «Es un peligro que está ahí, no solo para el sacerdote sino para todos los católicos, sea cual sea su ámbito de actuación. Debemos tratar de ser nosotros mismos y ser fieles a nuestra fe, de lo contrario ese peligro existe. Los sacerdotes debemos tener como principal aliada la oración, la comunicación con Dios y también ser conscientes de que no podemos ir solos, debemos contar con nuestros compañeros y demás cristianos, y con el Obispo como pastor, para desarrollar la tarea pastoral necesitamos de todos».

 

«Conocer a Dios no es tan difícil»

 

Sobre este mundo, opina que la sociedad «está sedienta de Dios» y que «intenta saciarse en las cosas materiales, pero eso no llena». «Las personas necesitan dar un sentido profundo a sus vidas y solo lo pueden conseguir conociendo a Dios. Esa es nuestra misión y no es fácil, pero también es verdad que cada época ha tenido sus problemas. Antes el sacerdocio parecía más cómodo, pero nunca ha sido sencillo. Yo soy optimista, en el fondo creo que todo forma parte del plan de Dios». Y es que, según Rodrigo, conocer a Dios no es tan difícil: «Es una experiencia personal de cada uno. Yo no creo que sea muy complicado, es más sencillo de lo que puede parecer. No he tenido ni busco revelaciones especiales y directas de Dios para mi en solitario, lo veo en lo pequeños detalles de mi vida cotidiana, en el día a día, en los demás, en los estudios, en todo lo que compone la vida, tanto en los momentos buenos, como en los más difíciles y complicados».

 

Rodrigo concluye con un mensaje a los jóvenes como él, animándoles a no tener miedo «a decir sí». «Puede parecer que hay muchas renuncias, pero Dios no quita nada y lo da todo, lo digo desde mi experiencia propia. Cuando ofreces todas tus iniciativas a Dios y te ofreces a los demás, eres más feliz porque el Señor te da sus gracias. Decir sí a la vocación que Dios nos da, no nos resta nada, al contrario, encontramos el sentido a todo».

Voluntarios y trabajadores de Cáritas se darán cita en su encuentro anual

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Cáritas diocesana prepara su Encuentro de Agentes, una cita anual que tendrá lugar este sábado 20 de octubre en el Seminario de San José y al que están invitados a asistir todos los trabajadores y voluntarios de la entidad. La jornada comenzará a las 10:00 horas con una acogida de los asistentes y un café, para a continuación pasar a una presentación.

 

A partir de las 11:00 horas comenzarán los talleres, en los que se abordarán temas variados: Psicología y salud emocional para los voluntarios, la incidencia política en Cáritas, la crisis de refugiados, la llamada a la santidad, conocer al pueblo gitano, la relación de los niños con los adultos que les educan y las comisiones arciprestales como motor de Cáritas. Además, se podrá participar en un cine fórum en el que se proyectará el documental «La tierra sin humanos». Tras los talleres, los participantes podrán asistir a una eucaristía (13:00 horas) y los voluntarios contarán con un reconocimiento a su labor. Tras una comida seguida de un momento de animación, el encuentro llegará a su fin con una despedida a las 17:00 horas.