Sacerdotes al servicio de una Iglesia en camino

por redaccion,

 

Queridos hermanos y hermanas:

 

¿Hay algo más bello que servir y dejarse moldear, como el barro, por las manos amorosas del Señor? Hoy, con el lema Sacerdotes al servicio de una Iglesia en camino, celebramos el Día del Seminario: una invitación a orar y sostener a los jóvenes que han percibido la llamada de Dios a servir a los hermanos en el ministerio sacerdotal y quieren generosamente entregar sus vidas a este oficio de amor, como decía San Agustín.

 

Esta llamada a una vida plena, apasionante y feliz debe alumbrar, cada día, el corazón sacerdotal de aquellos que hemos sido elegidos por gracia, y no por opción ni por mérito alguno. Porque, detrás de un «sí», habita toda una vida de entrega, de esperanza, de gratitud, de fidelidad y de amor. De un amor desbordado que no nace del fruto de una propia elección, sino que responde a una llamada del Señor que es quien elige y llama. «Yo te elijo porque te amo, porque deseo habitar tu corazón, porque quiero que estés conmigo y participes de mi misión». Estas palabras, que desbordan cada uno de los silencios de la vocación, deben acompañar el vértigo de una vida que se entrega para siempre.

 

El Día del Seminario, ciertamente, ayuda a releer la historia de nuestra vida. Porque nos permite abrazar la vocación sacerdotal desde el profundo agradecimiento, desde la donación y desde el servicio. Un horizonte de plenitud que ha de recorrerse por el «bello camino de las cuatro cercanías» que señala el Papa Francisco: «cercanía con Dios, con el obispo, con los demás sacerdotes y con el Pueblo de Dios». Porque el estilo de cercanía, recuerda el Santo Padre, es el estilo de Dios. Y hemos de hacerlo amando, quitándonos algo de nosotros mismos para dárselo a los demás. 

 

Amar es siempre servir, acompañar el dolor y la soledad, practicar la compasión, crecer en el perdón, sembrar la justicia y derramar misericordia. En el caso del sacerdote es realizarlo sacramentalmente, con la celebración de la Eucaristía, con la celebración del perdón en el sacramento de la reconciliación, con la santificación y bendición de todas las circunstancias vitales por la celebración de los diversos sacramentos, la predicación de la Palabra y el servicio constante a los hermanos.

 

El Día del Seminario ayuda a releer la historia de nuestra vida, de nuestra misión y de nuestra vocación. La riqueza de la vocación, proponen desde la Subcomisión Episcopal para los Seminarios, «no se puede resumir en unas pocas líneas, ni tampoco pretender hacer un breve tratado teológico acerca del ministerio sacerdotal». En esta jornada, insisten, «se nos ofrece la posibilidad de mirar a nuestros seminarios actualmente», no con nostalgia o añoranza de tiempos pasados, sino «con confianza en Dios», sabiendo que «todo es suyo» y que «Él vela por su Iglesia».

 

Queridos seminaristas: hoy, una vez más, deseo ser servidor de todos. En este lema –que ha iluminado, desde mi fragilidad y mi pobreza, cada uno de los rincones de mi vocación– está escrita mi historia. Una historia que nació un 13 de marzo de 1988 con un «sí» que sigue haciendo inmensamente felices cada uno de mis días. Aquel día, el Señor me pidió mi libertad y mi persona, y en qué mejores manos que poner mi vida entera…

 

Y es que la vocación sacerdotal es un regalo que nos lleva a predicar (cf. Mc 3, 14-15) y a servir de un modo inenarrable. Una «gramática elemental de la vida como don recibido» que tiende, por propia naturaleza, como recuerda la Subcomisión Episcopal para los Seminarios, «a convertirse en un bien que se dona; nuestro ser es ser para los demás y toda vocación auténtica es servicio a los otros».

 

Que este Día del Seminario no sea un día más en nuestras vidas, y que se convierta en una acción de gracias por las vocaciones sacerdotales. No nos cansemos de pedir al Dueño que envíe obreros a su mies (Lc 10, 1-9). Se lo pedimos a la Virgen María, quien cuidó –como nadie– la mirada de su Hijo, Jesucristo. Que sea Él quien nos enseñe a acompañar, a sostener, a bendecir, a cuidar y a vendar las heridas de nuestro pueblo.

 

Con gran afecto, pido a Dios que os bendiga.

 

+ Mario Iceta Gavicagogeascoa

Arzobispo de Burgos

La educación, vocación y misión

por redaccion,

 

Queridos hermanos y hermanas:

 

«El instrumento que los hombres tenemos tanto para perfeccionarnos como para vivir dignamente es la educación», dejó escrito santo Tomás de Aquino, patrono de la educación, de las escuelas y de las universidades, además de ser un gran conciliador entre la ciencia y la fe.

 

Educar es una tarea fundamental y apasionante que pertenece de modo originario a los padres. Tanto las instituciones educativas estatales como eclesiales colaboran y ayudan a las familias en esta importante misión. La Iglesia, a lo largo del tiempo, ha dedicado un gran esfuerzo a la educación a través de las más variadas formas y, de modo particular, con la entrega de muchas congregaciones religiosas que precisamente viven la educación como su carisma principal.

 

El Papa Benedicto XVI, el año 2008, dirigió un importante mensaje a la diócesis de Roma sobre la tarea urgente de la educación. En ella nos hablaba de la tentación de renunciar a esta responsabilidad. Ante esta tentación, el Papa emérito hacía un llamamiento a confiar en la misión que Dios deposita en los padres y,  desde ellos, en las personas e instituciones educativas para que dediquen lo mejor de sus fuerzas a esta tarea.

 

También el Papa Francisco dedica un importante capítulo a la educación en la exhortación apostólica Amoris laetitia. En él, enumera algunos pilares básicos que sostienen esta responsabilidad, incluyendo la formación ética, tan necesaria en esta tarea, la educación de la dimensión afectiva y la educación en la fe, todo ello en un contexto de lo que el Santo Padre denomina «paciente realismo».

 

A la luz de estas reflexiones, quisiera hacer mención a la jornada de estudio sobre Teología y Educación que acogerá nuestra Facultad de Teología el próximo 22 de marzo. En ella se abordarán temas clave tales como la nueva ley educativa (LOMLOE) y sus claves pedagógicas o la antropología cristiana de la educación. Finalmente, monseñor Alfonso Carrasco, obispo de Lugo y presidente de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades, pondrá fin a esta excepcional jornada de estudio con una disertación sobre Teología y Educación en España después de la LOMLOE.

 

Qué importante es hacer, como ha señalado en más de una ocasión el Papa Francisco, una «teología en camino»: una teología que «que salga del cuello de botella en el que a veces se ha encerrado y, con dinamismo, se dirija a Dios, tomando al hombre de la mano». Haciendo camino con esta teología en diálogo con una verdadera educación al servicio de la persona, la familia, la sociedad y la Iglesia, seremos capaces de vivir la Palabra encarnada.

 

Como nos dice Jesús en el Evangelio, «¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si pierde la vida?» (Mt 16, 26-27). Quizá, es momento de hacer un peregrinar por las moradas de adentro, para escudriñar en nuestro interior de qué nos vale acumular riquezas en la tierra que no nutren el alma y no nos permiten desplegar todos los dones con los que Dios ha bendecido nuestras vidas, de modo particular la de los niños y los jóvenes.

 

La Virgen María, colaboró en la educación de Jesús junto a San José que fielmente realizaron su ministerio. Y, en María y José, depositamos nuestra más absoluta confianza: para comprender el sentido profundo de la vocación y misión en la tarea educativa.

 

Al final, como advertía el legado de la Madre Teresa de Calcuta, «cada obra de amor, llevada a cabo con todo el corazón, siempre logrará acercar a la gente a Dios». Me gustaría aprovechar esta ocasión para agradecer profundamente la dedicación constante y esforzada de los padres y todos los miembros de la familia en la tarea educativa de niños y jóvenes, así como a todas las personas consagradas que dedican su vida a la educación y a los profesionales que cada día ejercen con entrega generosa esta noble tarea.

 

Con gran afecto, pido a Dios que os bendiga.

 

+ Mario Iceta Gavicagogeascoa

Arzobispo de Burgos

Un día en la vida de los seminaristas

por redaccion,

 

La formación de los futuros sacerdotes parece un misterio. Pocos (o muy pocos) imaginan cómo es el día a día de la formación de los candidatos al presbiterado. De ahí que ellos mismos hayan decidido grabar un vídeo en el que muestran cómo transcurre su jornada habitual entre formación, momentos de oración, deporte, estudio y convivencia.

 

El clip está acopañado por la canción «Entre tú y yo», uno de los temas del musical «A corazón abierto» que puso en marcha el propio Seminario hace algunos años.

 

El día del Seminario se celebra este año bajo el lema «Sacerdotes al servicio de una Iglesia en camino», y se festejará con varios actos, como el rito de admisión a las Sagradas Órdenes de algunos seminaristas (sábado 19 a las 19:30 horas), la habitual colecta en las parroquias de toda la archidiócesis el domingo 20 de marzo y otras actividades complementarias, como una oración joven la noche del viernes día 18.

Día de Hispanoamérica

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Queridos hermanos y hermanas:

 

Con el corazón preocupado y dolorido por la situación en Ucrania, sobre la que no debemos cejar en orar y colaborar, hoy celebramos el Día de la Cooperación de la Iglesia en España con las Iglesias hermanas de Hispanoamérica: una jornada en la que recordamos, de una manera muy especial, a los sacerdotes españoles que han dejado su tierra, su familia, su diócesis de origen y su hogar para partir a horizontes lejanos y colaborar con la Iglesia católica en aquellas queridas tierras.

 

Ellos, sosteniendo con sus manos y alimentando con su mirada las palabras del profeta Isaías, siguen gritando qué hermosos son, sobre los montes, los pies del mensajero que anuncia la paz y que trae la Buena Nueva (Is. 52,5).

 

El lema de este año invita a ahondar en el corazón de Una vida compartida. El presidente de la Pontificia Comisión para América Latina, cardenal Marc Ouellet, recuerda que este sentir comunitario y fraterno se concreta en predicar el Evangelio a todos y, simultáneamente, «escuchando el clamor de la tierra y de los pobres» (Laudato si´, n. 1). Además, asevera que evangelizar es «encarnarse en las culturas, utilizar sus lenguajes, signos y mediaciones», para que Jesucristo –«el mismo ayer, hoy, y siempre» (Heb 13, 8)– abrace de nuevo todo camino humano. «Esto implica incluir a las periferias», destaca el prelado, consciente de que estos sacerdotes, que forman parte de la Obra para la Cooperación Sacerdotal Hispanoamericana (OCSHA), conforman una riqueza enorme para la Iglesia al salir, como los primeros apóstoles, para hacer discípulos de todas las naciones (Mt.28,18-20).

 

Esta jornada constituye, de principio a fin, una acción de gracias por aquellos que se encuentran en el continente americano dándose sin media, a tiempo y a destiempo, sin límites, condicionamientos, ni fronteras. Y han plantado su tienda en algún rincón del continente americano por amor, tan solo por amor, siguiendo la estela de Jesús de Nazaret. Muchos de nuestros hermanos sacerdotes, de la vida consagrada y laicos, se encuentran plenamente insertados en aquellas Iglesias hermanas realizando una hermosa labor de evangelización y entrega.

 

El secretariado de la Comisión Episcopal para las Misiones y Cooperación con las Iglesias, pone el acento en cada uno de los pasos que se dieron en el pasado, «y que han servido para que hoy la Iglesia continúe teniendo la tarea evangelizadora como tarea primordial». En este sentido, destaca que, sobre ellos, sobre sus obras y trabajos «se apoya hoy la animación misionera que se realiza en el mundo». Lo que la Iglesia es capaz de vivir y crecer hoy lo hace, sin duda, a costa, también, «de lo que han significado estas personas en la historia de la misión», subraya, a hombros de estos «gigantes de la fe» que configuran el corazón de la Iglesia.

 

La celebración del Día de Hispanoamérica es una ocasión propicia para que todos nos planteemos la dimensión universal de nuestra vocación. Un componente que aúna, en un mismo sentir, nuestra vocación de salir por el mundo a anunciar la Buena Noticia  (Mc 16, 15-20).

 

Desde nuestra archidiócesis contamos con más de quinientos burgaleses que desarrollan su labor misionera en tantos rincones del mundo: dándose y donándose, a la manera de Jesús de Nazaret, haciendo del Evangelio su hoja de ruta. Y personalmente siento una profunda alegría y una inmensa gratitud por la vida de cada uno de ellos.

 

«Somos hermanos en la carne», como nos recuerda el Papa Francisco en Fratelli tutti (n. 8), y la luz de ese signo inviolable jamás se podrá apagar. Un credo acompasado por un amor que no pasa nunca (Cor, 13), que se convierte en mandamiento nuevo cuando se escucha, de fondo y a pleno pulmón, «necesitamos fortalecer la conciencia de que somos una sola familia humana» (LS).

 

Con María, que llevó en su propio vientre la Buena Noticia de la Salvación, celebramos esta jornada. En su corazón de Madre, que custodió la misión más importante de la historia de la humanidad, ponemos a cada uno de estos misioneros que nos demuestran, cada día y en palabras de santa Teresa de Jesús, que «quien a Dios tiene, nada le falta». Porque cuando se dona por entero la vida, solo Dios basta.

 

Con gran afecto, pido a Dios que os bendiga.

 

+ Mario Iceta Gavicagogeascoa

Arzobispo de Burgos

Por una presencia más significativa de la Iglesia en la sociedad

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Ser sal. Ser luz. Ser levadura en medio de la masa. Son muchas las imágenes que usó Jesús para pedir a sus discípulos desgastar su vida en favor de los demás. La Iglesia forma parte de la sociedad y a ella quiere servir. Ese es el tema que ha centrado hoy la tercera sesión de trabajo de la Asamblea Diocesana, el proceso de consulta y reflexión en el que participan 183 representantes de todo el Pueblo de Dios y con el que la archidiócesis de Burgos quiere planificar su futuro. En un clima de oración y discernimiento comunitario, los asistentes a la reunión han reflexionado sobre «el júbilo de compartir la fe» y cómo «hacer presente en el mundo el Reino de Dios».

 

Recogiendo las aportaciones presentadas por los grupos de Asamblea y atendiendo a las propuestas del documento final de trabajo, los asistentes al plenario de hoy, celebrado en el Seminario de San José, se han dividido en mesas temáticas con el fin de pensar cómo la Iglesia en Burgos debería hacerse presente en algunos estratos de la sociedad.

 

«Hemos de hacer un mundo más humano, donde el Reino de Dios pueda enraizar», ha dicho José Luis Cabria, miembro de la comisión teológico-pastoral de la Asamblea y coordinador de los trabajo de hoy. «Este mundo nuestro, el de Burgos, necesita del Reino, que es iniciativa divina y que se transforma en misión y caridad». Por ello, la Asamblea ha decidido poner el foco en algunos de los rincones de la sociedad que necesitan de forma especial la presencia de ese Reino de Dios, como la adolescencia y juventud, el ámbito familiar, el mundo de la cultura y la universidad, el trabajo y la economía, el mundo de la salud y la cultura del cuidado, los medios de comunicación, la participación social y política y el patrimonio cultural.

 

Tras las reflexiones de hoy, los participantes en el proceso sinodal tienen una semana para presentar enmiendas al tercero de los bloques de trabajo, que se votarán en la próxima sesión de la Asamblea, que se celebrará el 26 de marzo.

 

Aprobación del primer documento

 

El orden del día ha contado, además, con la votación del primero de los documentos de trabajo («La alegría de creer hoy: renovar el encuentro con Jesús»), que ha sido respaldado con más de dos tercios de los votos requeridos.

 

Además, se ha votado y dialogado sobre las 81 enmiendas presentadas al segundo de los núcleos temáticos, trabajados hace un par de semanas y relativos a la estructura eclesial, los procesos de iniciación cristiana, vocaciones, la presencia de la mujer en la Iglesia, la pastoral urbana y rural, la práctica sinodal y las delegaciones diocesanas de pastoral. Igualmente se han presentado líneas de actuación para lograr una mejor transparencia y autofinanciación en la economía diocesana.

 

La jornada ha concluido con la celebración de la eucaristía en la Catedral, presidida por el arzobispo, y animada por las delegaciones de Pastoral Gitana y Pastoral Penitenciaria. En su homilía, don Mario Iceta ha señalado que el mesianismo de Cristo es opuesto al mesianismo tentador de Satanás, ya que no busca el poder material ni el poder del sometimiento o de las grandes manifestaciones, sino el «poder del perdón y la misericordia», el mesianismo de «un Siervo sufriente que se despoja de todos sus bienes y muere en la cruz». De ahí que haya hecho un llamamiento a los presentes a pedir a Dios que «no nos deje caer en la tentación», «se quede con nosotros en la tribulación» y «haga grande nuestra vida».