Adolescentes a la conquista de sus sueños

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Convivencia, diversión, música y oración fueron algunos de los ingredientes que se combinaron ayer noche en la cuarta edición del «sábado alternativo». Ciento veinte adolescentes de varias parroquias de la ciudad participaron en esta iniciativa que promueve la delegación diocesana de Infancia y Juventud y pretende ser una respuesta a la necesidad que hay en las parroquias de acompañar a los adolescentes que han recibido el sacramento de la confirmación.

 

Bajo el lema «Atrapa tu sueño», los participantes en la actividad esbozaron e imaginaron su futuro a través de diferentes juegos, dinámicas y una sencilla oración, a la que siguieron una cena y un momento de baile y velada. Los adolescentes de las parroquias de La Real y Antigua, La Inmaculada, San Pablo, Hermano San Rafael, San Martín de Porres, San Juan Bautista, San Pedro y San Felices, San José Obrero, San Julián y San Lesmes –la anfitriona– vivieron una noche de sábado diferente descubriendo que no están solos y que hay muchos otros jóvenes que, como ellos, deciden seguir con su crecimiento personal en la fe después de la confirmación.

Pastoral de adolescentes

La iniciativa, coordinada desde la delegación de Infancia y Juventud, se llevó a cabo desde el equipo de trabajo que va haciendo realidad este proceso, formado por animadores de varias parroquias. Mensualmente mantienen una reunión en la que se combina la formación con las inquietudes que se van presentando en relación con los pasos que se van dando en cada uno de los grupos.

Por dignidad, nadie sin hogar

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El último domingo del mes de noviembre que acabamos de comenzar, Cáritas realiza su Campaña de Personas sin hogar. En España se calcula que existen más de 40.000 personas sin hogar. Nuestros servicios diocesanos de Cáritas atendieron el año pasado a cerca de 1.500 personas. También la Casa de Acogida de las Hijas de la Caridad atiende a un número importante. Todos ellos padecen situaciones muy diversas y complejas: desde aquellos para los que su casa es la calle y viven vagando de ciudad en ciudad, siempre de paso, a aquellos con los que se está haciendo un proceso integral y, con el esfuerzo inestimable de voluntarios, se ayuda a reconstruir su vida y toda su red social. Yo mismo he podido conocer en primera persona esta hermosa tarea de acompañamiento y de dignificación de dichas personas. Junto a todos estos datos, hay que unir el escándalo que nos producen los desahucios y el número no pequeño de personas que, por distintas causas, sufren la amenaza de perder su vivienda.

 

Detrás de todas estas cifras se esconden historias diversas de personas concretas como nosotros. Situaciones que la vida ha maltratado por diferentes circunstancias: enfermedades, adicciones, desestructuración familiar, educación, fragilidad, vulnerabilidad de sus derechos… Desde luego que, cuando hablamos de personas sin hogar, nos estamos refiriendo a la situación que sufren no solo aquellos que están sin un techo: todos sabemos que el hogar es mucho más que la vivienda. Es un espacio físico que contribuye también a encontrar un sentido vital y a favorecer un conjunto de relaciones sociales que expresan seguridad y riqueza personal.

 

En un encuentro con personas sin hogar, el papa Francisco recordaba que el propio Jesús entró en este mundo como alguien que no tenía casa, comenzó su vida sin un techo. E invitaba a que, los que tenemos techo y hogar, nos hiciéramos esta pregunta: «¿Por qué estos hermanos nuestros están sin hogar, por qué estos hermanos nuestros no tienen techo?» Sin duda que, como él mismo respondía, «no hay ningún motivo de justificación social, moral o del tipo que sea para aceptar la falta de alojamiento. Son situaciones injustas, que Dios está sufriéndolas con nosotros y está viviéndolas a nuestro lado». Por eso, la clave para afrontar esta problemática es recuperar y profundizar en el quicio sobre el que se fundamenta toda la enseñanza social de la Iglesia: la dignidad de la persona. No se trata tanto de acabar con la pobreza, sino de proponer y contribuir a la construcción de una sociedad diferente más digna del ser humano, que ponga, de verdad, a la persona en el centro de su proyecto y vertebración. Es aquí donde realmente tenemos que reflexionar y trabajar, como el papa Francisco nos recuerda repetidamente: la crisis antropológica que está en la base de la crisis social que vivimos.

 

Ciertamente lo que está en juego detrás de cada persona que sufre el «sinhogarismo» es el respeto a su dignidad inviolable. Como personas que son, han de ser respetadas y valoradas como tales, como seres únicos e insustituibles, amados entrañablemente por Dios nuestro Padre. Y sólo en la medida en que reconozcamos su dignidad también nos dignificaremos personal y socialmente. Pero para crecer en la dignificación de estas personas, como nos invita la campaña de Cáritas, es preciso tomar mayor conciencia de su existencia y situación: si no nos acercamos a ellas, si las juzgamos o menospreciamos, si no las reconocemos, no podemos poner en valor la dignidad que nos une y nos iguala como seres humanos.

 

Es esa la tarea en la que trabajan hoy en nuestra diócesis tantas personas a las que quiero agradecer su tiempo, su esfuerzo, su amor. Son, sin duda, expresión de la misericordia de Dios que este año Jubilar hemos celebrado. Animo a fortalecer todas las iniciativas sociales y eclesiales que se vienen realizando en este campo. Igualmente, solicito el esfuerzo necesario de las Administraciones públicas para que se fortalezca el Estado de bienestar y se desarrollen políticas que pongan a las personas en el centro, apostando por el acceso efectivo de todos a los derechos humanos básicos. Y al mismo tiempo pidamos a Dios Padre nuestro –«la mano que nos sostiene y el techo que nos cobija»–, que mueva nuestros corazones para que no nos deje indiferentes la suerte de tantos hijos suyos y hermanos nuestros.

Jóvenes que testimonian su fe con los cinco sentidos

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El tiempo otoñal y la lluvia no impidieron que varios jóvenes de la diócesis dieran ayer testimonio público de su fe a pie de calle. La iniciativa «Cinco Sentidos» fue la excusa para que a través la música, el baile, el grafitti y el teatro los burgaleses conocieran cómo estos jóvenes se afanan día a día en la vivencia de su fe, aun en medio de las dificultades. Desde las 19:00 a las 21:00 horas, el arco de Santa María se convirtió en un improvisado escenario donde las luces, las obras de teatro y las canciones en directo sirvieron para que los jóvenes de la diócesis rindieran su particular homenaje a los últimos beatos burgaleses.

 

Al igual que hiciera el año pasado con la clausura del Año Teresiano, la delegación diocesana de Infancia y Juventud ha querido repetir un evento de testimonio público en la calle. Y este año, teniendo como referencia a Donato, Emilio, Germán y Zacarías, los cuatro jóvenes que murieron martirizados junto a Valentín Palencia y fueron beatificados el pasado mes de abril. Como cuenta Agustín Burgos, delegado de Juventud, «el nombre de este evento es una referencia a los cinco beatos, sentidos porque sus vidas se pueden percibir y sentir. Además, las diversas actividades pusieron en juego los cinco sentidos: el oído con la música, la vista con los grafittis que se realizarán, etcétera». «El acto musical corrió a cargo de un grupo de chicos que habitualmente animan las oraciones jóvenes. En cuanto al grafitti, será una alegoría de la educación en torno a la música (los cinco mártires eran músicos), retratada en el rostro de un niño».

Oración joven

Tras la iniciativa en la calle, los jóvenes se desplazaron hasta la iglesia de San Nicolás, donde compartieron la cena y momentos para la convivencia, que dejó paso a la oración de este mes. Allí rezaron con los nuevos beatos, justo en la iglesia donde se confirmó Valentín Palencia y donde se venera el cuadro de los nuevos beatos.

2016 11 04 viernes: resumen de prensa

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Actualidad

La sociedad burgalesa muestra su repulsa ante el asesinato de la periodista de El Correo de Burgos Yolanda Pascual, asesinada por su ex marido:

Patrimonio

Tras más de siete años de trabajo, el Monasterio de San Juan de Ortega,  luce ya restaurado gracias a un conjunto de obras de rehabilitación que han permitido sacar «de la ruina» al famoso espacio monacal:

Cultura

La Colegiata de San Pedro en la localidad burgalesa de Lerma acogerá el sábado, 5 de noviembre, una «batalla de órganos»:

 

La artista austriaca Victoria Coeln llena de luces el altar mayor, la entrada y la escalera dorada del templo con la instalación «Chromotopia Santa María»:

 

 

 

 

 

Las jornadas de Doctrina Social de la Iglesia abordarán la pobreza y sus consecuencias

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Este mes comenzará el curso monográfico de Doctrina Social de la Iglesia, que estudiará el documento episcopal «Iglesia, servidora de los pobres». Con el objetivo de reflexionar y acercarse a la realidad de la pobreza en su situación y causas,  el curso busca además transmitir el conocimiento de la propuesta de la Doctrina Social de la Iglesia frente a la pobreza y despertar el compromiso y la acción a favor de la inclusión y la justicia.

 

Y para presentar este curso, la Facultad de Teología ha puesto en marcha las XIV Jornadas de Doctrina Social de la Iglesia, que tendrán lugar los días 17 y 24 de noviembre. La primera sesión contará con una conferencia a cargo del equipo de estudios de Cáritas española, y tendrá por título «La pobreza se hereda: presentación del estudio de Cáritas sobre pobreza intergeneracional», mientras que la segunda sesión contará con la intervención de Ana Abril, quien abordará el tema «La lucha contra la pobreza: cuestión de todos». Ambas sesiones tendrán lugar en el Salón de la Fundación Caja Círculo de la Plaza de España 3, a las 20:00 horas.

 

Desde la organización recuerdan que «la pobreza de cerca y de lejos diariamente nos conmueve. El corazón se nos parte, la inteligencia nos interpela y nuestras manos desean actuar. La realidad de la pobreza es un reto para nuestras sociedades: la fractura que ella genera cuestiona su propio funcionamiento al impedir la integración y la dignidad de todos. La pobreza también es un reto para la propia Iglesia. El cristiano que en estos momentos deja de mirar a los más pobres no es en realidad un cristiano. La doctrina social de la Iglesia nos invita a transformar nuestro mundo en la búsqueda de esa justicia y esa dignidad humana, sobre todo de los más pobres».