Caminemos alegres con Jesús

por redaccion,

carta pastoral emaus

 

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Hoy quiero empezar felicitando a la Virgen, Nuestra Madre, porque es la fiesta de su nacimiento, la fiesta de la Natividad. Le repetimos con cariño y con devoción el saludo del Ángel: «Dios te salve María…», y ponemos bajo su protección maternal el curso que estamos iniciando en nuestra Iglesia en Burgos y en cada uno de vuestros hogares.

 

Precisamente hoy, en esta fiesta de la Natividad de la Virgen María, os he ofrecido una Carta Pastoral, cuyo título expresa la idea y el proyecto que deseo transmitiros: «Y se puso a caminar con ellos». Somos la Iglesia que camina con Jesús. Con este título quiero poner ante nuestros ojos la imagen de Jesús que sale al encuentro de los discípulos de Emaús para liberarlos de su tristeza, desánimo e incertidumbres. Cuando Cleofás y su compañero reconocen a Jesús Vivo y Resucitado, cambian por completo, se ponen en camino para contar su experiencia, comunicar su alegría y anunciar su mensaje con la certeza de que el Señor está caminando junto a ellos.

 

También nosotros, tanto individual como comunitariamente, necesitamos una experiencia semejante. Por eso mi Carta Pastoral pretende contribuir a que en nuestra diócesis se haga real la experiencia de Emaús: que superemos los cansancios, inercias y miedos que a veces nos atenazan y podamos recuperar un aliento renovado para avanzar unidos, en compañía del Señor que ya se ha puesto a caminar junto a nosotros.

 

Cuando se van a cumplir cuatro años de mi ministerio episcopal en Burgos, la Visita Pastoral, amplia y ya muy avanzada, me ha permitido palpar desde cerca la vida real de nuestras comunidades cristianas, con sus luces y sus sombras, con sus logros y sus deficiencias, con sus esperanzas y sus dudas. Y a la luz de esa experiencia he intentado hacer una reflexión espiritual y pastoral que deseo compartir con todos a través de mi Carta.

 

En ella os digo que para abordar esa situación me ha parecido conveniente convocar una Asamblea Diocesana, es decir, invitar a todos los católicos de Burgos a que nos reunamos en asamblea para contemplar al Señor y descubrir lo que nos está diciendo a través de su Evangelio y de los signos de nuestro tiempo. Como ya os he comentado antes del verano, esta decisión se ha ido gestando en el marco de la celebración del VIII Centenario de la Catedral, para que sea vivido como acontecimiento eclesial y como proyecto de futuro. Así recogeremos el testigo de tantas generaciones que han ido edificando el templo catedralicio llenándolo de vida de fe y de iniciativas eclesiales. Este Centenario, que ha reunido de modo transversal a la sociedad burgalesa, se hace acontecimiento eclesial de modo especial gracias a la Asamblea Diocesana y al Año Jubilar. Ambos tienen un objetivo común: hacer posible una profunda experiencia eclesial en torno a tres ejes que son hoy fundamentales: redescubrir la alegría de ser cristiano, el gozo de vivir como Iglesia, y el júbilo de ofrecer al mundo un mensaje capaz de transformar a las personas y las realidades sociales.

 

A lo largo de los próximos meses iremos comentando estos acontecimientos desde diversos puntos de vista. El Año Jubilar está convocado para julio del próximo año. Hoy queda convocada oficialmente la Asamblea Diocesana, que ya había iniciado su andadura a través de una comisión preparatoria. Deseo que la lectura y la meditación de la Carta Pastoral os anime a ser protagonistas de la revitalización y rejuvenecimiento de nuestra diócesis. El lema de la Asamblea pretende que hagamos actual , y a ello os animo, lo sucedido en Emaús: Caminemos alegres con Jesús.

 

Como os decía al comienzo, pongamos estos proyectos en los brazos de la Virgen, bajo la advocación de Santa María La Mayor, Patrona de la diócesis. Ella en su nacimiento, ya hizo brillar en la humanidad la aurora de una historia nueva, porque apuntaba a la Encarnación del Hijo de Dios. Con su cuidado maternal nos ayudará a estar también disponibles para la misión que la Iglesia nos encomienda. Y el Señor Resucitado, que camina con nosotros, nos comunicará la misma dicha que transformó a los discípulos de Emaús.

El VIII Centenario de la Catedral estrena sintonía y escultura corporativa

por redaccion,

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La Fundación VIII Centenario de la Catedral ha presentado esta mañana en la capilla del Corpus Christi de la Seo la sintonía que identificará la efeméride y la escultura corporativa que servirá de galardón para aquellas personas e instituciones que colaboren con el proyecto. Dos artistas burgaleses han sido los encargados de realizar las dos creaciones: el músico Diego Galaz y el escultor Óscar Martín.

 

La composición musical de Galaz acompañará a partir de ahora todos los actos que organice la Fundación. Por su parte, las estatuillas servirán para reconocer la labor de casi un centenar de personas que se han destacado por su apoyo y compromiso con el proyecto del VIII Centenario. Las recibirán en dos actos que tendrán lugar este sábado, fiesta de la Dedicación de la Catedral, y el próximo lunes, día 22.

 

Del ocho al infinito

 

La obra de Óscar Martín es una escultura realizada en latón y representa una una cúpula calada que consta de 8 plementos, dos de los cuales se han transformado para incluir el número 8, resaltando el VIII Centenario. Además, ha girado el número 80 grados para transformarlo en el símbolo del infinito.

 

«El padre Agustín Lázaro me explicó, durante una visita guiada a la Catedral, muchos de sus símbolos; destacando la gran relación entre el sol y la Seo de Burgos. Esta escultura también nos recuerda el astro-corazón de nuestro Sistema Solar. La Catedral de Burgos, desde su construcción, se consolidó como el motor emocional, artístico y espiritual de la ciudad de Burgos», ha resaltado el escultor.

 

Su creación está inspirada, en concreto, en la bóveda de la Capilla de los Condestables, uno de los elementos determinantes que llevaron a la Catedral a ser declarada Patrimonio de la Humanidad, ha revelado el artista, quien ha confesado también que justamente en la presentación de la Fundación VIII Centenario, al escuchar el breve recital de órgano que cerró el acto, miró hacia arriba y se le «removió algo» cuando aún no había recibido encargo alguno.

 

Majestuosidad y tradición

 

Por su parte, la obra compuesta por Diego Galaz tiene como motivo central la Rueda de Burgos, ritmo tradicional en 10/8 que es parte inseparable del legado cultural y popular de nuestra provincia y de su capital, y el uso de este motivo rítmico ha dotado a la composición de originalidad y contexto geográfico. Los sonidos épicos y de majestuosidad musical describen la inmensidad y grandeza del templo burgalés, resaltando los aspectos más históricos pero a la vez remarcando la contemporaneidad y futuro de la Catedral.

 

Ha sido realizada con instrumentos como el violín, la zanfona (presente en parte de la iconografía de la seo y de todo el Camino de Santiago), los panderos cuadrados, latas de pimentón, cítaras, mandolas, chelos, contrabajos, dulzainas, coros y muchos más elementos directamente relacionados con la historia musical de Castilla y León. La obra ha sido producida, grabada, mezclada y masterizada por el artista burgalés en los estudios “Dos Tres Cuá” de Atapuerca.

 

«La melodía comienza escuchando las campanas de la catedral, un coro catedralicio y sonido ambiente, evocando imágenes de exteriores de la seo. Las dos primeras melodías principales que siguen a esta introducción son una especie de vuelo a través del exterior de la catedral, sobre el cimborrio, entre sus torres, observando la grandeza y majestuosidad de la Catedral. El rimo de la rueda burgalesa imprime fuerza y grandiosidad a esta parte de la obra. Hay un cambio en el que podemos escuchar las dulzainas y las cajas evocando un día de fiesta tradicional en las afueras de la catedral, y dotando a la melodía del momento más popular y tradicional. Inmediatamente después, viajamos al interior. He usado la zanfona, instrumento que aparece en la iconografía de algún pórtico de la seo. Esta parte me evoca imágenes por sus capillas, por sus naves… El final es otro momento épico en el que la mezcla de imágenes de exterior e interior del templo me han inspirado el volver a las melodías principales y más potentes. En definitiva, la obra es un viaje por y a través de la seo burgalesa», ha explicado su autor.

 

El arzobispo y presidente de la Fundación VIII Centenario de la Catedral. Burgos 2021, don Fidel Herráez Vegas, ha expresado su satisfacción por que dos realidades «audibles y visibles» se unan a la «sinfonía» de la celebración de esta efeméride y se integren «en esta realidad viva que es la Catedral», así como su deseo de que «sigamos haciendo que este templo palpite» y «se le siga dando vida».

 

 

 

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La Iglesia en el mundo del silencio

por redaccion,

pastoral sordo

 

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Burgos está siendo estos días sede del Encuentro Nacional de Pastoral del Sordo y del Sordociego, organizado por la Conferencia Episcopal Española a través de la Comisión Episcopal de Pastoral. Más de cien agentes de pastoral de toda España, muchos de ellos sordos, se han acercado a nuestra ciudad para vivir unos días de encuentro, para compartir experiencias, para orar juntos, para crecer en fraternidad y reflexionar conjuntamente sobre temas fundamentales para el trabajo pastoral en favor de la comunidad de personas sordas. El tema central de este año es la Eucaristía, bajo el lema: «Haced esto en conmemoración mía».

 

Es para nosotros un auténtico gozo poder acogerles en nuestra ciudad, que siempre ha destacado por su sencilla y cálida acogida. Además, nos ayuda a retomar una tradición que viene desde antiguo. Se dice que en el Monasterio de Oña, en el s. XVI, desarrolló su actividad uno de los precursores de la lengua de signos: Fray Pedro Ponce de León. Según está documentado, en el monasterio benedictino estableció una pequeña escuela para acoger a niños sordos a los que dotó de las herramientas necesarias para que pudieran ellos mismos desenvolverse autónomamente en la vida. En aquella obra llevada a cabo por este sencillo fraile tenemos escrita una página más de las muchas acciones silenciosas que la Iglesia ha hecho a favor del desarrollo humano y social de nuestra sociedad, especialmente de los más desfavorecidos.

 

Además de los agentes de pastoral, los destinatarios de estos encuentros son, en definitiva, las personas sordas. También las personas oyentes que manifiestan sensibilidad y acogida hacia esta comunidad que se significa por el lenguaje de los signos. Pero este encuentro nacional se convierte también en una verdadera gracia para nuestra Iglesia en Burgos, porque nos ayuda a visibilizar una realidad social y eclesial con la que quizás estamos poco familiarizados. De esta manera, su presencia entre nosotros contribuye a reforzar y profundizar en la atención pastoral que necesitan las personas sordas. Precisamente el año pasado comenzábamos en nuestra Diócesis un pequeño grupo de pastoral del sordo que trata de acoger y acompañar a este colectivo, y en ello hemos de continuar con la necesaria atención personal y comunitaria.

 

La realidad de las personas sordas pertenece a ese amplio mundo de la discapacidad en el que hoy viven tantos hermanos nuestros. Ciertamente que la senda de los derechos se ha ido abriendo en este amplio colectivo, consiguiendo una mayor visibilidad y una mejor integración en la sociedad. Muchas son las personas que han contribuido a este desarrollo. Pero siempre hay mucho camino por hacer. Las condiciones de fragilidad en las que tienen que desarrollar su vida no debe de llevarles a situaciones de inferioridad o de descarte social. Al contrario, las sociedades que quieren tener una talla auténticamente humana, son aquellas que son capaces de integrar estas fragilidades y hacer todo lo posible por introducirlas en su seno y aportar así sus potencialidades al conjunto de la sociedad.

 

También Jesús, en el relato evangélico de la curación del sordomudo (Marcos 7, 31-37) se nos presenta acercándose a la realidad de las personas sordas. Ellas viven unas circunstancias peculiares que Él sabe acoger con tremenda ternura y delicadeza. De esta manera, nos da pautas a la comunidad cristiana para hacer nuestras estas actitudes y convertirnos, en medio de nuestro mundo de excelencia, en un signo profético de encuentro y de acogida de la diferencia y de la fragilidad.

 

Bien podríamos decir que la pastoral del sordo hace visible la presencia de la Iglesia en el mundo del silencio. Una circunstancia que es precisamente donde Dios se hace especialmente presente. Por eso, en este contexto social, las personas sordas se convierten en un don para la Iglesia como recordaba recientemente el Papa Francisco. Quiero terminar con sus palabras esta reflexión de hoy: «La presencia de Dios, dice, no se percibe con las orejas, sino con la fe; por tanto, os animo a reavivar vuestra fe para advertir cada vez más la cercanía de Dios, cuya voz resuena en el corazón de cada uno y que todos pueden oír. Podréis así ayudar a cuantos no “oyen” la voz de Dios a estar más atentos a ella. Esto es una significativa contribución que las personas sordas pueden dar a la vitalidad de la Iglesia».

Bautizados en la fe y enviados a evangelizar

por redaccion,

misioneros burgaleses 2

 

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El próximo 13 de julio nos reuniremos en Roa para celebrar la cita anual del Día del Misionero Burgalés. El lema que hemos escogido es: «Bautizados en la fe y enviados a evangelizar». Este encuentro servirá para orar por nuestros misioneros. También para dar gracias por el recorrido misionero de nuestra Diócesis que nos debe de estimular a mantener viva esta gozosa seña de identidad y a promover las vocaciones misioneras hoy.

 

En 1919 el Papa Benedicto XV publicaba su encíclica Maximum Illud. Se trata de un documento fundamental en la teología de la misión, pues buscaba promover en las iglesias particulares las vocaciones misioneras y la formación de las vocaciones nativas. En conmemoración de este aniversario, el Papa Francisco ha convocado para el próximo octubre un Mes Misionero Extraordinario. Se trata de una iniciativa que busca favorecer el encuentro personal con Jesucristo, saborear el testimonio de los misioneros y promover la formación bíblica y teológica en torno a la misión y la caridad misionera.

 

Aquel documento encontró en Burgos la tierra abonada. Previamente, en abril de 1919, el mismo Papa Benedicto XV había dirigido al entonces arzobispo de Burgos Juan Benlloch una importante carta que ha marcado la idiosincrasia de nuestra Diócesis. Ya existía en nuestra ciudad el Colegio de Ultramar, fundado por el canónigo Gerardo Villota, en el que se preparaban sacerdotes diocesanos para las misiones. Pero con aquella carta, el Papa encomendaba a mi antecesor la tarea de «procurar que dentro de los muros de Burgos se formen aptos para el caso, jóvenes escogidos del Clero que se sientan llamados por Dios a evangelizar…».

 

Este encargo, balbuciente en sus inicios, no ha dejado de dar muchos frutos. El Seminario de Misiones, fundado en Burgos como cauce misionero del clero secular español, ha acogido desde los inicios a jóvenes provenientes de toda la geografía española, para ser enviados a los cinco continentes a anunciar la Buena Noticia del Evangelio. Este Seminario, que fue el núcleo central de todo el movimiento misionero de la Diócesis, sirvió para fundar y regular las Asociaciones de la «Santa Infancia», la «Propagación de la fe» y la «Unión Misional del Clero» en todas las parroquias.

 

Este dinamismo misionero ha enriquecido mucho a nuestra Iglesia diocesana. Hoy podemos decir que contamos con 646 misioneros en 68 países presentes en todos los continentes, lo cual ha configurado nuestra diócesis con un carácter aperturista y universal. Además, a través de nuestras instituciones seguimos colaborando con la actividad misionera de la Iglesia. La Facultad de Teología lo hace admirablemente en el campo de la formación. Ella es la encargada de la organización de semanas y simposios a través de su Instituto de Misionología y ofrece becas y formación para sacerdotes nativos. La Delegación de Misiones promueve la animación misionera en la infancia y juventud de la diócesis y vincula, a través de sus correos y contactos frecuentes, a la Iglesia diocesana con sus misioneros y sus trabajos y preocupaciones. A ello contribuye, como constato en mis visitas pastorales, la existencia de algún misionero en muchos de los pueblos y parroquias, que tienen la suerte de compartir durante sus tiempos de vacaciones los relatos de la vida misionera.

 

El encuentro que vamos a tener en Roa también nos posibilitará poder rendir un pequeño homenaje a todos nuestros misioneros por haber comprendido que la puerta del bautismo por la que un día entraron en la Iglesia no suponía adquirir derechos, sino aceptar el reto de ser enviados de Dios. Junto a los misioneros presentes, estarán muchos de sus parientes y conocidos, formando esa gran familia misionera que es nuestra Diócesis.

 

Como tal familia, «bautizados en la fe y enviados a evangelizar», nos encomendamos a Santa María, la primera misionera, para que Ella nos enseñe a vivir la fe con alegría y a proclamarla con esperanza a cuantos compartan con nosotros la vida de cada día.

La vida contemplativa, corazón orante y misionero

por redaccion,

Las cinco religiosas que participan habitualmente en la difusión del «reto de amor».

Algunas religiosas de la comunidad de Dominicas de Lerma. 

 

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El domingo de la Santísima Trinidad se celebraba también en la Iglesia la Jornada de la Vida Contemplativa con el lema: «La vida contemplativa, corazón orante y misionero». Como en el mensaje dominical de aquel día no hablé de esta Jornada, quiero compartir hoy con vosotros algunas palabras sobre la vocación contemplativa, una realidad tan importante y bellamente significativa para la Iglesia universal y tan especialmente viva en nuestra diócesis de Burgos.

 

Una palabra de acción de gracias a Dios Trinidad, comunión de vida y amor, por el carisma de la vocación contemplativa con el que ha enriquecido con tan especial don a la Iglesia. Como nos recuerda la Exhortación Apostólica Vita Consecrata: «Los Institutos dedicados a la contemplación son para la Iglesia un motivo de gloria y una fuente de gracias celestiales… Formados por mujeres o por hombres que, en la soledad y el silencio, mediante la escucha de la Palabra de Dios, el ejercicio del culto divino, la ascesis personal, la oración, la mortificación y la comunión en el amor fraterno, orientan toda su vida y actividad a la contemplación de Dios; así ofrecen a la comunidad eclesial un singular testimonio del amor de la Iglesia por su Señor y contribuyen, con una misteriosa fecundidad apostólica, al crecimiento del pueblo de Dios» (nº 8).

 

Una palabra de reconocimiento: Los monasterios han sido y siguen siendo, en el corazón de la Iglesia y del mundo, un signo elocuente de comunión, un lugar acogedor para quienes buscan a Dios y las cosas del espíritu, un oasis de paz, escuelas de fe y verdaderos centros de irradiación cultural, testimonio evidente para la edificación de la vida eclesial y de la misma sociedad. Para ésta, que en muchas ocasiones «pasa de Dios» e intenta olvidar que el ser humano está también referido a Él, la entrega radical, y la presencia silenciosa y fecunda de los contemplativos, es un mensaje elocuente de que es posible y merece la pena vivir buscando los bienes de allá arriba, como dice San Pablo. Ellos, ofrecen su vida en alabanza continua a la Santa Trinidad y elevan su oración de intercesión por toda la humanidad. Tienen la indispensable misión de ser, día tras día, prolongación en la historia de una especial presencia del Señor resucitado y corazón orante para la Iglesia y el mundo. El Papa Francisco, dirigiéndose a los Religiosos y Religiosas contemplativos, subraya este reconocimiento: «¿Qué sería, les dice, de la Iglesia sin la vida contemplativa? ¿Qué sería de los miembros más débiles de la Iglesia que encuentran en vosotros un apoyo para continuar el camino? ¿Qué sería de la Iglesia y del mundo sin los faros que señalan el puerto a los que se han perdido en alta mar, sin las antorchas que iluminan la noche oscura que estamos atravesando, sin los centinelas que anuncian el nuevo día cuando todavía es de noche? Gracias, hermanas y hermanos contemplativos, porque vosotros sois todo esto para el mundo: apoyo para los débiles, faros, antorchas y centinelas» (Mensaje del santo padre Francisco con ocasión de la Jornada Pro orantibus, 21.XI.2018).

 

Una palabra de estima, valoración y estrecha comunión eclesial, referida a la vida contemplativa en nuestra diócesis. Seguramente sabéis que entre mis tareas pastorales he dedicado un gran tiempo a pasar por los distintos conventos de clausura. Ha sido para mí un muy especial regalo poder orar juntos, celebrar la Eucaristía, hablar y compartir la realidad de cada monasterio. Es verdad, y nos preocupa, el envejecimiento de las comunidades, la falta de vocaciones…, pero es mayor la esperanza y el convencimiento de que el carisma está vivo y es un don necesario que sigue enriqueciendo nuestra Iglesia Diocesana. El lema de la Jornada, «La vida contemplativa, corazón orante y misionero», tiene también un eco particular en nuestra diócesis de raíces misioneras tan profundas. Los Papas vienen insistiendo en la importancia de que los contemplativos tengan un corazón misionero, que la misión es esencial a todos los Institutos de vida consagrada, incluidos los contemplativos, y que éstos han de arraigar en todos los ámbitos misioneros. ¡Queridos religiosos contemplativos, seguid rezando por nuestra Iglesia de Burgos y por la misión de toda la Iglesia!

 

Finalmente, al recordar con admiración y gratitud a aquellas personas consagradas que, desde una entrega radical, han dado la vida por amor, pienso en especial en la religiosa burgalesa Inés Nieves Sancho, perteneciente a la congregación francesa de las Hijas de Jesús de Massac, que fue brutalmente martirizada a finales de mayo en República Centroafricana. Quiera el Señor que la sangre de su martirio sea semilla de nuevas vocaciones a la vida consagrada activa y contemplativa con un «corazón orante y misionero».