Santísimo Cristo de Burgos, ¡árbol único en nobleza!

por redaccion,

cristo de burgos

 

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Queridos hermanos y hermanas:

 

«En plenitud de vida y de sendero dio el paso hacia la muerte porque Él quiso. Mirad, de par en par, el paraíso, abierto por la fuerza de un Cordero», reza el himno de Laudes ¡Oh Cruz fiel, árbol único en nobleza!, para recordarnos que Jesús, desde la Cruz, nos abre las puertas del Cielo con la fuerza de su amor.

 

Hoy, festividad de la Exaltación de la Santa Cruz, ponemos los ojos en Cristo, el Cordero de Dios, clavado en un madero, desde donde da sentido al sufrimiento del mundo. ¿Acaso podríamos eliminar de modo permanente el dolor de nuestras vidas? ¿Sería posible acabar para siempre con el desconsuelo? Evidentemente, no es posible, porque el dolor y el amor, de manera indefectible, caminan de la mano.

 

Sí podemos encontrar un sentido a la cruz como fruto de la libertad desde la fe. Y, para ello, tenemos que mirar a Jesús Crucificado, permanecer en su entrega desmedida que Él quiso ofrecer por entero para mostrarnos su adhesión al dolor humano, para compartir nuestro sufrimiento y hacerlo redentor.

 

El Santísimo Cristo de Burgos recorre hoy las calles de nuestra ciudad, para bendecir todos esos lugares donde habita algún resquicio de desconsuelo, de agonía, de soledad. Portado a hombros, visitará cada una de las escenas de la Pasión, llorará en todas las lágrimas derramadas en el Huerto de los Olivos, besará los pies de aquellos que viven en soledad su Última Cena, recogerá las piedras que se quedaron abandonadas en el Monte Calvario y perdonará a esos hermanos que hacen daño sin saber en verdad lo que hacen.

 

El Señor asume nuestro calvario personal y, con una entrega desmedida, nos enseña el camino del amor para encontrarse con nosotros. ¿Estamos dispuestos a prestarle nuestra cruz y dejarnos cuidar por Él?

 

«Sube a mi Cruz. Yo no he bajado de ella todavía», le dice a san Juan de la Cruz. Y, ante este «escándalo», como se refiere san Pablo, nos espera paciente, sin palabras, pero con un amor que lo transforma todo. El apóstol de los gentiles se sabía «crucificado con Cristo» (Gal 2, 19) y «configurado a su muerte» (Fl 3, 10), pues llevaba en su cuerpo «las marcas de Jesús» (Gal 6, 17). Y ante la posibilidad de ser alabado por ello, se desviste de toda perfección para gloriarse en sus debilidades, padecimientos y sufrimientos.

 

Las tribulaciones y los consuelos adquieren un sentido nuevo y un valor salvífico cuando pasan por el filtro del amor crucificado y resucitado. Y no siempre nos es posible, como san Pablo, gloriarnos en las debilidades y en las persecuciones padecidas por Cristo para configurarnos con Él y alcanzar la salvación, pero ciertamente las espinas de la Cruz abren, con cuidado, las puertas del Cielo.

 

«El que te creó sin ti, no te salvará sin ti», desveló san Agustín. Por eso es crucificado y resucita por nosotros, aunque muchas veces no comprendamos el enigma misterioso de la cruz que sólo Dios entiende. Busquémoslo, se dejará encontrar y cambiará nuestra suerte (cf. Jr 29, 13).

 

María comparte el sufrimiento –al pie de la Cruz– de su Hijo. Ella nos consuela en los momentos de oscuridad. Con Ella podemos entonar la última estrofa del himno con el que comenzaba esta carta: «¡Oh Cruz fiel, árbol único en nobleza! Jamás el bosque dio mejor tributo en hoja, en flor y en fruto. ¡Dulces clavos! ¡Dulce árbol donde la Vida empieza con un peso tan dulce en su corteza!».

 

Con gran afecto, pido a Dios que os bendiga.

 

Arzobispo de Burgos

+ Mario Iceta Gavicagogeascoa

Félix Castro afronta su segundo mandato como deán de la Catedral

por redaccion,

Felix Castro Lara presidente cabildo deán

 

Escucha aquí la entrevista completa en El Espejo de Cope

 

El Cabildo de la catedral de Burgos ha renovado recientemente sus cargos internos con la aprobación del arzobispo, mons. Mario Iceta, en un proceso en el que Félix José Castro ha sido reelegido como deán para un segundo mandato consecutivo. Acompañado en esta nueva etapa por Andrés Picón como vicepresidente, José Luis Pascual al frente del área de patrimonio y José Luis Cabria en el ámbito del turismo, Castro afronta el reto con gratitud y una visión clara: seguir haciendo de la catedral un templo vivo que combina su dimensión espiritual con la cultural y patrimonial.

 

Durante una entrevista en el programa El Espejo de Cope Burgos, Castro ha expresado su agradecimiento al Cabildo y a todos los que forman parte de la vida diaria del templo —religiosas, trabajadores, voluntarios e instituciones— por la confianza depositada en él. Para el deán, el objetivo es continuar mejorando todas las áreas de trabajo de la catedral, liturgia, patrimonio, turismo, caridad y cultura: «Queremos ganar en excelencia y seguir generando futuro», ha expresado.

 

Una de las principales novedades de esta etapa es la incorporación de personal laico especializado: Rodrigo Calzada se encargará del área musical, Jaime Prado coordinará eventos y estrategias de desarrollo y Verónica Quintanilla estará al frente del mantenimiento y conservación del templo. Según el deán, esta profesionalización responde a la necesidad de afrontar una gestión cada vez más exigente y diversificada, sin perder de vista la identidad fundamental de la catedral como espacio de culto.

 

De hecho, el deán ha hecho especial hincapié en la importancia de la liturgia y la evangelización, destacando los avances logrados en los últimos años en la acogida a peregrinos y la participación de los fieles. Sin embargo, ha reconocido que el canto litúrgico es un área pendiente de reforzar y, en esa línea, se enmarca la incorporación de Calzada como responsable musical.

 

Respecto a la dimensión cultural y turística de la catedral, que este año volverá a batir récords de visitantes, el deán subrayó que el objetivo no es sólo mostrar el valor artístico del templo, sino también provocar una experiencia de trascendencia. «Queremos que quien nos visite no solo vea obras de arte, sino que capte el mensaje espiritual que esas obras transmiten», ha explicado, mencionando iniciativas como la app interactiva o la visita nocturna Stella, concebida como una catequesis visual.

 

Uno de los proyectos más comentados en los últimos años ha sido el de las puertas de Antonio López. Pese a la polémica inicial, Castro se ha mostrado tranquilo y convencido de que, una vez instaladas en el museo de la catedral, generarán admiración y orgullo entre los burgaleses. «No me quitan el sueño. Todo lo que suponga enriquecer el patrimonio de la catedral debe ser motivo de gozo, no de debate estéril», ha afirmado.

 

Finalmente, el deán no no ha ocultado el orgullo que supone liderar, en sus propias palabras, «la mejor catedral del mundo». Con una media de edad de 60 años entre los diez canónigos activos del cabildo, considera que el equipo actual tiene la energía y la ilusión necesarias para afrontar los desafíos de un templo que nunca puede quedarse quieto. «La responsabilidad es grande, pero también lo es la esperanza y la vocación de servicio».

 

Con este segundo mandato, Félix Castro y su equipo se preparan para seguir escribiendo una nueva etapa en la historia de un monumento que no solo es patrimonio de Burgos, sino también un referente espiritual, artístico y cultural para España y Europa.

«¡Feliz el que no ve desvanecer su esperanza!»

por Natxo de Gamón,

«¡Feliz el que no ve desvanecer su esperanza!»

Foto: Freepik.

 

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Queridos hermanos y hermanas:

 

Este domingo, cuando celebramos la V Jornada Mundial de los Abuelos y de las Personas Mayores, reconocemos su papel insustituible y determinante en la sociedad, en la familia y en la Iglesia.

 

San Joaquín y Santa Ana, los abuelos de Jesús y cuya fiesta estamos celebrando, nos enseñan a valorar a todas las personas mayores, quienes –en algún momento de sus vidas– se ven obligadas a atravesar el duro camino del desierto, de la enfermedad y de la soledad.

 

La soledad no deseada es, tristemente, la desagradable compañera de viaje de tantas personas mayores que sufren en mayor o menor medida la indiferencia, la ausencia o el descarte.

 

¡Feliz el que no ve desvanecer su esperanza! (cf. Eclo 14, 2), es el tema que eligió el papa Francisco para este año. Estas palabras, tomadas del libro del Eclesiástico, expresan «la bienaventuranza de las personas mayores» y señalan «la esperanza puesta en el Señor como camino hacia una vejez cristiana y reconciliada», reconocen desde el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida.

 

En este Año Jubilar, esta jornada quiere ser una oportunidad para realizar una profunda reflexión sobre cómo la presencia de los abuelos y las personas mayores «puede convertirse en un signo de esperanza en cada familia y comunidad eclesial», insisten, promoviendo visitas y oportunidades de encuentro entre generaciones.

 

¡Qué importante es cultivar las raíces para la edificación de un futuro sin soledad! Las personas mayores tienen una capacidad extraordinaria para transmitirnos la historia, las costumbres, los recuerdos, las esperanzas y las tradiciones. Su legado no se cuenta por propiedades o capitales, sino por un amor que se hace verdad en los frutos que nacen de las semillas que ellos plantaron.

 

De ellos no solamente recibimos el don de la vida, sino la gracia de su mirada, de su sabiduría, de su amistad con Dios. Ellos nos enseñaron a pronunciar las primeras oraciones, a mirar a María como Madre, a confiar ante cualquier dificultad.

 

Y quisiera, también, tener muy presentes a las personas consagradas mayores, a esos «abuelos de vida consagrada», como los denominaba Francisco. Estas personas curtidas en años y experiencia profunda de fe, fuente de sabiduría de una familia religiosa, acumulan en sus corazones toda la riqueza de sus carismas, la levadura del Reino y del Evangelio de Jesús. Su invitación a volver al amor primero, aun siendo mayores y, en ocasiones, estando enfermos, es una muestra, más que suficiente, de un Amor que no termina nunca.

 

En consonancia con estas personas consagradas, recuerdo nuestra residencia de sacerdotes mayores, en la que puedo comprobar –cada vez que la visito– cómo, a pesar de las dificultades causadas por la ancianidad, mantienen cada día sus lámparas encendidas; con alegría, con ganas de seguir sirviendo, con la certeza de un Cielo Nuevo que tiene grabado a fuego sus nombres.

 

Así, cada una de las personas mayores, llevando en sus manos los desconsuelos de toda la humanidad, luchan por plantar cara a la soledad y ser felices sin dejar que desvanezca su esperanza. Y lo hacen, contemplando su historia personal con gratitud, viviendo el presente con pasión y abriéndose a la Providencia de Dios con una profunda esperanza.

 

Pedimos a la Virgen María por nuestros abuelos y mayores, que nos enseñe a ser el consuelo, el cuidado y la compañía de tantos ancianos que no son atendidos debidamente en su vejez. Ella nos dará la fuerza necesaria para arropar su soledad, pues si Dios nos cuida a pesar de nuestra pequeñez (cf. Sal 144, 3-4), no entregará jamás nuestras vidas a la muerte (cf. Sal 16, 10).

 

Con gran afecto, pido a Dios que os bendiga.

+ Mario Iceta Gavicagogeascoa

Arzobispo de Burgos

«El 804 aniversario de la dedicación de nuestra catedral»

por Natxo de Gamón,

iluminación catedral burgos

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Queridos hermanos y hermanas:

 

Nuestra archidiócesis burgalesa celebra hoy el octingentésimo cuarto aniversario de la dedicación de la santa iglesia basílica catedral, un templo que se ha convertido en símbolo y emblema de Burgos y de toda su historia que ha vivido las vicisitudes de épocas variadas y diversas.

 

Desde que en 1221 se pusiese la primera piedra, de manos de rey san Fernando, la fe que expresan todas y cada una de sus piedras es testimonio de presencia cristiana en Burgos y de evangelización hasta lugares lejanos de la tierra.

 

Siguiendo el nuevo estilo gótico, la primera etapa de la construcción de la catedral queda casi concluida 60 años después, con la estructura interior, la portada de Sarmental, la principal y la de la Coronería, así como con las capillas absidiales. El último periodo de la etapa gótica destaca por la edificación de las agujas, la capilla de los Condestables y el cimborrio primitivo. Tras la reconstrucción de este (que se derrumbó por exceso de peso) y algunos cambios en las capillas, los claustros bajo y alto completan la edificación de la catedral durante el siglo XIII.

 

De nuestra catedral, cabe destacar los retablos de Gil de Siloé, el de Santa Ana o el de las Vírgenes; los retablos de Felipe de Vigarny, los hermanos Rodrigo Martín de la Haya, Juan de Vallejo, así como la colección de pinturas de finales del siglo XV y de influencia flamenca; las obras de orfebrería e imaginería, como también las custodias, la cruz procesional y los relicarios. Dentro de sus muros, los artistas más importantes del gótico, del barroco y del renacimiento han plasmado sus obras más significativas en el campo de la arquitectura, la escultura y la pintura.

 

Sin embargo, recordando aquel 20 de julio de 1221, conmemoramos que la catedral, desde entonces, no sólo fue declarada en 1984 Patrimonio de la Humanidad, merced al edificio en sí y al contenido de la misma, sino que ha acogido el sentir de los millones de corazones que han pasado por sus moradas.
804 años acumulan el peso de una historia de fe y esperanza, de muchas vidas, oraciones y de la fecundidad del Evangelio derramados allí, a los pies del Señor, bajo la atenta mirada de los santos y en las manos de Santa María.

 

Las columnas de nuestra catedral custodian infinidad de dificultades y alegrías, de sinsabores y esperanzas, de plegarias y sueños. Con el paso del tiempo, ha resistido el devenir de los acontecimientos y se ha convertido en un faro de fe, esperanza y caridad que se ha hecho cultura para admiración de tantos los visitantes. Su belleza, capaz de traspasar cualquier frontera, la convierte en un lugar eclesial de celebración, evangelización, comunión y caridad.

 

Con esta presencia tan viva, me vienen al corazón las palabras del Maestro a sus apóstoles, cuando les anima a acompañarle en su descanso: «Venid vosotros a solas a un lugar desierto a descansar un poco» (Mc 6, 30-34). Porque nuestra catedral también es un lugar de descanso del alma y de las prisas de la vida, un recreo para los sentidos, espera habitada y contemplación, donde nadie es mirado como forastero, sino que todos somos acogidos como hermanos.

 

En medio de la incertidumbre, de los tiempos difíciles y de las prisas con que nos asedia en demasiadas ocasiones la vida, la Iglesia –por medio de sus templos– ha de ser ese «hospital de campaña» al que apuntaba, una y otra vez, el recordado papa Francisco: «Esta imagen de la Iglesia que, como el buen samaritano, se acerca con compasión y venda las heridas derramando sobre ellas aceite y vino (cf. Lc 10, 34)».

 

Ante el asombro que deslumbra, las palabras han de dejar espacio a los gestos de mutua acogida. Y hoy, tras más de ocho siglos, nuestra catedral quiere seguir siendo ese hogar samaritano que refleja el rostro de Cristo, quien tomó sobre sí todos nuestros anhelos para darles sentido con la fuerza de la Resurrección.

 

Con gran afecto, pido a Dios que os bendiga.

+ Mario Iceta Gavicagogeascoa
Arzobispo de Burgos

«Verano: tiempo para serenar la vida»

por Natxo de Gamón,

Fuente: Freepik.

 

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Queridos hermanos y hermanas:

 

Adentrados en este maravilloso tiempo de verano, de reencuentro con Dios, con la familia y con los amigos, hemos de hacer hueco también a quienes permanecen esperando nuestra compañía al otro lado de la puerta…

 

Nos encontramos ante una nueva oportunidad de ordenar lo esencial, de volver a lo que serena el corazón que, durante el resto del año, tantas veces se disipa entre las tareas, los compromisos y las ocupaciones, de redescubrir –junto a quien edifica nuestro corazón– los cimientos que forjan nuestra vida.

 

El descanso es, también, un oasis para el alma, un respiro para ejercitar la paciencia y un tiempo de calma donde reparar las fuerzas de las tareas cotidianas. En demasiadas ocasiones, asediados por el espíritu de la prisa y el activismo, ponemos el corazón en cientos de quehaceres y descuidamos lo verdaderamente importante. Y, al final, por no dejarle sitio al reposo, a la paz y al silencio que nacen de la oración, descuidamos la única razón importante que nos lleva hasta allí: el Señor, que nos envía al encuentro de quienes nos rodean de un modo nuevo.

 

Y, para esto, «no basta desconectar», como afirmaba el Papa Francisco durante el Ángelus del 18 de julio de 2021, es necesario «descansar de verdad». Para hacerlo, «es preciso regresar al corazón de las cosas: detenerse, estar en silencio, rezar, para no pasar de las prisas del trabajo a las de las vacaciones», indicaba el Santo Padre.

 

El propio Jesús, cuando los apóstoles vuelven agotados de la misión y sienten el peso del cansancio, les invita a restaurar las fuerzas: «Venid vosotros a solas a un lugar desierto a descansar un poco» (Mc 6, 31). Porque eran tantos los que iban y venían, dice la Escritura, que no encontraban tiempo ni para comer. Y, tras dirigirse en barca a un lugar desierto, vuelven a encontrarse con una multitud que les esperaban y terminaron poniendo una vez más sus vidas al servicio de los más pobres, obedeciendo al Señor, dando de comer a cinco mil hombres (cf. Mc 6, 32-44). Porque sólo desde la entrega gratuita y confiada nace el verdadero amor.

 

¿Qué mejor manera de tomar partido de esta invitación a cuidar el cuerpo, el espíritu, la familia y las amistades que haciéndolo, profundizando en el propio camino espiritual, al servicio de los hermanos?

 

El encuentro del Señor con los discípulos en el Monte Tabor nos recuerda la importancia de apartarnos de lo cotidiano para quedarnos, durante el tiempo que el alma necesite, contemplando el rostro del Señor Jesús. Y desde ahí, una vez transfigurados, descender de la montaña y volver a pisar la tierra sagrada donde nos esperan tantos hermanos, deseosos de la presencia de Cristo, hecho vida, sacramento y plenitud en nuestras propias manos.

 

Descansad, y hacedlo con la alegría que os merecéis. Pero no olvidéis la tarea de testimoniar la caridad y ser signos concretos del amor vivificante de Dios; tanto en los más cercanos, con los que compartís mesa y hogar, como en aquellos que viven la soledad, el sufrimiento o el abandono (en cualquiera de sus formas o circunstancias), que están en un hospital, en una residencia o que esperan cada día la visita inesperada de un ser querido.

 

Y no olvidéis el trato cercano con la Virgen María: llevadla a todas partes, caminad al son de su paso, permaneced en su sosegado amor. Que Ella sea vuestra compañía en este tiempo de verano y os ayude a seguir siendo testigos, servidores y cuidadores de Dios y de los hermanos.

 

Con gran afecto, pido a Dios que os bendiga.

 

+ Mario Iceta Gavicagogeascoa

Arzobispo de Burgos