San Adrián de Juarros, Sarracín y Hontoria de la Cantera reciben al arzobispo

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El arzobispo, don Fidel Herráez Vegas, celebró la eucaristía el pasado sábado en San Adrián de Juarros como el punto culminante de la visita pastoral que le condujo por Mozoncillo de Juarros, Cabañas y Matalindo, así como el monasterio de Santa María de Bujedo de Juarros. A esta unidad de atención pastoral también pertenecen las localidades de Salgüero de Juarros y Santa Cruz de Juarros, que ya visitó el arzobispo en otras ocasiones y cuyos vecinos se sumaron, también a la eucaristía celebrada en San Adrián. El arzobispo estuvo acompañado en su visita por el párroco de estas parroquias, Francisco Pérez Herrero, quien subraya que «los vecinos quedaron contentos de la visita de don Fidel y el arzobispo también quedó satisfecho».

 

Ya el domingo, el pastor de la diócesis se desplazó hasta la unidad de atención pastoral de Sarracín, en el arciprestazgo de San Juan de Ortega. Acompañado por su párroco, Antonio García Ibeas, celebró la eucaristía tanto en Sarracín como en Hontoria de la Cantera, lugar del que se extrajeron las piedras con las que se construyó la catedral de Burgos. Además de estos pueblos, pertenecen a la misma unidad de atención pastoral las parroquias de Cojóbar, Cubillo del Campo, Humienta, Modúbar de la Emparedada, Olmosalbos, Revillarruz, Saldaña y San Quirce.

Mascarillas y grupos «burbuja» para salvar Rioseco

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La crisis sanitaria no ha impedido que, la pasada semana, decenas de voluntarios volvieran a reunirse en torno al monasterio de Santa María de Rioseco para recuperar, un verano más, este emblemático lugar en medio del valle de Manzanedo. La pandemia ha hecho que los organizadores de la «semana del voluntariado», que ha alcanzado ya su décima edición, hayan adaptado los trabajos a los distintos protocolos sanitarios marcados por la Junta de Castilla y León en materia de actividades juveniles, de trabajos arqueológicos, de actos culturales e, incluso, litúrgicos.

 

Juan Miguel Gutiérrez, párroco del Valle y alma mater de este proyecto, subraya que las medidas sanitarias han supuesto adaptar los trabajos, pero que, aún así, el balance es «altamente positivo», pues han permitido cumplir con los objetivos marcados para esta edición. Así, han concluido las tareas de desescombro de la torre del abad y distintas salas del viejo cenobio y también se han abierto nuevos caminos de acceso al lugar. Junto a ello, se han realizado tres catas arqueológicas en la cocina, el primitivo refectorio de los monjes y en la zona de entrada al monasterio, donde hace unos veranos encontraron una fuente. Este verano, se han sumado a los trabajos cuatro restauradores que, voluntariamente, han rehabilitado varias claves de bóveda.

 

Las medidas de seguridad han reducido a 80 los voluntarios que han trabajado este año en el monasterio (otros veranos superaban el centenar), que han trabajado en «grupos estancos» de un máximo de 14 personas. Estos «grupos burbuja» no podían interferir con el trabajo de otros grupos, ni siquiera se reunían para comer juntos, como en otras ocasiones. Además, cada equipo tenía sus propias herramientas de trabajo.

 

Las limitaciones de aforo y las distancias de seguridad también impidieron que ayer domingo, varias personas se vieran imposibilitadas a acceder al monasterio para celebrar la eucaristía (en la que podían participar únicamente 150 personas) y al posterior concierto a cargo de Mariano Mangas y Hosman-13.

 

Fundación

 

Para garantizar la filosofía que subyace detrás del colectivo «Salvemos Rioseco» y aglutinar a todas las entidades implicadas en el proyecto, el pasado 21 de julio se constituyó la fundación «Monasterio Santa María de Rioseco». Esta nueva entidad jurídica permitirá, en palabras de Juan Miguel Gutiérrez, «mantener los valores que este monasterio puede aportar al mundo rural en el que vivimos», entre los que destaca «el cuidado de la cultura, del patrimonio, de nuestra historia y lo que hace que el trabajo de todos sirva para cuidar nuestros pueblos».

 

Las actividades en Rioseco continuarán durante el mes de agosto con varios eventos de carácter cultural. El 15 de agosto hay programada una gala lírica a las 19:00 horas, así como un concierto a cargo de Javier Bergia y Begoña Olavide (22 de agosto a las 18:00 horas) y otro de Fetén Fetén (el 27 de agosto a las 19:00 horas).

Un intenso fin de semana de visita pastoral

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El arzobispo, don Fidel Herráez Vegas, prosiguió durante el pasado fin de semana su visita pastoral a las parroquias de la diócesis. El sábado, coincidiendo con las festividad del apóstol Santiago, se desplazó hasta el arciprestazgo del Arlanza para conocer las parroquias de la unidad pastoral de Cebrecos, Nebreda, Quintanilla del Coco, Solarana y Tejada, así como la de Pampliega-Los Balbases.

 

En Cebrecos, donde presidió la eucaristía, se concitaron los vecinos de estas localidades, expresaron al arzobispo que el objetivo de estos pueblos es «procurar una nueva conciencia de comunidad, constituida por todas las poblaciones y personas cristianas de esta Unidad pastoral en el arciprestazgo, algo no fácil de conseguir en la situación actual», según detalla el párroco, Jesús Sancho. Este sacerdote reconoce que «la costumbre de que cada pueblo tenga una parroquia» forma parte de «una estructura rural que se está diluyendo» y debe ser «sustituida con imaginación y creatividad por otros modelos de agrupación con el fin de lograr una vivencia comunitaria, orientada a un estilo de comunión y de colaboración por el anuncio del evangelio». Por ello, el arzobispo animó a confiar en el Señor «para que podamos adquirir la santa audacia de buscar nuevos caminos como entramado de una comunidad de todos y para todos».

 

Por la tarde, el arzobispo se desplazó hasta Pampliega. Allí se reunió con los vecinos de esta localidad y de otras que pertenecen a la misma unidad pastoral y que atiende el sacerdote José Manuel Villarán. El arzobispo conoció la casa parroquial y las actividades que realizan desde la catequesis y Cáritas rural. Ya en la iglesia, el arzobispo presidió la eucaristía, recordando y pidiendo por los enfermos y difuntos de la pandemia por coronavirus. El arzobispo agradeció la labor que realizan los grupos parroquiales de preparación a las celebraciones, caridad, limpieza o catequesis.

 

Urrez, Arlanzón, Pineda y Villasur

 

El domingo, la visita pastoral se desplazó hasta la unidad pastoral de Juarros Arlanzón, en el arciprestazgo de San Juan de Ortega. Acompañado de su párroco, Raúl Pereda, visitó las localidades de Urrez, Arlanzón, Pineda de la Sierra y Villasur de Herreros. Tanto en Villasur como en Arlanzón, el arzobispo presidió la eucaristía en recuerdo por las víctimas de la pandemia sanitaria, uniéndose a la petición de la Conferencia Episcopal Española en una jornada nacional de oración por los difuntos y por todo el personal sanitario y de servicios que más han sentido el peso de la responsabilidad durante estos meses de epidemia. En Arlanzón se sumaron a la celebración el obispo emérito de Jaén, Ramón del Hoyo, y Agustín, sacerdote, ambos hijos del pueblo.

Campamentos urbanos para hacer más llevadera la pandemia

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Sin duda, no es lo mismo. Aunque las actividades han sido similares a las de un campamento habitual, han echado de menos la convivencia continua, la magia de las pernoctaciones, las veladas nocturnas y el contacto con la naturaleza. Con todo, las «extraordinarias» instalaciones del Seminario de San José han servido para que, este año tan atípico, más de 130 niños pudieran disfrutar del juego, la convivencia y la diversión después de largos meses de duro confinamiento sin apenas contacto con otros chicos y chicas de su edad. Ante la clausura de casi una treintena de campamentos de los que habitualmente se desarrollan en la provincia desde instituciones eclesiales (parroquias, movimientos, scouts u otras organizaciones) Voluntared – Escuela Diocesana ha sido la encargada de ofertar a la sociedad burgalesa cuatro semanas de campamentos urbanos para que los niños tuvieran «un espacio de encuentro lúdico, donde puedan desarrollarse no solo motrizmente, sino también emocionalmente». Además, estos campamentos urbanos han servido para que muchas familias pudieran encontrar el modo de «conciliar» el trabajo de los padres con el cuidado de los niños.

 

Ha sido el primer año que Voluntared ponía en marcha este tipo de actividad, cuyo balance es «muy positivo», según detalla su director, Juan José Ángel Madrid. «Nos quedamos con la buena aceptación y valoración de los padres, que nos han felicitado por lo bien que se lo pasan los chavales. También consideramos positiva la respuesta de los niños, que se lo han pasado genial, tanto que algunos se han reenganchado» y han participado en la actividad durante todo el mes.

 

Seguridad y diversión

 

Un coordinador general, cuatro monitores titulados y otros cuatro en prácticas han sido los encargados de poner la magia a estos campamentos urbanos que han contado con todos los avales sanitarios propuestos por la Junta de Castilla y León, incluida una evaluación de riesgos propia y un protocolo específico para la actividad. Juan José Ángel asegura que «el miedo ha sido la tónica dominante» durante todo el mes y, aunque «el riesgo cero no existe», lo cierto es que nadie ha salido contagiado. Para poder participar en el campamento, los padres debían firmar una declaración en la que se comprometían a no llevar a sus hijos al campamento si superaban los 37,3 grados de temperatura; debían garantizar que no habían tenido contacto con ninguna persona infectada por Covid en los 14 días previos al inicio de la actividad y se comprometían a informar a Voluntared si alguno de los participantes presentaba síntomas 14 días después de concluido el campamento. Además, los niños desinfectaban sus manos al entrar al Seminario (en el que estaban de 9 a 14 horas) y después de cada actividad, portaban mascarillas y otros dos voluntarios se encargaban, exclusivamente, de desinfectar los materiales empleados en los talleres y todas las instalaciones diariamente.

 

A pesar de la complejidad, los niños han disfrutado de numerosas iniciativas que han compaginado deporte, expresión corporal, juegos al aire libre, talleres, películas, cocina, juegos de agua y piscina, «una actividad atrayente» en un año en que numerosos pueblos han cerrado las suyas. Todo, gracias al Seminario, a quien Juan José no deja de agradecer por ayuda brindada: «Ha sido algo bueno para el propio Seminario, para Voluntared y para la Iglesia en general. Es muy positivo que la Iglesia preste estas instalaciones al servicio de la sociedad de Burgos y las familias lo han agradecido mucho, se han llevado otra impresión del Seminario y están muy contentas», asegura.

 

A pesar del asfalto y las heridas que ha provocado en las rodillas de muchos chavales, de las mascarillas y de las medidas de higiene, estos campamentos urbanos han sido todo un éxito. Quién sabe si, de aquí en adelante, se convertirán en una oferta veraniega más que la Iglesia en Burgos ofrezca a los niños durante los meses de verano…

Orar por los difuntos de una «desgarradora enfermedad»

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Normalmente, las campanas de la Catedral solo tocan a difunto cuando fallece el Santo Padre, el arzobispo de la diócesis o algunos de los canónigos de su cabildo. Hoy, sin embargo, este sonido tan peculiar se ha dejado sentir desde las torres de la fachada de Santa María como un quejido al cielo en una señal de duelo de toda la diócesis por los difuntos que la crisis sanitaria ha dejado en nuestra provincia, que ascienden a 217 según los últimos datos oficiales. Dentro del templo, familiares de las víctimas y representantes de la sociedad civil, como miembros de los cuerpos y fuerzas de seguridad, personal sanitario y miembros de la pastoral de la salud, protección civil y autoridades políticas han asistido a un sentido y sobrio funeral diocesano presidido por el arzobispo, don Fidel Herráez Vegas, en el que se ha rezado por los difuntos de esta «desgarradora enfermedad» y por todas las personas que «han sufrido y continúan sufriendo esta pandemia que aún no ha acabado».

 

Para el arzobispo, la crisis sanitaria «nos sobrevino, nos envolvió y nos sobrepasó sin que pudiéramos imaginarlo». En el camino, la sociedad española ha sido testigo, como ha recordado en su homilía, del desbordamiento de los hospitales, el confinamiento social, la parada de la mayor parte de procesos laborales y productivos y la enfermedad mortal para muchas personas, que no pudieron despedirse de sus seres queridos. «A todos y a cada uno de ellos» se ha querido recordar en la celebración de esta tarde con unas velas encendidas desde el cirio pascual en representación de los arciprestazgos de la diócesis, como una manifestación de la «trabazón existencial que nos vincula» con los difuntos «por el mismo Espíritu del Señor».

 

«Ellos gozan ya del cielo nuevo y la tierra nueva; gozan de Dios, que es el Amor con mayúsculas». «Dios nos revela y nos dice que lo que hay después de este mundo es amor, y el Amor es él. Dios ya está con ellos y enjugará sus lágrimas, que tuvieron que pasar solitos. Para ellos ya no hay llanto, ni luto, ni dolor, porque Dios hace todo nuevo para ellos», ha asegurado.

 

Solidaridad y responsabilidad

 

Don Fidel ha querido también tener un recuerdo «a los familiares, amigos y seres queridos de cada uno de estos fallecidos», así como a cuantas personas en los ámbitos social, sanitario, religioso han comprometido sus trabajos y sus vidas saliendo al paso de la pandemia, a cuantos siguen enfermos y muriendo y a los que «han sufrido hondamente soledad, abandono, hambre» y los que están padeciendo las consecuencias de esta pandemia por «fisuras familiares, paro laboral o exclusión social».

 

Para el pastor de la diócesis es el momento de «la verdadera solidaridad entre nosotros», de «estar cercanos activamente a quienes han perdido  sus familiares compartiendo el duelo y acompañándolos en su caminar mientras aún tienen heridas abiertas». Es el momento de una «esperanza activa, que nos mueva a la acción y a no quedarnos de brazos cruzados», a estar al lado de los enfermos y el personal sanitario, así como a quienes han perdido el trabajo.

 

El arzobispo ha hecho, además, una llamada a la responsabilidad, especialmente a los jóvenes, a quienes ha pedido «no estropear la sociedad, que es vuestra» con la «irresponsabiliadd de vivir superficialmente, haciéndonos daño a todos». «Me atrevo a decirles con cariño que su responsabilidad es respetarnos por el bien de todos», ha insistido.

 

La celebración ha sido retransmitida por el canal de YouTube de la diócesis y ha contado con la participación de varios voluntarios, que han dado su pésame a los presentes y han seguido las pautas recomendadas para cumplir con las medidas de seguridad. Entre las autoridades se encontraban el alcalde, Daniel de la Rosa, el vicepresidente de la Diputación, Lorenzo Rodríguez, el subdelegado del Gobierno, Pedro de la Fuente, y el delegado territorial de la Junta, Roberto Saiz. El funeral se ha enmarcado dentro de la jornada de oración por las víctimas de la pandemia propuesta por la Conferencia Episcopal Española para el día de ayer.

 

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