El cartel de la Semana Santa de Burgos 2026 rinde homenaje a la Virgen de la Alegría en su 300 aniversario

por redaccion,

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La iglesia de San Nicolás ha acogido esta mañana la presentación oficial del cartel de la Semana Santa de Burgos 2026, en un acto que ha contado con la participación de la alcaldesa de Burgos, Cristina Ayala; el presidente de la Junta de Semana Santa, José Juan Jiménez; y el abad de la Junta, Agustín Burgos. El cartel conmemora el 300 aniversario de la cofradía de la Virgen de la Alegría y representa uno de los momentos más reconocibles de la Semana Santa burgalesa: el encuentro del Domingo de Resurrección entre la Virgen de la Alegría y Cristo Resucitado en la plaza de Santa María.

 

La regidora municipal ha subrayado que la elección del lugar y de la imagen «no es casualidad, sino un acto de coherencia histórica y de profundo respeto por las raíces burgalesas», destacando que se trata de «nuestra carta de presentación para la Semana Santa de 2026, que va mucho más allá de los muros de nuestra ciudad».

 

Ayala ha reafirmado el compromiso del Consistorio con la Semana de Pasión, a la que ha definido como «una de las grandes expresiones culturales e identitarias de Burgos», recordando que, sin perder su fundamento religioso, se ha convertido también en un elemento clave de proyección cultural y turística para la ciudad. En este sentido, ha anunciado que el Ayuntamiento trabaja para lograr la declaración de la Semana Santa de Burgos como Fiesta de Interés Turístico Internacional, con el objetivo de alcanzar los diez impactos exigidos en medios de comunicación internacionales. «Estamos trabajando con agencias de comunicación para conseguir esos impactos en medios extranjeros» que tengan relevancia en sus respectivos países, ha explicado, señalando que este esfuerzo busca situar la Semana Santa burgalesa en el panorama internacional y reforzar la imagen de marca de la ciudad.

 

Ventana abierta

 

Por su parte, el nuevo presidente de la Junta de Semana Santa, José Juan Jiménez, ha señalado que el cartel es «una ventana abierta» tanto al interior como al exterior: al interior, para reconocer el trabajo silencioso y constante de cofradías, bandas y voluntarios durante todo el año; y al exterior, como la primera imagen que se proyectará de la Semana Santa de Burgos más allá de la ciudad. «La Semana Santa no se puede entender sin el hecho religioso, sin la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo; pero también es cultura, tradición, patrimonio y marca de ciudad», ha afirmado. En este contexto, ha anunciado que el pregón de la Semana Santa 2026 será pronunciado por el periodista Ernesto Sáenz de Buruaga, un nombre burgalés de proyección nacional e internacional que ya trabaja «con ilusión» en su alocución el próximo 14 de marzo en la catedral.

 

El abad de la Junta de Semana Santa, Agustín Burgos, ha explicado el simbolismo del cartel, construido en torno a tres elementos principales: «La sombra de la noche, la luz de la mañana de resurrección y los testigos de esa muerte y resurrección, representados por la imagen de la catedral». La imagen de la Virgen de la Alegría, iluminada por la luz del Resucitado, se sitúa «entre la sombra y la luz», reflejando el paso del dolor a la esperanza y recordando que «todos los que viviremos la Semana Santa de 2026 somos también testigos hoy». Una imagen que une historia, fe y presente, y que aspira a ser el emblema de una Semana Santa que Burgos quiere proyectar al mundo entero.

La Casa Sacerdotal se reforma: «El hogar digno que los sacerdotes merecen»

por redaccion,

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El arzobispo, monseñor Mario Iceta, ha inaugurado esta mañana la conclusión de la primera fase de rehabilitación de la Casa Sacerdotal. Tras más de un año de trabajo, se ha intervenido en la primera planta del edificio, construyendo doce habitaciones «con plena accesibilidad y sin barreras arquitectónicas», amplias y con baños adaptados para facilitar la estancia a residentes con sillas de ruedas o movilidad reducida. Además, se han construido dos «unidades de convivencia», espacios diáfanos en los pasillos que crean lugares donde los residentes pueden disfrutar de encuentros y que dispondrán de cocina, sofás, mesas y sillas. También se han ampliado los pasillos para permitir el tránsito de sillas de ruedas y se han mejorado la calefacción y los sistemas de ventilación y anti incendios y la red de internet y comunicación interna.

 

«Queremos que sea una casa de futuro, un lugar sacerdotal con sabor a hogar», ha explicado el arzobispo. Para el prelado, más allá de «la bondad y excelencia de las estructuras», ha señalado que «son las personas las que hacen cálido un espacio», animando repetidamente a los sacerdotes a convertir este lugar en «un hogar».

 

Gracias al terreno ganado a la antigua terraza, se han construido amplias habitaciones diáfanas, acondicionadas con mobiliario de alta calidad, pensando en la mayor comodidad para los sacerdotes mayores que habitan esta casa. «Hemos querido construir el hogar digno que ustedes merecen», como ha explicado Berta Carpintero, la arquitecto que ha diseñado la obra. La intervención se ha concluido con tonos neutros y cálidos, con un suelo de tipo madera y pasamanos en los pasillos para dar un aspecto acogedor al edificio. Los baños están totalmente adaptados y la luz natural juega un papel protagonista en habitaciones y zonas comunes.

 

Actualmente, 75 sacerdotes habitan en este lugar del paseo de los Cubos, algunos acompañados de hermanos o familiares con los que han convivido a lo largo de su ministerio. Para el director de la Casa, Julián Galerón, es vital que «los sacerdotes se sientan a gusto, donde puedan entrar y salir con libertad y puedan convivir con otros hermanos. Esta es su casa». Tras casi 50 años de funcionamiento, se hacía urgente intervenir en el inmueble, haciendo más confortable la vida de sus residentes.

 

A partir de la próxima semana, comenzará la ejecución de una nueva fase de rehabilitación, interviniendo en las habitaciones del segundo piso y acometiendo reformas en los antiguos espacios comunes de la primera planta. Se pretende también reformar la cocina y la lavandería y crear nuevas salas de estar donde acoger a invitados y espacios donde realizar talleres, gimnasio y servicios de peluquería y podología.

«Terminar el Jubileo no significa terminar nuestra vida cristiana»

por Natxo de Gamón,

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La ciudad de Burgos ha vivido este domingo la ceremonia de clausura del año jubilar Peregrinos de Esperanza en la catedral de Burgos, que ha marcado el fin de un tiempo santo de gracia, conversión y esperanza vivida en comunión por toda la archidiócesis. El acto ha estado presidido por Mons. Mario Iceta Gavicagogeascoa, arzobispo de Burgos, y ha congregado a numerosos fieles venidos de distintos puntos de la archidiócesis para dar gracias a Dios por este tiempo de gracia. También han concelebrado Mons. Fidel Herráez Vegas, arzobispo emérito de Burgos, y Mons. Ramón del Hoyo López, obispo emérito de Jaén, junto a gran parte del presbiterio burgalés.

 

El Jubileo, que se inauguró solemnemente en la archidiócesis el 29 de diciembre de 2024 bajo el lema Peregrinos de Esperanza, ha coincidido además con la conmemoración del 950 aniversario del traslado de la sede episcopal de Oca a la ciudad de Burgos, un hito en la historia eclesial de la archidiócesis.

 

La celebración ha comenzado con una procesión de entrada hasta el altar mayor, en la que han participado, además de los concelebrantes, los miembros del Consejo Pastoral Diocesano, así como representantes de los arciprestazgos y de las delegaciones, departamentos y secretariados diocesanos. En el rito de apertura, hace un año, el arzobispo proclamó que esta etapa se inspira en la misericordia y la esperanza, invitando a vivir la fe de manera renovada.

 

La celebración eucarística ha estado jalonada por la centralidad de la cruz en el año jubilar, la oración de los fieles, la presentación de los dones, la comunión bajo las dos especies, el canto de acción de gracias, la bendición solemne y la despedida, que han tenido especialmente presente el Jubileo.

 

«La familia es imagen de Dios»

Durante la homilía, Mons. Iceta ha agradecido la participación de los fieles, especialmente de quienes han recorrido largos trayectos para acudir a la Catedral, confiando en que regresaran a sus hogares «con el corazón encendido por la gracia de Dios y la esperanza de este jubileo». Coincidiendo con la liturgia del domingo de la Sagrada Familia, el arzobispo ha subrayado la vocación del matrimonio y de la familia como camino de santidad, recordando que «la familia es imagen de Dios, que es comunión de personas, y no estamos hechos para la soledad».

 

El prelado ha destacado también que el matrimonio cristiano es signo del amor de Cristo por su Iglesia, afirmando que «cada cónyuge es cauce de la gracia que Dios ha establecido para el otro», y ha animado a acompañar con cercanía las fragilidades y dificultades de las familias, especialmente en el contexto actual.

 

Refiriéndose a la vida cristiana, Mons. Iceta ha advertido del riesgo de querer vivir la fe prescindiendo de Cristo, recordando que «lo esencial de nuestra vida cristiana es acoger el don de Cristo» y vivir «todo en su nombre, dando gracias al Padre». En este sentido, ha señalado que incluso en medio del sufrimiento y de las dificultades «toda nuestra vida es ocasión de dar gracias a Dios, que jamás nos abandona».

 

Al reflexionar sobre la figura de san José, el arzobispo ha puesto de relieve su actitud de confianza y disponibilidad ante la voluntad de Dios, recordando que «Dios inspira y sostiene nuestra historia, pero no ahorra dificultad ni sufrimiento», y animando a vivir el trabajo, el esfuerzo y la generosidad como caminos bendecidos por el Señor.

 

Una oportunidad de «renovación espiritual y eclesial»

En la parte final de la homilía, Mons. Iceta ha subrayado el sentido profundo del año jubilar Peregrinos de Esperanza, recordando que la esperanza cristiana «no es una ilusión ni un deseo humano, sino la certeza fundada en el amor de Dios manifestado en Cristo, que nunca nos deja». Ha destacado que este tiempo ha sido una oportunidad de «renovación espiritual y eclesial, de reconciliación con Dios y con los demás, y de suscitar nuevos caminos de evangelización».

 

El arzobispo ha recordado que el Jubileo se ha traducido en gestos concretos de caridad y justicia, especialmente con los pobres, los migrantes, los enfermos, las personas mayores y las víctimas de la trata de personas, y ha insistido en que «terminar el Jubileo no significa terminar nuestra vida cristiana, sino abrir un tiempo nuevo de historia de salvación personal y eclesial».

 

Finalmente, Mons. Iceta ha confiado a la Virgen María los frutos de este año jubilar, pidiendo que siga acompañando a la archidiócesis «en la esperanza que no defrauda y en el amor que brota de Cristo, Señor de la historia y de nuestras historias».

 

La celebración ha contado con la participación de la Orquesta y Coro del Conservatorio Profesional de Música Rafael Frühbeck de Burgos que ha acompañado la celebración eucarística con piezas que han resonado en el templo mayor de la archidiócesis, realzando el ambiente de acción de gracias y fiesta.

 

Al término de la misa, el arzobispo ha agradecido a todos los que han participado activamente en las celebraciones jubilares y ha invitado a todos los asistentes a un chocolate caliente con bizcochos.

 

Con este acto, la archidiócesis de Burgos pone punto final a un año jubilar que ha tenido como eje la esperanza cristiana, animando a todos a vivir la fe con renovada confianza y compromiso en medio de los desafíos del mundo actual.

 

El obispillo 2025 pide protección y cuidado para todos los niños del mundo

por Natxo de Gamón,

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La ciudad de Burgos ha vuelto a celebrar este 28 de diciembre la fiesta del obispillo, una tradición navideña en la que uno de los niños de la Escolanía de los Pueri Cantores de la Catedral asume de manera simbólica este papel durante la festividad de los Santos Inocentes. Este año, el elegido ha sido Beltrán Rubio, un niño de 12 años, aficionado al baloncesto y a la música, que toca la trompeta en la banda de San Gil.

 

Beltrán ha participado en los ritos celebrados en el Monasterio de la Visitación de las Salesas, junto al canónigo responsable de la Escolanía, Agustín Burgos Asurmendi. Allí se han revestido el obispillo, el vicario general y los dos secretarios, y el obispillo ha ofrecido sus primeras palabras a la feligresía. Posteriormente, se han impuesto las túnicas a los nuevos escolanos y el obispillo ha presentado una pequeña imagen del Niño Jesús para su adoración. Todo ello ha estado acompañado por los cantos de la Escolanía.

 

Tras la celebración, los miembros de los Pueri Cantores han acudido al locutorio de las madres salesas, que han agasajado a los niños con dulces, gesto que estos han agradecido con su canto. Posteriormente, en procesión, se han dirigido al Palacio Arzobispal para saludar al arzobispo de Burgos.

 

Mons. Mario Iceta Gavicagogeascoa ha recibido al obispillo en el vestíbulo del Arzobispado y le ha mostrado el belén instalado a los pies de la escalera principal. A continuación, ha acompañado al obispillo al Salón del Trono, donde, como marca la tradición, se han intercambiado unas palabras.

 

Durante el encuentro, Beltrán ha elevado una petición en nombre de todos los pequeños, pidiendo que «todos los niños podamos seguir disfrutando del amor, la protección y la educación de nuestros mayores» y reclamando el compromiso de toda la sociedad para que «no haya niño en el mundo que sufra las injusticias». Ha recordado también las preocupaciones del mundo actual, como los conflictos armados y «la falta de amor en muchos lugares», convencido de que «el amor podrá con todo».

 

Por su parte, el arzobispo ha agradecido las palabras del obispillo y ha destacado la importancia de que los Pueri Cantores sigan siendo cantera para la Catedral, afirmando que «desde niños se van incorporando y se va enriqueciendo lo que es el coro de la Catedral». Mons. Iceta ha recordado que «en la medida en que glorificamos a Dios es cuando amanece la paz en el mundo», subrayando que la música y el canto son instrumentos de paz y de comunión.

 

El arzobispo ha valorado especialmente el mensaje del Obispillo en favor del cuidado y la protección de los niños, deseando que «no haya niños de la guerra, que no haya niños abandonados, que haya paz y armonía en las familias». Asimismo, ha señalado que los coros «no solo forman parte de la liturgia, sino también del tejido cultural y social de nuestra ciudad», animando a los Pueri Cantores a seguir siendo «portavoces y embajadores de Burgos».

 

Desde el Palacio Arzobispal, el Obispillo se ha dirigido después a la calle de Nuño Rasura, donde le esperaba el caballo con el que ha recorrido el centro histórico de la ciudad hasta la Casa Consistorial. Desde el balcón del Ayuntamiento, ha saludado a la alcaldesa y ha dirigido su mensaje a los burgaleses, poniendo el broche final a una de las tradiciones más entrañables del tiempo de Navidad en Burgos.

El ministerio diaconal, «servicio callado, constante y alegre»

por Natxo de Gamón,

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Desde este sábado, 20 de diciembre, la Iglesia en Burgos cuenta con dos ministros más. Rodrigo Camarero Abad y Abner Muñoz Ruiz han entrado a formar parte del orden de los diáconos, tras su ordenación de manos de Mons. Mario Iceta Gavicagogeascoa, arzobispo de Burgos, en el altar mayor de la catedral de Santa María la Mayor. Una solemne ceremonia eucarística de ordenación diaconal en la que el arzobispo ha invitado a estos dos jóvenes a confiar en Dios en medio de la duda, a servir al plan de salvación y a ejercer el ministerio diaconal como un servicio humilde y esperanzado al Señor y a los hombres.

 

Ante gran parte del presbiterio burgalés, de Mons. Ramón del Hoyo López, obispo emérito de Jaén; y de sus familiares y seres queridos, estos dos jóvenes han dado un paso adelante en su camino al sacerdocio. Rodrigo, del Seminario de San José, y Abner, del Redemptoris Mater Santa María la Mayor, han recibido la imposición de manos del arzobispo, tras prometerle obediencia y respeto a él y a sus sucesores, y la plegaria de ordenación diaconal. También se les ha hecho entrega de las vestiduras propias del diácono: la estola, cruzada sobre el hombro izquierdo, y la dalmática y, revestidos con ellas, han recibido el Evangelio, que desde ahora podrán proclamar en la liturgia.

 

«Ayudar a Dios a entrar en el mundo»

Todo ello se ha producido tras la homilía, en la que Mons. Iceta, partiendo de la primera lectura del profeta Isaías, ha invitado a los nuevos diáconos y a toda la asamblea a «aprender a confiar en la perplejidad y la duda», evocando el encuentro entre el profeta y el rey Ajaz. Ha recordado que el monarca se encontraba paralizado ante la presión de alianzas enfrentadas y que Dios le pidió no apoyarse en estrategias humanas, sino permanecer fiel a la alianza. «Ni con unos ni con otros, con el Señor», ha subrayado, advirtiendo con las palabras de la Escritura: «Si no creéis, no subsistiréis».

 

El prelado ha destacado que la iniciativa es siempre de Dios, que ofrece una señal incluso cuando el ser humano duda. En ese contexto ha recordado el anuncio del Emmanuel, «Dios con nosotros», signo de una salvación que no se impone con fuerza, sino que se manifiesta en la pequeñez de un niño. Ha vinculado esta lógica divina con el propio gesto sacramental de la ordenación, «un gesto tan pequeño» como la imposición de las manos, que introduce a los ordenandos en un servicio «callado, constante y alegre».

 

Al hilo del salmo responsorial, el arzobispo ha señalado que la misión del ministro ordenado consiste en «ayudar a Dios a entrar en el mundo» y en acompañar a los hombres para que puedan «subir al monte del Señor». Ha precisado que el Reino de Dios no es una categoría política ni ideológica, sino una realidad personal, porque «Cristo es el Reino», y ha afirmado que el diaconado se sitúa al servicio de ese Reino que se implanta a través del amor y el servicio.

 

El diaconado es un ministerio llamado a «sembrar esperanza»

En ese marco, ha recordado que Dios dirige la historia, pero cuenta con la colaboración humana. El ministerio del diácono, ha explicado, es ponerse al servicio del Señor y, con Él, al servicio de una humanidad herida y desorientada. Ese servicio se concreta, ha señalado, en los tres ámbitos propios del diaconado: la Palabra, el altar y la caridad.

 

Como servidores de la Palabra, los diáconos han sido exhortados a dejarse envolver por el Evangelio para hacerlo vida y anunciarlo con coherencia. Como servidores del altar, han sido llamados a distribuir «con generosidad el pan de vida», el Cuerpo y la Sangre de Cristo entregados sin medida. Y como servidores de la caridad, se les ha recordado que solo quien se deja lavar primero por el Señor puede servir auténticamente a los demás, desde la humildad y la mansedumbre.

 

En referencia al año jubilar Peregrinos de Esperanza que está a punto de concluir, el arzobispo ha insistido en que el diaconado es un ministerio llamado a «sembrar esperanza», vivido con alegría y constancia. En ese contexto, ha citado al papa Francisco para subrayar que evangelizar es «hablar de Cristo, con el testimonio o la palabra, de tal manera que los demás no tengan que hacer un gran esfuerzo para quererlo», y ha animado a no tener «vergüenza de reconocer la amistad con Él».

 

La homilía ha concluido recordando que el servicio a los demás no aleja de Cristo, sino que permite encontrarlo «de otra manera», porque «es su amor el que se manifiesta a través de nuestro servicio». Encomendando el ministerio de los nuevos diáconos a la Virgen María, el arzobispo ha pedido que ella los acompañe en los momentos de fragilidad, recordándoles siempre: «¿No estoy yo aquí, que soy tu madre?».

 

«Sin ellos, no habríamos respondido nunca ni habríamos perseverado»

Tras la ordenación diaconal, Rodrigo y Abner han comenzado a ejercer su ministerio participando en el servicio del altar: preparándolo, entregándole la patena y el cáliz al arzobispo, incensando y sosteniendo el cáliz en la doxología. Además, también han distribuido la sagrada comunión a los fieles y han despedido al pueblo con el saludo «podéis ir en paz».

 

Antes de concluir la celebración, los nuevos diáconos han dirigido unas palabras de agradecimiento a sus familias, a los sacerdotes que los han acompañado en este camino vocacional y también a las personas que han rezado por ellos y por sus vocaciones. «Sin ellos, no habríamos respondido nunca ni habríamos perseverado», ha dicho Rodrigo en nombre de los dos.

 

Con esta ordenación diaconal, la Iglesia en Burgos ha incorporado a dos nuevos ministros ordenados al servicio del Evangelio, llamados a ejercer su ministerio como servidores de la alegría, de la esperanza y del amor de Cristo en medio del mundo.