Fue en 1947 cuando la plaza del Rey San Fernando acogió por primera vez la procesión del Encuentro. Pocos años antes, la parroquia de San Gil Abad había refundado la «Cofradía Noble de la Sangre de Cristo», cuyos orígenes se remontan a finales del siglo XVI, llamándose desde entonces «Real Hermandad de la Sangre del Cristo de Burgos y Nuestra Señora de los Dolores». Al otro lado del Arlanzón, en la parroquia de San Cosme y San Damián se redactan unos nuevos estatutos para su «Archicofradía del Santísimo Sacramento y de Jesús con la Cruz a Cuestas», del siglo XVIII. En plena posguerra, y en una incipiente Semana Santa que empezaba a coger auge, ambas hermandades decidieron aliarse para organizar una de las procesiones más emotivas de la capital. Pasados 15 lustros de aquel acontecimiento, cada Jueves Santo miles de burgaleses presencian el Encuentro entre Jesús con la Cruz a Cuestas (obra de Ildefonso Serra, 1901) y la Virgen de los Dolores (una talla barroca del siglo XVIII y autor desconocido) en una procesión que ha ganado en belleza y fervor con el pasar de los años.
Hoy, las imágenes son portadas a hombros de decenas de costaleros, la maestría de las bandas de ambas cofradías aumentan la emotividad, se intercambian flores entre representantes de ambas cofradías y la megafonía y las alocuciones que por ella se escuchan hacen el resto. Y el público estalla en aplausos. «Cuando haya dejado este mundo y haya sido por vuestro amor juzgado, si me hubiéreis concedido el cielo y estar con aquellos que me amaron, permitid volver a mi pobre alma cada tarde del Jueves Santo a esta vieja y bendita plaza, a este altar pétreo y sagrado. Y que otra vez mis hombros te sustenten para llevarte en un cálido abrazo hasta tu hermosa Madre Dolorosa, aquella que te acunó en su regazo. Y que cuando el día por fin decline y concluya este encuentro sagrado, se una a los que inundan la plaza y a las almas de todos los que he amado para otra vez más rasgar el silencio proclamando hasta lo más alto: «¡Viva la virgen Dolorosa, viva ese Cristo al que tanto amo!»», ha recitado a voz en cuello Juan José Estalayo, miembro de la cofradía con sede en San Cosme, acompañado de la guitarra de Mariano Mangas.
Emoción contenida que ha podido seguirse en directo para toda España y medio mundo gracias a las bellas imágenes de Televisión Española [ver de nuevo aquí], en una emisión de más de dos horas conducida por Juan Carlos Ramos.
Hacía cuatro años que la procesión no se celebraba como tal, después de dos años de interrupción por la pandemia y la suspensión de parte del desfile en 2019 a causa de la lluvia. Tras el Encuentro a los pies de la Catedral, la imagen de Jesús con la Cruz ha cuestas ha hecho entrada en la Catedral, donde miembros de su cofradía han realizado una estación a Jesús sacramentado, reservado en el monumento de la Escalera Dorada, antes de volver a su parroquia. Por su parte, la imagen de la Virgen de los Dolores ha regresado a su parroquia de San Gil, donde ha sido recibida con el canto de la Salve popular. Antes de la procesión, don Mario Iceta ha presidido en la Catedral la solemne eucaristía de la Cena del Señor.
Tras cuatro años de parón a causa del mal tiempo, primero, y de la pandemia, después, el fervor volvió anoche a tomar las calles del centro de la ciudad tras la salida de la Virgen del Amor Hermoso desde la iglesia de San Lorenzo el Real. Cuarenta y seis mujeres sacaron del templo con maestría la talla, una imagen de vestir de autor anónimo, que arrancó aplausos y lágrimas entre las numerosas personas congregadas. Un requiem de Fauré, varios poemas proclamados antes de la salida y la habilidad de la banda de cornetas y tambores de la Coronación de Espinas y Cristo Rey, organizadores de la procesión (también protagonizan la del Domingo de Ramos), favorecieron la emoción.
La Virgen, que estrenaba nuevo trono de líneas malagueñas, con un gran manto negro en señal de luto e iluminada por 46 velones (uno por cada costalera), salió de la iglesia precedida por el misterio de la Coronación de Espinas (Francisco de Borja, 1945), esta vez portado por 40 costaleros, entre ellos también algunas mujeres, que hicieron más que milagros para sacar la imagen a la calle, poniéndose de rodillas y algunos, incluso, tumbados. La oscuridad que invadía las calles dio más realce al emotivo momento, fotografiado por cientos de móviles.
La procesión, que salió puntual y se extendió durante tres horas, recorrió las angostas calles de San Lorenzo, San Carlos, Almirante Bonifaz, San Juan, Laín Calvo y Arco del Pilar, hasta volver a la parroquia. Allí, de nuevo, las y los costaleros volvieron a mostrar su habilidad, introduciendo en la iglesia los pasos, esta vez, caminando hacia atrás.
No fue la única procesión en salir a las calles el Miércoles Santo. Horas antes, desde la iglesia parroquial de San Lesmes Abad, la imagen de Jesús Crucificado acompañó un Via Crucis Penitencial por las calle Vitoria, Santander y San Juan. Por la mañana, el arzobispo, don Mario Iceta, presidió en la Catedral la solemne misa crismal.
El arzobispo de Burgos, don Mario Iceta Gavicagogeascoa, ha presidido esta mañana en la Catedral la solemne Misa Crismal, en la que se bendicen los óleos de quienes van a ser bautizados y de los enfermos y se consagra el Santo Crisma con el que se ungen a los nuevos presbíteros y obispos.
El pastor de la Iglesia burgalesa ha insistido en su homilía en que «desde el bautismo nuestras vidas tienen que ser misión», porque «el ser de la Iglesia es ser misión». Y esa misión es «dar la buena la Buena Noticia, curar, proclamar el Año de Gracia, consolar…». «Hoy es cuando más se necesita esa entrega», ha subrayado, pues la unción sacerdotal «puede llegar a donde las personas más lo necesitan», ya que «algunos ansían a Dios aun sin saberlo». «La unción nos ha capacitado y nos impulsa a entregar la vida». «Tenemos delante una tarea inmensa donde hay tantos campos de huesos secos que necesitan el Espíritu del Señor para ser curados». «Volvamos a decir: aquí estoy, envíame», ha animado a los sacerdotes. «Aunque esté más mayor y tenga menos fuerzas, vuelvo a estar aquí para que me envíes, pues tu fidelidad llega hasta la eternidad».
Aunque ha pedido «evitar encorvar la mirada hacia nosotros», por ser posible fuente de «tristeza y desesperanza», ha exhortado a los sacerdotes a «no escandalizarnos de nuestras propias llagas» y «mirar al horizonte» para que aparezca «la alegría y la esperanza de la misión». También les ha animado a «entretejer nuestra vida presbiteral, a no estar solos, pues la soledad mata»: «¡Ánimo, compañeros, la vida es difícil pero apasionante!», les ha alentado.
En la eucaristía, los sacerdotes también han renovado las promesas de entrega a Dios, a la Iglesia y a los hermanos que realizaron el día de su ordenación presbiteral.
Siete son las frases o «Palabras» que Jesús pronunció en la cruz momentos antes de morir tras una larga agonía. Recogidas por los cuatro evangelistas, la meditación de cada una de estas sentencias comenzó a extenderse por toda la cristiandad entrado el siglo XVI, después de las predicaciones que jesuita peruano Francisco del Castillo realizaba cada Viernes Santo. La tradición arraigó también en España y, siglos después, Casa Quintana (Zaragoza, 1902) las dejó impresas en siete faroles de vidrio con forma de cruz que custodia en la actualidad la cofradía de las Siete Palabras de Burgos, fundada en 1986. Desde 2018, estos faroles, junto a la réplica del Santo Cristo de Burgos, procesionan el Martes Santo, con salida y regreso a la Catedral, donde tiene su sede esta hermandad, recorriendo las calles de Santa Águeda, Barrantes, plaza Castilla, paseo de la Audiencia, arco de Santa María y plaza del Rey San Fernando.
Hoy, después del parón de la pandemia, las siete palabras de Cristo han sido escuchadas de nuevo por los burgaleses que, entrada la noche, han querido contemplar el desfile, en el que el santo Cristo articulado ha sido portado a hombros, desafiando la lluvia. No ha ocurrido lo mismo con el popular rosario penitencial obrero que recorre las calles del Vega, y que ha sido finalmente celebrado en la sede del Círculo Católico. Cada una de las siete palabras ha ido acompañada por las reflexiones de algunos los cofrades sobre cuestiones referentes a la vida de fe.
Una talla con leyenda
La historia del Santo Cristo está cargada de leyenda. Varios documentos aseguran que llegó a la península en un barco y que el baúl que lo guardaba fue rescatado de una tempestad y traído hasta Burgos. Desde la Edad Media, el Santo Cristo es el mejor embajador de la ciudad y la devoción que arraigó en Burgos se extendió rápidamente gracias a la difusión que le dieron los Agustinos por ciudades de la península y de todo el mundo.
Se trata de una talla de origen flamenco y de autor desconocido al que se le dotó de pelo y uñas naturales a base de astas de diversos animales y cuyo cuerpo se recubrió con piel de becerro para dar más realce a las representaciones catequéticas que con él se realizaban en la Baja Edad Media y que también se han recuperado en la mañana del Viernes Santo burgalés. El Cristo está articulado en el cuello, los brazos y las piernas y su interior alberga incluso una calabaza hueca que, según diversas hipótesis, podía llenarse de vino para que saliera por la abertura de su costado, traspasado por la lanzada.
La parroquia del Espíritu Santo celebra el Jubileo.
A lo largo del primer trimestre de este año 2022, la parroquia del Espíritu Santo ha celebrado el jubileo en el marco del Año Santo otorgado por el 800 aniversario de la Catedral. En primer lugar, los diferentes grupos parroquiales trabajaron y reflexionaron el significado del jubileo y lo que supone celebrarlo en el tiempo de cuaresma.
Posteriormente, durante la semana del 14 al 20 de marzo, se concentró la actividad jubilar en varios momentos: el lunes 14 y el martes 15 las charlas cuaresmales animadas por Agustín Burgos, canónigo de la catedral y delegado de liturgia, situaron el jubileo en el contexto bíblico y animaron a la comunidad a la oración desde el itinerario jubilar; el miércoles 16, la celebración del perdón invitaba a acoger la misericordia del Padre; y, por último, el sábado 19, día central del jubileo, se celebró una peregrinación desde la parroquia hasta la puerta de Santa María, a los pies de la Catedral. Tras la protocolaria foto grupal, el propio Agustín Burgos acogía a los peregrinos y los invitaba a traspasar la Puerta del Perdón la puerta y adentrarse en la catedral. Allí, frente a la imagen de Santa María la Mayor, oraron juntos y depositaron la tierra de su barrio junto a la de tantos otros que servirán para arropar al árbol del jubileo.
Concluidos los ritos jubilares de acceso a la catedral, se celebró la eucaristía con la presencia y participación de familias y niños de catequesis, de jóvenes, de representantes de los diferentes grupos parroquiales, además de otros muchos miembros de la comunidad. Una celebración cercana, viva, con un fuerte sentido de agradecimiento a los frutos del trabajo comunitario y de compromiso -gesto jubilar- en forma de ayuda económica tanto al proyecto misionero de Jorge López y Gabriel Rodríguez en Zambia, como para Cáritas internacional en su esfuerzo por apoyar a las familias que huyen de la guerra en Ucrania.
Terminada la Misa jubilar, y en la Plaza de San Fernando, se realizó un sencillo gesto público festivo y de oración por la paz en el mundo, teniendo presente no sólo la situación de Ucrania sino las decenas de conflictos armados que hoy en día se están produciendo.