Los migrantes, misioneros de esperanza

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El 5 de octubre se celebrará la Jornada Mundial del Migrante y Refugiado, una cita internacional que en Burgos se adelantará al domingo 28 para permitir su desarrollo en las celebraciones dominicales y para hacerlo coincidir con el Jubileo diocesano de los Migrantes y Misioneros. Como una especie de previa a esta jornada, ayer lunes el paseo Sierra de Atapuerca volvió a acoger un círculo de silencio, en el que se manifestó que los migrantes son «misioneros de esperanza».

 

«Su valentía y tenacidad son un testimonio heroico de una fe que ve más allá de lo que nuestros ojos pueden ver y que les da la fuerza para desafiar la muerte en las diferentes rutas migratorias contemporáneas», se leyó en un manifiesto, repitiendo las palabras del papa León. Según se escuchó, los migrantes son misioneros de esperanza porque «renuevan nuestras comunidades cristianas, traen frescor y olor a evangelio, y contribuyen al progreso de la sociedad que los acoge».

 

En el acto se reprocharon los miedos y rechazos que genera la migración a la sociedad actual, subrayando, por ejemplo, las reticencias en la distribución de menores no acompañados por el territorio nacional. También se lamentó la indiferencia ante el «genocidio» en Palestina, que ha dejado más de 64.000 muertos en Gaza, más de 1.000 en Cisjordania, y millones de personas moviéndose por una tierra insegura de la que les quieren expulsar.

 

De igual modo se recordó a los desplazados en las guerras de Ucrania, Sudán, Congo, Nigeria, Mozambique y Nicaragua…, así como los miles de migrantes que han perdido la vida en las fronteras y en el mar, como los 143 muertos y desaparecidos el 29 de agosto en un cayuco que viajaba de Mauritania a Canarias. En recuerdo de todos los fallecidos, y en solidaridad con todas las víctimas, se guardó un minuto de silencio.

El arzobispo desea «sacerdotes felices y confiados, sin agitaciones interiores ni agobios»

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Ocurre así desde el siglo XVI. Y, como cada 8 de septiembre, la tradición se ha vuelto a cumplir. Los sacerdotes que desarrollan su misión pastoral en la ciudad se han dado cita para celebrar la fiesta de la Natividad de la Virgen María y retomar de forma oficiosa la actividad en sus parroquias después del descanso veraniego.

 

Esta vez, y como ya ocurriera en 2018, se ha dado cita en la iglesia de la Real y Antigua de Gamonal. Allí han concelebrado una eucaristía que ha presidido el arzobispo y que ha dado lugar a una jornada de convivencia que se la prolongado por la tarde en el convento de la fraternidad Verbum Spei.

 

Monseñor Mario Iceta ha animado a los sacerdotes a afrontar el nuevo curso sin «agitaciones interiores» y con una «enorme confianza» en Dios, pues es él quien «sostiene la tarea y nos envía a su campo, a su viña». Como ha indicado el arzobispo, la tarea encomendada a los sacerdotes no es de origen humano, aunque cuenta con su entrega e, incluso, sus «debilidades y pecados»: «El Señor va a hacer su obra con la insuficiencia de nuestras fuerzas, de nuestra pequeñez».

 

Al igual que ha hecho el papa León XIV en el transcurso del Jubileo en Roma, el arzobispo también desea que los curas de Burgos sean «sacerdotes felices, no agobiados, no estresados, no tensionados». Para ello –les ha recordado– es importante que vivan la fraternidad sacerdotal, cuiden la relación con Jesucristo y confíen a él su tarea pastoral. «Nos insertamos en una cadena de salvación; no somos ni los primeros párrocos ni los últimos, nada empieza con nosotros. He recibido un testigo de Dios y la Iglesia y lo he de continuar», ha explicado. Y, «aunque haya circunstancias eclesiales, sociales, personales o diocesanas que no entendemos, confiemos en el Señor».

 

Ante los retos que plantea el nuevo curso pastoral, don Mario ha subrayado la necesidad de confiar en la acción de Dios y ha recordado que su visita pastoral proseguirá en las parroquias del arciprestazgo del Vena, en la zona norte de la ciudad.

Aprendiendo a conservar los documentos de un archivo

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La tarea principal de un archivo es la preservación de documentos, manteniendo su integridad a largo plazo para asegurar su accesibilidad y su uso futuro. Para ello, existen varias medidas preventivas que permiten proteger las colecciones, bien durante su depósito, bien durante su uso.

 

A esta finalidad, el proyecto Ars Internexum, de la archidiócesis de Burgos, imparte estos días un curso sobre la mejor manera de custodiar y proteger los documentos de un archivo. En el curso, que se está desarrollando en las instalaciones del Archivo Diocesano, están participando bibliotecarios, conservadores de museos y archivos, historiadores del libro y estudiantes de disciplinas relacionadas con la conservación y restauración de documentos, la archivística y el libro antiguo.

 

El curso tiene una duración de 21 horas y está siendo impartido por Giuliano Camilleri, gerente de ‘Artpapel BookStudio‘, en Santander, dedicado a la conservación y restauración de libros documentos y obras de arte sobre papel. Además, es profesor de encuadernación con técnicas artesanales y packaging en Centro Universitario CESINE Escuela Universitaria de Negocios, Comunicación y Diseño y organizador del Encuentro Internacional sobre Patrimonio y Conservación que cuenta con nueve ediciones.

 

A lo largo de esta semana, ha explicado a los alumnos los principales modelos de encuadernaciones de archivo, análisis de modelos y su claisficación. También ha habido sesiones teóricas sobre el papel, su composición, producción y difusión.

 

Desde ahí, el segundo bloque del curso ha consistido en reconocer las principales causas del deterioro que sufre el papel, las tintas ferro galácticas y las técnicas no invasivas para su diagnóstico. Por último, se han enseñado técnicas de limpieza de documentos, métodos de conservación preventiva de libros documentos y planos y han realizado pequeñas intervenciones prácticas para la consolidación de desgarros y roturas.

 

El proyecto Ars Internexum forma parte de las cinco propuestas de gestión del patrimonio que actualmente coordina la Fundación Ars Burgensis y que se está desarrollando con la que colaboran de diferentes entidades como la Junta de Castilla y León, Fundación Santa María la Real, la Fundación Las Edades del Hombre, y Patrimonio Global.

Siete diócesis del país compiten en Burgos en la Copa Nacional de Seminarios

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El año pasado, Valencia acogió la celebración del segundo campeonato nacional de fútbol entre seminaristas de España, una competición en la que los candidatos al sacerdocio de la archidiócesis de Burgos se alzaron con la medalla de plata en una reñida final. Por esta razón, y quizás porque los vientos de la zona son más llevaderos, la tercera edición de este torneo se celebra esta semana en Burgos.

 

Desde ayer y hasta el próximo jueves, 58 seminaristas procedentes de las diócesis de Vitoria, Osma-Soria, Valencia, Ciudad Real, Zaragoza, Granada y Burgos juegan cada día una liguilla particular, con partidos de clasificación hasta llegar a la final, que se celebrará mañana miércoles en las instalaciones del colegio del Círculo.

 

La ‘Copa Nacional de Seminarios’ conjuga momentos deportivos con otros de encuentro, convivencia y oración entre los seminaristas del país. Además de los partidos, en esta ocasión visitarán la comunidad de religiosas Iesu Communio, en la Aguilera, y se sumergirán en una de las bodegas de Aranda de Duero. Mañana miércoles, la jornada contará con una visita a la cartuja de Miraflores y, por la tarde, después de la competición, una vigilia de oración de carácter vocacional abierta a los jóvenes de la archidiócesis burgalesa, a la que seguirá una cena en un ambiente festivo.

 

Mucho más que fútbol

 

Los seminaristas se han preparado a fondo a este campeonato, aunque «el verano ha interrumpido» los entrenamientos, como explica Borja López, del Seminario burgalés, al que le gusta «mandar y meter goles» en el terreno de juego, donde actúa como delantero. Para López, el deporte es una más de las facetas que cuidan en su formación al sacerdocio, que combina también un «formación más intelectual en los estudios, formación humana y también práctica pastoral en la parroquia».

 

Borja explica que esta Copa Nacional de Seminarios va más allá del deporte: «El fútbol tiene un componente relevante, pero el torneo también es una bonita oportunidad para conocer otros seminaristas y convivir con ellos, y eso resulta muy enriquecedor». Él ha sido el encargado de organizar la competición de este año, de la que espera «una sana competitividad y una oportunidad para mantener el contacto con viejos conocidos y conocer a otros nuevos».

«Muchos enfermos solo salen de casa en todo el año para ir a Lourdes»

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Un año más, y ya van cuarenta y tres, varios burgaleses han participado en la peregrinación diocesana al santuario de Nuestra Señora de Lourdes. Organizados por la Hospitalidad Diocesana, y encabezados por el arzobispo, monseñor Mario Iceta, 54 jóvenes, 32 enfermos, 40 peregrinos, 39 enfermeras, 10 sacerdotes, dos médicos y 14 camilleros han participado en los diversos actos de piedad que se organizan en torno a la gruta de las apariciones. Cuatro días intensos de oración y convivencia que han logrado que los peregrinos regresen a Burgos «satisfechos y con el corazón agradecido».

 

Así al menos lo siente Estela Arnáiz, vice presidenta de la Hospitalidad Diocesana de Nuestra Señora de Lourdes. Es la primera vez que coordinaba el viaje, una experiencia que «ha disfrutado mucho». Reconoce que organizar la peregrinación «supone un excelente trabajo en equipo que requiere mucha dedicación y muy buena organización», pero que el esfuerzo merece la pena porque «te encuentras con mucha gente ilusionada». «Hay peregrinos que llevan 20 o 30 años participando y cada año van con más ilusión», reconoce.

 

La expedición de este año partió el pasado jueves 28 de agosto, con la presencia institucional de la alcaldesa, Cristina Ayala, que despidió a los peregrinos en la estación de autobuses. En el santuario mariano se han sucedido los momentos de oración, con la celebración de la eucaristía en la gruta de las apariciones, el tradicional rosario de las antorchas o la participación en el Via Crucis.

 

«Al visitar la gruta de la Virgen, los peregrinos experimentan una mezcla de de sentimientos de emoción, fe, paz y consuelo», explica Estela. A nivel personal, la peregrinación ha supuesto para ella una vivencia «muy reconfortante», pues ha vuelto llena «de alegría, agradecimiento, satisfacción y paz». «Atender a los enfermos y personas mayores que vienen con tanta ilusión a ver a la Virgen es nuestra labor más importante y, sin darnos cuenta, recibimos más de lo que damos». «Muchos son la única vez que salen de casa en todo el año. Es una experiencia que engancha», reconoce.

 

Hospitalidad y hermanamiento

 

Un hecho que se está repitiendo en los últimos años es la afluencia notable de jóvenes que participan en la peregrinación. Muchos de ellos acuden como voluntarios y, una vez en el santuario, se suman a otros jóvenes que acuden de otros puntos de España a colaborar en la logística y atender a los enfermos. Estela relata que «su alegría, vitalidad y el cariño que han dado a los mayores» es signo de una «relación inter generacional estupenda».

 

Edu, un joven de Badajoz, agradece la invitación de la Hospitalidad burgalesa, que le ha hecho disfrutar de «una experiencia muy bonita e inolvidable», según traslada. Ha acudido invitado por un amigo y para él ha supuesto «algo increíble que no se puede explicar con palabras». «Una experiencia que recomienda a todo el mundo», insiste.

 

La Hospitalidad Nuestra Señora de Lourdes es una asociación privada de fieles que ofrece un servicio, sin ánimo de lucro, a favor de personas desfavorecidas o enfermas. Pone especial atención en ayudar y asistir adecuadamente a Lourdes a enfermos, personas con discapacidad, ancianos y personas en riesgo de exclusión social. Tiene como finalidad propagar, difundir y vivir el espíritu del mensaje de la Virgen Santísima a Santa Bernardita en Lourdes en 1858.