La Casa de Cultura de Aranda exhibe los trabajos presentados al concurso de la Jornada Mundial del Emigrante

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En los meses de enero y febrero se ha organizado el XIII Concurso de dibujo y redacción por parte de la Delegación diocesana de pastoral de migraciones con motivo de la Jornada Mundial del Emigrante y el Refugiado. El lema en esta ocasión ha sido: «Hacia un nosotros cada vez más grande».

 

Se han presentado un total de 2.006 trabajos de 13 colegios diferentes de la capital y la provincia, tanto de Primaria como de Secundaria. De ellos, 470 son de 4 colegios de la Ribera del Duero (Dominicas y Simón de Colonia de Aranda de Duero, San Miguel de Roa de Duero y Diego Marín de Peñaranda de Duero).

 

Cinco de los premios han correspondido a alumnos del colegio Dominicas: en Primaria, María Camila Rivera Quintero, de 4º; Pablo Abejón Muñoz, de 5º; y en Secundaria, Iker Alonso, de 1º; Viktoria Georgieva Pamukova, de 2º; y Carlos Silva Vaquero, de 4º.

 

La exposición con los premios y con todos los trabajos presentados por los alumnos de los colegios de la Ribera del Duero tendrá lugar desde hoy hasta el 23 de marzo en la Casa de Cultura de Aranda de Duero, en el horario habitual: de 9’30 a 14’30 y de 16’30 a 20’30, de lunes a viernes, y de 10’30 a 13 el sábado. Ya desde esta misma tarde del lunes 14 de marzo podrá visitarse.

Los futuros sacerdotes de una Iglesia en camino

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Si hay una palabra de moda en el léxico eclesial últimamente es sinodalidad. Un modo de ser Iglesia en el que se busca la participación e implicación de laicos, sacerdotes y religiosos para, juntos, en comunión, buscar caminos de evangelización. Y si la sinodalidad se ha visto lastrada en el transcurso de los años por un clericalismo en el que solo los sacerdotes y obispos decidían las líneas de acción a seguir, se procura ahora que los errores del pasado no vuelvan a ocurrir. Al menos así lo intentan vivir ya desde el Seminario los futuros sacerdotes de la archidiócesis, para quienes crear comunidad, trabajar en equipo y evitar «ir cada uno a su bola» son una prioridad en su formación.

 

Así lo entiende al menos Ismael Sáez Marquina, un joven de 28 años que cursa en la actualidad tercer curso de Teología en la Facultad. Sueña con servir un día en una parroquia «viva, abierta y plural», donde haya espacio para familias, niños, adultos, ancianos y diversidad de grupos y movimientos. Y sabe que en ese tipo de estructura tan heterogénea es vital «crear comunidad» y «servir con humildad para que laicos y sacerdotes trabajemos juntos» en pro de la misión evangelizadora de la Iglesia.

 

Esa diversidad es la que ya vive entre sus compañeros y entre quienes, a pesar de sus diferentes personalidades y sensibilidades, se esfuerzan por ser un «Seminario sinodal»: «La formación que recibimos está pensada para que sepamos y aprendamos a trabajar en equipo». Para ello, estructuran comisiones, preparan de forma conjunta sus celebraciones litúrgicas y se afanan para realizar diferentes trabajos «que puedan disfrutar los demás y no solo tú». Y es que, como bien subraya Ismael, «un cura nunca puede ir solo, no puede ir por libre, tiene que aprender a crear comunidad». Y para eso, nada mejor que la formación en el Seminario.

 

Vocación de servicio

 

Ismael pertenece al Camino Neocatecumenal y entró en el Seminario de San José hace ahora tres años. Había cursado ya un grado medio de auxiliar de enfermería y estaba estudiando Educación Social en la Universidad de Burgos. Los estudios se acumulaban, pero «aún no sabia qué iba a ser de mí en el futuro». Acudía a las catequesis y celebraciones de su comunidad y colaboraba con las actividades de una parroquia, pero «vivía de la inercia y el activismo», «sin ir al fondo de la cuestión», «sin grandes proyectos» y llevando a cabo lo que él mismo califica como una «vida muy raquítica». «Estaba cómodo, no tenía grandes ideales, vivía como en un círculo vicioso y con doblez: no gastaba mi vida en serio», explica. Por si fuera poco, descubrió que debía alejarse de «falsas amistades» que no le estaban beneficiando en su crecimiento personal.

 

Sin embargo, la preparación de un campamento de verano con su parroquia le «cambió el chip» y descubrió que podía «dejar de pasármelo bien y hacer cosas solo para mí y servir a aquellos chavales», recuerda. Comenzó entonces un proceso de discernimiento espiritual acompañado de un sacerdote y descubrió que Dios lo llamaba a ser cura: «Crecieron mis ganas de darme a los demás», sentencia.

 

De hecho, quiere ser sacerdote porque «desea escuchar y acompañar a tantas personas que llevan muchos sufrimientos a sus espaldas y poderles ofrecer palabras de aliento y esperanza, y sobre todo, que se puedan encontrar con Cristo y puedan ver a Cristo en mí».

 

Día del Seminario

 

El próximo 19 de marzo (19:00h), Ismael y otros cinco compañeros (Abner MuñozJesús Daniel RieraEgide Ndayikengurukiye, Nepomuscène Ndihokubwayo Alejando Sánchez) se dispondrán a dar un paso más en su camino al presbiterado a través del compromiso público que pronunciarán delante del arzobispo para proseguir de forma más intensa con su formación sacerdotal. El «rito de admisión» suscita en su interior diferentes emociones que se han intensificado según avanzaba el curso y que despiertan en él «alegría, emoción y vértigo». «Nos comprometeremos a algo cada vez más serio y lo haremos de forma pública ante toda la Iglesia», como un testimonio de que desean madurar en su formación y configurarse con ese «Cristo servidor» al que desean imitar.

 

El día del Seminario, que se celebra en esta ocasión bajo el lema «Sacerdotes al servicio de una Iglesia en camino», se completará, además, con la habitual colecta en las parroquias de toda la archidiócesis el domingo 20 de marzo y otras actividades complementarias, como una oración joven la noche del viernes día 18 (22:00 horas).

 

Este año, en el Seminario Mayor de San José se forman ocho seminaristas, (entre ellos, un diácono y otro que cursa el año «propedéutico»). Junto a ellos, viven dos seminaristas de La Rioja, tres de Osma-Soria y dos de Burundi. En el Seminario Menor participa una quincena de chicos en el Preseminario, además de los cuatro seminaristas internos. Por su parte, el Seminario Misionero Redemptoris Mater cuenta con otros diez alumnos procedentes del Camino Neocatecumenal.

Cartas de esperanza entre estudiantes universitarias y personas mayores

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El pasado día 7 de marzo tuvo lugar un encuentro entre los participantes en el programa «Cartas de esperanza» que han llevado a cabo, conjuntamente, alumnado de la Facultad de Educación de la Universidad y personas mayores de la barriada San Juan Bautista y de Villalonquejar. Un grupo de 28 alumnas que cursan cuarto curso de Educación Infantil y que están matriculadas en la asignatura «La Iglesia, los Sacramentos, la Moral y su didáctica», impartida por Jesús María Álvarez Martínez (Profesor y Delegado de la Pastoral Universitaria y Cultura), han desarrollado este programa que pretende ser un ejercicio concreto de sensibilización y de aprendizaje y servicio con personas mayores de la ciudad de Burgos.

 

El alumnado se comprometió a escribir tres cartas (octubre, noviembre y diciembre) a personas mayores con las que se les había puesto en contacto a través del profesor. A su vez, las personas mayores también han respondido escribiendo sus respectivas cartas.

 

El encuentro, celebrado en la parroquia de San Juan Bautista, fue muy emotivo. Así lo reconocían algunas alumnas participantes: «Con tan poco hemos hecho felices a muchas personas». «Para mí ha sido una experiencia inolvidable y una oportunidad para ayudar e intervenir a la felicidad de una parte de la sociedad que cada vez, y por desgracia, está más olvidada».

 

Este programa pretende contribuir a la promoción de la «cultura del encuentro», especialmente con este colectivo de nuestra sociedad, las personas mayores, que son las que más han sufrido las consecuencias de la pandemia.

La Archidiócesis se moviliza para realizar una ayuda «organizada y eficiente» a Ucrania

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El arzobispo, don Mario Iceta, se reunió ayer con el equipo directivo de Cáritas diocesana para buscar una solución conjunta, «organizada» y «eficiente» con la que la Iglesia en Burgos dé respuesta a las necesidades que atraviesa la población ucraniana. Desde el estallido del conflicto, ambas instituciones se están coordinando con las administraciones y organismos públicos para encauzar las iniciativas solidarias de la comunidad cristiana, aprovechando la estructura local e internacional de Cáritas.

 

Llamamiento a la comunidad

 

Para evitar «precipitarse» y «mantener un esfuerzo sostenido en el tiempo en favor de los afectados por la guerra», en las eucaristías que se celebren este fin de semana en la archidiócesis se invitará a la comunidad cristiana a cumplir con unos sencillos requisitos que faciliten una coordinación eficiente de las ayudas.

 

En este sentido, se desaconseja la recogida de materiales y enseres, ya que la capacidad logística de las organizaciones que trabajan en Ucrania y sus países fronterizos está saturada. También se aboga por evitar las iniciativas particulares para recoger y traer refugiados al margen de las vías establecidas para acogerse a la protección internacional. Esto puede ocasionar «problemas a corto plazo y expone a los refugiados a las mafias o a la trata de personas».

 

Por todo ello, Cáritas y la Archidiócesis recomiendan la ayuda económica, por considerarla la más importante y directa. Se han habilitado para ello diversos números de cuenta donde recibir donativos que se entrega directamente a Cáritas en Ucrania (ya ha enviado más de 60.000 euros).

 

Además, y dado que las consecuencias de la guerra se prolongarán en el tiempo, se insta a la comunidad cristiana a «un compromiso mayor», poniendo a disposición viviendas que serán necesarias durante los próximos meses para acoger a los refugiados que huyen de la guerra.

 

Asimismo, para ofrecer recursos o prestarse como voluntarios, Cáritas ha habilitado un correo electrónico, al que también se pueden enviar dudas o sugerencias: comunicacion.cdburgos@caritas.es. 

 

El JEME reconoce la labor de la Fundación VIII Centenario de la Catedral. Burgos 2021

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La Fundación VIII Centenario de la Catedral. Burgos 2021 ha recibido esta mañana en el palacio de Capitanía tres obsequios enviados por el jefe de Estado Mayor del Ejército (JEME), el general Amador Enseñat y Berea, como reconocimiento a la labor realizada por esta entidad para conmemorar la efeméride de la Seo burgalesa y como agradecimiento por recibir al Consejo Superior del Ejército y a los veteranos de las Fuerzas Armadas y la Guardia Civil el pasado mes de octubre.

 

El general jefe de la División San Marcial, Juan Carlos González Díez, ha entregado, en representación del JEME, dos estatuillas de un tambor de granadero de 1770 de la época de Carlos III a Mario Iceta y Antonio Miguel Méndez Pozo, presidente y vicepresidente de la Fundación VIII Centenario de la Catedral. Burgos 2021, respectivamente.

 

Por su parte, Vicente Rebollo, presidente del Cabildo Metropolitano, ha recibido una placa conmemorativa como reconocimiento del Ejército de Tierra al VIII Centenario de la Catedral de Burgos.