Fallece el sacerdote Vicente Ramírez González

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  • Vicente Ramírez González

 

En el día de hoy ha fallecido el sacerdote burgalés Vicente Ramírez González. Nació en Tobes (Valle de las Navas) el 18 de noviembre de 1928 y fue ordenado sacerdote el 11 de julio de 1954. Este mismo año fue nombrado párroco de Melgosa de Villadiego y servicios; en el año 1958 pasó a ser párroco de Tinieblas de la Sierra y servicios y en el año 1967 fue nombrado párroco de Santa Cruz de Valle Urbión y servicios. Ya como jubilado en Burgos colaboró en la parroquia de el Salvador.

 

El funeral por su eterno descanso se celebrará el martes 8 de septiembre, a las 16:00 horas, en la parroquia de Santa Águeda. Acompañamos en el dolor a su hermana Pilar y a sus familiares e invocamos al Dios de la Vida, que comenzó en Vicente la obra buena de su vocación llamándole a servirle como sacerdote en los distintos pueblos, que «él mismo la lleve a feliz término».

 

Estas palabras de José Luis Martín Descalzo resumen y expresan lo que Vicente vivió siempre desde la sencillez de su vida: «Luego me diste el asombro de mi vocación. Ser cura es imposible, tú lo sabes. Pero también maravilloso, yo lo sé. Hoy no tengo, es cierto, el entusiasmo de enamorado de los primeros días. Pero, por fortuna, no me he acostumbrado aún a decir misa y aún tiemblo cada vez que confieso. Y sé aún lo que es el gozo soberano de poder ayudar a la gente –siempre más de lo que yo personalmente sabría– y el de poder anunciarles tu nombre».

Comienza el septenario en honor del Santísimo Cristo de Burgos

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Mañana martes se inicia en la catedral el solemne septenario en honor del Santísimo Cristo de Burgos, organizado por el Cabildo Metropolitano, la Real Hermandad del Santísimo Cristo de Burgos y la Cofradía de las Siete Palabras, con el lema «Una luz en momentos de zozobra y dificultad».

 

Cada día, los actos de culto comenzarán a las 19:00 horas en el Altar Mayor con el rezo del Rosario y preces, seguido, a las 19:30 horas, de la santa misa. En esta ocasión, pronunciarán las homilías los abades de distintas cofradías. Así, la de mañana, «María junto a la Cruz», dedicada al nacimiento de María y su proceso de fe, correrá a cargo del abad de la Cofradía de Jesús Crucificado y del Santísimo Sacramento, de la parroquia de San Lesmes. El miércoles día 9 predicará el abad de la Ilustre Archicofradía del Santísimo Sacramento y Jesús con la cruz a cuestas, de la parroquia de San Cosme y San Damián, que dedicará su homilía a la «Obediencia al Padre y amor entregado».

 

El jueves, día 10, el abad de la Real Hermandad de la Sangre del Cristo de Burgos y Nuestra Señora de los Dolores de San Gil pronunciará la homilía «Sangre Derramada. Lavados de nuestros pecados en su sangre», mientras el viernes lo hará el de la Cofradía de la Santa Cruz de Briviesca; el título, «Mirarán al que atravesaron. Todos los pueblos y generaciones levantan su mirada hacia Cristo Crucificado».

 

«Angustia humana y muerte de Dios», sobre «El misterio del sufrimiento de los inocentes y Dios Padre» es el título de la homilía del sábado, día 12, que correrá a cargo de los Padres Carmelitas, y el domingo 13 corresponderá al abad de la Cofradía de la Santa Columna del Círculo Católico, con «El triunfo de la Cruz. La Cruz, señal y estandarte de los cristianos».

 

El día 14, fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, los actos de culto se celebrarán a la misma hora en el Altar Mayor de la Catedral, y la eucaristía estará presidida por el arzobispo de Burgos, don Fidel Herráez Vegas.

«No somos ciudadanos de segunda, necesitamos piropos, cariño y alegría»

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«Si existe el infierno, debe ser parecido a lo que estamos viviendo». Así de contundente se expresa sor María Ángeles San Juan, trabajadora social y coordinadora de la residencia de San Julián y San Quirce de Burgos, cuando relata lo complicado que está siendo atender a los 96 ancianos que residen en el centro, conocido popularmente con el nombre de «Barrantes» y obra social del Cabildo de la Catedral. Desde que estalló la crisis sanitaria, ha sido testigo de las innumerables medidas que han adoptado para aislar el centro de coronavirus y hacer que los ancianos que allí residen pudieran –y puedan– vivir con la mayor dignidad posible el drama generado por la epidemia, y no solo evitando los contagios. En su opinión, la pandemia ha sacado a la luz la «indiferencia» que la actual sociedad tiene hacia el mundo de la ancianidad, por el que existe un «escaso valor» y una «dolorosa actitud»: «Hemos pensado que las residencias son los mejores lugares para los mayores; pensábamos que allí iban a ser felices, y más cuanto fueran más lujosas, pero olvidamos que ellos son los protagonistas de su propia historia y muchas veces no se respetan ni sus ideales ni sus valores, son los demás los que siempre deciden por ellos», denuncia.

 

Para esta Hija de la Caridad, la alerta sanitaria ha demostrado que existe un «amplio grado de desconocimiento» sobre lo que las personas ancianas demandan y necesitan y reclama que la sociedad vea a sus mayores como «personas iguales» y no como «bienes amortizados» a los que se aísla y a quienes se les impide ser patrones de la etapa final de su historia. «Hemos puesto valor a las cosas y a las personas; solo sirven para la sociedad las personas que valen, pero quien ya demanda cuidados, a esos se les aparta porque no producen beneficio».

 

José María Acosta, director gerente de Barrantes, asiente a sus palabras. En su opinión, la crisis vivida en torno a las residencias es el resultado de lo que ha cultivado la sociedad de un tiempo a esta parte, en la que subraya pérdida de valores, un aumento significativo de manifestaciones egoístas y una falta de respeto hacia los mayores y todo lo relacionado con el mundo de la fragilidad. «Así –asegura– lo único que hemos conseguido son ancianos resignados, personas grises que tienden a desaparecer de nuestra sociedad», una «marginación social por cuestiones de edad» hacia un colectivo al que se tiende a asilar cada vez más.

 

«Ciudadanos de segunda»

 

Los dos trabajadores de la residencia coinciden en subrayar lo «duro, complicado y difícil» que está siendo atender a los ancianos durante la crisis sanitaria, donde el «descomunal» papeleo y los informes que tienen que enviar cada día a las administraciones públicas les resta tiempo para atender como se merecen las necesidades de sus residentes. «Ahora es cuando las administraciones parece que se preocupan por este mundo, es como si quisieran recuperar el tiempo perdido» o, lo que es peor, limpiarse las manos y «responsabilizar de los contagios y las muertes a las propias residencias», denuncian.

 

Según indican, los fallecimientos que se han producido en numerosas residencias de todo el país han sido consecuencia de una desatención real y efectiva por parte de las administraciones hacia los mayores, a los que se ha tratado como «ciudadanos de segunda» durante toda la pandemia no solo por no tratarlos como se merecían en los hospitales (a muchos de ellos se les ha privado de respiradores solo por su edad), sino por haber endurecido las medidas sanitarias solo con este colectivo tan vulnerable con protocolos más estrictos que para el resto de la población o incluso con otros ancianos que no viven en residencias. «Desde el 30 de marzo y hasta el fin del estado de alarma, nuestros mayores han tenido que quedarse aislados en la residencia, mientras otros ancianos podrían salir a la calle en determinadas horas del día para hacer más flexible el confinamiento», denuncian. Ello ha provocado «un gran sufrimiento para nuestros residentes y para nosotros, porque muchas veces no estamos de acuerdo con ese trato diferenciador», apostillan, mientras recuerdan una vez más que las medidas se han vuelto a restringir con dureza, limitando de nuevo las visitas y prohibiendo las salidas a la calle. Lo mismo denuncian de sus trabajadores, a los que también se les considera como «sanitarios de segunda», pues se les incluye en el mismo paquete que a los mayores.

 

Ahora, las autoridades sanitarias piensan que la solución a los contagios sería medicalizar las residencias, algo a lo que se oponen tanto José María como la consagrada: «No tenemos medios ni personal cualificado y eso sería responsabilizarnos de cuestiones sanitarias y humanitarias para las que no estamos preparados», mientras exigen que el cuidado en los hospitales sea también un derecho para los mayores, al que deberían acudir siempre que lo necesitaran. «¿Por qué convertir la residencia en un hospital, si ya los hay? ¿Por qué un anciano tienen que pasar sus últimos días en un hospital? Esto es una prolongación de su familia; no es un hospital, sino un hogar, una casa», justifican.

 

Sor María Ángeles aboga por un plan de trabajo que dignifique realmente a las personas y evite una normativa común para todos: «¿Por qué lo que es bueno para una persona debería serlo también para la otra? ¿Por qué el cuidado ha de ser el mismo si cada uno es diferente?», se cuestiona.

 

«No nos hagan invisibles»

 

A pesar del drama, ambos subrayan que lo evidenciado estos meses puede ser una oportunidad para dignificar la ancianidad. Desean que la sociedad «no los haga invisibles», tal como puede leerse en una pancarta a la entrada de la residencia, y que el mundo trate a los ancianos «con la dignidad y los derechos que les estamos arrebatando». «Nadie ha dado en estos días un mensaje de esperanza al mundo de las residencias, todo eran noticias negativas en los medios de comunicación y nosotros necesitamos piropos, cariño, alegría, regalos afectivos porque estamos vivos y deseamos vivir», subraya sor María Ángeles. Para José María, es urgente que la sociedad abandone el «edadismo» (la discriminación social por cuestiones de edad) y permita a los mayores desarrollar su propio proyecto vital, «dejar que vivan su vida sin arrebatarles la dignidad, que no se pierde por el hecho de ser mayor».

 

Ambos abogan por «hacer de la humanidad nuestro principal valor» en el trato con los ancianos y hacerles protagonistas de su propia historia, evitando que sean otros los que decidan por ellos. «Nosotros siempre hemos dicho que ellos son nuestros propios jefes, que son los que deben decidir, nosotros simplemente les queremos acompañar en la etapa final de su vida. Necesitamos, como sociedad, aprender a ponernos en la piel de los ancianos».

«La ciencia, la psicología, cuando es realmente honesta, ilumina la fe»

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Francisco Javier Arribas Miguel nació en Burgos en 1966. Su formación espiritual se produjo en la parroquia de la Sagrada Familia, aunque ahora pertenece a la de Santo Domingo de Guzmán. A los 14 años se integró en la Renovación Carismática, donde vivió su adolescencia no exenta de momentos complicados, donde le ayudaron a superar problemas de acoso escolar y afrontar su discapacidad física. A los 21 años realizó en Salamanca la carrera de Psicología, el máster de Terapia Familiar y trabajó durante tres años. Actualmente ejerce su profesión en el Centro de Orientación Familiar Diocesano (COF). Además, junto con su mujer, desarrolla actividades con un grupo de jóvenes y niños de la Renovación Carismática.

 

Aunque declara que su vocación verdadera es la psicología, su primera profesión fue la electrónica. Cursó los cinco años de la antigua Formación Profesional en el Padre Aramburu y, gracias a eso, remontó el fracaso escolar al que le habían llevado los años duros que pasó al final de la EGB, cuenta. «Al acabarlos, quise seguir estudiando y ya pensé en algo que sirviese para ayudar directamente a las personas…».

 

El Centro de Orientación Familiar (COF) presta ayuda a las personas de diversos modos. Cuenta con un área de prevención en la que se ofrece escuela de padres, orientación en cuestiones de pareja y, especialmente, educación afectiva sexual a través del programa «Aprendamos a Amar», esta última gracias al esfuerzo y generosidad de la Fundación Esperanza y Vida, en la que participa el Arzobispado de Burgos. Javier se dedica, por su especialidad, al área de intervención, desde la que ofrecen entrevistas de orientación o terapia a cada familia que lo solicita.

 

Las dificultades habituales que llegan al COF son los problemas de pareja y los de relaciones entre padres e hijos. «No es fácil diagnosticar los problemas, el de cada familia es único. Pero en las parejas lo que nos encontramos son heridas que cuesta perdonar, muchas veces fruto de la convivencia, la dificultad en la crianza de los hijos, sumada a los trabajos de los padres, situaciones de infidelidad, priorizar a veces a la familia de origen en vez de a su propia familia actual…», desvela.

 

El coronavirus, una oportunidad para acercarnos más a Dios

 

Saltando al tema de la salud, y en concreto a la situación de pandemia que ahora sufrimos, opina que la la enfermedad nos puede quitar la fe o bien fortalecerla: «El sufrimiento no nos deja nunca indiferentes, o bien nos hace crecer, madurar, nos fortalece, o bien nos endurece, nos amarga y nos cierra en nosotros mismos. Esto se puede extrapolar a la fe». «Para cualquiera de nosotros resulta complicado aceptar las situaciones que nos genera una enfermedad. Las crisis, personales y familiares, no son un plato de buen gusto. Nadie las buscamos y cuando llegan nos hacen sufrir. Pero si miramos hacia atrás en nuestra vida y somos honestos, vemos que en muchos casos fueron una oportunidad para crecer. Esto lo podemos observar muy bien en los niños: tendemos a evitarles los sufrimientos, esto puede ser hasta entendible, pero flaco favor les hacemos: esta sobreprotección los convierte en jóvenes y adultos inmaduros».

 

El psicólogo considera que la crisis sanitaria ocasionada por la Covid19 «como toda crisis, puede ser una nueva oportunidad para crecer, para acercarnos más a Dios. O para endurecernos y sustituir a nuestro padre Dios por nosotros mismos: “tú lo puedes todo”, que es lo que nos grita nuestra actual cultura, nuestras nuevas e individualistas religiones. El miedo, que podría entenderse en situaciones como la de esta pandemia, nos puede llevar al egoísmo, pero también nos puede llevar a ser solidarios. Escuchaba en la radio esta mañana a una periodista que residía en Italia la emoción que le producía encontrarse una nota metida por debajo de la puerta de su casa: “Soy la vecina del primero, si necesita cualquier cosa no dude en contar conmigo”. Los tiempos de crisis, de dolor, pueden ser tiempos de gracia: mi versículo favorito es “Todo sirve para bien de aquellos que aman a Dios.” (Romanos 8,28).

 

Javier añade que «la crisis de fe que nuestra sociedad está pasando, y las crisis que a nuestra iglesia también le está tocando vivir, nos han preparado para ir a lo esencial. Y así nos lo recuerda el primer cuaderno de preparación para nuestra Asamblea Diocesana, al comienzo del punto 3: “La fe cristiana es ante todo un encuentro personal con Jesucristo, porque Él está vivo”.

 

¿Y cómo deberíamos afrontar desde un punto de vista cristiano la crisis del coronavirus? El psicoterapeuta responde con una cita de un artículo de Julián Carrón (presidente de la Fraternidad de Comunión y Liberación) que nos dice: “Quizá la experiencia más elemental de la que disponemos en este sentido es la del niño. ¿Qué vence el miedo en un niño? La presencia de su madre. Este «método» vale para todos. Es una presencia, no nuestras estrategias, nuestra inteligencia, nuestro valor, lo que mueve y sostiene la vida de cada uno de nosotros. Pero –preguntémonos–, ¿qué presencia es capaz de vencer el miedo profundo, el que nos paraliza en el fondo de nuestro ser? No cualquier presencia. Por este motivo Dios se ha hecho hombre, se ha convertido en una presencia histórica, carnal. Solo el Dios que entra en la historia como hombre puede vencer el miedo profundo, como nos lo ha testimoniado (y testimonia) la vida de sus discípulos. «Solo este Dios nos salva del miedo del mundo y de la ansiedad ante el vacío de la propia vida. Solo mirando a Jesucristo, nuestro gozo en Dios alcanza su plenitud, se hace gozo redimido» (Benedicto XVI, Ratisbona, 12/9/2006).

«Scholas Ocurrentes», la propuesta educativa del papa Francisco, llega a Burgos

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Scholas Ocurrentes

 

Scholas Ocurrentes es una organización internacional de Derecho Pontificio soñada por el papa Francisco y con sedes en Argentina, Ciudad del Vaticano, Colombia, España, Haití, Japón, Italia, México, Mozambique, Panamá, Paraguay, Portugal y Rumanía. A través de su red de acción, está presente en 190 países, integrando a más de 400 mil centros educativos y llegando a más de un millón de niños y jóvenes en todo el mundo. Su objetivo es crear ofertas educativas para los niños y adolescentes en la apertura al otro, en la escucha a los demás, creando así una auténtica cultura del encuentro. Con el desarrollo de sus actividades, los participantes expresan sus emociones y su mundo interior y el contacto con la vida, creando así un mundo nuevo donde todos tienen cabida.

 

Ahora, esta fundación papal desea también echar raíces en Burgos y pretende ofertar a los centros públicos y concertados de la provincia su propuesta educativa «Scholas Ciudadanía», desarrollado ya en las localidades españolas de Barcelona, Valencia, Vigo, Granada y Madrid. A tal efecto, la coordinadora de la fundación en España, Marta Solano, se reunió ayer con el director provincial de educación, José Antonio Antón, con el fin de poder presentar la propuesta a los centros de enseñanza de Burgos, tanto de primaria como secundaria, con el objetivo de que pudieran incorporar esta experiencia educativa en sus planificaciones del nuevo curso escolar. Una propuesta que también trasladó al vicario general, Fernando García Cadiñanos, con quien también mantuvo un encuentro en la Casa de la Iglesia, y que respaldó la iniciativa.

 

En este curso tan especial, marcado por la epidemia del coronavirus, Scholas pretende hacer también una propuesta educativa de carácter virtual, donde se promuevan ciber encuentros con jóvenes de todo el mundo, en el caso que la pandemia y la situación sanitaria impidieran desarrollar encuentros de tipo presencial, como ya se ha desarrollado meses atrás con escolares de Madrid.