El mundo rural languidece, las tradiciones no

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espinosa de los monteros semana santa

 

Sus procesiones no atraen al turismo, no son multitudinarias, pero a pesar de las dificultades, las tradiciones y las manifestaciones de la piedad popular en los cientos de pueblos diseminados por la diócesis permanecen. Y también el culto, con no poco esfuerzo de sacerdotes que, si ya durante todo el año tienen complicado atender a decenas de parroquias muy pequeñas, cuando llegan la Semana Santa y la Pascua tienen que «multiplicarse» para que sus feligreses puedan continuar viviendo las celebraciones de la manera más parecida a como siempre lo hicieron.

 

Es el caso de la Unidad Parroquial Trueba Sur, que comprende 20 pueblos, el mayor de los cuales es Espinosa de los Monteros, 18 de la Merindad de Montija y dos de Merindad de Castilla la Vieja, atendidos por dos sacerdotes. La población varía mucho del invierno al verano. De las 20 parroquias, tienen culto todo el año 11, y en ellas se celebra la Eucaristía cada tres domingos. El resto están abiertas desde junio hasta la solemnidad de los Santos, y hay celebraciones en ellas también cada tres semanas. Aproximadamente, un tercio de los cristianos se desplaza al pueblo de al lado si no hay celebración en su parroquia, porque las distancias son muy cortas.

 

En esta unidad parroquial, desde 2006, las celebraciones de Semana Santa se concentran «para favorecer la vivencia de la comunidad por encima del número de celebraciones», explica el párroco, Alejandro Ruiz López. En 2013 se erigió canónicamente una cofradía, formada por 60 personas, que es la que aglutina, motiva y anima la celebración de estos días. «Esto hace que vaya creciendo el sentimiento de que somos una sola parroquia que está dispersa por todos los pueblos. Y al ser una sola parroquia, la Semana Santa no difiere mucho de la de una parroquia grande».

 

En torno a la Cofradía, los cristianos se unen para las diversas celebraciones, que van cambiando cada día y cada año de pueblo. Las más significativas son la del Sábado de Pasión, una celebración penitencial para entrar en la Semana purificados; las Eucaristías del Domingo de Ramos, en la última de las cuales los cofrades renuevan sus votos; el Martes Santo, día en que la Cofradía del Santo Cristo se desplaza a Bilbao para participar en la Procesión de la Merced… Y obviamente, el Triduo Pascual. El Jueves Santo, tras la Eucaristía con el lavatorio, se celebra la Hora Santa, y el Santísimo es velado en el monumento hasta la celebración de los Oficios del Viernes. En la mañana del Viernes, se celebra el Vía Crucis procesional, en el que se cantan letras de la tradición popular, y ya por la tarde los cofrades se visten de gala para los Oficios y la Procesión del Entierro. Especialmente significativo es el encuentro de la Dolorosa con el Crucificado, que cierra la procesión a la luz de las velas que porta el paso de la Virgen.

 

El Sábado Santo, después de una mañana de trabajo y recogida, al atardecer se celebra la Vigilia Pascual con los cirios de todos los pueblos. Al finalizar, la Dolorosa entra en la iglesia a oscuras, ya vestida de blanco, para recibir la feliz noticia de la Resurrección. Acabada la celebración, los feligreses continúan compartiendo la alegría con un chocolante caliente, «que buena falta hace, ya que no hay calefacción en los templos», comenta el párroco. El Domingo de Pascua, se celebra la Eucaristía en cuatro pueblos, para favorecer que los que no han acudido a la Vigilia participen en la celebración de la Resurrección.

 

«No es una Semana Santa turística, y lo que realizamos fuera de la Iglesia es porque antes lo hemos celebrado dentro del templo, lo cual no significa que no cuidemos todos los detalles tanto en las celebraciones como en las procesiones», concluye Alejandro.

Cuando la Catedral de Burgos también ardió como Notre Dame

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Los incendios calcinaron los documentos custodiados en el archivo diocesano.

Los incendios calcinaron los documentos custodiados en el archivo diocesano.

 

Toda Europa, y gran parte del mundo, contemplaba ayer atónita cómo la catedral de Notre Dame de París era pasto de las llamas. Una catástrofe que no ha dejado indiferente a nadie y a la que la Catedral de Burgos podría hacer frente al no contar con elementos de madera en su cubierta y poseer novedosos sistemas anti incendio en las zonas con más alto riesgo de ignición.

 

Sin embargo, no siempre ha sido así y la Catedral basílica metropolitana de Burgos también ha sufrido varios incendios a lo largo de su historia. Concretamente dos, en 1591 y 1812, si bien no afectaron a la estructura actual del edificio, sino al antiguo Palacio Arzobispal contiguo al templo y que fue demolido a comienzos del siglo XX por el arzobispo José Cadena y Eleta para construir un nuevo inmueble en lo que hoy se conoce como «Casa de la Iglesia».

 

En la antigua residencia de los pastores de la diócesis se hallaba custodiado el conjunto de documentos relativos al obispo, que se separaron de la documentación propia de la Catedral y su cabildo en 1220 por iniciativa de don Mauricio, el obispo impulsor, precisamente, de la actual Catedral gótica. En 1591, un incendio consumió toda la documentación medieval custodiada, entre los que se encontraban varios papeles de secretaría.

 

Recuperado de aquel fuego, el archivo diocesano siguió ampliándose con nueva documentación hasta que, en 1812, otro incendio calcinó muchos de los escritos custodiados hasta entonces, como expedientes de órdenes sagradas, listados de sacerdotes fallecidos y libros de contabilidad, fundaciones o expedientes matrimoniales, entre otros. Fue el 22 de noviembre y los causantes de aquel incendio fueron los soldados del ejército francés durante la invasión napoleónica a la ciudad de Burgos. Durante aquella contienda, los explosivos utilizados para la voladura del castillo acabaron, también, con gran parte de las vidrieras originales del templo, de las que solo se salvó el rosetón de la puerta del Sarmental.

La Soledad se queda de nuevo sin indulto

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No hay dos sin tres. El pasado viernes, el Consejo de Ministros rechazó conceder –por tercer año consecutivo– el indulto solicitado por la cofradía de Nuestra Señora de la Soledad y de Santiago con motivo de la Semana Santa. En esta ocasión, esta asociación de fieles había solicitado al Ministerio de Justicia la puesta en libertad para una reclusa que había cumplido ya gran parte de su condena por un delito contra la salud pública y que está siendo vigilada en la actualidad con una pulsera magnética. La petición de indulto contaba con todos los papeles en regla y con el visto bueno de la Fiscalía, la propia prisión y la Audiencia Provincial.

 

Pese a todo, el Consejo de Ministros rechazó la propuesta burgalesa, aunque sí ha aceptado otras seis peticiones de indulto procedentes de otros lugares de la geografía española: la Hermandad y Cofradía del Señor Atado a la Columna y de Nuestra Señora de la Fraternidad en el Mayor Dolor (Zaragoza), la Hermandad de Jesús Cautivo (Oviedo), la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad y Descendimiento del Señor (Granada), la Cofradía de Nuestra Señora de la Piedad y del Santo Sepulcro (Zaragoza), la Cofradía de Nuestro Padre Jesús El Rico (Málaga) y Hermandad del Santísimo Sacramento y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús Cautivo y Rescatado, Nuestra Señora del Rosario Doloroso, San Juan de Mata, San Ignacio de Loyola (Sevilla).

 

El Gobierno ha obviado así el 75 aniversario de la refundación de la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad y de Santiago, heredera de la tradición del «Perdón del Viernes Santo de la Cruz», un acto que puso en marcha por primera vez en Burgos Juan II de Castilla allá por el año 1447 y que después se extendería por toda España con el objetivo de indultar a reos en la Semana Santa, al igual que pasara con Barrabás en los tiempos de Jesús.

 

El mayordomo de la Cofradía de la Soledad, Alfonso Díez Ausín, lamentaba el pasado viernes en el programa religioso de El Espejo, en Cope Burgos, «el olvido de esta tradición castellana» de la que su agrupación ostenta el privilegio en la ciudad. «Somos una cofradía de carácter asistencial y en nuestros orígenes se encargaba de acompañar en la muerte a los reos que morían solos», revela, de ahí que fueran los primeros en vivir esta tradición. Sin embargo le duele que solo se tenga en consideración a las cofradías malagueñas mientras Burgos sigue quedando en el olvido. «Tendremos que seguir trabajando para que estas cosas no ocurran más», sentencia.

Matrimonio cofrade a la luz de las Siete Palabras

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Santiago y Terestia pertenecen a la cofradía de las Siete Palabras desde 2007.

Santiago y Terestia pertenecen a la cofradía de las Siete Palabras desde 2007.

 

Llevan 34 años casados y hace 15 decidieron entrar juntos en la cofradía de las Siete Palabras, que por aquel entonces tenía su sede en la parroquia de San Fernando Rey, a la que pertenecen. Teresa Arcos y Santiago Gómez participan desde entonces en todas las actividades que promueve la cofradía, que van más allá de sacar un paso o los faroles de las Siete Palabras en las procesiones de Semana Santa o el día del Santo Cristo de Burgos. «Es la fe la que nos lleva a participar en la procesión… y en los demás actos que organiza la cofradía», que van desde celebraciones litúrgicas a Via Crucis, pasando por días de excursiones y convivencias y sesiones de formación, que también dan cuenta de la parte más folclórica, «tradicional y popular» de los días de Pasión.

 

Dentro de la cofradía, cada uno tiene su función. Santiago es el encargado de la tesorería y porta en las procesiones la segunda de las cruces-faroles, obra de Casa Quintana de Zaragoza en 1902, mientas que Teresita, como gusta que la llamen, porta la segunda de las cruces. Para ellos endosar el hábito y colocarse el capuchón ha cambiado su modo de vivir los días centrales del año litúrgico: «Yo pensaba que con vivirlos como un cristiano de a pie era suficiente, pero desde que estoy en la cofradía me he dado cuenta de que no. Cuando sales en la procesión, la fe, los sentimientos y las emociones están a flor de piel. Eres mas consciente de lo que estas viviendo y compartiendo ya no solo con tu cofradía sino con todos los cristianos que en estos días rememoran la Pasión de Cristo. Es otra forma de vivir la Semana Santa», revela Teresita.

 

Compromiso eclesial y evangelizador

 

Ambos viven su fe en el día a día, y procuran hacerlo siempre y no solo en estos días, en el trabajo, con su familia (tienen dos hijos) y el resto de sus ocupaciones, si bien en estos días reconocen que «hay que adaptar la vida familiar y ordinaria a los actos programados». «Hay días en que se hace duro, pero si lo vives con ilusión, se lleva a gusto». Lamentan la existencia de esos cofrades «que van al mínimo», que se alistan a una hermandad solo por procesionar o vivir otras experiencias, aunque, «sinceramente», creen que «son minoritarios», y abogan por «un compromiso serio con la Iglesia» durante todos el año.

 

Para ellos, la Semana Santa supone una especie de alto en el camino, un momento para vivir con más intensidad los momentos centrales de la fe «compartiendo sentimientos religiosos y de confraternidad con los hermanos cofrades». Desde la cofradía procuran «engrandecer la Semana Santa de Burgos, sus procesiones e imágenes», siendo conscientes de que sacarlas a la calle constituye una «forma modesta de evangelizar». «Esto también trasmite ánimo externamente e invita a sumarse y participar de la Semana Santa a todo quien presencia cualquier acto», indican.

 

Para Teresita y Santiago, la experiencia de formar parte de una cofradía les ha servido para vivir mejor la fe. Aunque afirman no estar seguros de que «las cofradías ayuden a hacer más y mejores católicos». Pese a todo, creen que es un medio más para vivir con intensidad estos días de Pasión. Y, de lo que sí están convencidos es de que «las cofradías intentan poner su granito de arena para que la Semana Santa de Burgos sea reconocida y conocida. Ya sabemos que no somos Sevilla, pero tampoco tan fríos como nos pintan».

«Recibir el Bautismo será la mayor alegría de mi vida tras encontrar a Dios»

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Elena bautismo adultos 1

 

Elena Ognyanova Borisova nació en Belogradchik ( Bulgaria), en 1984. Reside en Burgos desde hace cuatro años, donde vive con su marido, también búlgaro, que lleva más de 20 años en la capital. Auxiliar de enfermería de profesión, actualmente prepara unas oposiciones para el Sacyl. Llegó a España en 2002, concretamente a Soria, porque su padre tenía familia allí y ya había venido anteriormente con su hermano. «Ellos me animaron a venir a España y estuve en Soria 13 años cuidando niños, ya que siempre me ha gustado como profesión el cuidado de las personas. Después conocí a quien ahora es mi marido, a través de un amigo. Veíamos que teníamos muchas cosas en común y un día quedamos, fue una cita a ciegas y surgió el flechazo. Tras salir como novios nos casamos en la Embajada de Bulgaria en Madrid y me vine a Burgos, donde ya llevamos tres años juntos y somos muy felices», asegura.

 

De niña fue educada en la religión ortodoxa, aunque reconoce que no estuvo muy comprometida, «por eso había un vacío en mi corazón, la religión que yo viví en Bulgaria se limitaba a ir a la iglesia y encender una vela, poco más». Ha sido en Burgos donde se ha desarrollado su fe católica y el próximo 20 de abril será bautizada en la catedral por el arzobispo, don Fidel Herraéz, en la misa de la Vigilia Pascual. Cuenta que fue a través del ejemplo de su madrina, que fue su profesora de prácticas de auxiliar de enfermería en el Hospital San Juan de Dios, como llegó a conocer la fe católica. «Lo curioso es que no me hablaba de Dios, pero veía a Dios en su manera de ser, en cómo trataba a los enfermos, en la alegría que tenía y además conocí a su familia y me di cuenta del amor que se tenían, de lo que es una familia cristiana, lo bien que se llevaban y el buen trato que me dieron a mí, como uno más entre ellos. Eso fue muy importante, me hizo sentir el amor al prójimo, un amor que estoy segura venía de Dios y que me acercó a la Iglesia», revela.

 

«Mi madrina me llevaba a misa algunos días a la catedral y otros a San Cosme y San Damián», relata. «Nadie me dijo si deseaba ser católica, mi madrina no me hablaba de nada de ello, pero yo sentía esa necesidad porque quiero parecerme a ella, sentir esa alegría que ella tiene y que me ha transmitido, y un día se lo dije, que quería ser católica. Por supuesto, supuso una gran alegría».

 

 

«Llevo mucho tiempo deseando la comunión pero no puedo recibirla al no estar bautizada; ahora podré hacerlo y tener a Cristo conmigo siempre».

 

Asegura que para ella recibir el bautismo es muy importante: «algo que deseo con todo el corazón, que voy a formar parte de la Iglesia, de la familia de Cristo, y eso me hace feliz, porque llevo mucho tiempo deseando la comunión pero no puedo recibirla al no estar bautizada, y ahora podré hacerlo y tener a Cristo conmigo siempre».

 

Su preparación para recibir el sacramento ha sido un proceso «largo pero muy bonito». «Me han preparado Cristina Ibáñez, que sabe mucho de teología, y también han sido mis catequistas Miriam, Laura y Jorge, que son todos estupendos. Ellos han compartido conmigo la alegría de ser cristianos y han respondido a todas mis preguntas sobre lo que es el bautismo. Tienen una alegría y una felicidad contagiosa y les agradezco mucho el tiempo que me han dedicado, que han sido 45 sesiones de catequesis, en las que he aprendido mucho y me han mostrado el camino. Y también han sido muy importantes para mí Maxi, el párroco de San Cosme, y Quique, el sacerdote, que han sido muy buenos conmigo», relata.

 

«No podemos encontrar a Dios si no es a través de los demás y del amor que pone en otras personas para que lo transmitan»

 

Sentir el amor de Dios no ha sido algo que ha ocurrido de repente, confiesa. «Ha sido un proceso largo, de unos 15 años. Yo notaba un vacío en mi corazón. En Bulgaria leí el Corán y la Biblia buscando a Dios, necesitaba encontrar algo que me llenara la vida y por más que estudiaba y trabajaba, el vacío seguía dentro de mí. Como ya he dicho, el momento en el que siento a Dios es cuando conozco a Mari, mi madrina y profesora de prácticas en el Hospital. Entonces hay algo especial que siento al verla, no podemos encontrar a Dios si no es a través de los demás y del amor que pone en otras personas para que lo transmitan, al igual que el amor que ahora me llega a mí, siento que debo transmitirlo a los demás. Para mí Mari Cruz ha sido como una luz en mi camino que me ha mostrado a Dios, en su manera de ser y de actuar con los demás», reitera.

 

Elena ahora reflexiona: «No me daba cuenta, pero Dios siempre ha estado ahí, e incluso me ha salvado de morir en un accidente de tráfico en Bulgaria, en el que el coche quedó totalmente destrozado y a mí no me pasó nada. Ahora he comprendido que fue voluntad de Dios y después ha estado presente en mi vida en mi vocación de atención a los demás a través de mis estudios de auxiliar de enfermería. Me estoy preparando unas oposiciones y si obtengo la plaza, será que Dios la pone en mi camino para ayudar a muchas personas. Sí que he sentido y siento a Dios presente en mi vida».

 

Admite que por un lado sí le hubiera gustado haber recibido el bautismo de niña, «pero ahora te diría que no cambio nada, porque todo el proceso que he vivido en Burgos de preparación con personas maravillosas ha merecido la pena y he aprendido mucho. Si ahora me permitieran volver atrás, lo haría igual, porque lo que he vivido y aprendido va a marcar mi vida de cristiana para siempre», concluye.