Gamonal homenajea a su patrona, la Virgen de las Candelas

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Entrega del Tito de Oro del año pasado, que estuvo dedicado a los misioneros burgaleses. Foto: noticiasburgos.com

 

Mañana, fiesta de Nuestra Señora de la Candelaria, el barrio de Gamonal prepara una serie de eventos para homenajear a su patrona. Los actos comenzarán por la mañana, con el volteo de las campañas de la iglesia de la Real y Antigua a las 8:00 horas y la bendición de los niños que han sido bautizados a lo largo del pasado año 2017. Se recuerda así  el momento en el que María llevó a Jesús al templo. A las 12:00 horas, el arzobispo de la diócesis, don Fidel Herráez Vegas, presidirá una solemne eucaristía que posteriormente dará paso a la entrega del Tito de Oro por parte de la Cofradía de San Antón, y que este año estará dedicado al Centro de Referencia Estatal de Atención con Enfermedades Raras y sus Familias (CREER). Y por la tarde, los festejos continuarán con la procesión de Las Candelas a las 17:30 horas.

 

Al día siguiente, sábado 3 de febrero, tendrá lugar una de las novedades de este año: Una paella popular que recaudará comida a favor del Banco de Alimentos. Estos no son los únicos actos programados con motivo de estas fiestas en Gamonal, ya que el barrio vivió el chupinazo anunciador el pasado día 27 de enero y desde entonces son varias las actividades que se han estado ofreciendo cada día. Una de ellas es la exposición «Las mujeres de la Biblia», de Ángel Herráiz, en la Casa de Cultura de Gamonal.

 

Comienzan los cursos para completar la iniciación cristiana

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Adultos confirmados el año pasado.

 

Comienzan los cursos destinados a proporcionar una mayor formación cristiana a los laicos de más de 25 años y que no esté confirmados y que se impartirán en Burgos, Miranda de Ebro y Aranda de Duero.

 

En Burgos, los salones parroquiales de Nuestra Señora de Fátima acogerán un curso los jueves a las 20:30 horas desde el 1 de febrero hasta el 17 de mayo. Para quienes deseen recibir más información o participar, pueden llamar al 689 97 70 94. Los salones de San Martín de Porres también recibirán esta actividad los sábados 10 de febrero, 10 de marzo, 14 de abril y 12 de mayo, en esta ocasión en horario de 10:30 a 13:30 horas y de 16:30 a 19:30 horas. Para información e inscripciones, llamar al 947 24 43 18. Además, el movimiento Cursillos de Cristiandad organiza un curso intensivo de viernes a domingo, y ofrece dos fechas opcionales: del 9 al 11 de marzo y del 4 al 6 de mayo. Se desarrollarán en el seminario de San José y se puede llamar al 689 57 61 05 para confirmar asistencia.

 

Por otra parte, tanto en Aranda de Duero como en Miranda de Ebro también ofrecerán estos cursos. En Aranda comenzarán el 5 de marzo y durarán 10 días, en horario de 20:15 a 21:30 horas en la Casa de la Iglesia de la plaza de los Tercios. Los participantes pueden inscribirse en cada parroquia o contactar llamando al 686 98 88 25/635 09 37 81. Mientras, en Miranda los cursos comenzarán los jueves a partir del 1 de febrero y durarán hasta marzo, con el mismo horario que Aranda, y tendrán lugar en la parroquia del Buen Pastor. Para inscripciones, llamar al 691 46 28 13.

 

Estos cursos suponen una ayuda fundamental para aquellos cristianos que quieren contraer matrimonio o ser padrinos de bautizo y que no estén confirmados, requisito básico para dar ambos pasos. Y también, por supuesto, para quienes quieren confirmarse con el deseo de fortalecer y asentar su fe. Durante los mismos, los participantes tendrán oportunidad de repasar el sentido de la vida cristiana y también asistir a una parte vivencial, con celebraciones, visitas y experiencias que les aportarán una mayor visión de la fe.

El apoyo espiritual que la tropa necesita

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El páter Pedro José y su «camarlengo», el soldado Luis Enrique Camarero.

El páter Pedro José y su «camarlengo», el soldado Luis Enrique Camarero.

 

Aunque afirma que es «uno más», su atuendo militar le señala como capitán. A pesar de ello, Pedro José López Suárez es más que un superior del ejército español. En la base militar de Castrillo del Val todos le conocen como «el páter» y saben que su misión va más allá de lo que compete a cualquier mando de las fuerzas armadas. Es uno de los 83 sacerdotes castrenses de España y, desde hace dos años, es el capellán encargado de la atención pastoral de los cerca de 1.600 militares destinados en Burgos y sus familias.

 

Este sacerdote nació hace 39 años en la Palma del Condado (Huelva) y, desde pequeño, siempre ha tenido una doble vocación: la sacerdotal, que siempre ha estado y considera «fundamental», y la atracción por la vida militar. Por desconocimiento a su edad, se decantó por lo primero –«pudo más el bonete que el tricornio»– y con 14 años entró al Seminario Menor de Huelva. Tras  estudiar Teología en el Seminario Mayor de Toledo, ordenarse sacerdote para esta diócesis en 2006 y ser párroco de la localidad pacense de Castilblanco, la idea del servicio militar volvió a rondar su cabeza. Por entonces, el papa Benedicto XVI nombró arzobispo castrense a don Juan del Río, entonces obispo de Asidonia-Jerez y antiguo conocido de Pedro José: «Siempre dice que yo fui su monaguillo», comenta sonriente.

 

Don Juan del Río le abrió el camino para acceder al presbiterado castrense. Sin embargo, tuvo que esperar aún algunos años, hasta que el obispo de Toledo, don Braulio Rodríguez, le concedió su anhelado permiso. Aprobó las oposiciones y en septiembre de 2015 entró en el Arzobispado Castrense. Su primer destino fue el cuartel general de la Unidad Militar de Emergencia, la parroquia castrense de la Ciudad del Aire de Alcalá de Henares y la prisión militar, también en Alcalá. Hace dos años le destinaron a Burgos: «Aparte de los consejos espirituales, la única recomendación que me hizo don Juan es que me comprara ropa de abrigo. Cuando llegué, pensé que el león no era como lo pintaban, que me habían engañado. Menos mal que este año he visto por fin la nieve… He disfrutado como un niño chico, todos pensaban que estaba loco, pero es que la única nieve que yo conocía era la del congelador», revela con desparpajo.

 

Es quizás esa alegría y simpatía las que hacen que su presencia en los tres regimientos de la base militar hayan camuflado su rango de «capitán» por lo que es en realidad: «el páter». «Mi principal labor es de presencia. Tengo que acompañar, estar con los soldados, hacer que el personal coja confianza. Ellos te ven como un oficial, como un capitán, y es muy difícil que olviden el “conducto reglamentario” si tú no te acercas y compartes tu día a día con ellos», revela. «Si no te haces cercano, no cogen confianza».

 

Es en ese trato cercano, «viviendo como un militar, siendo uno más con ellos», donde el páter va haciendo su trabajo pastoral. Un trabajo que defiende como algo propio y que tiene su razón de ser aún en un Estado que se denomina «aconfesional»: «Los militares son unos profesionales, sirven a España y necesitan atención personalizada en todos los ámbitos: en el médico, en el psicológico y también en el espiritual». Para atender debidamente todas sus necesidades, «es necesario estar metido de lleno en el ejército, conocer su estilo de vida, sus dificultades, vivir su propia vida», asegura.

 

Parecida opinión es la que mantiene el soldado Luis Enrique Camarero, un burgalés de 26 años y encargado de ayudar al páter en todas sus tareas: cuestiones de asesoramiento, papeleo, viajes… incluso de preparar lo necesario para la eucaristía y celebrar la misa con él siendo, en pocas ocasiones, el único feligrés que asiste a la liturgia. Para Camarero, el «Camarlengo», como le llama cariñosamente el mismo páter, la presencia de un sacerdote en el ejército es clave: «Es una pieza fundamental de apoyo emocional. Aquí todos le vemos como uno más, como un amigo, y es bueno que nos ayude en todo lo que necesitemos, también desde el punto de vista espiritual». «Él ayuda a que nadie se hunda», asegura convencido.

 

El páter Pedro José está disponible las 24 horas para los soldados de la base militar, «tanto para los católicos como para los que lo son, porque cuando vienen con alguna duda o pidiendo consejo de cualquier tipo yo no les pregunto qué fe profesan». En ese día a día, procura despertar en ellos o hacerles redescubrir la fe. El año pasado, preparó a 27 soldados a recibir el sacramento de la confirmación después de años alejados de la Iglesia. También celebra la eucaristía en la capilla de la base militar y prepara a los hijos de los militares para recibir la comunión u otros sacramentos.

 

Además de su trabajo pastoral, el páter es un oficial del ejército y, como tal, también recibe formación e instrucción. Sus superiores «civiles» también lo pueden mandar con su tropa a la misión, a acompañarles a las maniobras o asistirles en cualquier necesidad.

 

Sea como fuere, el capitán López Suárez vive contento su vocación. No hay más que verlo. Se mueve como pez en el agua en la base militar, conoce a sus soldados y responde con una sonrisa cuando se cuadran ante él con un «a la orden». Pedro José es, ciertamente, el páter que la tropa necesita.

San Lesmes abad, «un gran mediador» entre Dios y los burgaleses

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Un año más la ciudad de Burgos celebra a su patrón, san Lesmes Abad. De nuevo se dan cita en este día los tradicionales roscos y los bailes de los Gigantillos, además de danzantes con sus trajes tradicionales. La parroquia que lleva el nombre del santo ha vuelto a estar llena con motivo de la misa solemne que en su honor ha presidido el arzobispo de la diócesis, don Fidel Herráez Vegas. Allí han estado presentes el Ayuntamiento en corporación, la Federación de Peñas, Peñas y casa Regionales, además de peregrinos de Loudon y de otras localidades francesas, y por supuesto, un gran números de fieles que han querido arropar al patrón de su ciudad.

 

Don Fidel, quien ha trazado un perfil de este santo, ha destacado el papel mediador que ejerció en su tiempo, ya que estableció una relación directa «entre Dios y las personas con las que fue conviviendo: Él medió para que el mensaje de Dios nos llegase a todos. Y es un mensaje bellísimo y sencillo: que Dios nos ama a cada uno y que tenemos que amarle a Él y entre nosotros. Hemos de dar gracias a Dios por su mediación. A cuántas personas benefició a lo largo de su vida no solo de manera material, sino a cuántos ayudaría a encontrarse con Dios en esta vida y después de esta vida». Y llamó a los presentes a actuar también como mediadores, «pues esta es nuestra vocación, la de todos nosotros. No es necesario ir dando sermones, basta con nuestro ejemplo».

 

Triduo al santo

 

Tras la ceremonia se desarrollaron los bailes y actos típicos de esta celebración en la plaza de San Juan, a los que han asistido miles de burgaleses. Sin embargo, no terminan aquí los actos de homenaje a san Lesmes, ya que esta misma tarde comienza un triduo al santo que tendrá lugar a las 20:00 horas en la misma iglesia. Continuará mañana y concluirá el martes 30, también en estas dos ocasiones será a la misma hora y lugar.

Unos panecillos con mucha historia detrás

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Don Fidel Herráez recibe uno de los roscos de san Lesmes durante la ceremonia en honor del santo.

 

Durante la celebración de san Lesmes abad, patrón de la cuidad de Burgos, están presentes en la iglesia del santo unos roscos que son toda una tradición. Estos panecillos de san Lesmes se ofrecen durante la eucaristía en su honor. Los llevan la reina de las fiestas y las reinas de las peñas y otras niñas que le acompañan y lo presentan como ofrenda junto a ramos de flores. El alcalde por su parte ofrece un cirio, que simboliza el compromiso de la cuidad de renovar su devoción y gratitud a san Lesmes, y además, la ceremonia incluye la incorporación de los nuevos hermanos a la hermandad Adelmus.

 

Volviendo a los roscos, surge la pregunta: ¿De donde nace esta tradición inmemorial? Según cuenta César Alonso, quien fuera párroco de la iglesia de San Lesmes durante más de dos décadas, esta costumbre viene de «la vida de beneficiencia del santo, quien no dudaba en alimentar a los pobres ofreciéndoles pan, además de atender también a peregrinos y enfermos». Procuraba disponer de la suficiente cantidad como para que no le faltase a nadie, y por este motivo se pensaba que este monje benedictino hacía milagros con este alimento y que nunca se le acababa. «Posteriormente, con el transcurso del tiempo, los burgaleses adoptaron la costumbre de llevar el pan en el día de san Lesmes para que se lo bendijese el sacerdote en la iglesia, esto es algo que también se hacía en el día de san Blas. Después ese pan se guardaba en casa como un sacramental, así contaban con la gracia de Dios en sus hogares, con algo que les conectaba con Él. Este pan bendito también se daba a los enfermos o se colgaba en algún lugar de la casa, como la cocina, con la idea de tenerlo en allí todo el año». Y llegamos a la época actual, cuando se constituye la hermandad Adelmus, y que utilizará estos panecillos como una forma de obtener ingresos para sus actividades. «Los llevan a bendecir y los venden para obtener medios económicos para la celebración de las fiestas del santo, concretamente buscan acoger a los peregrinos franceses».

 

 

Además, los roscos también están presentes en las pastelerías y panaderías, que han adoptado en estos últimos años la costumbre de producirlos en estas fechas, y son dulces y hojaldrados, a diferencia de los que se ofrecen ante el patrón en la parroquia, que son de pan. Suelen estar rellenos de crema o nata, y al igual que el roscón de reyes, este rosco también lleva una sorpresa en su interior. En este caso se trata de un pequeño báculo de san Lesmes, y debe pagar el rosco quien se lo encuentre. Otra manera de dar proyección a este santo tan querido por los ciudadanos de Burgos.