Catequistas encantados con la belleza
La biblioteca de la Cámara de Comercio acogió ayer una nueva reunión de trabajo para preparar la programación del VIII Centenario de la Catedral. La comisión ejecutiva tenía como objetivo para la reunión la elaboración de un documento en el que se especificaran las actividades que pueden tener lugar durante los próximos meses. Uno de los acuerdos a los que se llegó es el realizar la presentación oficial de los actos programados el 12 de abril en el Fórum Evolución, día en que también se inaugurará una exposición de tapices en la sala Valentín Palencia de la seo.
El resto de temas que se tocaron en la reunión versaron en torno a las numerosas actividades que se pueden ofrecer en este aniversario: desde pruebas deportivas hasta conciertos de campanas, pasando por premios literarios, viajes en globo, una edición especial de las Edades del Hombre o exposiciones de pintura.
En la tarde de ayer, y con la autorización de la Consejería de Fomento y Medio Ambiente de la Junta de Castilla y León, técnicos del Arzobispado procedieron a retirar el nido de cigüeña de la espadaña de la Facultad de Teología.
El organismo de la Junta permitió la eliminación del nido a petición de la propia Facultad y el servicio técnico de obras de la diócesis, que argumentaba peligro grave de caída sobre la cubierta del edificio y sobre la vía de acceso peatonal al Archivo Diocesano. De hecho, el pasado mes de mayo algunos restos del nido cayeron al suelo, a punto de dañar a algunas personas que hacen uso de este servicio.
La Junta obligaba a retirar el nido antes del 15 de enero, momento en que comienza la migración de este tipo de aves. Aún así, desde el servicio técnico de obras de la diócesis, argumentan que no se pretende acabar con la presencia de la cigüeña, sino atajar el problema del peso del nido y el peligro que conllevaba en la actualidad. De ahí que no se tomarán nuevas medidas si la cigüeña vuelve a anidar en el lugar.
María Eloísa Pedraza vino de Colombia a Miranda de Ebro hace 17 años, pero a estas alturas se considera mirandesa, ya que esta localidad se ha convertido en su hogar desde entonces. Y tanto la quiere que ha rechazado irse a otros lugares cercanos como Vitoria, donde viven dos de sus hijas y le insisten para que vaya con ellas. «Les he dicho que de Miranda no pienso salir, no lo cambio», cuenta riendo.
Su historia y la de su marido Edgar en España comenzó cuando a él le ofrecieron trabajo en una empresa de Miranda, y que conocieron a través de un amigo que ya vivía en esta ciudad. Así que sin dudarlo demasiado, decidió viajar para obtener este empleo. Pero las cosas no salieron según lo esperado, y el trabajo no salió. Sin embargo, recurrió a la ayuda y asesoramiento de Cáritas, y al poco tiempo surgió un empleo en Vitoria. Gracias a este impulso, María Eloísa pudo, tres meses después, viajar a Miranda e instalarse con su marido.
Para ella no fue un paso sencillo: «Lo más duro de dejar Colombia fue dejar también a nuestros hijos. Tengo cinco, y conmigo se vino Daniela, la pequeña, que por entonces tenía tres años y medio». Ahora es una joven universitaria de veinte años que cursa sus estudios de periodismo en Bilbao. «Allí se quedaron cuatro, la menor de ellos tenía catorce años. Dejar la familia y empezar de nuevo fue doloroso. Volvimos a reunirnos a los dos años de venir a España con las dos que eran menores de edad, ya que a los dos mayores tuve que buscarles empleo para que pudiesen venir», y a base de buscar, lo logró. María Eloísa se siente afortunada por tener en España a toda la familia, y además de sus cinco hijos, es abuela de seis nietos. «Doy gracias porque incluso durante los peores años de crisis, han tenido trabajo, es una suerte con la que no todos han podido contar», comenta.
Sobre su adaptación a España, María Eloísa cuenta que no fue una tarea sencilla, empezando por la cuestión de la búsqueda de empleo: «La verdad es que no tenía ninguna profesión, así que me recomendaron ofrecerme para servicios de limpieza en hogares y repartir papelitos con mi contacto. Pero en el colegio en el que estudiaba mi hija, una conocida me ofreció empleo para trabajar para los padres de ella. Fue una familia muy acogedora y nos ayudaron en todo. La verdad es que estando en Miranda siempre he dado con gente muy buena, no puedo quejarme de nadie».
Otro reto al que se tuvieron que enfrentar fue regresar a Colombia en 2012 por motivos laborales. «Ya habíamos edificado nuestra vida en Miranda y fue duro este regreso, sobre todo para mi hija pequeña, que se había criado en España y estaba adaptada a sus costumbres; el cambio no le gustó nada». Sin embargo, esta etapa en Colombia llegó a su fin en 2016. «Echábamos de menos Miranda y siempre tuve idea de volver, nunca quise irme». Esta experiencia le ha servido para afirmar con claridad que su futuro está en esta tierra: «Si Dios quiere y nos lo permite, quiero seguir aquí, ya no nos vemos en Colombia. Además, estamos pagando nuestro piso… así que aquí nos quedamos».
María Eloísa finaliza contando que si tuviera que aconsejar a un recién llegado para adaptarse mejor al país que le recibe, lo primero que le recomendaría es que acuda a Cáritas y a la iglesia, «porque allí le van a orientar mediante ayuda jurídica o cualquier tipo de apoyo que necesite de forma más inmediata». «Lo que más ayuda a alguien que inmigra es que los que ya realizamos el proceso que venir e integrarnos estemos dispuestos a abrirle las puertas y ofrecerle facilidades para su adaptación. En mi caso, me he sentido muy acogida desde el principio. Cáritas nos abrió las puertas y siempre nos han apoyado y estado con nosotros. Nos ayudaron a tramitar los papeles de los hijos, y en todo. Por todo esto, me considero ya mirandesa». Y como agradecimiento a la acogida y cariño que ha recibido desde que llegó, María Eloísa ha dicidido implicarse en la vida social de Miranda: Es la presidenta de la Asociación Colombia a de Miranda y miembro de la Comisión arciprestal de pastoral de migraciones de la ciudad.
«En Burgos los niños son muy buenos». Lo dice alguien especialmente querido por ellos: el rey Baltasar, que como cada año, pasa con su séquito de pajes por la ciudad para dejarles los regalos que se han ganado merecidamente.
Pero cuando no ejerce como rey, Baltasar, también conocido como Ngassa Njimi Idriss, aunque todos le llaman Njimi, lleva una vida discreta para que los niños no le puedan identificar. Vino de su tierra natal, Camerún, hace cuatro años y desde el principio quiso participar en la cabalgata que recorre las calles de Burgos. «Para mí era una forma de integrarme y adaptarme en la cultura que me acoge. En mi país esta fiesta no existe, y me llamó la atención que aquí tanto los niños como los mayores quisiesen tanto y conociesen tan bien a un rey negro que viene de Oriente». Cuenta que venir a España «fue duro», y al igual que hace más de dos mil años, se dejó guiar por «un Dios que contestó» a sus interrogantes y al que buscaba.
Reconoce que lo que peor lleva es pronunciar su discurso, «hablando en alto», con tanta expectación rodeándole, medios grabándole y tanta gente pendiente de lo que dice. «Los niños preguntan entonces qué tal ha ido el viaje, como he hecho para llegar. Les digo que ha sido largo y duro, pero que ha merecido la pena porque sabemos que en Burgos los niños se portan fenomenal».
Baltasar en su día fue paje, y recuerda que se lo pasó «muy bien», «no sólo por los niños, también se ve mucha ilusión en los mayores. Es una experiencia muy grata, que hace feliz a todos». Y es la alegría y lo mucho que le quiere la gente lo que más le gusta de su trabajo, «además de la imagen que tiene».
Esta noche es muy dura para sus majestades de Oriente, y además, el trabajo empieza pronto, con varias visitas previas a la cabalgata. Y es que tristemente, hay personas, sobre todo niños, que no pueden asistir a esta fiesta aunque quieran. Pero los Reyes Magos también han pensado en ellos. Esta tarde, además de saludar y dar todo su cariño a los niños y mayores que les recibirán en las calles, también pasarán por una residencia de ancianos para escucharles y «darles un poco de alegría», tal y como cuenta Baltasar. Después irán al hospital a ver a los niños que están ingresados y no pueden presenciar la cabalgata: «Nosotros vamos allí para que puedan disfrutar». Seguramente sea esta una de las mejores medicinas que estos niños recibirán en estas fechas. Tras el desfile, dirigirán unas palabras a todos los presentes desde el Teatro Principal y después…los niños ya saben lo que toca: A dormir pronto para que Melchor, Gaspar y Baltasar puedan hacer bien su labor y dejarles los regalos con el mismo cariño que mostraron cuando adoraron al Niño Jesús.