Dieciséis personas van a mejorar su empleabilidad gracias a Cáritas

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El programa de Empleo de Cáritas en la Ribera desarrolla, desde el pasado 2 de octubre, un itinerario de empleabilidad subvencionado por la Junta de Castilla y León y el Fondo Social Europeo. En esta modalidad, cada integrante del grupo de 16 alumnos realizará una formación específica que contribuya a mejorar sus posibilidades de encontrar un empleo. Además, todos ellos la complementarán con formaciones en habilidades sociales, orientación laboral, nuevas tecnologías y otras. Para esta edición se han previsto los siguientes cursos: ayudante de cocina, de 120 horas, que se impartirá desde el 30 de octubre hasta el 1 de diciembre en horario de mañana; el de empleadas del hogar y servicio doméstico, con fechas por determinar y 100 horas de duración y el de vitivinicultura, de 25 horas.

 

Desde el área de Empleo, Noelia Herrero, técnico de Cáritas Aranda, señala que «seguimos apostando por estas formaciones por ser sectores donde más empleo vemos y posibilidades reales de trabajo tenemos». Sobre las formaciones ya iniciadas destaca el curso de Ayudante de Cocina, al que asisten 15 personas, impartido por personal de la empresa Vinumarium, que cuenta además con la colaboración del Ayuntamiento de Aranda, que ha cedido las instalaciones municipales de cocina.

 

Actuación a favor de Cáritas Aranda

El grupo de danzas «Alquería» de la Escuela Municipal de Folklore de Aranda de Duero ha organizado una actuación benéfica a favor de Cáritas Aranda. La actuación tendrá lugar el próximo sábado, 18 de noviembre, a las 19:00h en el Centro Cultural Caja de Burgos de Aranda de Duero. Las entradas, que tienen un precio de 7 euros, también se pueden adquirir en el lugar de la actuación.

 

El programa de Empleo de Cáritas Diocesana de Burgos

El programa de formación y orientación laboral de Cáritas es una de las principales apuestas de nuestros servicios de atención social. El empleo es el primer factor de integración y por ello desarrollamos durante todo el año diversas actividades encaminadas a reforzar las capacidades profesionales de hombres y mujeres para que puedan acceder de manera autónoma a un puesto de trabajo en el mercado laboral. De esta manera se realizan tareas como:

  • Acogida y Orientación laboral personalizada
  • Acompañamiento en la Búsqueda Activa de Empleo
  • Formación para el empleo. Formación ocupacional y Cursos de especialización laboral
  • Intermediación laboral-Agencia de colocación: Recogida de ofertas de trabajo para facilitar el empleo de las personas que atendemos.

Cáritas Burgos, en su afán de seguir trabajando con colectivos más desfavorecidos, desde el programa de Empleo se pone en marcha un año más el programa  de Activacion de la Empleabilidad para la Inserción Laboral, que está orientado principalmente a perceptores de Renta Garantizada y  es financiado por Junta de Castilla y Leon, Fondo Social Europeo y Gerencia de Servicios Sociales.

 

Las  acciones para favorecer la empleabilidad se desarrollan a través de la activación de sus capacidades personales y de su motivación mediante el desarrollo de Itinerarios de Inserción, que contengan actuaciones de Información, Orientación,Formación e inserción socio-laboral. Es un programa que está destinado a personas vulnerables y en riesgo de exclusión, en situación de desempleo o que quieran mejorar su situación laboral. Por ello, es importante destacar que el acceso a los servicios de empleo de Cáritas pasa necesariamente por una valoración de los servicios de acogida, por lo que hay que pedir cita previamente en el programa de Acogida.

Fallece el sacerdote Domiciano Herrero Vicario

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Fallece el sacerdote Domiciano Herrero Vicario

 

Al amanecer del día de hoy, 8 de noviembre, ha fallecido, a los 86 años de edad, el sacerdote diocesano Domiciano Herrero Vicario. Nacido el 20 de octubre de 1937, fue ordenado sacerdote el 9 de septiembre de 1962.

 

Su primer destino pastoral fue como párroco en Ura, localidad a la que pocos meses después se sumarían Castroceniza y Retuerta. Cinco años después, dejaría estas parroquias para pasar a San Martín de Losa, Lastras de la Torre y Quincoces de Yuso. Dejó estos pueblos en 1974 para servir en Hurones, Riocerezo y Monasterio de Rodilla. Tres años después, dejó los dos primeros para asumir también Rublacedo de Arriba y Rublacedo de Abajo. En 1983 se le encomendaron, además, las localidades de Turrientes, Quintanilla del Monte en Juarros, Villaescusa la Solana, Villaescusa la Sombría, Arraya de Oca y Cerratón de Juarros.

 

En 1994, es enviado como párroco a Cuzcurrita de Aranda, Casanova y Peñaranda de Duero. En ese tiempo, recibe también el nombramiento de capellán de las Madres Concepcionistas Franciscanas de Peñaranda. En 2003, el arzobispo le encomienda también la parroquia de Zazuar, a las que suma dos años después San Juan del Monte.

 

En 2006, dejó estos pueblos para asumir Citores del Páramo, Yudego, Villandiego, Castrillo de Murcia, Hontanas y Castellanos de Castrojeriz. A partir de 2011, además, ejerció como capellán auxiliar del Tanatorio de San José de Burgos.

 

Desde 2017, asistía como capellán a la residencia de Diputación en Fuentes Blancas y a la de Asistidos de la Junta de Castilla y León.

 

El funeral por el eterno descanso de Domiciano Herrero Vicario tendrá lugar mañana jueves, 9 de noviembre, a las 11:45 horas, en la iglesia parroquial de San Pablo de Burgos. Descanse en paz.

 

Fallece el sacerdote Domiciano Herrero Vicario

Nuestro Seminario de San José cumple 125 años

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Queridos hermanos y hermanas:

 

Nuestro Seminario de San José cumplirá el próximo domingo 125 años formando sacerdotes a la medida del inmenso amor de Dios. Os invito a conocer los actos que han preparado para dicha efeméride y participar en ellos dando gracias a Dios por tantos dones recibidos.

 

Hoy recordamos, de manera muy especial, al cardenal fray Gregorio María Aguirre –entonces arzobispo de Burgos– y al hoy beato Manuel Domingo y Sol, quienes fundaron, en 1897, el Seminario Menor de San José. El 22 de abril de ese mismo año fue colocada la primera piedra del edificio. Tras concluir las obras, en noviembre de 1898, el centro formativo inició su andadura académica, encargando el cuidado y la formación de los jóvenes a la hermandad de sacerdotes Operarios Diocesanos.

 

La inauguración de aquel curso guarda un detalle imborrable: comenzó con la celebración de la Eucaristía y la posterior reserva del Santísimo Sacramento en el sagrario de su capilla. Desde entonces, el Seminario recuerda, cada segundo domingo de noviembre y con especial emoción, aquella primera reserva eucarística con su entrañable fiesta del Reservado, a la que asisten no solo los seminaristas y sus familias, sino también numerosos sacerdotes que se han formado entre los viejos muros del edificio del Paseo del Empecinado.

 

Qué importante es contemplar cómo permanece y sigue dando frutos en abundancia esta comunidad de vida: como semilla de futuros sacerdotes, como lugar de crecimiento interior, como comunidad educativa y misionera, como experiencia fuerte de Dios y como respuesta a una llamada que cambia por completo la mirada, el alma y el corazón para la tarea evangelizadora.

 

No es fácil, en este tiempo que vivimos, anunciar el Evangelio a nuestros conciudadanos. Por eso, el Seminario ha de acompañar, guiar y capacitar a todos y cada uno de los jóvenes que ponen sus pies en esa tierra sagrada. Y ha de hacerlo con un espíritu firme de docilidad, generosidad y entrega que sepa llevar al joven que responde a la llamada hasta los brazos de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote.

 

El Seminario de san José ha sido y es la casa de jóvenes que se sienten llamados a entregar la vida por entero y de forma valiente al Señor y ser enviados por él para hacer discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que Él nos ha mandado (cf. Mt 28, 19-20). Él, quien está con nosotros todos los días hasta el final de los tiempos, es el primer misterio gozoso, luminoso, doloroso y glorioso del que todo nace.

 

Al pensar en el Seminario y en su propuesta de vida para darle sentido al corazón del mundo, recuerdo a san Manuel González, el obispo de los sagrarios abandonados y fundador de los Misioneros Eucarísticos Diocesanos y las Misioneras Eucarísticas de Nazaret. Este santo obispo, primero de Málaga y después de Palencia, decía que la única riqueza del sacerdote es la virtud del nombre de Jesús. Y jamás apartó su mirada de Jesús en la Eucaristía que le proporcionaba ojos para ver al pobre inserto en la propia carne del Señor.

 

Queridos seminaristas que deseáis abrazar el sacerdocio ministerial respondiendo generosamente a la llamada de Jesús: no tengáis miedo de entregaros totalmente a Quien es la fuente de la vida y la misericordia, por Quien vale la pena venderlo todo para seguirle en el amor y el servicio. Confío vuestras vidas entregadas y vuestro camino de preparación al presbiterado a la maternal protección de María, cuyo regazo es escuela de bien y de gracia. Y os invito a imitar a san Manuel González, quien –al final de su vida– pidió ser sepultado en la capilla del Santísimo de la catedral de Palencia, con este epitafio que él mismo dictó: «Pido ser enterrado junto a un Sagrario, para que mis huesos después de muerto –como mi lengua y mi pluma en vida– estén siempre diciendo a los que pasen: ¡Ahí está Jesús! ¡No lo dejéis abandonado»!

 

Con gran afecto, pido a Dios que os bendiga.

 

+ Mario Iceta Gavicagogeascoa

Arzobispo de Burgos

Melgar de Fernamental acogerá el Encuentro Pastoral Diocesano

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Melgar de Fernamental, en el Arciprestazgo de Amaya, acogerá el próximo sábado, 11 de noviembre, la celebración del XIV Encuentro Pastoral Diocesano. En esta ocasión, llevará por lema Comunidades misioneras y servirá, además, para celebrar todos juntos el Día de la Iglesia Diocesana.

 

La jornada comenzará a las 10:45h con un encuentro en el salón de actos Santa Ana, en la Plaza Mayor de Melgar. Tras un momento de oración y presentación, llegará el turno de exponer reflexiones y experiencias en torno a la sinodalidad vividas y animadas por los consejos pastorales y económicos. Además, nos acompañará Fernando Gutiérrez, arcipreste de Ávila, que también aportará su experiencia en este asunto.

 

Más tarde, a las 13:00h, habrá posibilidad de conocer mejor algunos de los rincones de Melgar de Fernamental y de su entorno. Espacios como la iglesia parroquial de la Asunción de Nuestra Señora, el segundo templo más grande de la provincia, tras la Catedral de Burgos; la ermita de Zorita; el museo etnográfico o uno de los tramos del Canal de Castilla.

 

melgar fernamental encuentro diocesano pastoral

 

Tras la comida, que se celebrará en el polideportivo municipal a las 14:30h, llegará otra iniciativa cultural. En este caso, a través del grupo de teatro de Sasamón, que va a representar una pequeña obra de teatro a las 16:15h en la Casa del Cordón de Melgar de Fernamental.

 

Finalmente, la iglesia parroquial de la Asunción de Nuestra Señora en Melgar acogerá a las 17:00h la misa presidida por nuestro arzobispo, Mons. Mario Iceta, que pondrá el broche a este encuentro diocesano, que concluirá en torno a las 18:00h.

 

La organización va a facilitar el desplazamiento desde Burgos, Aranda de Duero, Lerma, Miranda de Ebro, Briviesca, Quintanar de la Sierra, Salas de los Infantes, Espinosa de los Monteros, Villarcayo, Medina de Pomar y Trespaderne, siempre que haya demanda.

 

melgar fernamental encuentro diocesano pastoral

 

El encuentro inicial, las visitas guiadas, la obra de teatro y la misa serán actos abiertos a todo el que quiera participar. Sin embargo, la comida necesita inscripción y tiene un precio de 15 euros. Además, el viaje en autobús también necesita inscripción previa y tendrá un coste de 10 euros, independientemente de dónde se coja el autobús. El pago se efectuará el mismo sábado, 11 de noviembre.

 

Las inscripciones estarán abiertas hasta el domingo, 5 de noviembre. A partir de ese momento, solamente se admitirán nuevas inscripciones si quedan plazas libres. Se realizan a través del correo electrónico vicariapastoral@archiburgos.es

125 años formando sacerdotes

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En 1897, el cardenal Fray Gregorio María Aguirre –entonces arzobispo de Burgos– y el hoy beato Manuel Domingo y Sol fundaron el Seminario Menor de San José. El 22 de abril de aquel año se colocó la primera piedra. Una vez concluidas las obras, en noviembre de 1898, el centro formativo comenzó su actividad académica con matrícula completa encargando el cuidado y la formación de los jóvenes a la hermandad de sacerdotes Operarios Diocesanos. El curso se inauguró con la celebración de la misa y la posterior reserva del Santísimo Sacramento en el sagrario de su capilla. Desde entonces, y año tras año, el segundo domingo de noviembre, el Seminario recuerda con alegría aquella primera reserva eucarística con su entrañable fiesta del Reservado, a la que asisten no solo los seminaristas y sus familias, sino también numerosos sacerdotes que se han formado entre los viejos muros del edificio del paseo del Empecinado.

 

José Antonio Cuesta fue rector de 1978 a 1993 y recuerda cómo aquel día esa casa se llenaba de alegría y de numerosas familias. Por entonces, eran 270 los alumnos que copaban las listas de la institución, de los cuales, los más mayores (los de 3º BUP y COU) vivían en el Seminario de San Jerónimo. Aquella matrícula tan elevada hablaba por entonces de «un ambiente religioso y de familia cristiana que, no obstante, empezaba a decrecer», reconoce Cuesta. Después de Justino Losa y Procopio Rodríguez, fue el tercer rector diocesano tras la marcha de los Operarios y trabajó por lograr que aquella fuera una casa «alegre y gozosa», un lugar donde los jóvenes «se sintieran a gusto y queridos, creciendo en un ambiente de valores y con una formación humana y cristiana de calidad».

 

En los catorce años en que José Antonio fue rector, los ingresos disminuyeron considerablemente, hasta alcanzar los 125. Un dato doloroso ya por entonces, después de que solo unos años antes, en la década de los 60, se levantara una tercera planta para acoger nuevos alumnos. Se veía un bajón vocacional y la consiguiente preocupación: «Si disminuyen las matrículas no habría tantos sacerdotes», pensaba el rector en una época en la que los jóvenes que acababan abrazando el ministerio suponían, por entonces, en torno al 12% del alumnado, que llegaba de todos los rincones de la provincia. «Dado que muchos de ellos no iban a acabar siendo sacerdotes, queríamos que se afianzase firmemente en ellos la vida cristiana», reconoce Cuesta, quien junto a otros nueve sacerdotes organizaba el proyecto educativo en base a la «disciplina y una formación programada en valores» junto al «compañerismo, el juego y la fiesta».

 

Cambio de época

 

Y es que el Seminario es, principalmente, un lugar donde discernir la vocación que los jóvenes sienten por el sacerdocio. Al reto de la formación de los adolescentes se sumó, en 2002, la de los candidatos al sacerdocio en sentido estricto. Tras el cierre del Seminario Mayor de San Jerónimo (inaugurado por Francisco Franco en 1961), el edificio del paseo del Empecinado asumió esta tarea. El responsable del traslado de la documentación y los seminaristas fue Jesús Ibáñez, quien dirigió la institución de 1993 a 2003. Vivió aquellos momentos «con tristeza por tener que unificar y cerrar el Seminario Mayor», pero a la vez «con la alegría e ilusión de emprender un proyecto nuevo, de crear un único seminario».

 

El traslado no fue fácil, el edificio tuvo que sufrir numerosas obras de habilitación y creación de nuevas habitaciones. Además, las aulas se trasladaron durante tres años a las instalaciones de la actual Casa de la Iglesia y los niños iban y venían de San José al palacio arzobispal dos veces al día. «Los alumnos, las familias y los profesores respondieron muy bien», recuerda Ibáñez. «Estuvimos al pie del cañón los formadores y los chicos integraron el cambio con total normalidad. Todos sentíamos la necesidad de unificar los dos seminarios y todos pusimos lo que estaba en nuestras manos, incluido el arzobispo», por entonces, Santiago Martínez Acebes, quien siempre manifestó «ánimo y respaldo».

 

La unificación de los dos centros formativos en uno, no obstante, parecía ser un simple espejismo y las vocaciones siguieron menguando. Ibáñez –que también fue formador con su predecesor– también reconoce que «la cosa iba cada vez a menos» y legó a su sucesor, Jesús Andrés Vicente, un Seminario Mayor con apenas doce jóvenes. Para él –que fue rector de 2003 a 2008– aquellos fueron los «mejores años de su vida» sacerdotal: «Siempre me tiró el tema de la formación, de el trato con jóvenes que se plantean un ideal de vida, a los que puedes aportar y que ellos te aporten. A mí siempre me admiró mucho la gente que estaba en el Seminario», reconoce.

 

La situación eclesial, social y vocacional emprendía un nuevo camino, comenzando a abandonar una Iglesia de cristiandad y ahora «duda» de que, quizás, le faltó en aquella época formar a los jóvenes en mejorar actitudes relacionales y en tantas dimensiones de acompañamiento que hoy se ven necesarias en la nueva evangelización.

 

Con todo, y ante el cambio de paradigma epocal, su mayor preocupación fue descubrir que «hubiera vocación» en los jóvenes que deseaban ser sacerdotes, «lo cual no es un dato matemático, se va comprobando a medida que se camina. Y cuando se va caminando del brazo de la vocación todas las demás facetas de la vida toman ese color, las facetas humanas, la amistad, el trato con la gente, los puntos de vista, las perspectivas… todo se va coloreando con el color del ministerio» que muchos de sus jóvenes acabaron abrazando: «Salieron (sacerdotes) casi todos y todos diferentes unos de otros, no están cortados con el mismo patrón; y quien diga eso es que no los conoce», sentencia.

 

La escasez progresiva de vocaciones no sólo se vivía en Burgos, sino también en otras diócesis vecinas. Fernando Arce heredó la dirección del Seminario en 2008 y vivió la integración en el centro de seminaristas de otros lugares no sólo de España, como Osma-Soria y La Rioja, sino de otros países, como Burundi. Además, buscó la manera de colaborar con el rector del recién inaugurado Seminario Misionero Redemptoris Mater, realizando algunas acciones conjuntas. «Realizamos proyectos bonitos», recuerda, como el intento de aunar también en un seminario interdiocesano los seminarios menores de algunas provincias cercanas, algo que, a pesar de las buenas intenciones, no llegó a fraguar.

 

En sus últimos años como rector, fue testigo de los cambios que la Santa Sede quería implementar en la formación de los candidatos al sacerdocio y la puesta en marcha de nuevos proyectos formativos, una nueva «ratio» educativa que tuvo que poner en marcha su sucesor, Javier Valdivieso, que dirigió la institución de 2016 a 2022.

 

Últimas reformas

 

La nueva normativa pedía la implantación de un año propedéutico –una suerte de etapa de adaptación– y una formación sacerdotal que atestigue claramente la vocación. Además, Valdivieso fue testigo de cómo las vocaciones no aumentaban y el reducido número de seminaristas propició un «ambiente de familia» que se reforzó con la pandemia y la unificación de todas las habitaciones en una única parte del edificio, destinando la otra a residencia de la escuela de pilotos de aviación. Durante la su época de rector, también se optó por que los adolescentes del Seminario Menor asistieran a las clases en el colegio diocesano San Pedro y San Felices, poniendo así punto y final a la docencia escolar que se impartía en el edificio.

 

Actualmente, el rector de la casa es Javier Pérez. Tomó posesión el año pasado y vive con «ilusión y temor» la formación de los jóvenes. «Es mucha responsabilidad», sostiene, a la vez que califica a los actuales seminaristas como «ilusionados», «jóvenes de su tiempo que vienen de la cultura actual y conocerán cómo acercar el evangelio a las nuevas circunstancias».