Llamados, como los santos, a la perfección del amor

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santos

 

Queridos hermanos y hermanas:

 

El Señor nos eligió a cada uno de nosotros «para que fuésemos santos e irreprochables ante Él por el amor» (Ef 1,4). Esta semana celebramos la festividad de Todos los Santos: aquellos que «ya han llegado a la presencia de Dios» y que mantienen con nosotros «lazos de amor y comunión», tal y como escribe el Papa Francisco en la exhortación apostólica Gaudate et exultate, donde hace una llamada a la santidad en el mundo actual.

 

Con la intención de prepararnos para este gran día que celebra la Iglesia, ponemos la mirada en las bienaventuranzas (cf. Mt 5,3-12) con la intención de señalar el camino que el Señor propone para sus discípulos. En este sentido, el Papa destaca que en ellas «se dibuja el rostro del Maestro», que estamos llamados a transparentar «en lo cotidiano de nuestras vidas».

 

Qué importante es encarnar la santidad en el contexto actual; ya sea en nuestras familias, en nuestros trabajos o en nuestros ambientes. El Señor nos llama a caminar en su presencia y a ser santos (cf. Gn 17, 1). Lo que quiere es que crezcamos en santidad a su lado y gastemos hasta el último aliento en ser amados y amar como Él nos ha amado. Su lenguaje es la misericordia, la entrega y el perdón; y su medida es el amor con el que nos ha amado desde toda la eternidad: «Antes de formarte en el vientre, te elegí; antes de que salieras del seno materno, te consagré» (Jr 1,5).

 

El Papa, en dicha exhortación, habla de «los santos de la puerta de al lado»; personas, como tú y como yo, que participan de la santidad del Pueblo de Dios. Una Iglesia peregrina que está inmersa en el mundo y que «viven cerca de nosotros» y «son un reflejo de la presencia de Dios».

 

Y recuerdo a «los santos del lunes» –que decía Chesterton–, aquellos que «todos los lunes se levantan temprano para coger el tren e ir al trabajo», que «vuelven a su casa todas las tardes tras haberse ganado el sustento de su familia» y «que vuelven a hacer lo mismo el resto de los días de la semana». Porque la santidad es una llamada universal, estemos donde estemos y sirvamos donde sirvamos. No hay nadie que no entre en este plan de amor entre Dios y la humanidad: «Todos los cristianos, de cualquier estado o condición, están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección del amor» recuerda el Concilio Vaticano II (LG 42).

 

Decía san Francisco de Sales en su Tratado del amor a Dios que «hay inspiraciones que tienden solamente a una extraordinaria perfección de los ejercicios ordinarios de la vida» (VIII, 11). Se trata de convertir lo corriente en extraordinario, de recomponer lo que está roto hasta convertir cada herida en don, de encontrar una forma más bella y grande de vivir lo que ya hacemos.

 

La festividad de Todos los Santos es un día de alegría, de gozo y de celebración. Y así hemos de preparar nuestro corazón para festejar el triunfo definitivo de la vida sobre la muerte, como lo han experimentado tantos hermanos nuestros que ya han llegado a la casa del Padre.

 

San Pablo, en la Primera Carta a los Corintios, anuncia esa conquista inevitable de la bondad: «Anunciamos lo que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni criatura alguna puede pensar, lo que Dios preparó para los que le aman». (1 Cor 2, 9). Esto nos recuerda que ser santo se traduce en estar y vivir unido a Jesucristo. Para siempre y en todo lugar y circunstancia.

 

Le pedimos al Señor (el Santo sobre todos los santos) y a su madre María que aprendamos a ser dóciles a los designios de Dios, afrontando con alegría y esperanza los caminos que Él disponga para nosotros. Hagámoslo prendidos de la mano de los santos, los del Cielo y los de la Tierra, aquellos que han perseverado en su entrega y sus nombres permanecen escritos a fuego en el libro de la Vida (cf. Ap 20, 12).

 

Con gran afecto, pido a Dios que os bendiga.

 

+ Mario Iceta Gavicagogeascoa

Arzobispo de Burgos

Fallece el sacerdote Antonio Moral Nebreda

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Antonio Moral Nebreda

 

Esta mañana ha fallecido, a los 70 años de edad, el sacerdote diocesano Antonio Moral Nebreda. Nacido el 3 de septiembre de 1953, fue ordenado sacerdote el 16 de julio de 1977.

 

Su primer destino pastoral fue en Humada, San Martín de Humada, Fuencaliente de Puerta, Talamillo del Tozo y Fuenteodra. Al año siguiente se el encomendaron, además, las parroquias de Villamartín de Villadiego y Rebolleda Traspeña.

 

En 1979, el arzobispo le envió como formador educador al colegio del Pilar, sirviendo también en las parroquias del valle de Zamanzas. De ahí, se trasladó a la capital, donde ejerció como vicario parroquial, primero en San Pedro y San Felices (1985) y más tarde en San José Obrero (1994).

 

En 1998, el arzobispo lo nombró párroco de Trespaderne, Tartalés de Cilla, Arroyuelo, Santotís, Virues, Cillaperlata y Palazuelos de Cuesta Urria, trabajando como arcipreste en la zona.

 

En 2003 fue nombrado párroco de Santo Domingo de Aranda de Duero, donde también ejerció como arcipreste en dos trienios (2005 y 2017).

 

El funeral por el eterno descanso de Antonio Moral Nebreda tendrá lugar mañana domingo, 29 de octubre, a las 16:00 horas, en la iglesia parroquial de San Pedro y San Felices de Burgos. Descanse en paz.

«Mi tarea es ser una ‘esponja pastoral’»

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moradillo misionero esponja pastoral

 

La archidiócesis de Burgos cuenta a día de hoy con 511 misioneros en activo, repartidos en 64 países. Es cierto que la media de edad –76 años– es cada vez más elevada y que muchos regresan a su tierra después de haber desgastado la vida anunciando el evangelio en los cinco continentes. Otros están de paso a la espera de que su salud mejore para volver a marchar a la misión. Javier Martínez Moradillo es uno de ellos. Actualmente reza con intensidad el «hágase tu voluntad» del Padrenuestro con la idea de «vencer» el «bicho malo que tiene dentro» y poder regresar a la América Latina que «tantísimo le ha dado» y donde ejerce su ministerio desde 1978. 

 

Moradillo –como muchos le conocen– fue de los primeros sacerdotes diocesanos en marchar a la misión. Apenas cuatro años después de su ordenación, partió con los sacerdotes de la OCSHA (la Obra de Cooperación Sacerdotal Hispanoamericana) a Gutemala, donde estuvo más de 25 años. En 2003 saltó a Cuba, donde estuvo hasta finales de 2019, cuando volvió a España buscando unos días de descanso. La pandemia frenó su regreso a la isla –las autoridades le sugirieron «sutilmente» que no volviera– pero su afán misionero le empujó de nuevo a Honduras, donde trabaja en la actualidad. Reside en La Lima, una ciudad de la diócesis de San Pedro Sula con 100.000 habitantes y con apenas un tercio del clero con el que cuenta la archidiócesis de Burgos. 

 

«Yo admiro a los curas que están aquí, atendiendo tantos pueblos y tantas celebraciones, sobre todo los fines de semana, con el coche todo el día de un lado para otro. Pero yo siento que soy más útil allí que aquí», explica. Tras toda una vida al otro lado del charco, Javier reconoce que la pastoral de Occidente es totalmente diferente a la que él realiza, donde «el consumismo y el relativismo aún no han arraigado» y donde existe todavía un fuerte rescoldo de la religiosidad popular. «Me gusta estar con la gente y charlar, porque allí la gente te busca para charlar y todo el mundo te recibe en su casa, hasta los protestantes». Su jornada se reparte entre visitar enfermos y distribuirles la comunión, realizar actividades sociales –ha puesto en marcha una nueva clínica médica–, visitar colegios… «Eso aquí es impensable, la gente está muy ocupada y no tiene tiempo para recibirte. No sé cómo se podrá llevar aquí eso del primer anuncio, porque la gente no tiene tiempo para escucharte. Yo estoy más cómodo allí», defiende. 

 

Reconoce que la situación económica, política y cultural de Honduras no es halagüeña y que «las quejas y los lamentos» de sus fieles por la situación educativa, sanitaria y política es contínua. «Ellos te cuentan tu vida y tú tienes que invertir en ellas tu tiempo. A veces no puedes hacer nada, pero puedes escuchar y acompañar. Mi tarea es ser una esponja pastoral». 

 

Escucha y denuncia

 

Además de la escucha, Moradillo sostiene que su trabajo también es el de despertar, en cierta medida, de la anestesia o resignación con la que la gente se ha habituado a la corrupción, la violencia, las mafias y la impunidad: «Todos los meses sale una caravana de Honduras y muchos emigran a pie atravesando Guatemala y México hasta Estados Unidos buscando el sueño americano. La obsesión de los cubanos, por ejemplo, es huir del país», explica. Por no hablar de la extorsión, el tráfico de armas y el sicariato, estilo de vida de las maras y otros grupos guerrilleros. 

 

Pero en medio de la oscuridad, él desea «ser sal y luz», ser capaz de «sentir lástima y ser más sensible a los problemas de la gente y tener un corazón más humano». Asegura que la misión «me ha dado muchísimo más de lo que yo he podido dar» y está «muy agradecido a Dios», porque todo lo vivido le ha «ayudado a ser mejor sacerdote» y denunciar las atrodicades que sufren las gentes de aquellas zonas: «A veces me han llamado guerrillero, y en Cuba me decían contrarrevolucionario, pero mis ideas nunca han cambiado y yo siempre he sido el mismo, el cura que ha querido estar al lado de los problemas de la gente». «La situación allí te facilita oler a oveja e implicarte con ellos y sus dificultades», revela. 

 

Moradillo siente preocupación por que el secularismo, el capitalismo y el relativismo que atenazan Europa «están entrando a saco» en América y el «use, goce y tire» está empezando a ser una constante. Sostiene por ello que la Iglesia tiene que dar «la batalla cultural» y que es necesaria la conversión personal allí y aquí para ser auténticos misioneros: «Deberíamos ser capaces de convertirnos en un interrogante para toda la sociedad».

Domingo Mundial de las Misiones, DOMUND 2023

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Queridos hermanos y hermanas:

 

Un año más, y ya van 97, celebramos el Domingo Mundial de las Misiones (DOMUND), organizado por Obras Misionales Pontificias.  Un día especial para ponernos en camino –de la mano de los misioneros– hacia la Tierra Prometida y para dejar que nuestra vocación de bautizados arda en palabras y obras y nos impulse hacia una acción misionera que testimonie la alegría del Evangelio.

 

Corazones fervientes, pies en camino (cf. Lc 24,13-35). Este tema, inspirado en el relato de los discípulos de Emaús, ha sido el elegido por el Papa Francisco para esta jornada que hoy conmemoramos. «Aquellos dos discípulos estaban confundidos y desilusionados», subraya el Papa, pero el encuentro con Cristo «en la Palabra y en el Pan partido» encendió su entusiasmo «para volver a ponerse en camino hacia Jerusalén» y «anunciar que el Señor había resucitado verdaderamente».

 

Quien experimenta en su vida la acción del Espíritu, percibe que escuchar al Maestro transforma el corazón, reconocerle da un nuevo sentido a la mirada y seguirle insta a ponerse en camino.

 

Vuelvo la mirada a ese pasaje evangélico que nace en el camino de Emaús, con Jesús resucitado y el corazón de los discípulos que estaba apagado por la desilusión, pero vuelve a encenderse ante sus palabras… «¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?» (Lc 24, 32).

 

Hoy, como entonces, «el Señor resucitado es cercano a sus discípulos misioneros y camina con ellos», especialmente «cuando se sienten perdidos, desanimados, amedrentados ante el misterio de la iniquidad que los rodea y los quiere sofocar», recuerda el Papa en su carta. Por ello, cada discípulo misionero está llamado a ser, como Jesús y en Él, gracias a la acción del Espíritu Santo, «aquel que parte el pan y aquel que es pan partido para el mundo».

 

La esperanza de que Cristo venció el mal y el pecado del mundo (cf. 16, 33) nos trae una enseñanza mayor: que los sufrimientos comienzan a encontrar un sentido cuando ponemos en la Eucaristía la razón de nuestra vida. Una Iglesia «auténticamente eucarística» es «una Iglesia misionera», como subraya la exhortación apostólica Sacramentum caritatis, del Papa Benedicto XVI (n. 84).

 

Verdaderamente, poniendo el corazón en algunas pinceladas de aquella carta postsinodal que nos recuerda que la Santísima Eucaristía es el don que Jesucristo hace de sí mismo, revelándonos el amor infinito de Dios por cada uno de nosotros, descubrimos que «no podemos acercarnos a la Mesa eucarística sin dejarnos llevar por ese movimiento de la misión» que, partiendo del corazón mismo de Dios, «tiende a llegar a todos». Así pues, insiste Benedicto XVI, «el impulso misionero es parte constitutiva de la forma eucarística de la vida cristiana».

 

Como los discípulos de Emaús, los misioneros son enviados por el Padre para la redención del mundo (cf. Jn 3, 16-17). Además de ensalzar y proclamar su labor evangelizadora en todos los rincones de la Tierra, hemos de colaborar con ellos –mediante la oración, y el compartir nuestro tiempo y nuestros bienes– para el sostenimiento de la acción misionera, de modo que la Palabra de salvación, que es Cristo, llegue a todos los confines de la tierra.

 

Según el anuario pontificio, actualmente hay 1.119 territorios de misión. Lo que supone que, además de todos los templos y centros de catequesis, más de la mitad de las escuelas católicas están en las misiones y que la Iglesia construye de media dos instituciones sociales y seis educativas al día en las misiones.

 

España, con san Francisco Javier al frente como patrón de las misiones, es uno de los países que más misioneros envía a estos lugares donde el Señor es anunciado compartiendo la fe y la vida. Actualmente, son 10.000 los misioneros españoles que, como discípulos, actualizan cada día el Sacramento que hace presente la donación de amor que Jesús nos confió en la Última Cena.

 

Queridos misioneros, ¡gracias por vuestra vida entregada! Que María, modelo de evangelización para ofrecer a Cristo a toda la humanidad, sea el cuidado maternal que acompañe vuestros corazones y vuestros pies. Y que vuestro ejemplo perseverante y tenaz como discípulos misioneros inunde nuestras vidas. Gracias por ser esa luz –siempre prendida, delicada y dispuesta– que mantiene viva nuestra esperanza…

 

Con gran afecto, pido a Dios que os bendiga.

 

+ Mario Iceta Gavicagogeascoa

Arzobispo de Burgos

Cercanía, tiempo, diálogo… las claves del arzobispo para el primer anuncio

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Inmersos en el nuevo curso pastoral, los sacerdotes se suman al deseo de impulsar el «primer anuncio» en las parroquias y comunidades de la archidiócesis. Se trata «no de una ideología ni mucho menos de política; no es un movimiento social o un sistema económico», sino llevar a los hombres y mujeres de nuestro tiempo a saciar su sed en Jesús; dejar que la esperanza «produzca frutos magníficos como ha ocurrido desde la primera evangelización hasta hoy».

 

Así lo ha trasladado a los sacerdotes el arzobispo, quien ha dirigido para ellos esta mañana un retiro de oración. Don Mario Iceta ha preguntado a los sacerdotes «si encajan en el papel de Jesús» en su encuentro con la Samaritana, al que califica como «paragidma del primer anuncio». Para el pastor diocesano, la reunión del Mesías con aquella mujer junto al pozo establece las líneas que debe seguir un sacerdote evangelizador, entre las que se encuentran «ponernos al servicio de las personas», «dedicar tiempo de calidad», «un trato personal de tú a tú», «una pedagogía que va de lo exterior a lo interior buscando el bien de la persona» y «romper las barreras de los prejuicios».

 

«Que cada uno piense en qué dedica el tiempo, en cuántas reuniones improductivas que nos cansan… el primer anuncio requiere tiempo y evangelizar anima el corazón», ha trasladado. «Después del primer contacto surge una incipiente amistad y comienza una conversación para que la mujer mire cómo está por dentro y qué necesita para su vida, el agua viva». «No podemos ser cisternas agrietadas o con agua emponzoñada y envenenada». «En el diálogo, Jesús cuenta a aquella mujer, sin juzgarla, la verdad sobre su vida y acaba revelándose: ‘Yo soy’».

 

Para don Mario, Jesús «rompió los esquemas de la ‘evangelización’ de entonces; se abrió a una mujer pagana, dialogó con ella a pleno sol, le dedicó tiempo… buscó nuevas formas. El primer anuncio no es lo de siempre», ha subrayado mientras pedía a los sacerdotes «buscar nuevas formas de evangelizar».

 

El retiro, que ha tenido lugar en el Seminario con los sacerdotes que ejercen su ministerio en la zona centro de la provincia, ha estado coordinado por la vicaría del Clero en una de las acciones con las que habitualmente comienza el curso pastoral. Los sacerdotes de los arciprestazgos del Arlanza, La Sierra y Santo Domingo de Guzmán ya tuvieron su retiro el pasado 4 de octubre en el convento de los dominicos de Caleruega. Un gesto que don Mario Iceta repetirá el 25 de octubre en Bujedo con los sacerdotes de la zona norte.