La misericordia de Dios abraza nuestra fragilidad

por redaccion,

 

Queridos hermanos y hermanas:

 

Hace veintiún años, el Papa san Juan Pablo II canonizó a santa Faustina Kowalska, quien recibió el carisma de promover la devoción a la Divina Misericordia. Durante la celebración, el Santo Padre declaró que cada segundo domingo de Pascua, que es el día que hoy conmemoramos, se celebraría en toda la Iglesia el Domingo de la Divina Misericordia.

 

«Cristo encarna y personifica la misericordia», revela san Juan Pablo II en su encíclica Dives in misericordia, escrita en 1980. En cada una de sus palabras, el Papa santo, que ya descansa en los brazos del Señor de la Vida, anima al pueblo cristiano a regresar la mirada al misterio del amor misericordioso de Dios. Una llama de amor perpetuo que ahora, más que nunca, en estos tiempos difíciles, hemos de mantener encendida. Porque Dios muestra su rostro, que es misericordia y que no conoce confines ni limitaciones. Él, ante nuestra fragilidad, prolonga su amor en forma de misericordia, ansía que volvamos a él, nos levanta de las caídas, y perdona nuestros pecados cuando –en el corazón del mundo– tantas veces no encontramos el consuelo que necesitamos.

 

La misericordia es el rostro de Dios manifestado en Jesús, que sufre en la piel deshecha de sus hijos e hijas, que impregna de ternura la intimidad angustiada de cualquier vida hecha jirones, que abre el corazón a la alegría de ser esperados siempre y amados para siempre. San Francisco de Asís, en su Testamento, recuerda cómo Dios, a través de los leprosos que cuidaba, impregnó sus manos de misericordia: «Me parecía extremadamente amargo ver los leprosos. Y el Señor mismo me condujo entre ellos e hice misericordia con ellos. Y aquello que me parecía amargo, se me convirtió en dulzura del alma y del cuerpo».

 

La misericordia es el acto definitivo y supremo con el cual Dios viene a nuestro encuentro. Y tiene que ser la ley fundamental que habite en el corazón de cada persona «cuando mira con ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de la vida», afirmaba el Papa Francisco en Misericordiae vultus, la bula que convocó el Jubileo Extraordinario de la Misericordia el año 2015.

 

La misericordia es una realidad que podemos contemplar en la parábola del hijo pródigo (Lc 15,11-32), donde la riqueza del perdón alcanza cimas incomparables y donde se palpa –en plenitud– la esencia de la misericordia divina. Una parábola hecha vida especialmente para quien ya ha perdido la esperanza o para quien ha dejado de creer en la insondable profundidad del misterio del amor de Dios. Porque todo en ella, todo en sí, habla de amor: un amor, como afirma la Escritura, «compasivo y misericordioso, lento a la ira, y pródigo en amor y fidelidad» (Ex 34,6). Un abrazo, el del Padre, que encierra por completo el sentido primero y último del creer.

 

El Papa Francisco, cuando proclamó el Año Jubilar de la Misericordia, recordaba que «la misericordia de Dios se transforma en indulgencia del Padre que, a través de la Esposa de Cristo, alcanza al pecador perdonado y lo libera de todo residuo y consecuencia del pecado, habilitándolo a obrar con caridad, a crecer en el amor». Un valor que, incluso, sobrepasa los confines de la Iglesia. Y nosotros, frágiles apóstoles del Evangelio, somos testigos de este precioso regalo. Lo vivimos hace unos días, al pie de la cruz, con María y con Juan, a través de las palabras que salieron de la boca del Señor: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen».

 

Queridos hermanos y hermanas: hoy, de la mano de santa Faustina Kowalska, estamos llamados a ser signos del primado de la misericordia. Y cuando nos fallen las fuerzas, nos aferramos a la Eucaristía, pan vivo de misericordia que sostiene nuestro camino, y a la mirada de la Virgen María, como le decimos en la Salve, Reina y Madre de misericordia. Os deseo una vivencia profunda y llena de alegría de este tiempo de Pascua.

 

Con la felicitación pascual recibid mi abrazo y la bendición de Dios.

 

+ Mario Iceta Gavicagogeascoa

Arzobispo de Burgos

He resucitado y estoy contigo

por redaccion,

 

Queridos hermanos y hermanas:

 

«¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado» (Lc 24, 1-6). Hoy, con la resurrección de Jesús, se cumple la promesa que el Padre confió a nuestra mirada al atardecer del Viernes Santo: el Crucificado ha resucitado para sanar las heridas de una humanidad desorientada, fragmentada y desolada.

 

Hoy, el anhelo de infinito y la nostalgia de eternidad que habitan en nuestro corazón se sienten amparados por un amor que es más fuerte que la muerte. Hoy, resuena en cada confín de la tierra el consuelo de esta Iglesia que, como madre, nos acoge, nos cobija y nos levanta del polvo dolorido del pecado.

 

¡Jesucristo ha resucitado! Verdaderamente, ¡ha resucitado! De otra manera, ¿dónde sanarían el silencio solitario del Getsemaní, los latigazos, las lágrimas de la Pasión y el temblor de un madero construido con espinas? Si Cristo no hubiese vuelto a la vida, como dejó escrito san Pablo, vana sería nuestra fe… (1 Cor 15, 14).

 

Este día nos invita a redescubrir que nuestra vida terrena no es una pasión inútil, no es un vía crucis de desvelos infinitos, sino que es un sendero de esperanza, más allá de oscuridades y momentos inciertos, que nos lleva a contemplar la piedra removida del sepulcro. 

 

La misericordia de Dios manifestada en Jesús, una vez más, vence al dolor y a la desesperanza. La vida en Cristo resucitado, el suceso más desconcertante de la historia humana, vence al vacío de la muerte. Aquello que, humanamente, era impensable, sucedió… Y hoy Jesús está vivo. Un acontecimiento universal que no responde a un suceso milagroso, sino a un hecho acaecido y constatado históricamente que, como una vez señaló san Juan Pablo II, debe contemplarse «con las rodillas de la mente inclinadas».

 

Nosotros, como aquellos primeros discípulos que nos transmitieron un testimonio vivo de lo que habían visto y oído, también somos «testigos de la resurrección de Cristo» (Hech 1, 22). Lo somos, cuando la desolación del Huerto de los Olivos no deshace nuestra fe; lo somos, cuando el Señor nos pide que le ayudemos a cargar con el peso de una cruz compartida; lo somos, cuando permanecemos –como María– al pie de la cruz; lo somos, cuando recorremos con las santas mujeres el camino hacia el sepulcro; lo somos, cuando atardece, de camino hacia Emaús, pero mantenemos nuestro corazón en vela porque Jesús necesita nuestras manos para bendecir, acoger y sanar; y lo somos, cuando nos estremecemos de alegría, porque encontramos en el Resucitado a aquel que da sentido a nuestra vida.

 

Queridos hermanos y hermanas: «Dios es un Dios de vivos y no de muertos» (Lc 20, 38). Y si el Padre ha resucitado a su propio Hijo, nos quiere alegres, esperanzados y llenos de vida, «y vida en abundancia» (Jn 10, 10), porque esa resurrección es promesa de la nuestra. 

 

A partir de la Resurrección, esta promesa debe resonar en nuestro interior de una manera más especial, si cabe. Hemos de ser reflejos de esa Vida que se entrega, que se pone al servicio del prójimo sin ningún tipo de acepción de personas. Hasta que seamos conscientes de cuánto nos ama Dios, hasta que el corazón descanse en Él. Y así, como San Pablo, podamos afirmar con serenidad: «Si morimos con Cristo, viviremos con Él» (Rom 6, 5).

 

Con la Santísima Virgen María, de su mano generosa, delicada y compasiva, nos adentramos en el misterio que el Padre ha llevado a cabo con su vigilia de amor resucitando a su Hijo de entre los muertos por el poder del Espíritu Santo. Y, en su presencia, sintamos cómo su Hijo, hoy, nos dice en silencio: «No temas, he resucitado y estoy contigo» (Misal Romano, Domingo de Resurrección, Antífona de entrada. Cfr. Sal 138 (139), 18.5-6).

 

Con gran afecto, pido a Jesús resucitado que os bendiga y os deseo una Feliz Pascua de Resurreción.

 

+ Mario Iceta Gavicagogeascoa

Arzobispo de Burgos

«Jesús viene humilde, sin imponerse, para darnos una palabra de aliento»

por redaccion,

 

No ha habido ni cornetas ni tambores ni niños portando ramos y aplaudiendo el paso de Jesús en la borriquilla. El primer domingo de Ramos de don Mario Iceta como arzobispo ha sido muy distinto al de otros años en la ciudad. Con todo, ha podido presidir la eucaristía de la Pasión del Señor en la Catedral y ha estado rodeado de representantes de las cofradías y hermandades penitenciales de la ciudad, a quienes ha agradecido el esfuerzo que, cada año, realizan por exponer en la calle «espléndidas catequesis».

 

En su homilía, que ha podido seguirse en directo a través del canal de YouTube de la archidiócesis, el arzobispo ha interrogado a los presentes sobre el modo de situarse ante Jesús en esta Semana Santa: «¿Como lo acojo, con indiferencia, con ironía, con hartazgo, o con la mirada de un niño?». Y es que don Mario ha afirmado que Jesús «no viene con poder, no entra en nuestra vida con estruendos ni alharacas, sino humilde, sobre un pollino». Una actitud que «despierta amor y ternura», porque «no se impone, se ofrece con humildad, como un Señor que adopta la condición de siervo».

 

Como ha recordado, los mismos personajes que hoy lo aclaman con ramos, dentro de cinco días dirán «crucifícale, porque no ha cumplido lo que esperaba», porque pensaban que «iba a imponer su reinado ante las tiranías del mundo y del sometimiento de los romanos». Pero no, «él se presenta como un discípulo que quiere dar al abatido una palabra de aliento, una palabra de vida» para los enfermos, los que están en los hospitales, los que han perdido un ser querido, quienes se han quedad sin trabajo o no pueden levantar la persiana de su negocio.

 

El pastor de la Iglesia en Burgos ha querido prevenir del «escándalo» que puede suponer «que Dios pueda hacerse humilde y pequeño», que «el Señor esté en nuestra casa, en tu trabajo, junto a tus amigos, entre los pucheros, en el hospital, en tus angustias y temores, en tu oscuridad» aunque «no nos atrevemos a percibirlo». De este modo, ha concluido, nosotros «hemos de aprender a mirar dentro, a mirar al corazón y no a las apariencias».

 

En los próximos días, don Mario Iceta presidirá en la Catedral los principales actos litúrgicos de la Semana Santa: la solemne eucaristía de la Cena del Señor el Jueves Santo (a las 17:00 horas), la celebración de la Pasión y Muerte del Señor el Viernes Santo (también a las 17:00 horas) y la solemne vigilia pascual del Sábado Santo (a las 20:00 horas), tres celebraciones que podrán seguirse para toda Castilla y León a través de RTVCyL. El canal de YouTube de la archidiócesis también retransmitirá en directo el Miércoles Santo (a las 11:00 horas) la solemne misa crismal y la solemne misa estacional del domingo de Pascua (a las 12:00), con bendición papal. Quienes deseen asistir presencialmente a los actos de culto en la Catedral, con aforo limitado siguiendo la normativa vigente, deberán recoger invitación en la Casa de la Iglesia o en la propia sacristía de Santa Tecla.

Penetrar en el Misterio de la Vida

por redaccion,

 

Queridos hermanos y hermanas:

 

Hoy, Domingo de Ramos, con el recuerdo vivo del Señor entrando victorioso en Jerusalén, comenzamos la Semana Santa. Mientras alfombramos –con cada uno de los retales de nuestra fe, esperanza y amor– el sendero que ha de recorrer Jesús, nos adentramos en el corazón de un Misterio que, cada año, revela la medida infinita del amor de Dios. Un camino de Pasión que nos hace recorrer las etapas de nuestra propia vida y, por tanto, de nuestra salvación.

 

San Pablo VI dejó escrito que este día que hoy celebramos «viene a ser como el vestíbulo del santuario de la Semana Santa». Una huella enclavada en tierra que da sentido a un Evangelio escrito en siete palabras: «Yo soy la resurrección y la vida» (Jn 11, 25).

 

Jesús quiere acogernos en la espesura de su misericordia para que habitemos, eternamente, en la vida conquistada en la cruz que brota de su costado abierto. De su entrega en la cruz brota la nueva semilla de una herencia construida en el amor ilimitado de Dios manifestado en la Pasión.

 

Nos adentramos, a partir de hoy, en una Semana que es Santa, porque solo puede entenderse desde una fe que necesita habitar en la Pasión. Desde ahí, hemos de amar a Jesús abandonado, para que después –ya resucitado– resplandezca en cada uno de nosotros. Hemos de amarle, más allá de sus llagas, más adentro de nuestro temor y pecado; desde esa entrega ilimitada por nosotros, desde esa debilidad que revela –con el precio de su sangre– el culmen más sagrado de su amor.

 

Dice san Pablo en su Carta a los Corintios que Cristo murió por todos «para que ya no vivan para sí los que viven, sino para aquel que murió y resucitó por ellos» (2 Cor 5,15). En Jesús muerto y resucitado, queridos hermanos y hermanas, la vida ha vencido a la muerte. Y esta fe pascual, la que envuelve cada gesto a la medida de Dios, sostiene y alimenta nuestra esperanza cada día.

 

Hace justamente un año, el Papa Francisco, revelaba cómo –«en el drama de la pandemia, ante tantas certezas que se desmoronan y con el sentimiento de abandono que nos oprime el corazón»– Jesús nos dice a cada uno: «Ánimo, abre el corazón a mi amor y sentirás el consuelo de Dios, que te sostiene».

 

Una promesa, la de entonces y la de hoy, que nos invita en esta Semana Santa a redescubrir que la vida solo tiene sentido cuando se conjuga el verbo amar en todas las circunstancias de nuestra vida. Desde el Crucificado, que es la medida del amor que Dios nos tiene; hasta el Resucitado, que nos convierte en templos vivos, portadores de su vida, de su misericordia y de su perdón.

 

En esta Semana Santa que hoy comenzamos, debemos ser signos de esperanza, a imagen y semejanza del Padre. Y, como la Virgen María y las santas mujeres del Evangelio, queremos esparcir a nuestro alrededor las semillas de vida, de esperanza y de paz allí donde el sepulcro permanece aún velado por el miedo a creer y a esperar en Dios.

 

Jesús, quien removió la roca de la entrada a la tumba, quiere remover las piedras que sellan cualquier corazón y lo impiden abrirse a la vida y a la misericordia de Dios. Él desea que recorramos, de su mano, este camino que comenzamos hoy. Y a pesar de que esta vez no salgamos en procesión con los ramos a recibir al Señor y de que algunos ritos se supriman a causa de las normas sanitarias impuestas, esta Semana será realmente Santa si nosotros la vivimos –desde la entrega a los más débiles– al servicio del Amor.

 

Con gran afecto, recibid mi bendición con el deseo de que viváis esta Semana Santa en la experiencia profunda del amor de Dios.

 

+ Mario Iceta Gavicagogeascoa

Arzobispo de Burgos

Aranda de Duero se prepara para vivir su primera «Semana Santa virtual»

por redaccion,

 

Ante las restricciones sanitarias impuestas a causa de la pandemia por coronavirus, la coordinadora de cofradías y hermandades penitenciales de Aranda de Duero ha decidido organizar este año la «primera Semana Santa virtual». Según han anunciado esta mañana en rueda de prensa, los arandinos disfrutarán de esta manera de actos litúrgicos en las parroquias y programaciones específicas en las redes sociales, todo para permitir que las tradiciones propias de estos días sigan estando presentes en la capital de la Ribera.

 

«Teníamos que reinventarnos y actualizarnos y decidimos hacer por primera vez en Aranda una Semana Santa virtual», ha destacado Manuel Cuadra, uno de los integrantes de la coordinadora arandina de cofradías. Gracias a las hermandades, las parroquias y un equipo de comunicación, se han preparado una serie de vídeos que se emitirán en YouTube, una campaña de publicidad en televisión y diversos post que se publicarán en Facebook, además de no renunciar a su tradicional programa de actos impreso y su cartel promocional.

 

Así, desde el Domingo de Ramos al Domingo de Pascua, a través de YouTube y Facebook se emitirán ocho programas en los que se alternarán imágenes de archivo de procesiones de otros años con contenido de creación propia, en los que se explicarán el significado teológico de cada uno de los días de la Semana Santa, la historia de las cofradías y su hábito. «No queremos que sea algo solo de este año, queremos que tenga una continuidad en el tiempo», ha destacado Cuadra. «Queremos llegar a más y más gente y que por fin la Semana Santa de Aranda sea declarada de interés turístico nacional».

 

Cartel 2021

 

Además de la programación virtual, las parroquias de Aranda seguirán desarrollando sus habituales celebraciones durante el triduo pascual, algunas de las cuales se podrán seguir en directo a través de las redes sociales. Toda la programación se ha recogido en un programa de mano que se ilustra con un cartel, que también estará presente en las calles de la localidad. Se trata de la sombra de una cruz con un sudario, una fotografía de Abel Martín, y con la que se pretendía aunar a todas las hermandades de la ciudad, tal como ha detallado Juan Arranz, hermano mayor de la Hermandad de la Resurrección de Cristo y diseñador del cartel.