La localidad de Sordillos, una pequeña población del arciprestazgo de Amaya, celebró ayer su tradicional plantada de cruces, una actividad que se ha visto retrasada este año a causa de la pandemia del coronavirus y que implora la bendición de Dios para los campos de cereal de la comarca. En total se han plantado catorce cruces de madera en el perímetro municipal en un acto en el que han participado, únicamente, el alcalde, un concejal, el sacerdote de la localidad y algún que otro vecino desde la distancia.
El rito comienza en la plaza del pueblo con la bendición de las catorce cruces, elaboradas en madera y de modo sencillo. Acto seguido, se recorre en coche los términos de la población. En los lugares indicados, se clava una de las cruces y se entona una oración pidiendo a Dios por el fruto de las cosechas. El rito se acompaña con el rezo de las letanías de los santos y algunas pequeñas reflexiones. En algunos de estos hitos, las cruces de años anteriores se van acumulando, dejando constancia de este rito, habitual en la localidad a comienzos del mes de mayo.
Mojones, cruces de caminos, fuentes, lugares donde está instalada la tablilla del coto de caza, etc., son los rincones donde la cruz de Cristo, por la que ha venido la salvación, ha sido plantada.
«Tenemos la bella responsabilidad de anunciar la Buena Noticia aquí y ahora», «en estas circunstancias concretas que nos está tocando vivir», ha dicho el arzobispo, don Fidel Herráez, a algunos de los sacerdotes diocesanos reunidos en la Catedral para celebrar la solemne Misa Crismal. «Tenemos que estar al lado de estos hijos e hijas de Dios que están sufriendo en su salud, en su economía, en su trabajo y en sus situaciones familiares; Dios nos ha llamado y ungido para enviarnos a anunciarles la Buena Noticia de la salvación», ha insistido. De ahí que la Misa Crismal, celebrada esta mañana con estrictas medidas de seguridad, haya servido como una «puesta a punto», como una «necesidad ineludible de renovar nuestro compromiso de servicio a la Iglesia y la sociedad» por parte de los sacerdotes.
El arzobispo ha recordado a los presbíteros que han sido «llamados para ser mediadores» y que, en este contexto pascual y a las puertas de Pentecostés, su misión cobra un especial sentido: «Todo en nosotros ha de ser sacramento de salvación», ha subrayado a la par que ha recordado que la actual Asamblea Diocesana puede ser una ocasión para mejorar en su «compromiso con la Iglesia y la sociedad».
En la eucaristía, los sacerdotes han renovado las promesas de entrega a Dios, a la Iglesia y a los hermanos que realizaron el día de su ordenación presbiteral. La celebración ha tenido este año un carácter especial, no solo por no celebrarse el Miércoles Santo, sino por haberse llevado a cabo en unas condiciones especiales, con un reducido grupo de sacerdotes (miembros de los consejos Presbiteral y de Pastoral) en representación de todo el presbiterio y guardando las medidas exigidas por el estado de alarma, haciendo uso de mascarilla y cumpliendo con la distancia social.
En esta solemne eucaristía se han bendecido los óleos que se utilizarán a lo largo del año en los sacramentos del bautismo y la unción de enfermos y se ha consagrado el santo crisma, un aceite aromático símbolo de la pertenencia a Cristo, que se emplea en el bautismo, la confirmación, la ordenación sacerdotal y la consagración de basílicas e iglesias.
La provincia de Burgos se encuentra desde hoy en la «fase 1» de la desescalada. Con ello, la Casa de la Iglesia ha reabierto hoy de nuevo sus puertas al público (su actividad no ha cesado en los últimos meses) con la puesta en marcha de un protocolo que salvaguarde la seguridad de visitantes y trabajadores, delegados de los distintos sectores de la pastoral diocesana y voluntarios.
Entre las medidas, destacan sobremanera las que tienen que ver con la limpieza. El edificio ha reforzado los turnos de limpieza y ha habilitado dispensadores de solución hidroalcohólica para la desinfección de manos y zapatos, así como una máquina de ozono para tareas de desinfección durante la noche. Igualmente, se han establecido criterios específicos para limitar el uso del ascensor y hacer un uso adecuado de los despachos, facilitando que trabajadores y voluntarios (que deberán llevar mascarilla) puedan mantener la distancia de seguridad, restringiendo las reuniones presenciales a las mínimas imprescindibles.
Asimismo, el protocolo marca que los delegados y voluntarios se decanten, en la medida de las posibilidades, por el teletrabajo, eviten las aglomeraciones en los pasillos y zonas comunes de la Casa de la Iglesia y concierten cita previa con visitas que sean necesarias. También se limita al máximo el uso de fotocopiadoras, siendo obligatoria la desinfección de manos antes y después de cada uso, así como el empleo de documentos en papel y su circulación. Cada uno de equipos informáticos deberá ser usado, exclusivamente, por un único usuario, prohibiendo la utilización del mismo dispositivo para más de una persona.
Librería Diocesana
En cuanto a la apertura de la Librería Diocesana, el protocolo también marca una serie de medidas a cumplimentar. Entre ellas, se especifica que todos los usuarios deberán hacer uso de mascarillas y haberse desinfectado las manos a la entrada y utilizar guantes para acceder a la manipulación de libros u otros materiales de venta. Dentro del espacio se ha organizado la circulación de personas y solo podrá estar presente en el mismo un único usuario por cada uno de los trabajadores. El resto, deberá esperar fuera, guardando siempre la distancia de seguridad. Igualmente, se fomentará el pago con tarjeta u otros medios que no supongan contacto físico entre dispositivos, evitando, en la medida de lo posible, el uso de dinero en efectivo. Se limpiará y desinfectará del datáfono depués de cada uso.
El arzobispo de la diócesis, don Fidel Herráez Vegas, ha celebrado esta mañana en la capilla del HUBU una eucaristía en la que ha rezado por los enfermos y ha agradecido la tarea llevada a cabo por los sanitarios y por el equipo de capellanes y de pastoral de la salud durante los últimos intensos meses de pandemia.
Cumpliendo con las medidas impuestas por el «estado de alarma» y con la asistencia de muy pocas personas, la misa ha querido ser una oración en el lugar por donde tanta gente ha pasado y aún continúa sufriendo hoy distintas dolencias. Un acontecimiento que se ha desarrollado en el marco de la Pascua del Enfermo, celebrada el pasado domingo, y una vez que se permite el culto público en templos y oratorios.
Aprovechando la celebración, el pastor de la diócesis ha podido saludar también al director médico del Hospital, Antonio de las Heras, para agradecer, en nombre de la Iglesia diocesana, el gran servicio que está prestando todo el personal sanitario.
Un gran Rosario de globos surcó ayer el cielo de la ciudad de Burgos, un gesto que quiso simbolizar un homenaje a la Virgen María en el primer domingo del mes de mayo y como una acción de gracias ante el comienzo del plan de «desescalada» previsto por el Gobierno. La idea surgió del vicario parroquial de San Martín de Porres de la capital, que desde el inicio del confinamiento por el «estado de alarma» acompaña a los vecinos de su barrio, cada tarde, en el aplauso colectivo de las ocho.
«Ví que lo habían hecho en un pueblo de Italia y pensé que podría ser un bonito acto como colofón de la cuarentena y como acción de gracias a la Virgen María», detalla Diego Mingo, sacerdote de la parroquia. Fue un «acto sencillo pero emotivo», en el que, en unos diez minutos, rindieron homenaje a las madres que habían apostado por la vida y a la Virgen María con la oración que el papa Francisco ha propuesto rezar a todos los cristianos del mundo durante este mes de mayo.
Después de este, «ya no habrá más eventos extraordinarios», relata el sacerdote, quien ha impartido otros domingos bendiciones con el Santísimo Sacramento desde la azotea de la iglesia y ha animado al barrio a golpe de «Resistiré» cada día durante toda la cuarentena. Junto a Mingo colaboraron en el acto algunos jóvenes de la parroquia, que ayudaron en la confección del gran Rosario llenando los globos con helio «mientras lo rezábamos juntos».
Mientras tanto, en la parroquia se preparan ya para entrar, desde el próximo lunes, en la «fase 1» del plan de «desescalada», que permitirá reabrir los templos de la diócesis a un tercio de su capacidad de aforo para volver a celebrar culto público.