El Preseminario continúa con sus encuentros pese a la pandemia

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El arzobispo, con los niños participantes en el último Preseminario.

 

El Preseminario es una actividad que mensualmente realiza el Seminario menor de San José dirigida a niños y adolescentes con el objetivo de que puedan conocer el centro académico y las actividades formativas que promueve. Durante un fin de semana al mes (desde el sábado por la mañana al domingo al mediodía, cuando las circunstancias lo permiten), los participantes comparten la vida cotidiana de los seminaristas menores, con ratos de juego, manualidades, estudio, catequesis, oración… participando también en las actividades y eucaristía de algunas parroquias el domingo por la mañana.

 

Durante este tiempo de pandemia se han sorteado las dificultades con encuentros online o incluso jornadas de un solo día, y siempre con las medidas sanitarias adecuadas. Este fin de semana, a pesar de numerosas bajas por contagios y confinamientos, ha vuelto a convocarse un nuevo encuentro de Preseminario y entre la chavalería se hizo presente don Mario Iceta, el arzobispo, que conoció de primera mano las actividades y pudo compartir algunos momentos con los adolescentes.

 

Los próximos preseminarios están convocados para los fines de semana del 12 y 13 de febrero y 12 y 13 de marzo. Para inscripciones e información se puede preguntar por el padre Ángel en el teléfono 689 576 105.

Mons. Luis Marín de San Martín: «La Iglesia es una familia donde se dialoga y se busca el consenso»

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Foto: agustinos.es.

 

Es un término de moda en la vida de la Iglesia del que, quizás, «no captamos el significado profundo». Sinodalidad significa «caminar juntos» en «una Iglesia de comunión, participada, donde todos se sienten corresponsables». Así lo entiende mons. Luis Marín de San Martín, subsecretario del Sínodo de los Obispos y uno de los referentes a nivel internacional del impulso sinodal que el papa Francisco quiere implantar en toda la Iglesia.

 

Para este obispo agustino, es urgente que la sinodalidad sea el modo de ser de la Iglesia, donde las decisiones que atañen a todos sean abordadas entre todos los cristianos como respuesta a su vocación bautismal. «A lo largo de los siglos se ha producido un cierto clericalismo, pero la Iglesia somos todos, todos los bautizados y esto significa que debe existir una participación real de todos, cada uno según su vocación, laicos, sacerdotes y religiosos. Y todos en comunión para llevar al mundo de hoy la respuesta gozosa, viva y alegre que es Cristo», subraya.

 

Con motivo de la fiesta de santo Tomás de Aquino, patrono de los teólogos, el recién ordenado obispo impartió ayer en la Facultad de Teología –donde ha sido profesor– una ponencia acerca del dinamismo sinodal que debe imperar en la Iglesia. Según indica, la sinodalidad es «el modo de ser de la Iglesia», es un caminar juntos «como una familia». «Sinodalidad no es sinónimo de democracia, porque la Iglesia no es democracia, es comunión. En este sentido me gusta compararlo más con una familia, donde no se votan las cosas, sino donde todo se pone en común y se busca el consenso, hablamos, dialogamos… pero donde el padre es el padre y la madre es la madre. En la Iglesia ocurre lo mismo: no podemos caer en una especie de igualitarismo, porque sería empobrecer a la Iglesia. El Espíritu suscita los diferentes carismas y cada uno, desde su vocación, debe aportar para buscar el consenso», explica. «No se trata de que unos ganen y otros pierdan, se trata de buscar juntos la comunión en la misma misión».

 

Como subsecretario del Sínodo de los Obispos, en sus manos recae preparar las reuniones de los prelados en Roma, aunque el Santo Padre también le insiste en que esté disponible para ayudar a las conferencias episcopales y sínodos en todo el mundo, promoviendo así una sinodalidad efectiva en la Iglesia. De ahí que valore «muy positivamente» la Asamblea Diocesana que se desarrolla en Burgos y «anime a seguir adelante con este tipo de iniciativas que buscan la implicación de todos». «Todo lo que sea involucrarnos, ponernos todos a la escucha del Espíritu Santo en un discernimiento común, todo lo que sea sentirnos miembros de la Iglesia es un ejercicio de sinodalidad que hay que apoyar», insiste. Y con un añadido: «Hay que salir, abrirse, escuchar a los que están en los márgenes, ir a los que nunca tienen voz. Buscar una Iglesia inclusiva también es un reto y una tarea para todos nosotros».

 

Pequeños avances

 

Monseñor Marín reconoce que el «estilo sinodal» que busca el Papa «no se logrará de la noche a la mañana», pero insiste en que hay que ir dando «pequeños pasos». Para ello, anima a «informarse de lo que ocurre en la vida de la Iglesia y también fuera, formarse y participar». Y hacerlo sin perder de vista que hay que escuchar al Espíritu, de que la sinodalidad es, ante todo, «un proceso espiritual»: «No se trata de imposición, no se trata solo de diálogo, no se trata de hacer resúmenes, no se trata de dar ideas, sino de escuchar al Espíritu y hacer oración, de sentirnos todos responsables desde el respeto, y desde ahí iremos dando la vuelta a estas estructuras y modos clericales, cerrados o ideológicos. Es un camino de esperanza que exige de nosotros una responsabilidad. La situación cambiará si realmente nosotros cambiamos, si nos implicamos de verdad desde la esencia y las raíces de nuestra fe».

Sembrar el evangelio (casi) literalmente

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sembrar evangelio huerta molinillo

 

Han acabado ya sus exámenes y, a la espera de comenzar el próximo cuatrimestre en la Facultad de Teología, Andrés, Diego y Luis Vicente no bajan la guardia. Estos tres seminaristas aprovechan esta breve temporada de descanso para trabajar como voluntarios en la Huerta Molinillo, un proyecto de soberanía alimentaria impulsado por laicos de la archidiócesis que busca el respeto del medio ambiente (sus productos son 100% ecológicos) y una relación directa y cercana entre el agricultor y el consumidor.

 

La experiencia está permitiendo a estos jóvenes conocer de primera mano el duro trabajo físico del campo y comprender mejor el origen y los procesos que siguen los alimentos desde que se planta la semilla hasta que llegan a la mesa del consumidor. Además, tal como señalan desde la Huerta, «comparten trabajo con los laicos y conocen cómo funciona esta experiencia de economía solidaria».

 

Con esta iniciativa, indican los impulsores del proyecto, los seminaristas están encontrando una «miniformación» que les capacitará para ejercer su futuro ministerio sacerdotal, al conocer de primera mano «el trabajo que realizamos los laicos, nuestros desvelos, problemas y comprobar que otro tipo de economía es posible». Un modo, en definitiva, de seguir plantando la semilla del Evangelio para hacerla fructificar…

El arzobispo, sobre los errores en las inmatriculaciones: «No queremos nada que no sea nuestro»

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«Daré instrucciones a los servicios jurídicos para que de inmediato se revisen los errores que hayan podido producirse. No queremos nada que no sea nuestro; es una cuestión de justicia». Así de contundente se mostró ayer el arzobispo, don Mario Iceta, tras la publicación del informe presentado al Gobierno por la Conferencia Episcopal Española y por el que reconoce numerosos errores en los procesos de inmatriculación de algunos inmuebles. El listado compara el informe presentado por el Congreso de los Diputados con el listado de bienes inmatriculados por las diócesis del país, detectándose más de 2.500 errores en la comparativa y en los que figuran como propios bienes que las diócesis no ha registrado como tal. El baile de cifras se debe a que el listado del Gobierno presenta bienes de comunidades religiosas e incluso otras confesiones religiosas, registros duplicados, bienes desconocidos por falta de información detallada, bienes sobre los que no consta inmatriculación alguna o inmuebles que no son propiedad de la Iglesia por estar vendidos, donados, cedidos, expropiados, pertenecer a ayuntamientos o por error de inscripción de propiedad.

 

En el caso de Burgos, los errores de técnica registral ascienden a un total de 62. Entre ellos, figuran como propiedad de la archidiócesis dos bienes de comunidades religiosas (los monasterios de Briviesca y Castil de Lences) y otros seis que aparecen duplicados. El listado también señala como error haber incluido ocho bienes inmatriculados o adquiridos por otros títulos anteriores al periodo 1998-2015 (seis fincas rústicas en Montecillo y Villabasil de Losa y sus respectivos cementerios). A ellos se suman nueve bienes que la Iglesia no reconoce como propios, pues son titularidad de otros (la ermita de San Bartolomé de Partearroyo de Mena, el cementerio de Cabia, dos casas parroquiales de Los Ausines, la casa del ermitaño de Medina de Pomar y los cementerios de Prádanos de Bureba, Puentedura, Quintanapalla y Zael) y otros 35 bienes que se inmatricularon cumpliendo la ley hipotecaria 1998-2015 pero que, transcurrido ese tiempo, se ha cedido su uso o se han vendido (todas fincas rústicas a excepción de una casa en Quintanavides). Por su parte, figura erróneamente en el listado la iglesia de Santa Catalina, puesto que tiene título propio de adquisición y técnicamente no entra en este proceso de inmatriculaciones. El listado se completa, además, con la propiedad de un garaje en la parroquia de Villasana de Mena, localidad no pertenece siquiera a la archidiócesis de Burgos.

 

El responsable jurídico de Inmuebles del Arzobispado de Burgos, Rodrigo Sáiz, insiste en que no se trata de errores de adquisición, sino en que en el listado figuran como propios bienes que la archidiócesis nunca ha inmatriculado como tal. «La lectura correcta del listado facilitado por la Conferencia Episcopal sirve para depurar posibles errores que se hayan podido cometer en el proceso de inmatriculación. En modo alguno se debe interpretar que la Iglesia se ha apropiado de 2.500 inmuebles que no son suyos», insiste.

 

La archidiócesis de Burgos reitera su compromiso de transparencia y en la obligación moral de «no atribuirse como propio nada que no nos corresponda», tal como indicó el arzobispo. «Si alguien posee un título mejor que lo presente; queremos poner luz y no quedarnos nada que sea nuestro», reiteró don Mario Iceta.

 

Un poco de historia

 

A finales del siglo XIX, a consecuencia de las leyes de Desamortización y la transmisión de muchas propiedades de la Iglesia, comienza una época en la que se pretende regular las propiedades estatales, eclesiásticas y privadas. En 1860, durante el reinado de Isabel II, se impuso a las diócesis inventariar por triplicado sus propiedades. Más tarde, en 1861, se publica la Ley Hipotecaria y se crea por primera vez el Registro de la Propiedad, permitiendo la inscripción de bienes eclesiásticos basada en el certificado de posesión emitido por las diócesis dos años antes.

 

En 1946, se redacta el artículo 206 de la Ley Hipotecaria, permitiendo a la Iglesia católica, «cuando carezca de título escrito de dominio», inmatricular fincas «que les pertenezcan» mediante la «oportuna certificación librada por el funcionario a cuyo cargo esté la administración de los mismos». Este artículo, sin embargo, exceptuaba la inscripción de los templos católicos, por resultar obvio que eran propiedad de la Iglesia católica desde tiempo inmemorial. Esta excepción, por resultar inconstitucional con respecto a otras confesiones religiosas que sí debían inmatricular sus centros de culto, se vio modificada en 1998, abriendo así un proceso por el que se obligaba a la Iglesia católica a inmatricular en el registro de la propiedad todos sus bienes, tanto los destinados al culto como fincas y otro tipo de propiedades.

Compartir: un camino de «ecumenismo práctico»

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Marius, junto a Emilio, en las inmediaciones de la iglesia de El Salvador, en Villatoro.

 

Se estima que la población ortodoxa en la ciudad de Burgos ronda las 2.000 personas. Aunque también hay ortodoxos búlgaros y otros georgianos, la inmensa mayoría de ellos se integran en la parroquia ortodoxa rumana de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, que funciona en la provincia desde hace casi quince años y cuya cabeza visible desde enero de 2020 es Marius Joan Ferent Pipas, uno de los 125 sacerdotes o «popes» que integran el único obispado ortodoxo rumano de toda España y Portugal. 

 

Aún faltan meses para que Burgos cuente con su propia iglesia ortodoxa. Se ubicará en la calle Navas de Tolosa y se convertirá en la primera iglesia española construida íntegramente en madera en estilo «maramures». De hecho, sus módulos ya están fabricados y esperan en Rumanía los trámites necesarios para su construcción, como los estudios geológicos del terreno y licencias de obras. Mientras el sueño se materializa, la comunidad ortodoxa ha celebrado ya sus liturgias en la parroquia de la Ventilla, en la iglesia de las madres Trinitarias e, incluso, en un costoso local alquilado a Caja de Burgos. En julio de 2020, Marius rubricó un acuerdo con la parroquia de El Salvador de Villatoro que permitía a los cristianos de ambas confesiones hacer un uso compartido del templo. Pasado año y medio del acuerdo, tanto Marius como el párroco católico de El Salvador, Emilio Maestro, manifiestan que entre ambos «existe una buena relación» y que la experiencia está sirviendo para que católicos y ortodoxos derriben muros y se conozcan mejor. 

 

Marius, de hecho, considera a los católicos como su «Iglesia hermana» y a Emilio como su «hermano sacerdote». «Es muy cariñoso y atento, y también la gente y los colaboradores de la parroquia, especialmente Leo, que nos tratan muy bien», asegura el pope. Las dificultades logísticas de los primeros meses, los acuerdos para las horas de uso del inmueble y la obligación de compartir espacios comunes han dado lugar a un «clima muy fraterno» y «una suerte para la parroquia», tal como indica Maestro. «Nos sentimos cristianos que acogemos a esta comunidad de hermanos que necesita espacio y la comunidad parroquial es consciente de que está haciendo una buena obra de acogida», subraya. 

 

Algunos sostienen que el tercer milenio será escenario de la reconciliación entre las confesiones cristianas divididas a lo largo de los siglos. Sin embargo, la unión doctrinal está todavía lejos de producirse y es cuestión, más bien, reservada a expertos teólogos y grandes debates académicos. Mientras tanto, la relación entre los católicos y ortodoxos en Villatoro es un ejemplo de «ecumenismo práctico», un «paso previo» a la comunión dogmática y que posibilita las «condiciones para un conocimiento recíproco», indica el pope ortodoxo. De hecho, aunque la relación entre ambas confesiones es buena, sus pastores sostienen que deberían «poner en marcha más gestos concretos» de comunión entre sus fieles, quizás con una celebración ecuménica conjunta, la asistencia a las liturgias de las otras confesiones o, simplemente, una reunión en torno a un chocolate y unos villancicos. 

 

Emilio y Marius participarán esta tarde junto a Agustín Melguizo, el pastor de la iglesia evangélica de la calle Pesac de la capital, en la oración ecuménica conjunta organizada con motivo de la semana de oración por la unidad de los cristianos (parroquia Hermano San Rafael a las 20:00 horas). Y es que, como indican, rezar juntos, conocerse más y compartir es el ecumenismo más real y auténtico que pueden llevar a cabo.