Cáritas lanza su campaña de donativos de Navidad, destinada al programa de Infancia

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La campaña «Sé parte de la solución contra la pobreza» centrará durante las próximas semanas la actividad de concienciación de Cáritas diocesana de Burgos. Esta entidad, que el año pasado atendió a 7.663 familias en nuestra provincia, con una acción que benefició a casi 13.000 personas en total, dedicará lo recaudado a su programa de Infancia y Adolescencia. En sus cinco centros de Burgos, Cáritas atiende cada año a unos 1.200 menores en riesgo de exclusión, ofreciéndoles apoyo escolar, actividades de ocio y tiempo libre y educación en valores. Además, las familias de los menores también reciben ayudas económicas para hacer frente a los gastos más imprescindibles de alimentación, vestido, suministros, alquileres u otros. En concreto, en el caso de las familias con menores, a estos se añaden también los relacionados con el material escolar y algunos gastos sanitarios y médicos.

 

Dentro de su programa integral de atención, Cáritas ha establecido unidades de apoyo escolar de cercanía en seis parroquias, dentro del proyecto llamado «Tareas y juegos». Una de las claves del programa es la prevención de posibles situaciones de exclusión, y para ello la entidad apuesta por la reducción de las tasas de fracaso y abandono escolar, la promoción de las actividades de ocio, y el trabajo conjunto con las familias.

 

A pesar de contar con diversos convenios con instituciones públicas y privadas para prestar estos servicios, Cáritas ha afrontado en los últimos años un descenso en los ingresos, motivado principalmente por la bajada de la cuantía de los donativos. Para Susana Fernández, responsable en Burgos capital del programa de Infancia, «a causa de esta limitación, ahora mismo no podemos llegar a todos los menores que lo necesitan».

 

Mediante la difusión de carteles y dípticos informativos, la presencia en medios de comunicación y diversos actos públicos de presentación, la campaña «Sé parte», que también se celebra en el resto de España, animará a la población y a las empresas a colaborar con Cáritas. Con esta iniciativa, la entidad confía en reunir los 25.000 € que le permitan seguir desarrollando íntegramente el programa de Infancia.

Sor Caridad Álvarez, última burgalesa en subir a los altares

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La ceremonia tuvo lugar en Orán, Argelia. Foto: EFE.

La ceremonia tuvo lugar en Orán, Argelia. Foto: EFE.

 

Sor Caridad Álvarez, la misionera agustina originaria de Santa Cruz de la Salceda asesinada en Argel en 1994, fue beatificada el pasado día 8 junto con  otros 18 religiosos, entre ellos una de sus compañeras de comunidad, la leonesa Esther Paniagua. La ceremonia, oficiada por el cardenal prefecto para la Causa de los Santos, Angelo Becciu, tuvo lugar en la explanada de la iglesia de Nuestra Señora de la Cruz de Orán con la asistencia de más de un millar de personas, en el primer acto de esta naturaleza celebrado en un país musulmán.

 

Las religiosas fueron abatidas a tiros el 23 de octubre de 1994 cuando se dirigían a misa a la capilla de las Hermanitas de Foucauld, a pocos metros de su comunidad. La oleada de violencia que se había desatado en Argelia en los 90, y que se cebó especialmente con los misioneros, no desalentó a Caridad y Esther, que decidieron continuar en Argelia «por fidelidad al evangelio, por amor al pueblo argelino que les había acogido porque ellas estaban compartiendo fe y vida con ese pueblo y no querían huir sino correr su misma suerte», según lo explicaba recientemente la que entonces era superiora provincial, María Jesús Rodríguez, que vivió directamente el martirio de Caridad y Esther.

 

Caridad nació en el pueblo burgalés de Santa Cruz de la Salceda el 9 de mayo de 1933 y era la penúltima de doce hijos. Ingresó en la congregación de las Agustinas Misioneras en el año 1955. Con ella, Burgos cuenta en su santoral con 187 beatos mártires de distintas persecuciones religiosas en todo el mundo en el último siglo.

«Dios es escritor, creó un mundo, sus personajes, y les dio vida»

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JORGE 1 (1)

 

Jorge Sáez Criado nació en Burgos en 1978 y siempre ha vivido en la capital. Casado y con tres hijos, dos varones y una niña, pertenece a la parroquia de San José y ha cursado estudios de Ciencias Religiosas en la Facultad de Teología de Burgos. Informático de profesión, su gran pasión, desde los 15 años,  es la literatura. Tiene publicados ocho libros en los que la presencia de Dios es latente. Su última obra, Apocalipsis: el día del Señor, aborda la corrupción del ser humano y el final de los tiempos. Otros libros suyos son Llorando sangre, en el que la Virgen es protagonista, Cartas desde el corazón a un hijo no nacido y La escala de la felicidad. También ha publicado tres volúmenes titulados Meditando el Santo Rosario. Además, ha publicado más de 40 artículos. Todas su obras se pueden encontrar a través de internet.

 

Jorge cuenta que desde pequeño me gustaba mucho leer. «Además como era de mal dormir, tenía a mi familia leyéndome cuentos por las noches, hasta que decidieron que era mejor comprarme los libros y que los leyera yo solo. Desde siempre no concibo la vida sin un libro, leo en cualquier momento del día, cuando tengo cinco minutos libres y siempre me han gustado los libros de contenido filosófico, espiritual y trascendente», confiesa. De leer a los demás le vino la necesidad de escribir lo que él sentía. «Primero comencé a escribir páginas sueltas, hasta que un día, mi entonces novia, que ahora es mi mujer, me animó a escribir mi primer libro, que fue La Escala de la Felicidad, sobre reflexiones acerca de la vida, con temas como el aborto o la eutanasia, en una escala de valores que debemos ir superando para llegar al camino que conduce a Dios y a la felicidad».

 

Reconoce que no le resulta fácil expresar lo que siente, «porque lo que sentimos habitualmente son dudas, inquietudes y problemas, pero en el fondo lo que todos buscamos es la verdad sobre nuestra existencia. La literatura permite reflejar muy bien estas situaciones a través de los personajes de ficción pero que sirven de modelo de la vida real». También confiesa que es complicado conocerse a uno mismo, «porque no nos preguntamos casi nunca por nosotros mismos ni por el fondo del ser humano. Todo lo ahoga la inmediatez. Estamos con el móvil, el trabajo, la vida sin respiro, sin disfrutarla, sin tocar la realidad porque todo lo queremos rápido y ya. Eso nos impide tener momentos de reflexión sobre el destino de nuestras vidas, porque estamos pendientes del whatsapp, que yo por cierto no tengo, sin ser capaces de pensar realmente en nosotros mismos».

 

«Encontrar a Dios es muy fácil»

 

En esa búsqueda constante, dice haber hallado la verdad. «He encontrado a Dios y a la Iglesia. Pero encontrarlo no es el fin, sino el principio, con eso no vale, ahora queda todo por desarrollar. A veces este encuentro lo transformamos en meras normas o en sentimentalismo, pero la realidad es tan grande que no la podemos concebir, nos supera, y aunque escribamos millones de libros, será imposible poderlo describir y conocer en profundidad». Y es que en su opinión, «encontrar a Dios es muy fácil». «Si deseas realmente encontrarlo, ya le has encontrado. Es cuestión de quererlo porque Dios ya te está esperando y a poco que le abras la puerta de tu corazón aparece, porque ya lo tienes ahí, está dentro de cada uno de nosotros».

 

En su caso, argumenta, el encuentro con Dios «ha sido una experiencia gradual, no tumbativa. Yo era un cristiano de los que iba a misa y poco más, no estaba conectado al fondo de la fe católica y me di cuenta porque no me sentía bien, sabía que algo fallaba, que aquello no servía de nada en mi vida. Y un día decidí pasar por el confesionario, hacía muchísimo tiempo que no me confesaba porque me daba vergüenza explicar mis pecados a otra persona. Pero me decidí, fui a la Iglesia de La Merced y allí me confesé y volqué todo lo que tenía dentro, el sacerdote me ayudó mucho. Me quedé como si me hubiera quitado un pedrusco de mi vida. Hubo un antes y un después de aquello, en realidad todo fue mucho más sencillo de lo que esperaba».

 

Desde entonces ha procurado que Dios esté presente en todas sus obras. «Pero no pretendo el adoctrinamiento, intento que sean historias con trasfondo, que inviten a la reflexión, para que cada lector pueda hacer sus propios planteamientos personales sobre la vida, su vida y el sentido del ser humano», matiza.

 

«Dios es escritor. Dios todo lo crea de la palabra. Creó un mundo, sus personajes y les dio vida. Dios ha explicado su obra por escrito, es el escritor de la vida porque la Palabra se hizo carne. Y nosotros, los escritores, aspiramos a lo mismo, creamos nuestros personajes y nuestros mundos en las páginas, pero si no se convierten en realidad y se hacen seres vivos, el libro ha fracasado», concluye.

Un calendario para preparar el octavo centenario de la Catedral

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El Cabildo de la Catedral ha elaborado unos calendarios para «preparar el octavo centenario». Se trata de unos almanaques de mesa y en forma de marcapáginas para el año 2019 en los que, cada mes, una fotografía de alta calidad de algún rincón desconocido de la seo hace alusión a las fiestas más significativas del ciclo litúrgico. El mes se acompaña, además, con un texto de referencia que explica tanto la elección de la foto como la fiesta litúrgica en cuestión.

 

Los calendarios, con un módico precio de 3 euros para el de mesa y de 1 euro para los de tipo marcapáginas, podrán adquirirse en la tienda de la Catedral (en la plaza del Rey San Fernando) y en la librería diocesana de la Casa de la Iglesia (en el número 7 de la calle Eduardo Martínez del Campo). El dinero recaudado se destinará a las obras de rehabilitación del templo gótico.

La religiosa burgalesa Caridad Álvarez, asesinada en Argel en 1994, será beatificada el sábado

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Dos agustinas misioneras españolas, una de ellas burgalesa y la otra leonesa, serán beatificadas el próximo sábado en la Basílica de Santa Cruz de Orán junto con otros 17 mártires asesinados en Argelia entre 1994 y 1996, entre ellos el que fuera obispo de dicha diócesis, Pierre Claverie. Se trata de Caridad Álvarez Martín, natural de Santa Cruz de la Salceda, y Esther Paniagua Alonso, de Izagre (León),  que fueron abatidas a tiros en 1994 cuando se dirigían a misa.

 

La oleada de violencia que se desató en los 90 en Argelia, y que afectó principalmente a los religiosos misioneros, fue tan extrema que el obispo de Argel, Henri Teissier, recomendó a las comunidades religiosas que se plantearan su marcha. La hermana María Jesús Rodríguez, entonces superiora provincial de las Agustinas Misioneras, viajó hasta Argel para discernir con la comunidad sobre su futuro. Tras unos días de reflexión, las tres integrantes de la comunidad decidieron libremente continuar en Argelia «por fidelidad al Evangelio, por amor al pueblo argelino que les había acogido, porque ellas estaban compartiendo fe y vida con ese pueblo y no querían huir sino correr su misma suerte», según explica la religiosa, que vivió directamente el martirio de Caridad y Esther.

 

La propia hermana María Jesús vivió directamente el martirio de Caridad y Esther. En la tarde del 23 de octubre acudieron a misa a la capilla de las Hermanitas de Foucauld, a pocos metros de la casa de las Agustinas Misioneras. El trayecto lo hicieron en parejas, tal como les había recomendado la embajada. Por delante salieron Caridad y Esther y tras ellas la superiora provincial y Lourdes, la tercera hermana de la comunidad. «Caridad y Esther torcieron la calle y las perdimos de vista. En ese momento sonaron dos disparos. Instantes después la gente comenzó a correr y una señora nos metió en su casa. Oímos llorar y supimos que un cristiano había muerto. Subimos al tejado de la casa, desde donde se veía la capilla de las Hermanas de Foucauld y vimos los cuerpos de Cari y Esther tirados en el suelo», relata.

 

Caridad, más conocida como Cari, nació en el pueblo burgalés de Santa Cruz de la Salceda el 9 de mayo de 1933 y era la penúltima de doce hijos. Ingresó en la congregación de las Agustinas Misioneras en el año 1955 e hizo su profesión temporal el 26 de abril de 1957. Pronto fue destinada a Argelia. Emitió los votos perpetuos el 3 de mayo de 1960. Su delicada salud le hizo retornar a España un tiempo, pero una vez recuperada regresó al país africano, donde se dedicó a la acogida de todos los que llegaban a la casa, tenía a punto todo cuando las hermanas regresaban del trabajo, dedicaba parte de su tiempo a atender a los niños que iban a estudiar a la casa y por las tardes preparaba un té que servía a un grupo de ancianos cristianos y musulmanes que acudían al hogar del anciano, según cuentan sus compañeras.

 

La religiosa se sabía amenazada de muerte, pero con una firme vocación, y enamorada de la misión, no dudó un instante en permanecer al lado del pueblo que le había acogido y al que amaba profundamente: «Estoy abierta y obediente a lo que Dios quiera de mí, y a lo que vean mis superiores». «María estuvo abierta al querer de Dios, quizá le costó. Deseo estar en esa actitud frente a Dios en los momentos actuales». Sus palabras, llenas de lucidez e intuición, revelan su honda vivencia espiritual.