El Centro de Educación Infantil de las benedictinas comienza una nueva etapa

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Fue en 1845 cuando comenzó la actividad educativa de las Madres Benedictinas en Burgos, al serles encomendada la misión, por parte del arzobispado en aquella época, de abrir una escuela para niñas del barrio en el que se ubican, San Pedro de la Fuente.

 

Más de 150 años después, esta labor educativa de estas religiosas en el Centro de Educación Infantil San José sigue vigente, aunque, ha pasado por diferentes etapas: Escuela de Primaria, Escuela-Hogar para niños y niñas procedentes de los pueblos de la provincia y, finalmente, desde los años 70, centro para la educación de los mas pequeños para que los padres puedan conciliar la vida laboral y familiar. Este centro educativo siempre ha tenido un carácter social. En la actualidad, encara una nueva etapa, y es que debido a la edad de las religiosas, que les ha llevado a tomar la decisión de retirarse, la gestión del centro pasa a manos del colegio diocesano Saldaña. La etapa que abarca es la de niños de 0 a tres años.

 

Siglos de historia en Burgos

 

Los orígenes en la provincia de Burgos de las Madres Benedictinas se remontan a la Edad Media, cuando ubicadas en el pueblo Los Ausines se dedicaban exclusivamente a la vida contemplativa. Esta congregación religiosa pertenece a la Orden de San Benito y vive conforme a su regla; los pilares fundamentales en los que basan su día a día son «Ora et Labora», y la hospitalidad, acogida, apertura y diálogo son sus señas de identidad. A principios del S.XVII, en 1601, se trasladaron a Burgos y se establecieron su monasterio en una parte del antiguo Hospital del Emperador, en el barrio San Pedro de la Fuente, lugar en el que se encuentran ubicadas en la actualidad.

«Mi abuela es monja»

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abuela monja

 

«¿Que soy muy mayor? Sí, Madre, ¿y Abraham? Tenía 70 años cuando el Señor le dijo: sal de Ur y vete a donde yo te diga… Pues yo tengo esa edad». Con estas palabras, Mary Carmen Sanjuan debió ablandar a la abadesa de Las Huelgas, reacia al ingreso de esta aragonesa, residente en Madrid, que ya tenía muy claro dónde estaba su sitio desde el momento en que pisó el coro del Monasterio durante una estancia en la hospedería.

 

La dureza de la clausura no amedrentaba en absoluto a esta tenaz mujer, madre de seis hijos y abuela de 17 nietos. Un cáncer de próstata le arrebató a su marido, a quien los médicos solo habían dado dos meses de vida que al final se convirtieron en 18 años, de los cuales solo los dos últimos fueron realmente duros. «Éramos un matrimonio muy feliz, muy enamorados, pertenecíamos a una comunidad de una parroquia, éramos catequistas, dábamos charlas prematrimoniales, como éramos pocos, el trabajo era mucho». Cuando falleció su esposo, cuenta, siguió haciendo su vida normal, con sus hijos, su comunidad parroquial, sus amigos de siempre… «Yo tenía mucho, tenía a mis hijos, y estábamos muy unidos. Aunque no era consciente de tener tanto. Me parecía normal tener toda esa felicidad… Hasta que una Cuaresma, haciendo oración, dije: «Señor, si ya se ha ido mi marido… ¿Qué más puedo darte?» Y lo oí claramente, el Señor me dijo: «No hace falta que me des nada, déjalo todo y vente conmigo». Me quedé como María, un poco impactada. Dije: «¿Cómo va a ser eso?» El día de Jueves Santo, en la Hora Santa en la parroquia, se leyó el pasaje del prendimiento de Jesús y el último versículo dice: “Y todos los discípulos, abandonándole, huyeron». Y yo, que soy, de Zaragoza, como Agustina de Aragón, dije: «Yo no te abandono, Señor. Y aquí estoy”».

 

Después de buscar por internet diferentes monasterios, ese mismo lunes de Pascua Mary Carmen se presentó en la hospedería de Las Huelgas, y unos días le bastaron para convencerse de que había encontrado su sitio. Ni las reticencias de la abadesa ni la reacción de su entorno, tanto de sus hijos («me dijeron de todo menos bonita», cuenta divertida), como de sus amigos, le hicieron cejar en su empeño. «A los tres meses se acababa mi tiempo de experiencia y yo podía salir. Y me aconsejaron: «Bueno, pues sales, estás con tus hijos y cuando vuelvas, pues vuelves a empezar la experiencia». Dije: «No, ¿otra vez seis meses más? Ya no tengo edad para andar jugando… Pues no salgo». Mis hijos iban a venir a buscarme, estaba ya todo organizado, pero les dije que no vinieran (bueno, se lo dijo madre Angelines, porque yo en esos seis meses no podía comunicarme con ellos para nada). Así que a los seis meses tomé el hábito, estuve dos años de novicia, hice los votos simples y a los tres años, la profesión solemne».

 

Poco a poco sus hijos fueron aceptando la nueva condición de Madre Mary Carmen, hoy hospedera del real monasterio. Cuenta que el día que iba a hacer su profesión solemne, uno de sus nietos preguntó: «Entonces, si la abuelita se casa con Dios, ¿Dios va a ser mi abuelito?»

El obispo y misionero Jesús Ruiz visita al pastor de la diócesis

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Don Jesús Ruiz Molina, obispo auxiliar de la diócesis centroafricana de Bangassou, se ha reunido esta mañana con don Fidel Herráez, arzobispo de Burgos. Esta visita se produce tras el paso por Roma de este sacerdote y misionero comboniano, quien se ha reunido con el papa Francisco y otros nuevos obispos para realizar un curso de actualización.

 

Ruiz Molina ha expresado que el Santo Padre le ha llamado a «generar esperanza» para el pueblo al que sirve, a «destruir el Mal haciendo el Bien», además de «quedarse al lado de los que sufren» y a ser «un signo de reconciliación y anunciar la paz» en un entorno de violencia en el que a muchas víctimas se niegan a perdona a los asesinos de sus familiares. Tras casi un año como obispo auxiliar en esta diócesis, Ruiz Molina hace un balance en el que destaca que aunque el ambiente de desastre ha evolucionado poco, su aportación a la comunidad cristiana se centra especialmente en estar cerca de los sacerdotes que son perseguidos, agredidos o amenazados de muerte, además de procurar que las escuelas que han logrado sacar adelante puedan seguir funcionando (el país se quedó sin escuelas hace seis años, cuando comenzó la guerra, provocando toda una generación perdida) y dar refugio a los perseguidos.

 

 

La prisión permanente revisable, a debate

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La sala Polisón del Teatro Principal acogió ayer una interesante mesa de análisis sobre la «prisión permanente y revisable» en un acto organizado por Pastoral Penitenciaria de la diócesis en el marco de la celebración de la Virgen de la Merced, patrona de instituciones penitenciarias. Luis Carlos Antón Herrera, director del centro penitenciario de Burgos, Puerto Solar Calvo, jurista de la prisión cántabra de El Dueso, la abogada Ana García Borné y Emiliano Tapia Pérez, capellán de Topas (Salamanca), fueron los encargados de debatir sobre esta controvertida reclusión carcelaria que sigue suscitando opiniones encontradas entre víctimas y quienes sostienen que esta medida judicial roza lo «inhumano».

 

Así se manifestó Puerto Solar, quien sostuvo que la prisión permanente y revisable «no es necesaria» en nuestro país pues «impide una aplicación individualizada de la pena y crea dificultades insalvables a la hora de facilitar la reinserción social de los reclusos». Además, argumentó que la puesta en marcha de esta condena responde a criterios ideológicos y cuestionó si es necesaria esta respuesta judicial para unos delitos tan graves que, en nuestro país, suponen una mínima expresión de las condenas sentenciadas.

 

Parecida opinión mostró el director del centro penitenciario de la ciudad, Luis Carlos Antón, para quien ya era «suficiente» la anterior legislación, mientras sostuvo la necesidad de «humanizar» todas las condenas. Asimismo, el capellán de la prisión de Topas argumentó que la prisión permanente revisable es una especie de «trampa» para apartar de la sociedad los problemas que ni ella misma es capaz de solucionar. En este sentido, aseguró que la condena permanente es un claro ejemplo más de que el sistema no funciona y no facilita la reinserción de los presos.

 

Para Ana García Borné, abogada del Servicio de Orientación y Asistencia Jurídica Penitenciaria, la prisión permanente es una respuesta «caliente» a un problema grave que responde solamente «a la venganza», algo que no sirve para paliar el dolor de las víctimas, sino solo para «cronificarlo».

Comienza el curso escolar en el Seminario diocesano de San José

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El arzobispo de Burgos, don Fidel Herráez Vegas, ha presidido esta mañana en la capilla del Seminario diocesano de San José la eucaristía con la que ha quedado oficialmente inaugurado el nuevo curso en la institución académica. En la misa han concelebrado el director espiritual y formadores, y han asistido profesores y algunos familiares de los seminaristas menores.

 

El pastor de la diócesis ha invitado a los residentes en el centro a vivir el nuevo curso como una oportunidad para seguir creciendo en su amistad con Dios y con los demás y a descubrir la posible llamada de Dios a la vida sacerdotal.

 

Este año, en el Seminario Menor estudiarán diez adolescentes de 12 a 18 años. A ellos habría que sumar la veintena de preseminaristas que están en vinculación con el centro vocacional y que participan de sus actividades un fin de semana al mes. Este año, el lema del curso será «ser descubridores de la bondad».

 

Seminario Mayor

 

En cuanto a las cifras en el Seminario Mayor, este curso contará ocho seminaristas mayores de Burgos, dos de los cuales ya se encuentran en destino pastoral en las parroquias de La Inmaculada de la capital y en Salas de los Infantes. Entre los ocho seminaristas mayores, se encuentra un nuevo ingreso, un joven que pasa del Seminario Menor tras acabar el año pasado 2º curso de Bachillerato.

 

En el edificio del Paseo del Seminario se formarán este curso, además, dos seminaristas mayores más de La Rioja y otros dos de la diócesis de Guitega, Burundi, gracias a la renovación del acuerdo que mantienen desde hace años la diócesis africana y la burgalesa para la formación de algunos candidatos al sacerdocio en la Facultad de Teología.