Penetrar en el Misterio de la Vida

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Queridos hermanos y hermanas:

 

Hoy, Domingo de Ramos, con el recuerdo vivo del Señor entrando victorioso en Jerusalén, comenzamos la Semana Santa. Mientras alfombramos –con cada uno de los retales de nuestra fe, esperanza y amor– el sendero que ha de recorrer Jesús, nos adentramos en el corazón de un Misterio que, cada año, revela la medida infinita del amor de Dios. Un camino de Pasión que nos hace recorrer las etapas de nuestra propia vida y, por tanto, de nuestra salvación.

 

San Pablo VI dejó escrito que este día que hoy celebramos «viene a ser como el vestíbulo del santuario de la Semana Santa». Una huella enclavada en tierra que da sentido a un Evangelio escrito en siete palabras: «Yo soy la resurrección y la vida» (Jn 11, 25).

 

Jesús quiere acogernos en la espesura de su misericordia para que habitemos, eternamente, en la vida conquistada en la cruz que brota de su costado abierto. De su entrega en la cruz brota la nueva semilla de una herencia construida en el amor ilimitado de Dios manifestado en la Pasión.

 

Nos adentramos, a partir de hoy, en una Semana que es Santa, porque solo puede entenderse desde una fe que necesita habitar en la Pasión. Desde ahí, hemos de amar a Jesús abandonado, para que después –ya resucitado– resplandezca en cada uno de nosotros. Hemos de amarle, más allá de sus llagas, más adentro de nuestro temor y pecado; desde esa entrega ilimitada por nosotros, desde esa debilidad que revela –con el precio de su sangre– el culmen más sagrado de su amor.

 

Dice san Pablo en su Carta a los Corintios que Cristo murió por todos «para que ya no vivan para sí los que viven, sino para aquel que murió y resucitó por ellos» (2 Cor 5,15). En Jesús muerto y resucitado, queridos hermanos y hermanas, la vida ha vencido a la muerte. Y esta fe pascual, la que envuelve cada gesto a la medida de Dios, sostiene y alimenta nuestra esperanza cada día.

 

Hace justamente un año, el Papa Francisco, revelaba cómo –«en el drama de la pandemia, ante tantas certezas que se desmoronan y con el sentimiento de abandono que nos oprime el corazón»– Jesús nos dice a cada uno: «Ánimo, abre el corazón a mi amor y sentirás el consuelo de Dios, que te sostiene».

 

Una promesa, la de entonces y la de hoy, que nos invita en esta Semana Santa a redescubrir que la vida solo tiene sentido cuando se conjuga el verbo amar en todas las circunstancias de nuestra vida. Desde el Crucificado, que es la medida del amor que Dios nos tiene; hasta el Resucitado, que nos convierte en templos vivos, portadores de su vida, de su misericordia y de su perdón.

 

En esta Semana Santa que hoy comenzamos, debemos ser signos de esperanza, a imagen y semejanza del Padre. Y, como la Virgen María y las santas mujeres del Evangelio, queremos esparcir a nuestro alrededor las semillas de vida, de esperanza y de paz allí donde el sepulcro permanece aún velado por el miedo a creer y a esperar en Dios.

 

Jesús, quien removió la roca de la entrada a la tumba, quiere remover las piedras que sellan cualquier corazón y lo impiden abrirse a la vida y a la misericordia de Dios. Él desea que recorramos, de su mano, este camino que comenzamos hoy. Y a pesar de que esta vez no salgamos en procesión con los ramos a recibir al Señor y de que algunos ritos se supriman a causa de las normas sanitarias impuestas, esta Semana será realmente Santa si nosotros la vivimos –desde la entrega a los más débiles– al servicio del Amor.

 

Con gran afecto, recibid mi bendición con el deseo de que viváis esta Semana Santa en la experiencia profunda del amor de Dios.

 

+ Mario Iceta Gavicagogeascoa

Arzobispo de Burgos

Aranda de Duero se prepara para vivir su primera «Semana Santa virtual»

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Ante las restricciones sanitarias impuestas a causa de la pandemia por coronavirus, la coordinadora de cofradías y hermandades penitenciales de Aranda de Duero ha decidido organizar este año la «primera Semana Santa virtual». Según han anunciado esta mañana en rueda de prensa, los arandinos disfrutarán de esta manera de actos litúrgicos en las parroquias y programaciones específicas en las redes sociales, todo para permitir que las tradiciones propias de estos días sigan estando presentes en la capital de la Ribera.

 

«Teníamos que reinventarnos y actualizarnos y decidimos hacer por primera vez en Aranda una Semana Santa virtual», ha destacado Manuel Cuadra, uno de los integrantes de la coordinadora arandina de cofradías. Gracias a las hermandades, las parroquias y un equipo de comunicación, se han preparado una serie de vídeos que se emitirán en YouTube, una campaña de publicidad en televisión y diversos post que se publicarán en Facebook, además de no renunciar a su tradicional programa de actos impreso y su cartel promocional.

 

Así, desde el Domingo de Ramos al Domingo de Pascua, a través de YouTube y Facebook se emitirán ocho programas en los que se alternarán imágenes de archivo de procesiones de otros años con contenido de creación propia, en los que se explicarán el significado teológico de cada uno de los días de la Semana Santa, la historia de las cofradías y su hábito. «No queremos que sea algo solo de este año, queremos que tenga una continuidad en el tiempo», ha destacado Cuadra. «Queremos llegar a más y más gente y que por fin la Semana Santa de Aranda sea declarada de interés turístico nacional».

 

Cartel 2021

 

Además de la programación virtual, las parroquias de Aranda seguirán desarrollando sus habituales celebraciones durante el triduo pascual, algunas de las cuales se podrán seguir en directo a través de las redes sociales. Toda la programación se ha recogido en un programa de mano que se ilustra con un cartel, que también estará presente en las calles de la localidad. Se trata de la sombra de una cruz con un sudario, una fotografía de Abel Martín, y con la que se pretendía aunar a todas las hermandades de la ciudad, tal como ha detallado Juan Arranz, hermano mayor de la Hermandad de la Resurrección de Cristo y diseñador del cartel.

«La Iglesia os llama porque sí, ahí hay un germen de vocación»

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Más: galería de fotos de la celebración

 

Cristian Alonzo, Rodrigo Camarero y Guillermo Pérez están un paso más cerca del sacerdocio. Hoy la Iglesia los ha llamado para formarse en esta misión, para que «adquieran una forma nueva y se dejen modelar por el Señor», tal como les ha transmitido el arzobispo, don Mario Iceta, quien los ha admitido como candidatos a las sagradas órdenes del diaconado y presbiterado en una celebración que ha tenido lugar en la capilla del Seminario de San José. «Hasta ahora la vocación era una cuestión privada, pero hoy os lo pide la Iglesia, es un mandato de la Iglesia», les ha recordado. «Vuestra vida será dejaros formar por las manos amorosas del Señor y eso requiere fidelidad por vuestra parte. Es la Iglesia la que os llama porque ha descubierto que sí, que ahí hay algo, hay un germen de vocación».

 

Para el arzobispo, la vocación sacerdotal «no nace de una propia elección», sino que es «una llamada del Señor por pura liberalidad suya, por pura gracia». «Es una llamada a la vida plena, feliz, grande, hermosa, apasionante: la vida sacerdotal».

 

Don Mario ha recordado a cada uno de los tres seminaristas que «el Señor te elige a ti», y lo hace «porque te amo, porque quiero que estés conmigo». «Te ha elegido con amor de hermano para que participes de su sagrada misión». Una razón para «dar infinitas gracias a Dios porque se ha fijado en vosotros».

 

El pastor de la Iglesia en Burgos ha alentado a los jóvenes a proseguir su camino hacia el sacerdocio recordando su propia vocación, esa en la que él y tantos presbíteros «estuvimos devanando y tuvimos dudas de cómo sería nuestra vida. Pero después de tiempo decimos: «Señor, no te equivocaste, qué vida tan hermosa nos has concedido, qué don tan grande nos das cada día»». De ahí que también se haya dirigido a las familias de los quizás futuros sacerdotes: «Os faltarán días en vuestra vida para dar gracias porque el Señor se haya fijado en vuestra familia y en un hijo vuestro para que sea feliz, que es lo que queréis todos los padres».

 

El rito de admisión ha sido uno de los actos centrales con los que el Seminario ha vivido su día, en torno a la solemnidad de San José, junto con la oración joven que celebraron anoche. Para Rodrigo Camarero, uno de los jóvenes admitidos hoy a las sagradas órdenes, este paso le está ayudando «a ser cada vez más consciente de que esto es real, que mi vocación es real y que realmente dentro de unos años voy a ser cura y que Dios me llama por medio de la Iglesia. Y eso da vértigo pero hace mucha ilusión».

San José, el artesano en la fe y el amor

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Queridos hermanos y hermanas:

 

Esta semana celebramos la festividad de san José: el humilde carpintero que asumió –con amor, fidelidad y entrega absoluta– el tesoro más grande que se le depositó en sus manos, el hijo de Dios.

 

«Con corazón de padre: así José amó a Jesús, llamado en los cuatro Evangelios “el hijo de José”». Con estas palabras, el Santo Padre comienza la carta apostólica Patris corde, en la que el Pontífice recuerda el 150 aniversario de la declaración de san José como patrono de la Iglesia Universal, para reivindicar así el valor de su figura y celebrar un año dedicado especialmente a él.

 

La vida de san José es un evangelio vivo, escrito –a corazón abierto– con la tinta de la fidelidad. La belleza de su vida y la bondad de sus manos hicieron de él la persona de confianza de Dios para cuidar de Jesús y de María. Por eso, adherido a esa fidelidad que redime el tiempo (Ef 5,16), desde un amor fraguado en el cuidado, se dio todo, del todo y para siempre.

 

San José se abandonó sin reservas en las manos del Padre, poniendo a los pies de la Divina Providencia el andar humano del Hijo de Dios. Y es que tener fe en Dios, como señala el Papa Francisco en esta carta apostólica titulada Con corazón de padre, incluye creer que «Él puede actuar incluso a través de nuestros miedos, de nuestras fragilidades y de nuestra debilidad». Al mismo tiempo, «nos enseña que, en medio de las tormentas de la vida, no debemos tener miedo de ceder a Dios el timón de nuestra barca».

 

Él lo hizo entregando todo cuanto tenía; porque sabía que el amor es mucho mayor que el temor, porque –con él– la humanidad de Cristo se forjó con la ayuda de este buen custodio que hacía las veces de padre. Y Dios, que nunca se deja ganar en generosidad, quiso que José entrase «en el servicio de toda la economía de la Encarnación», como una vez expresó san Juan Crisóstomo, el patrono de los predicadores.

 

San José, un padre amado por todo el pueblo cristiano, que une –en silencio– el Antiguo y el Nuevo Testamento. Un padre «en la ternura», «en la obediencia» y «en la acogida». Un padre «de valentía creativa», «trabajador» y «siempre en la sombra». Así lo describe el Papa Francisco, poniendo el acento en ese silencio persistente «que no contempla quejas», sino «gestos concretos de confianza».

 

Este año dedicado a san José, el custodio de Jesús y, por tanto, de la Iglesia, nos recuerda que solo desde el silencio de la cruz es posible amar a la humanidad entera. Porque él, despojado de sí mismo, nunca se puso en el centro. Al contrario, supo cómo descentrarse, acallando sus temores y confiando en Dios en sus angustias, para poner a María y a Jesús en el corazón de su existencia.

 

Y no podemos olvidar que este artesano nos enseñó a vivir en contemplación, a confiar siempre en Dios, a santificar el trabajo humilde y sencillo y a vivir el amor en pureza cristalina.

 

Queridos hermanos y hermanas: con san José queremos también honrar a la Virgen María, quien llenó siempre de paz el amable taller de Nazaret, y quien –en silencio, como su amado– se confió a Dios como la humilde esclava del Señor. También San José es invocado en el momento último de nuestra existencia en la tierra. A Él encomendamos a nuestros hermanos que durante este tiempo duro de pandemia han pasado a la casa del Padre. En san José experimentamos que la misericordia de Dios no tiene fin y que traspasa incluso el umbral de la muerte para conducirnos a la eternidad.

 

Con gran afecto, recibid la bendición de Dios deseándoos un santo tiempo de Cuaresma.

 

+ Mario Iceta Gavicagogeascoa

Arzobispo de Burgos

El arzobispo desea «contagiar ilusión» en la nueva etapa de la Asamblea Diocesana

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El arzobispo, don Mario Iceta Gavicagogeascoa, respalda la Asamblea Diocesana puesta en marcha en la archidiócesis de Burgos desde septiembre de 2019. Así lo ha subrayado en diversas ocasiones y así vuelve a hacerlo ahora, esta vez a través de un video mensaje dirigido a todas las personas involucradas en el proceso sinodal.

 

En su alocución, asegura que fue uno de los proyectos que con «más ilusión» acogió tras conocer su nombramiento, al que califica como un «gran regalo de Dios, un momento de gracia».

 

Para el arzobispo, la Asamblea es un tiempo para «ponernos a la escucha del Señor, de su Palabra, para discernir a la luz del Espíritu contemplando la realidad de nuestra Iglesia y de nuestra sociedad» para «amar, servir, anunciar y testimoniar el evangelio». Don Mario pide a Dios «que sostenga este camino», dificultado por la crisis sanitaria, pero que también ve como «una ocasión de gracia para crecer».

 

Ahora, a punto de iniciarse una «etapa intermedia» en la Asamblea, el arzobispo quiere relanzar la dinámica sinodal, «contagiando ilusión» entre toda la Iglesia diocesana: «Que abordemos esta etapa con el deseo de escuchar al Señor y servir a nuestra Iglesia y nuestra humanidad». «Que juntos podamos diseñar esos caminos y acentos en los cuales queremos poner el centro de nuestra evangelización y dinamizar la vida de nuestra Iglesia», concluye.