He resucitado y estoy contigo

por redaccion,

 

Queridos hermanos y hermanas:

 

«¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado» (Lc 24, 1-6). Hoy, con la resurrección de Jesús, se cumple la promesa que el Padre confió a nuestra mirada al atardecer del Viernes Santo: el Crucificado ha resucitado para sanar las heridas de una humanidad desorientada, fragmentada y desolada.

 

Hoy, el anhelo de infinito y la nostalgia de eternidad que habitan en nuestro corazón se sienten amparados por un amor que es más fuerte que la muerte. Hoy, resuena en cada confín de la tierra el consuelo de esta Iglesia que, como madre, nos acoge, nos cobija y nos levanta del polvo dolorido del pecado.

 

¡Jesucristo ha resucitado! Verdaderamente, ¡ha resucitado! De otra manera, ¿dónde sanarían el silencio solitario del Getsemaní, los latigazos, las lágrimas de la Pasión y el temblor de un madero construido con espinas? Si Cristo no hubiese vuelto a la vida, como dejó escrito san Pablo, vana sería nuestra fe… (1 Cor 15, 14).

 

Este día nos invita a redescubrir que nuestra vida terrena no es una pasión inútil, no es un vía crucis de desvelos infinitos, sino que es un sendero de esperanza, más allá de oscuridades y momentos inciertos, que nos lleva a contemplar la piedra removida del sepulcro. 

 

La misericordia de Dios manifestada en Jesús, una vez más, vence al dolor y a la desesperanza. La vida en Cristo resucitado, el suceso más desconcertante de la historia humana, vence al vacío de la muerte. Aquello que, humanamente, era impensable, sucedió… Y hoy Jesús está vivo. Un acontecimiento universal que no responde a un suceso milagroso, sino a un hecho acaecido y constatado históricamente que, como una vez señaló san Juan Pablo II, debe contemplarse «con las rodillas de la mente inclinadas».

 

Nosotros, como aquellos primeros discípulos que nos transmitieron un testimonio vivo de lo que habían visto y oído, también somos «testigos de la resurrección de Cristo» (Hech 1, 22). Lo somos, cuando la desolación del Huerto de los Olivos no deshace nuestra fe; lo somos, cuando el Señor nos pide que le ayudemos a cargar con el peso de una cruz compartida; lo somos, cuando permanecemos –como María– al pie de la cruz; lo somos, cuando recorremos con las santas mujeres el camino hacia el sepulcro; lo somos, cuando atardece, de camino hacia Emaús, pero mantenemos nuestro corazón en vela porque Jesús necesita nuestras manos para bendecir, acoger y sanar; y lo somos, cuando nos estremecemos de alegría, porque encontramos en el Resucitado a aquel que da sentido a nuestra vida.

 

Queridos hermanos y hermanas: «Dios es un Dios de vivos y no de muertos» (Lc 20, 38). Y si el Padre ha resucitado a su propio Hijo, nos quiere alegres, esperanzados y llenos de vida, «y vida en abundancia» (Jn 10, 10), porque esa resurrección es promesa de la nuestra. 

 

A partir de la Resurrección, esta promesa debe resonar en nuestro interior de una manera más especial, si cabe. Hemos de ser reflejos de esa Vida que se entrega, que se pone al servicio del prójimo sin ningún tipo de acepción de personas. Hasta que seamos conscientes de cuánto nos ama Dios, hasta que el corazón descanse en Él. Y así, como San Pablo, podamos afirmar con serenidad: «Si morimos con Cristo, viviremos con Él» (Rom 6, 5).

 

Con la Santísima Virgen María, de su mano generosa, delicada y compasiva, nos adentramos en el misterio que el Padre ha llevado a cabo con su vigilia de amor resucitando a su Hijo de entre los muertos por el poder del Espíritu Santo. Y, en su presencia, sintamos cómo su Hijo, hoy, nos dice en silencio: «No temas, he resucitado y estoy contigo» (Misal Romano, Domingo de Resurrección, Antífona de entrada. Cfr. Sal 138 (139), 18.5-6).

 

Con gran afecto, pido a Jesús resucitado que os bendiga y os deseo una Feliz Pascua de Resurreción.

 

+ Mario Iceta Gavicagogeascoa

Arzobispo de Burgos

«Jesús viene humilde, sin imponerse, para darnos una palabra de aliento»

por redaccion,

 

No ha habido ni cornetas ni tambores ni niños portando ramos y aplaudiendo el paso de Jesús en la borriquilla. El primer domingo de Ramos de don Mario Iceta como arzobispo ha sido muy distinto al de otros años en la ciudad. Con todo, ha podido presidir la eucaristía de la Pasión del Señor en la Catedral y ha estado rodeado de representantes de las cofradías y hermandades penitenciales de la ciudad, a quienes ha agradecido el esfuerzo que, cada año, realizan por exponer en la calle «espléndidas catequesis».

 

En su homilía, que ha podido seguirse en directo a través del canal de YouTube de la archidiócesis, el arzobispo ha interrogado a los presentes sobre el modo de situarse ante Jesús en esta Semana Santa: «¿Como lo acojo, con indiferencia, con ironía, con hartazgo, o con la mirada de un niño?». Y es que don Mario ha afirmado que Jesús «no viene con poder, no entra en nuestra vida con estruendos ni alharacas, sino humilde, sobre un pollino». Una actitud que «despierta amor y ternura», porque «no se impone, se ofrece con humildad, como un Señor que adopta la condición de siervo».

 

Como ha recordado, los mismos personajes que hoy lo aclaman con ramos, dentro de cinco días dirán «crucifícale, porque no ha cumplido lo que esperaba», porque pensaban que «iba a imponer su reinado ante las tiranías del mundo y del sometimiento de los romanos». Pero no, «él se presenta como un discípulo que quiere dar al abatido una palabra de aliento, una palabra de vida» para los enfermos, los que están en los hospitales, los que han perdido un ser querido, quienes se han quedad sin trabajo o no pueden levantar la persiana de su negocio.

 

El pastor de la Iglesia en Burgos ha querido prevenir del «escándalo» que puede suponer «que Dios pueda hacerse humilde y pequeño», que «el Señor esté en nuestra casa, en tu trabajo, junto a tus amigos, entre los pucheros, en el hospital, en tus angustias y temores, en tu oscuridad» aunque «no nos atrevemos a percibirlo». De este modo, ha concluido, nosotros «hemos de aprender a mirar dentro, a mirar al corazón y no a las apariencias».

 

En los próximos días, don Mario Iceta presidirá en la Catedral los principales actos litúrgicos de la Semana Santa: la solemne eucaristía de la Cena del Señor el Jueves Santo (a las 17:00 horas), la celebración de la Pasión y Muerte del Señor el Viernes Santo (también a las 17:00 horas) y la solemne vigilia pascual del Sábado Santo (a las 20:00 horas), tres celebraciones que podrán seguirse para toda Castilla y León a través de RTVCyL. El canal de YouTube de la archidiócesis también retransmitirá en directo el Miércoles Santo (a las 11:00 horas) la solemne misa crismal y la solemne misa estacional del domingo de Pascua (a las 12:00), con bendición papal. Quienes deseen asistir presencialmente a los actos de culto en la Catedral, con aforo limitado siguiendo la normativa vigente, deberán recoger invitación en la Casa de la Iglesia o en la propia sacristía de Santa Tecla.

Penetrar en el Misterio de la Vida

por redaccion,

 

Queridos hermanos y hermanas:

 

Hoy, Domingo de Ramos, con el recuerdo vivo del Señor entrando victorioso en Jerusalén, comenzamos la Semana Santa. Mientras alfombramos –con cada uno de los retales de nuestra fe, esperanza y amor– el sendero que ha de recorrer Jesús, nos adentramos en el corazón de un Misterio que, cada año, revela la medida infinita del amor de Dios. Un camino de Pasión que nos hace recorrer las etapas de nuestra propia vida y, por tanto, de nuestra salvación.

 

San Pablo VI dejó escrito que este día que hoy celebramos «viene a ser como el vestíbulo del santuario de la Semana Santa». Una huella enclavada en tierra que da sentido a un Evangelio escrito en siete palabras: «Yo soy la resurrección y la vida» (Jn 11, 25).

 

Jesús quiere acogernos en la espesura de su misericordia para que habitemos, eternamente, en la vida conquistada en la cruz que brota de su costado abierto. De su entrega en la cruz brota la nueva semilla de una herencia construida en el amor ilimitado de Dios manifestado en la Pasión.

 

Nos adentramos, a partir de hoy, en una Semana que es Santa, porque solo puede entenderse desde una fe que necesita habitar en la Pasión. Desde ahí, hemos de amar a Jesús abandonado, para que después –ya resucitado– resplandezca en cada uno de nosotros. Hemos de amarle, más allá de sus llagas, más adentro de nuestro temor y pecado; desde esa entrega ilimitada por nosotros, desde esa debilidad que revela –con el precio de su sangre– el culmen más sagrado de su amor.

 

Dice san Pablo en su Carta a los Corintios que Cristo murió por todos «para que ya no vivan para sí los que viven, sino para aquel que murió y resucitó por ellos» (2 Cor 5,15). En Jesús muerto y resucitado, queridos hermanos y hermanas, la vida ha vencido a la muerte. Y esta fe pascual, la que envuelve cada gesto a la medida de Dios, sostiene y alimenta nuestra esperanza cada día.

 

Hace justamente un año, el Papa Francisco, revelaba cómo –«en el drama de la pandemia, ante tantas certezas que se desmoronan y con el sentimiento de abandono que nos oprime el corazón»– Jesús nos dice a cada uno: «Ánimo, abre el corazón a mi amor y sentirás el consuelo de Dios, que te sostiene».

 

Una promesa, la de entonces y la de hoy, que nos invita en esta Semana Santa a redescubrir que la vida solo tiene sentido cuando se conjuga el verbo amar en todas las circunstancias de nuestra vida. Desde el Crucificado, que es la medida del amor que Dios nos tiene; hasta el Resucitado, que nos convierte en templos vivos, portadores de su vida, de su misericordia y de su perdón.

 

En esta Semana Santa que hoy comenzamos, debemos ser signos de esperanza, a imagen y semejanza del Padre. Y, como la Virgen María y las santas mujeres del Evangelio, queremos esparcir a nuestro alrededor las semillas de vida, de esperanza y de paz allí donde el sepulcro permanece aún velado por el miedo a creer y a esperar en Dios.

 

Jesús, quien removió la roca de la entrada a la tumba, quiere remover las piedras que sellan cualquier corazón y lo impiden abrirse a la vida y a la misericordia de Dios. Él desea que recorramos, de su mano, este camino que comenzamos hoy. Y a pesar de que esta vez no salgamos en procesión con los ramos a recibir al Señor y de que algunos ritos se supriman a causa de las normas sanitarias impuestas, esta Semana será realmente Santa si nosotros la vivimos –desde la entrega a los más débiles– al servicio del Amor.

 

Con gran afecto, recibid mi bendición con el deseo de que viváis esta Semana Santa en la experiencia profunda del amor de Dios.

 

+ Mario Iceta Gavicagogeascoa

Arzobispo de Burgos

Aranda de Duero se prepara para vivir su primera «Semana Santa virtual»

por redaccion,

 

Ante las restricciones sanitarias impuestas a causa de la pandemia por coronavirus, la coordinadora de cofradías y hermandades penitenciales de Aranda de Duero ha decidido organizar este año la «primera Semana Santa virtual». Según han anunciado esta mañana en rueda de prensa, los arandinos disfrutarán de esta manera de actos litúrgicos en las parroquias y programaciones específicas en las redes sociales, todo para permitir que las tradiciones propias de estos días sigan estando presentes en la capital de la Ribera.

 

«Teníamos que reinventarnos y actualizarnos y decidimos hacer por primera vez en Aranda una Semana Santa virtual», ha destacado Manuel Cuadra, uno de los integrantes de la coordinadora arandina de cofradías. Gracias a las hermandades, las parroquias y un equipo de comunicación, se han preparado una serie de vídeos que se emitirán en YouTube, una campaña de publicidad en televisión y diversos post que se publicarán en Facebook, además de no renunciar a su tradicional programa de actos impreso y su cartel promocional.

 

Así, desde el Domingo de Ramos al Domingo de Pascua, a través de YouTube y Facebook se emitirán ocho programas en los que se alternarán imágenes de archivo de procesiones de otros años con contenido de creación propia, en los que se explicarán el significado teológico de cada uno de los días de la Semana Santa, la historia de las cofradías y su hábito. «No queremos que sea algo solo de este año, queremos que tenga una continuidad en el tiempo», ha destacado Cuadra. «Queremos llegar a más y más gente y que por fin la Semana Santa de Aranda sea declarada de interés turístico nacional».

 

Cartel 2021

 

Además de la programación virtual, las parroquias de Aranda seguirán desarrollando sus habituales celebraciones durante el triduo pascual, algunas de las cuales se podrán seguir en directo a través de las redes sociales. Toda la programación se ha recogido en un programa de mano que se ilustra con un cartel, que también estará presente en las calles de la localidad. Se trata de la sombra de una cruz con un sudario, una fotografía de Abel Martín, y con la que se pretendía aunar a todas las hermandades de la ciudad, tal como ha detallado Juan Arranz, hermano mayor de la Hermandad de la Resurrección de Cristo y diseñador del cartel.

«La Iglesia os llama porque sí, ahí hay un germen de vocación»

por redaccion,

 

Más: galería de fotos de la celebración

 

Cristian Alonzo, Rodrigo Camarero y Guillermo Pérez están un paso más cerca del sacerdocio. Hoy la Iglesia los ha llamado para formarse en esta misión, para que «adquieran una forma nueva y se dejen modelar por el Señor», tal como les ha transmitido el arzobispo, don Mario Iceta, quien los ha admitido como candidatos a las sagradas órdenes del diaconado y presbiterado en una celebración que ha tenido lugar en la capilla del Seminario de San José. «Hasta ahora la vocación era una cuestión privada, pero hoy os lo pide la Iglesia, es un mandato de la Iglesia», les ha recordado. «Vuestra vida será dejaros formar por las manos amorosas del Señor y eso requiere fidelidad por vuestra parte. Es la Iglesia la que os llama porque ha descubierto que sí, que ahí hay algo, hay un germen de vocación».

 

Para el arzobispo, la vocación sacerdotal «no nace de una propia elección», sino que es «una llamada del Señor por pura liberalidad suya, por pura gracia». «Es una llamada a la vida plena, feliz, grande, hermosa, apasionante: la vida sacerdotal».

 

Don Mario ha recordado a cada uno de los tres seminaristas que «el Señor te elige a ti», y lo hace «porque te amo, porque quiero que estés conmigo». «Te ha elegido con amor de hermano para que participes de su sagrada misión». Una razón para «dar infinitas gracias a Dios porque se ha fijado en vosotros».

 

El pastor de la Iglesia en Burgos ha alentado a los jóvenes a proseguir su camino hacia el sacerdocio recordando su propia vocación, esa en la que él y tantos presbíteros «estuvimos devanando y tuvimos dudas de cómo sería nuestra vida. Pero después de tiempo decimos: «Señor, no te equivocaste, qué vida tan hermosa nos has concedido, qué don tan grande nos das cada día»». De ahí que también se haya dirigido a las familias de los quizás futuros sacerdotes: «Os faltarán días en vuestra vida para dar gracias porque el Señor se haya fijado en vuestra familia y en un hijo vuestro para que sea feliz, que es lo que queréis todos los padres».

 

El rito de admisión ha sido uno de los actos centrales con los que el Seminario ha vivido su día, en torno a la solemnidad de San José, junto con la oración joven que celebraron anoche. Para Rodrigo Camarero, uno de los jóvenes admitidos hoy a las sagradas órdenes, este paso le está ayudando «a ser cada vez más consciente de que esto es real, que mi vocación es real y que realmente dentro de unos años voy a ser cura y que Dios me llama por medio de la Iglesia. Y eso da vértigo pero hace mucha ilusión».