La clase de Religión nos enraíza en la verdad de nuestro ser

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Queridos hermanos y hermanas:

 

¿Por qué debe estar en la escuela la asignatura de Religión? ¿Y por qué apuntar a los niños y a los jóvenes a Religión? Son dos cuestiones a las que me gustaría brevemente responder.

 

Algunos piensan que la formación religiosa en la escuela es un privilegio o un añadido especial a la formación humana, cultural, científica o tecnológica. Otros, simplemente, se quedan en la superficie y consideran que una educación integral no debe incluir una dimensión religiosa y moral que, para nosotros, los creyentes, es decisiva para el diálogo entre la fe y la razón, para promover el respeto entre todos y para entender las raíces de nuestra existencia y de nuestra historia.

 

Decía el Papa emérito Benedicto XVI que «eliminar a Dios de la enseñanza significa romper el círculo del saber». Y no le faltaba razón. Porque Dios es connatural al ser humano. Y ciertamente, no podemos apagar la dimensión trascendente y religiosa que habita en el corazón de toda persona que solo anhela vivir en paz.

 

Una educación integral, que abarca todas las dimensiones del ser humano, también su dimensión transcendente, nos abre las puertas hacia un conocimiento verdadero y armónico de la realidad, nos sitúa adecuadamente en ella como un don y una misión. Una educación que incluya la dimensión religiosa del ser humano, nos impulsa hacia una misión en la construcción de una sociedad habitable, que responda a las ansias más profundas del corazón humano. Asimismo, da respuestas actuales a los desafíos del presente, teniendo una mirada preferencial por los más necesitados y vulnerables. Y, por supuesto, invita a responder a tantas preguntas que surgen en la mente y corazón de niños y jóvenes que buscan el sentido primero, actual y último de sus vidas.

 

¿De qué serviría acumular conceptos, disciplinas y temarios si olvidamos educar la mente y el corazón? Se constata que en determinados campos se plantea, de modo erróneo, la asignatura de Religión como si fuera algo ajeno a la identidad cultural, moral y religiosa de la persona y de nuestra sociedad. Y, si esto pasa, el bien común deja de echar sus raíces donde le es propio, que es en la dignidad del ser humano imagen y semejanza de Dios.

 

El Papa Francisco, en su discurso a los participantes en la plenaria de la Congregación para la Educación Católica en 2014, dijo que la educación católica «es uno de los desafíos más importantes de la Iglesia, dedicada hoy a realizar la nueva evangelización en un contexto histórico y cultural en constante transformación». Unas palabras, desde luego, certeras para un momento tan importante como el que ahora vivimos. Porque la educación católica es un escenario de diálogo intercultural, un signo de acogida, un arte que tiene como fundamento a Quien instituyó el mandamiento principal del amor; es la raíz donde crecen frutos de compasión infinita, hasta alcanzar la medida de la estatura de la plenitud de Cristo (Ef. 4, 13).

 

Por eso, padres y madres, responsables y custodios de la educación de vuestros hijos: está en vuestras manos continuar el compromiso que adquiristeis el día de su Bautismo. La clase de Religión aporta las razones fundamentales para la vida. Y qué mejor herencia para ellos que cimentar cada uno de sus latidos en Quien es la Verdad que nos hace realmente libres.

 

Con gran afecto, recibid mi bendición.

 

+ Mario Iceta Gavicagogeascoa

Arzobispo de Burgos

Un encuentro online divertido y participativo

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Vocación, eucaristía y misión son los tres ejes que dan nombre al encuentro «VEM» que reúne cada año a los niños que participan en las catequesis de 4º, 5º y 6º de primaria en la archidiócesis. Este año, a causa de la pandemia, el formato del encuentro se ha adaptado para lograr que los chavales se reunieran en pequeños grupos en sus respectivas parroquias y participaran de forma virtual en un nutrido programa de divertidas actividades en común que han posibilitado impulsar la dimensión diocesana en cada uno de los 16 grupos inscritos en el que este año se ha llamado «i-VEM».

 

Una veintena de voluntarios, entre técnicos y presentadores, ha posibilitado una emisión en YouTube de más de 2 horas y media de duración en directo. A través de la pantalla, los grupos participantes han tenido que ir completando un total nueve pruebas (desde amasar el pan a disfrazarse como curas o monjas, hacer un regalo para los misioneros o ubicar en el mapa distintos países, entre otros), dando debida cuenta de sus logros y aciertos a través de un grupo de WhatsApp habilitado para ello. Junto a las pruebas, el programa se ha completado con testimonios de seminaristas, religiosos y familias y el propio arzobispo, don Mario Iceta, que se han conectado a la emisión a través de distintas plataformas digitales.

 

Además, los niños han ganado su «jubileo» en este Año Santo de la Catedral, al ingresar de forma virtual en el templo gótico y rezando la oración del Año Jubilar.

 

Enrique Ybáñez, delegado diocesano de Pastoral Vocacional y uno de los organizadores de este ciber encuentro junto con las delegaciones de Catequesis y Misiones, destaca la ilusión del equipo que ha posibilitado la emisión, desde los que han estado detrás de las cámaras a los que debían recibir las respuestas y computar los votos de las pruebas, que ha ganado el equipo de la parroquia de San Juan Bautista.

 

«Hemos logrado que los niños vuelvan a sus parroquias por otro motivo que no fuera el simple hecho catequético o litúrgico; una oportunidad de que los niños se reunieran fuera de la actividad habitual, algo que hacía tiempo que no habíamos podido hacer a causa de la pandemia», subraya Ybáñez. Destaca el «interesante formato» logrado, que ha posibilitado un «encuentro diocesano interactivo y divertido», donde los chavales no solo han seguido en directo una emisión, sino que han podido participar a través de pruebas y retos. Una muestra más de que internet y las tecnologías de la información y la comunicación no están reñidas con la evangelización en las parroquias.

 

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El patrocinio de San Lesmes: «Por tierra, aire, mar»… e internet

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Todo fue diferente. Ni roscas, ni bailes de danzantes ni Gigantillos ni las aglomeraciones de otros años. Ni siquiera en la iglesia el protocolo fue el de otras ocasiones. Las restricciones sanitarias obligaron a que Burgos, el pasado domingo, rindiera homenaje a su patrón de forma distinta, con solo 25 personas en las naves del templo. Eso sí, con internet como aliado y con un arzobispo, don Mario Iceta, que se estrenó por primera vez en la fiesta al patrón de la ciudad, san Lesmes Abad.

 

En su homilía, el pastor de la archidiócesis subrayó que san Lesmes «hace presente el ministerio de Jesús», un ministerio que el Hijo de Dios ejerce con autoridad («no como un poder fáctico, sino moral») y que otorga la verdadera libertad que desata de ataduras interiores y exteriores. El santo francés llegó a la ciudad «en el nombre del Señor» para «amar a todos sin condicionamientos». Su actividad caritativa y su servicio a los pobres y enfermos hizo que predicara el amor de Dios «no con poder, sino con autoridad», la misma autoridad moral que brilló en Jesús de Nazaret. Fue «protector de los burgaleses en su tiempo y después, que tantas veces y también hoy, en este tiempo de pandemia, nos queremos encomendar a él».

 

En este sentido, aseguró el arzobispo, san Lesmes se convierte para los burgaleses en un ejemplo a imitar. «Dios está en todos los que sirven con generosidad». «Tenemos que mirar a san Lesmes y no pensar en nosotros, pensar en cómo servir a los demás y cómo hacer presente el Reino de Dios no con poder de imposición sino con la autoridad del Señor, que es la autoridad del servicio y del amor, del perdón, del compartir, del lavar los pies, de ayudar a los demás».

 

Voto de la ciudad

 

El alcalde, Daniel de la Rosa, fue el encargado de presentar al santo el tradicional cirio con el que la ciudad realiza el voto a su patrón y protector y que se colocó junto a la tumba del santo. «Que la llama del cirio encendido por vos, renueve también la intercesión del santo a favor de la ciudad que se honra con su patronazgo glorioso», contestó el arzobispo a la ofrenda del regidor.

 

Asimismo, el arzobispo bendijo e impuso las medallas que entregó a los nuevos miembros de la hermandad Adelmus, cuya finalidad reside en custodiar el sepulcro del santo, venerar al patrón de la ciudad y difundir su devoción.

 

San Lesmes nació en Loudum (Francia) el año 1035; pero a petición de la reina Constanza, esposa de Alfonso VI de Castilla, se traslada a Burgos, para habitar en el monasterio benedictino situado junto a la Iglesia de San Juan, con una hospedería para los peregrinos del Camino de Santiago. También trabajó con preocupación por construir puentes y sanear la ciudad, dados sus conocimientos de ingeniería. Por su caridad y servicio hacia todos, especialmente hacia los enfermos y necesitados, mereció ser considerado por Burgos como su patrono. Murió en el año 1097.

El final de la vida, tema de reflexión en la fiesta de Santo Tomás de Aquino

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El arzobispo y gran canciller de la Facultad de Teología de Burgos, don Mario Iceta Gavicagogeascoa, protagonizó ayer una mesa de diálogo y reflexión en torno a las cuestiones morales que surgen en el acompañamiento a los enfermos en la fase final de al vida. Tras presidir la eucaristía en la capilla del centro académico en honor de santo Tomás de Aquino, patrono de los teólogos, el aula magna acogió un acto en el que el pastor de la Iglesia en Burgos respondió a algunas preguntas planteadas por el claustro de profesores y que pudo seguirse a través de YouTube.

 

Tomando mano del documento de los obispos Sembradores de esperanza. Acoger, proteger y acompañar en la etapa final de esta vida (2019), de la Amoris Laetitia y de otros documentos del magisterio, don Mario aseguró que el sufrimiento es una «escuela de esperanza», donde el ser humano también puede aprender a crecer y desarrollarse en plenitud.

 

En este sentido, rechazó que eso signifique «insensibilidad» hacia los que sufren, mientras aseguró que la enfermedad es un lugar adecuado para demostrar que el ser humano es un ser relacional. Para el arzobispo, la «muerte digna» es «morir a tiempo», ni antes ni después, rechazando así la eutanasia y apostando por los cuidados paliativos, con una «medicina interdisciplinar» que conjugue todas las dimensiones del ser humano ante el «zafarrancho de combate» que supone la enfermedad terminal.

 

Para el arzobispo, «una sociedad es humana por el modo de tratar a sus enfermos y discapacitados», de ahí que «los cuidados paliativos exijan un alto nivel tecnológico y humano». «Se necesitan soportes emocionales, afectivos, familiares, sociales, pero también muchos medios y recursos». Por ello insistió en la necesidad de «redescubrir la raíz que sustenta la dignidad humana» y «ver que cada persona, vuelta hacia el otro, es insustituible y única, irrepetible». «Toda persona es digna», insistió, mientras recordó que «la muerte es compañera de la vida» y «hay que saber gestionarla».

Hasta que la Palabra se haga carne

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Queridos hermanos y hermanas:

 

«Mantened firme la Palabra de la vida» (Flp 2, 16). Con este lema, tomado de la Carta de San Pablo a los Filipenses, celebramos hoy el Domingo de la Palabra de Dios.

 

Como recuerda el Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, esta jornada desea «reavivar la responsabilidad de los creyentes en el conocimiento de la Sagrada Escritura», así como «mantenerla viva» mediante un trabajo permanente de transmisión y comprensión, «capaz de dar sentido a la vida de la Iglesia en las diversas condiciones en que se encuentra».

 

Y hoy, con Pablo en el corazón de esa carta que, según algunas referencias, escribe desde el cautiverio, redescubrimos la necesidad de que la comunidad cristiana crezca en el conocimiento de la Palabra de Dios. Una tarea, sin lugar a dudas, apasionante. Porque dejarse bañar por la Sagrada Escritura es revestirse de una vida nueva; desprenderse de uno mismo para llenarse de un amor infinitamente bueno; mudar nuestra piel muerta, inacabada y de barro en un torrente inacabable de ternura.

 

El Santo Padre, hace justamente un año, nos alentaba a «hacer espacio» dentro de nosotros a la Palabra de Dios. Porque «necesitamos escuchar», decía el Papa Francisco, «en medio de las miles de palabras de todos los días, esa Palabra que no nos habla de cosas, sino que nos habla de vida».

 

Una vida en torno a una llamada que se renueva en cada amanecer, y que encuentra en cada rincón del Evangelio un diálogo con ese Dios que habla y escucha, que se hace hogar, que se viste de consuelo y resguarda hasta el último hálito de nuestras dificultades.

 

El cristianismo, como decía san Bernardo, es la «religión de la Palabra de Dios», no de «una palabra escrita y muda, sino del Verbo encarnado y vivo». Y qué importante es descubrir, siguiendo la estela que marcó el Papa Benedicto XVI en su exhortación apostólica postsinodal Verbum Domini, que «solo Dios responde a la sed que hay en el corazón de todo ser humano». Máxime ahora, en estos tiempos de pandemia, ante tanta sed de luz y tanta hambre de afectos; ahora que hemos de ser cauces de misericordia para que Dios, cuando nos vea con el Evangelio en las manos y los ojos afianzados en Su presencia, acoja nuestras pobres palabras de alabanza en silencio.

 

«Hago todo esto por el Evangelio», revelaba san Pablo en su Primera Carta a los Corintios (1 Co 9,23). Asimismo, en su Carta a los Romanos (1,16), confesaba que no se avergonzaba del Evangelio, porque «es fuerza de salvación para todo el que cree». Y aunque apenas quede tiempo en nuestro acontecer diario, ahí debe germinar nuestra fe: en el leve parpadeo de la Palabra de aquel que «vio y creyó» (Jn 20, 8), para que Él nos ayude a reclinar nuestra cabeza sobre la Sagrada Escritura. La Palabra de Dios se expresa en palabra humana merced al amor de una Madre, de la Santísima Virgen María. En Ella, la Palabra se hace carne, para habitar eternamente entre nosotros.

 

Queridos hermanos: hagamos sitio a la Palabra reservándole el mejor puesto de nuestro corazón y de nuestra de la casa. Esta Palabra será lámpara en el camino y luz en el sendero del amor y del servicio. Con gran afecto, recibid mi bendición.

 

+ Mario Iceta Gavicagogeascoa

Arzobispo de Burgos