La precariedad laboral se ceba con los inmigrantes

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La precariedad laboral está tan extendida y aceptada en España que contar con un empleo no asegura unas condiciones de vida dignas. Así, en uno de cada cinco hogares en situación de pobreza severa, la persona sustentadora principal está activa, pero en inestabilidad laboral grave. Fue la denuncia que ayer se escuchó en la última edición de Círculos de Silencio. Militantes de HOAC recordaron cómo tener un trabajo ya no es sinónimo de evitar la pobreza y la exclusión. Y aunque puede afectar a todos, de hecho el colectivo de trabajadores migrantes tiene tasas mucho más altas de precariedad que el resto de la población.

 

Según el último informe FOESSA, el 11% de los hogares están en pobreza severa, pero esta cifra se triplica hasta alcanzar el 38% si hablamos de hogares de origen inmigrante. «La pandemia ha intensificado situaciones de exclusión críticas para la población de origen inmigrante y ha convertido en crónica su obvia posición de desventaja», se leyó ayer en un manifiesto.

 

Al grito de «la persona es lo primero», en la concentración de ayer se reclamó un «cambio económico, político y social en las instituciones, en el mercado de trabajo y en la cultura imperante». Solicitaron «políticas sólidas de equidad y solidaridad con esta población que se encuentra segregada, ocupando los niveles sociales más desfavorecidos y con graves dificultades en los ámbitos del empleo, la vivienda y la pobreza». Y con el papa Francisco recordaron a los presentes que «no existe peor pobreza que aquella que priva del trabajo y de la dignidad del trabajo» (Fratelli Tutti 162).

Las parroquias de San Antonio y El Pilar peregrinan a la Catedral

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El pasado domingo, día 7 de noviembre, Día de  la Iglesia Diocesana, celebraron el Jubileo de la Catedral las parroquias de Nuestra Señora de El Pilar y San Antonio Abad. A primera hora de la mañana, tras la bendición de las pañoletas jubilares, los grupos de peregrinos partieron del barrio de El Pilar y del barrio de Huelgas.

 

Ambos grupos se encontraron a media mañana en el arco de Santa María. Los 350 peregrinos se acercaron a la Puerta Santa para ser recibidos por el canónigo José Javier Rodríguez, quien les dio la bienvenida y les explicó el sentido y los ritos del Año Santo.

 

Ambas comunidades parroquiales celebraron después juntas la eucaristía, presidida por su párroco y también vicario general, Carlos Izquierdo Yusta, y concelebrada por el vicario parroquial, Raúl Abajo, y varios canónigos. Tras la celebración, se realizó una visita guiada a la catedral.

Fieles de Miranda de Ebro y Benidorm, últimos grupos en celebrar el Jubileo

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Alumnos de tercero y cuarto de primaria del colegio Virgen de la Rosa han participado recientemente en la peregrinación jubilar hasta la Catedral. Con una explicación en cave catequética descubrieron detalles que pasan desapercibidos de la fachada principal y del interior de la Seo. Tras el paso por la puerta Santa se dirigieron hasta la capilla del Santo Cristo para rezar ante la venerada imagen.

 

Miranda de Ebro y Benidorm

 

La parroquia del Buen Pastor de Miranda de Ebro junto con la parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles de la barriada de los Ángeles de la misma localidad y parroquia de Santa Ana de Bayas también han acudido días atrás hasta el primer templo de la archidiócesis para realizar el itinerario jubilar y celebrar la eucaristía.

 

La jornada comenzó con la visita a la exposición Lux. Al entrar a la Catedral por la Puerta Santa realizaron los ritos acostumbrados depositando tierra de la ciudad del Ebro en el contenedor habilitado para ello. Acompañados por sus sacerdotes visitaron el templo en su interior en clave catequética.

 

Por su parte, la parroquia del Apóstol Santiago de Benidorm realizaba con su párroco una parada en su peregrinación anual por el Camino de Santiago para realizar el itinerario jubilar y participar en este Año Santo de la gracia especial de la indulgencia plenaria.

El clero diocesano reza por sus hermanos difuntos del presbiterio

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El Instituto Nacional de Estadística revela que el año pasado en Burgos se registraron 4.841 fallecimientos, un 25% más que el año precedente (3.870). Las cifras indican que la crisis sanitaria generada por la covid-19 se ha cebado en la provincia, aumentando considerablemente el número de finados respecto a otras épocas. También el clero diocesano ha registrado un importante número de decesos en el último año, hasta sumar los diecisiete. Algunos de ellos han sido víctimas de la pandemia, aunque no todos. En sufragio por todos ellos, y por los demás obispos y sacerdotes fallecidos en años precedentes, el clero diocesano ha celebrado hoy –como es tradición al llegar el mes de noviembre– una eucaristía en la Catedral presidida por el arzobispo, don Mario Iceta.

 

Los sacerdotes difuntos forman parte, en palabras del pastor diocesano, «de la corriente mística que mueve el mundo». Así, aunque no aparezcan en los libros de historia ni abran los titulares de los telediarios, «vivifican el mundo». «Ellos han fecundado esta tierra, que ha dado tantos frutos en santidad». Para el arzobispo, la vida de los sacerdotes cobra sentido cuando unen su voz con la de Cristo en la consagración del pan y el vino y se entregan ellos mismos, «con su cuerpo y con su sangre, en favor del pueblo que se les ha encomendado».

 

En la misa se ha tenido un especial recuerdo a los diecisiete sacerdotes fallecidos en el último año: Ricardo López, Simón Díaz, Agustín Heras, Julián Lucio, Eutimio Herrero, Delfino Velasco, Ramón Alonso, Víctor Cabezas, Cándido Rubio, Antonio Gutiérrez, Luis Hernando, José Luis de Pedro, Fermín Rilova, Félix Pérez, Ángel Villansante, Manuel Guerra y Nicolás Dulanto. Don Mario también ha orado por los familiares –de modo particular las madres– difuntos de los sacerdotes, quienes, ha dicho, han «modelado su corazón» y «puesto a sus hijos en las manos de la Iglesia».

 

Tras la misa, los celebrantes se han trasladado hasta al vecina capilla de Santa Ana, donde reposan los restos de los últimos prelados burgaleses. Allí han rezado un responso por su eterno descanso. Antes de la eucaristía, los sacerdotes han mantenido también una sesión de formación permanente en la Facultad de Teología sobre «Cultura de la sexualidad y retos pastorales».

 

Día de Todos los Santos: «La esperanza vence a la tristeza»

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La evolución favorable de la pandemia y la ausencia de restricciones ha permitido este año a cientos de burgaleses acercarse hasta el cementerio para honrar a sus difuntos. Además, la falta de lluvia en la jornada de ayer permitió recuperar la tradición de celebrar la eucaristía en el centro del camposanto. Fue el arzobispo, don Mario Iceta, quien presidió la celebración de Todos los Santos acompañado por los capallanes del lugar, en la que se imploró por el eterno descanso de los finados que reposan en el cementerio y de todos los fieles de la archidiócesis.

 

En su homilía, el pastor diocesano aseguró que todos están llamados a alcanzar la santidad y que, en medio del dolor y la angustia que pueden provocar la muerte, «la esperanza vence a la tristeza».

Esta tarde, el arzobispo presidirá la conmemoración de todos los fieles difuntos a las 19:30 en la Catedral, mientras que mañana miércoles presidirá otra eucaristía en sufragio por todos los sacerdotes y obispos diocesanos difuntos.

 

Visita a Villadiego

 

El pasado domingo, además, el arzobispo se desplazó hasta la localidad de Villadiego, donde celebró la eucaristía en su iglesia parroquial y mantuvo un encuentro con la comunidad de las Madres Agustinas de la localidad.

 

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