Ecología, primer anuncio y vida pública y política, objetos de debate de la Asamblea Diocesana

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Ecología, primer anuncio y vida pública y política han sido los tres últimos temas de debate en los talleres del Verano en Asamblea celebrados en el Seminario de San José, con los que concluye la actividad en la capital para trasladarse a diversos puntos de la provincia.

 

«Ecología integral: la normalidad pospandemia no puede pasar por las injusticias sociales y la degradación del ambiente» fue el primer tema. Propuesto por la Delegación de Pastoral Obrera y por Promoción Solidaria, fue animado por Carlos López Ahedo y contó con el testimonio de Rafael Martínez Amor, de Huerta Molinillo, y la conexión en directo con un técnico de los servicios generales de Cáritas Española. Tras dos horas largas de reflexión hubo propuestas de cara a generar ambientes armónicos en las parroquias, hacer que los edificios de la Iglesia sean eficientes energéticamente, elaborar una guía diocesana de prácticas ecológicas e incorporar estos temas tanto en los planes formativos como en la concienciación y denuncia.

 

El taller nº 9 abordó «El primer anuncio: una Iglesia en salida que interroga e invita». Animado por Julián Palencia y por miembros de la delegación de Apostolado Seglar, comenzó con una invocación al Espíritu Santo, que nos hace manifestar a otros que Jesús es el Señor de nuestras vidas. Puri Gallardo y Ana López recordaron lo que sobre el primer anuncio se trabajó y se compartió en el Congreso Nacional de Laicos (febrero de 2020). Elena contó su experiencia de acercamiento a la fe gracias a una compañera de trabajo, y estuvo acompañada de sus padrinos de bautismo. Finalmente en grupos se hicieron también algunas propuestas concretas para trabajar el primer anuncio en la diócesis.

 

El taller nº 10 versó sobre «Cristianos en la vida pública y política en medio de una sociedad crispada». Propuesto por el Departamento de Formación Sociopolítica, contó con una reflexión inicial de José Luis Lastra sobre lo dicho en torno a la presencia de los cristianos en la vida pública en el Congreso Nacional de Laicos. A continuación, Luis Gutiérrez, coordinador del Departamento de Formación Sociopolítica, compartió las reflexiones realizadas durante este curso en torno a la crispación social y política en España y en Burgos, y lo hablado con políticos cristianos en el XIII Encuentro celebrado hace un mes. Tras una primera ronda de intervenciones de los asistentes al taller, se escuchó el testimonio de dos cristianos muy presentes en el entramado social y político de Burgos: Mª José Pereda y Eduardo Francés, quienes dieron su testimonio de por qué y cómo han ido asumiendo diversos compromisos públicos. Finalizó el taller con una ronda de propuestas, entre las que se insistía mucho en educar a los jóvenes desde las parroquias y los colegios religiosos en este ámbito, proporcionarles cauces de voluntariado, insistir en la faceta espiritual de este compromiso alimentándola con momentos de silencio y de interioridad, impulsar desde las parroquias el compromiso en la vida social del barrio o del pueblo, apoyar las diversas ONGs existentes y contrarrestar claramente desde la Iglesia y cada uno de los cristianos la crítica generalizada y destructiva hacia la política.

10 años defendiendo a los migrantes sin levantar la voz

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Surgieron como un movimiento ciudadano en Toulouse en 2007, respaldados por algunas comunidades franciscanas. Pronto, aquella acción reivindicativa y no violenta se extendió por distintas ciudades francesas, sumando, mes a mes, nuevas convocatorias. La iniciativa llegó a Burgos hace exactamente 10 años de la mano de la todavía Mesa Diocesana de Pastoral de Migraciones (hoy delegación) y otros colectivos de Iglesia, entre los que se encontraban Cáritas diocesana, Atalaya Intercultural o la Casa de Acogida San Vicente de Paúl, entre otros. Desde entonces, han sido 91 las ediciones puestas en marcha como una manera pacífica de denunciar las políticas migratorias y la vulneración de los derechos de las personas migrantes y promover una cultura de la solidaridad y la acogida.

 

Tras mas de una década repitiendo este gesto (la delegación de Pastoral de Migraciones lo organiza cada dos meses en el paseo Sierra de Atapuerca) ayer quisieron celebrar este cumpleaños reclamando el derecho a la educación para los migrantes «en las mismas condiciones que los españoles». Por ello, solicitaron el acceso a una enseñanza básica, gratuita y obligatoria y la posibilidad de obtener la titulación académica correspondiente y poderse acoger al sistema de becas y ayudas.

 

Crisis migratoria en Ceuta

 

En el manifiesto que se leyó ayer, también se tuvo un recuerdo a la crisis migratoria acontecida en Ceuta el pasado mes de mayo y en la que se vieron involucrados adolescentes en edad escolar. Según se lamentó, se han sucedido varios actos de «rechazo y repudio» ante estas personas y no tanto a las causas de su migración o las situaciones por las que atraviesan.

 

Hicieron un llamamiento a la comunidad educativa y a la sociedad en general para que se unieran «a esta lucha por la dignificación y el respeto a todas las personas que llegan a nuestro país». «Confiamos en que el recuerdo de nuestro origen e historia migrantes, el agradecimiento debido a quienes nos acogieron y siguen acogiendo en muchas partes del mundo y nuestras convicciones religiosas o morales, nos lleven a todos los españoles a seguir siendo una sociedad acogedora». «Podemos tener ideas distintas sobre cómo abordar el fenómeno de la migración. Pero no debemos tener dudas sobre nuestra responsabilidad con todos los migrantes que desean vivir dignamente entre nosotros», concluyeron.

El palio arzobispal: «Como el Buen Pastor, cargar con los heridos de la vida»

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Pasados poco más de siete meses desde su llegada a la archidiócesis de Burgos, don Mario Iceta Gavicagogeascoa ha recibido hoy, de manos del nuncio de Su Santidad en España, monseñor Bernardito Auza, el palio arzobispal, un distintivo litúrgico que el arzobispo vestirá en los límites de la provincia eclesiástica y que es símbolo de comunión entre los obispos metropolitanos y el Santo Padre.

 

En su homilía, don Mario Iceta ha cuestionado la necesidad de este símbolo en un mundo que parece «no necesitar pastores» y donde prima «la autosuficiencia y la autorreferencialidad». Por contra, ha señalado que la sociedad actual, con «fachada de fuerte que disimula su enorme vacío», necesita del consuelo del Buen Pastor, «que carga sobre sus hombros el peso de los heridos de la vida». De ahí que hacer profesión de fe supone hacer «un acto de amor» y, como el Buen Pastor, ejercer la caridad: «El camino de la Iglesia actual son las minorías creativas, no las grandes masas; pequeños lugares donde conocemos nombres y rostros, espacios de vida y amor, de misericordia y no de juicio. Necesitamos vivir la salvación como conversión y salir al encuentro de los abatidos y heridos, que la gente pueda percibir en nosotros ese amor», ha dicho. [Ver aquí la homilía completa]

 

Simbolismo

 

El palio es una banda de lana virgen de seis centímetros de anchura cosida de forma circular y que se coloca sobre los hombros de los arzobispos. Cuenta con dos tiras que cuelgan sobre el pecho y la espalda y está adornado con seis cruces bordadas en seda negra. Esta vestidura litúrgica, cuyos orígenes se remontan al siglo IV, es «símbolo de unidad y señal de comunión con la Sede Apostólica», así como «vínculo de caridad y aliciente de fortaleza», tal como ha recordado el nuncio. Tras la profesión de fe pronunciada por el arzobispo, monseñor Bernardito Auza ha impuesto el palio sobre los hombros de don Mario.

 

La lana virgen con la que se confecciona el palio arzobispal está tomada de unos corderitos criados en el monasterio de Tre Fontane, lugar donde según la tradición fue martirizado el apóstol san Pablo. Cada 21 de enero, coincidiendo con la fiesta de santa Inés, estos corderos son bendecidos y unas religiosas se encargan de hacer con su lana las insignias litúrgicas. Una vez fabricados, los palios se custodian en una urna de plata junto a la tumba de san Pedro hasta el día de su fiesta, el 29 de junio.

 

A la celebración de hoy han acudido numerosos fieles, un nutrido grupo de sacerdotes y los pastores de las diócesis que dependen canónicamente de Burgos y forman parte de su provincia eclesiástica: Joseba Segura, obispo de Bilbao; Juan Carlos Elizalde, obispo de Vitoria, y Abilio Martínez, obispo de Osma-Soria; no ha podido asistir finalmente el obispo de Palencia, Manuel Herrero. También han acudido el arzobispo emérito de Burgos, Fidel Herráez, y el emérito de Jaén, Ramón del Hoyo.

 

El arzobispo preside una peregrinación vocacional por tierras andaluzas

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Del 5 al 9 de julio ha tenido lugar una peregrinación a lugares avilistas y marianos presidida por el arzobispo, don Mario Iceta, con un total de cuarenta participantes: jóvenes vinculados a la delegacion de Pastoral Vocacional, sacerdotes en sus primeros años de ministerio y seminaristas de Osma-Soria, La Rioja y los seminarios San José y Redemptoris Mater de Burgos.

 

Tomando el modelo de los «Campamentos Europa» de años anteriores, se han sucedido los momentos de reflexión, oración, celebración de la penitencia y eucaristia, testimonio y fiesta compartida, a la par que se conocían lugares vinculados a san Juan de Ávila, patrono del clero secular español, a la devoción mariana, y otros hitos culturales de Andalucía.

 

De esta manera, la expedición ha contado con la visita de la catedral-mezquita de Córdoba, Montilla, con la casa y el sepulcro de san Juan de Ávila; Lucena, con sus iglesias y ermita de la Virgen de Araceli; la Catedral y Giralda de Sevilla. El culmen del recorrido fue la peregrinación a pie por los arenales hasta la aldea del Rocío y la visita a la imagen de la Virgen que actualmente se venera en la parroquia de Almonte. También ha habido tiempo para el esparcimiento en la playa de Matalascañas, en las veladas nocturnas y en los largos viajes de autobús.

 

Como relata el rector del Seminario de San José, Francisco Javier Valdivieso, la peregrinación ha sido ocasión para «sentirse peregrinos acogidos con cariño». Agradece la hospitalidad recibida en la Casa de espiritualidad de Córdoba, en la casa de una de las hermandades del Rocío y en la ermita de Araceli. También, dice, ha sido una ocasión para que varios jóvenes conozcan de cerca «la realidad del Seminario y el sacerdocio», «para la convivencia entre los seminaristas que estudian durante el curso en Burgos; y para el conocimiento mutuo entre los jóvenes y don Mario, en la tierra, las devociones y las gentes que le acompañaron en sus inicios como sacerdote».

 

Por su parte, Fausto Rodríguez, un joven de 19 años de la parroquia de San Cosme y San Damián, agradece el buen desarrollo de la peregrinación, el testimonio brindado por los seminaristas y sacerdotes y, sobre todo, la presencia del arzobispo, del que subraya su cercanía y acompañamiento a lo largo de todos estos días.

Cristóbal López, arzobispo de Rabat: «Tengo amigos musulmanes que darían la vida por mí»

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La segunda jornada de la Semana Española de Misionología, que se celebró ayer, contó con la presencia de Cristóbal López, cardenal arzobispo de Rabat. Este salesiano de Almería, misionero en Paraguay y Bolivia, fue nombrado arzobispo de Rabat en 2018, aunque ya había estado en una parroquia de esta diócesis de 2003 a 2009. Tras ser creado cardenal en 2019, fue elegido como miembro del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso. Su ponencia versó sobre Diálogo Interreligioso fraterno y Misión.

 

Con el lenguaje de un buen comunicador, reconoció que el número de cristianos y sacerdotes en el país vecino es muy reducido: «El cristiano es Evangelio vivo que puede ver un musulmán que jamás comprará una Biblia». Insistió en que en un misionero el «diálogo interreligioso no es una moda, sino una actitud tan antigua como la Revelación misma». No se trata de charlatanería, sino de participar de Dios que se hace Palabra (también en el Corán),  mensaje y conversación. Desde esta premisa animó «a no hablar tanto de los musulmanes, sino con los musulmanes».

 

El diálogo interreligioso tiene cuatro pilares: vida compartida como ciudadanos; obras que buscan un mundo más humano; fe en un único Dios, que lleva a rezar juntos. El encuentro en estos caminos lleva al mutuo conocimiento de una raíz cultural-religiosa común en tradiciones tan importantes como la Pascua cristiana y el Ramadán: «El Ramadán rememora la fiesta del sacrificio de Abraham. El símbolo del cordero, tan importante en el mundo musulmán, es tomado por los cristinos en contexto Pascual referido a Cristo. Cuando se profundiza en la raíz común (Abraham) se reconoce el sentido profundo de las tradiciones».

 

Por otro lado, el diálogo presupone una serie de condiciones: fuerza de la identidad, coraje de la alteridad y la sinceridad de las intenciones. La cultura del diálogo es un largo camino a recorrer desde ambas partes, sin prejuicios y sin otras pretensiones. aseguró.

 

Diálogo constructivo

 

Tras la ponencia, varias preguntas de los asistentes se centraron en el fanatismo islámico en diversos países africanos como Mozambique. El cardenal aseguró que, en las acciones del Daesh, sus miembros actúan de forma indiscriminada y normalmente son más los musulmanes que mueren que los cristianos. Se trata de acciones deplorables e injustificables. Son posturas extremas y minoritarias, condenadas por la mayor parte de los musulmanes. Ahora bien, la utilización frecuente por parte de los Medios de Comunicación no ayuda para avanzar en el diálogo, dado que una postura extrema y minoritaria repetida tantas veces se interpreta como general.

 

Insistió en no aplicar el criterio tan invocado de la reciprocidad: «si no nos dejan hacer una iglesia en su país, tampoco les debemos dejar hacer una mezquita en España», «Si Dios hiciera esto con los cristianos, dejaría de amarnos». El cristiano debe amar como Dios ama, debe dialogar como Dios se revela. No debe estar buscando la contrapartida. Ahí está la clave del verdadero diálogo constructivo. Quien está en esta clave no habla de los musulmanes, sino que habla con los musulmanes como amigos, argumentó.

 

Después de la conferencia, Francisco Pérez, arzobispo de Pamplona y Presidente de la Comisión Episcopal de Misiones, recién llegado de celebrar San Fermín, clausuró la 73ª Semana Española de Misionología. Agradeció este esfuerzo por la formación de los 50 matriculados, así como la importancia de Obras Misionales Pontificias y de la Facultad de Teología del Norte de España, al apostar por este encuentro. Ya ha comenzado la preparación de la 74ª SEM, que tendrá lugar los días 4-7 de julio de 2022.