Los alumnos de la Ribera del Duero reflejan con pintura la Jornada de las Migraciones

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Durante los meses de enero y febrero, la Delegación diocesana de pastoral de migraciones organizó la decimosegunda edición del concurso de dibujo y redacción con motivo de la Jornada Mundial del emigrante y el refugiado. “Como Jesucristo, obligados a huir. CONOCER PARA COMPRENDER” ha sido el lema elegido para esta ocasión.

 

Los alumnos de más de una veintena de colegios de la capital y la provincia han presentado un total de 2.442 trabajos. En esta edición han participado escolares tanto de Educación Primaria como de Secundaria. Más de quinientas de estas obras pertenecen a alumnos de cinco colegios de la Ribera del Duero; El CEIP Simón de colonia y el centro privado de enseñanzas Dominicas de Aranda de Duero, el colegio San Miguel de Roa de Duero, el CEIP CRA Riberduero de Fuentespina y el CEIP CRA Diego Marín de Peñaranda de Duero.

 

La Casa de la Cultura de Aranda de Duero acoge del 5 al 14 de abril una exposición con todos los trabajos presentados por los alumnos de la Ribera del Duero. Podrá visitarse en el horario habitual: de lunes a viernes, de 9:30 a 14:30 y de 16:30 a 20:30.

 

En la muestra se encuentran tres de las obras premiadas, que corresponden a alumnas de los colegios ribereños: Candela Cuevas (5º de Primaria) y Tania Cabañas (4º de Secundaria) del colegio Dominicas, de Aranda de Duero, e Irene Lorenzo (6º de Primaria) del colegio Riberduero, de Villalba de Duero.

Imagen del mes de abril: cruces arzobispales

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Cruz arzobispal metropolitana

 

Como imagen del mes de abril presentamos una Cruz arzobispal metropolitana de brazos abalaustrados, que es una de las grandes obras de la orfebrería burgalesa. La historia de esta Cruz, que no ostenta marca alguna, puede seguirse con suficiente exactitud a través de la documentación catedralicia, considerando que su autor fue el platero burgalés Juan de Horna, que la realiza hacia 1537-38. Desde 1546 la Cruz aparece mencionada en diversos inventarios, pero sin una descripción minuciosa.

 

Cuando el obispado de Burgos fue elevado a sede arzobispal, por la bula de Gregorio XIII de 1574, debía contar con una Cruz procesional metropolitana, es decir, de doble travesaño. El Cabildo encarga al prestigioso platero Juan de Arfe hacía 1592 la transformación de la Cruz de Juan de Horna, a la que no se le alterará el diseño original y se limitará a continuar con el trabajo anterior, mediante la colocación de una segunda Cruz de brazos más cortos sobre la anterior. El 17 de agosto del mismo año, Arfe presentó al Cabildo un modelo de la Cruz arzobispal y se nombraron diputados para concertar con el artífice precio, peso, plazo y demás condiciones de su realización.

 

Cruz Arzobispal, regalo de la Reina Isabel II

 

Esta bella Cruz Arzobispal fue un generoso regalo que hizo la Reina Isabel II al arzobispo de Burgos en agradecimiento por su dedicación como preceptor de su hijo Alfonso XII. Es de plata sobredorada y fue realizada en unos talleres parisinos.

 

Las cruces de los brazos se adornan con estrellas de ocho puntas que enmarcan rombos en esmaltes azules cobalto y turquesa, alternando con blanco en los que aparecen el Espíritu Santo en esmalte blanco y oro en la parte alta y una cruz flordelisada en esmalte rojo que enmarca la cabeza del Crucificado.

 

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El arzobispo, en la vigilia pascual: «El Señor abrirá para ti el Mar Rojo»

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No era aún de noche. El toque de queda impuesto a causa de la pandemia ha obligado a adelantar este año la solemne vigilia pascual que el arzobispo, don Mario Iceta, ha presidido en la Catedral. Bendecido el fuego, el rito de la luz tampoco ha contado en esta ocasión con el encendido de las candelas de los fieles. Aún así, el cirio pascual ha irrumpido en una nave central ensombrecida y la entonación del pregón pascual anunciaba al reducido número de presentes la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte. La Semana Santa cedía el paso al tiempo de Pascua.

 

La vigilia pascual, corazón del año litúrgico, es una celebración para «rememorar, recordar y agradecer la obra que la Trinidad ha hecho por nosotros», tal como ha dicho el arzobispo en su homilía. En efecto, la extensa liturgia de la Palabra proclamada hoy ha servido para meditar la acción creadora de Dios Padre, la prefiguración de la entrega de Jesús en el sacrificio de Isaac y don del Espíritu, «la persona Amor que se nos da como conviene». «Dios nos ha creado a imagen de su Hijo, a su imagen y semejanza, y por eso ansiamos la plenitud y la eternidad, la esperanza, la vida y la alegría», ha subrayado el arzobispo.

 

Sin embargo, «vivimos tantas veces en callejones sin salida, cuando nuestras familias se desmoronan, cuando nuestros trabajos desaparecen» o sufrimos «cualquier dificultad». Es entonces cuando «el Señor nos abre el Mar Rojo», pues «siempre busca salidas inimaginables, porque es creativo». «El Señor te abrirá el Mar Rojo», ha insistido. «El Señor removerá para ti la piedra del sepulcro, la de la indiferencia, la de pensar que todo depende de mí, la de mi falta de amor». «He resucitado para ti, no tengas miedo, no estés chapoteando con la muerte. Yo he vencido tus oscuridades, tus temores, tus fracasos». «Cristo es la luz, es tu luz. Cristo es la vida, tu vida», ha concluido su alocución.

 

La celebración también ha contado con otros momentos significativos, como la profesión de fe y la renovación de las promesas del bautismo y la celebración de la eucaristía. Tras la vigilia pascual, el arzobispo también presidirá mañana, a las 12:00 del mediodía en la Catedral, la misa estacional del domingo de Resurrección, en la que impartirá la bendición papal. El acto podrá seguirse en directo a través del canal de YouTube de la archidiócesis de Burgos.

«Mis heridas son las tuyas: yo te he asumido en la cruz»

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Postrado en tierra y envuelto de un silencio estremecedor. El arzobispo, don Mario Iceta Gavicagogeascoa, ha presidido hoy en la Catedral la celebración de la Pasión del Señor en el que ha sido su primer Viernes Santo en Burgos. La sobriedad de la liturgia llamaba al recogimiento y la oración y el silencio reinante solo ha sido interrumpido en contadas ocasiones con la interpretación del grupo vocal Coda. El covid ha impedido que los burgaleses se acercaran a besar la cruz, pero desde su asiento han mostrado su adoración con una profunda inclinación de cabeza o poniéndose de rodillas. La crisis sanitaria y los problemas sociales de ella derivada parecían en esta tarde coincidir con «el misterio de amor» oculto en la muerte de Jesús.

 

«El Señor, en su Pasión, asume todos nuestros males», ha subrayado el arzobispo en su homilía. «Jesús te dice: «mírame y mírate a ti en mí, mis heridas son las tuyas, yo te he asumido en la cruz». Para el pastor de la archidiócesis, «en Jesús están todos nuestros sufrimientos y pasiones», de los que ha dado debida cuenta en su alocución. El «dolor físico» de Cristo coincide con con los enfermos que, en las ucis, sobreviven con respiradores. «La angustia, la soledad y la oscuridad» que sintió Jesús en la cruz, sus «dolores psicológicos», son la asunción de «nuestras noches sin dormir, las dudas sobre el mañana porque nuestra empresa está quebrada». Mientras que sus «sufrimientos espirituales» son los de «nuestros juicios inicuos», «el sentir la lejanía de Dios y su silencio en nuestra vida», «la traición de los amigos y la familia, el desamor, el preferir al malvado, la saña». Y, también, el de las mujeres que, como María al pie de la cruz, soportan estoicas el dolor del «maltrato o el rechazo social de sus grandes dones».

 

Para don Mario ese es el misterio de la Pasión del Señor, «un sacrificio, el asumir un mal por un bien mayor»; un sufrimiento en el que «siempre triunfa el amor, porque el amor siempre sana las heridas, el amor ensancha el corazón». «Hay dos modos de entender la Pasión: el de quien ve a Jesús como un fracasado, o quien, como el Buen Ladrón, lo percibe como el Rey de reyes, el triunfador, porque su poder es el del amor, el perdón y la misericordia», ha sostenido.

Manos ungidas para ser la ternura del Señor

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Ha sido la primera misa crismal que ha presidido el arzobispo con la que ha coincidido, además, la celebración de los sacerdotes en este Año Jubilar de la Catedral. Hasta el templo gótico se han acercado numerosos sacerdotes de toda la archidiócesis que, guardando las debidas distancias de seguridad y con aforo controlado a la entrada, han concelebrado en una eucaristía en la que se han bendecido el óleo de los enfermos y el óleo de los catecúmenos y se ha consagrado el santo crisma y donde los presbíteros han renovado las promesas que hicieron ante el obispo el día de su ordenación.

 

«Mírate las manos», ha animado don Mario Iceta a los sacerdotes presentes. «Son manos consagradas, manos ungidas por el Señor para sanar, para acariciar ancianos y consolar enfermos, para bendecir familias, para bendecir trabajos, el campo; para acoger y acompañar a los inmigrantes y refugiados, para acompañar y consolar a quien ha perdido su trabajo, para estar junto a los pobres», para «servir a los demás con la ternura del Señor». «Nuestras manos son más valiosas que las de cualquier pianista del mundo», ha indicado en su homilía. «Son», en definitiva, «manos ungidas por el Señor» con el santo crisma, con el Espíritu «que nos regala el Señor en su Pasión, en Getsemaní, el “molino de aceite” donde se muele el amor del Señor».

 

De esa unción crismal es de donde brota la comunión sacerdotal que, como ha indicado en su alocución, no se fundamenta en «el afecto o en que nos caigamos mejor o peor o que tengamos más o menos las mismas sensibilidades». «Nuestra fraternidad tiene una raíz sacramental», ha recordado a los presbíteros. «Nosotros somos pobres de amor, de perdón y ricos en autobombo, en autosuficiencia», de ahí que «necesitemos del Espíritu, que es siempre dinámico, siempre crea. Es el que necesita nuestra Iglesia en Asamblea Diocesana y en Año Jubilar, el Espíritu que recree por dentro para que nunca perdamos la ilusión de nuestro sacerdocio, de saber que el Señor nos ha elegido con amor de hermano».

 

Don Mario ha revelado sentirse ilusionado de poder celebrar por primera vez con una amplia representación de su presbiterio, gran parte de él ausente el día de su toma de posesión por las restricciones sanitarias.

 

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