Las parroquias de Santa Águeda y Nuestra Señora del Rosario celebran el Jubileo de la Catedral
Aumento de peregrinos
Lleva ocho años como delegada de Pastoral Gitana y nunca pierde la sonrisa. Rosalina Vicente, nació en Miranda de Ebro pero siempre se ha sentido oscense. A Huesca llegó con un mes de vida y estuvo hasta los veintidós años. Ahora su familia vive allí, pero Rosi, como cariñosamente se la conoce en el arzobispado, ha formado su familia en Burgos.
En Huesca pertenecía a la Juventud Obrera Cristiana (JOC), una organización que trabaja con jóvenes relacionados con el mundo obrero. Rosi, era una adolescente activa y participaba en los distintos encuentros que organizaba la Pastoral Obrera. Serafina, una monja involucrada en la Pastoral y José Antonio Satué, el Vicario General que había en aquel entonces en la diócesis de Huesca, le invitaron a un evento en Madrid de Pastoral Gitana. En ese encuentro empezó todo. Con su afán de animar a más gente gitana, Rosi consiguió formar un grupo de personas entregadas a colaborar con la diócesis aragonesa.
Años más tarde, en la archidiócesis de Burgos, conoció la delegación de Pastoral Gitana. «Siempre he sentido la lejanía del pueblo gitano con la Iglesia católica, pero también percibo que muchos de los que forman la iglesia, están alejados del pueblo gitano». Un distanciamiento que se manifiesta aún más si hablamos de la forma de celebrar la eucaristía. «El pueblo gitano es un colectivo al que hay que acoger y saber descubrir en su ambiente. Ciertas celebraciones podrían desarrollarse de una manera diferente, es imprescindible acercar las distintas culturas en la Iglesia. Junto al equipo que formamos esta pastoral, me siento capaz de anunciar el Reino de Dios al pueblo gitano allá donde sea bien recibido o al menos acogido».
Con el compromiso de colaborar con la Iglesia en Burgos, defendiendo las necesidades del colectivo gitano, en noviembre del año 2013 Rosi es nombrada delegada de Pastoral Gitana. «Nuestro objetivo es acercar la Iglesia católica. Culturizar formas de celebrar la eucaristía y apoyar a todas las entidades que trabajan con nuestro colectivo» señala. Atienden a todo el pueblo gitano, ‘mercheros’ y allegados, de cualquier rincón de la provincia de Burgos, «sean católicos, cristianos, agnósticos o ateos». Su función es dar a conocer la iglesia católica y hacer presente el Reino de Dios. «Vamos a domicilios, residencias, hospitales o donde haga falta, queremos conocer la realidad y las necesidades de nuestro colectivo, para poder ofrecerles recursos y acompañamiento».
Esta gitana, trabaja en Arrropa, una empresa de inserción promovida por Cáritas Diocesana de Burgos. A diario, comparte experiencias con familias cuyos recursos son escasos. Actualmente, desde la delegación de Pastoral Gitana trabajan con ocho familias amplias de manera continuada. Puntualmente, atienden a numerosas familias, una cifra difícil de calcular. «Desde que se originó la pandemia nuestro camino está siendo más difícil. Existen muchos más casos de precariedad, gente con problemas de desánimo y con muchos miedos», revela.
En ocasiones, la sociedad sigue teniendo presente distintos prejuicios hacia el pueblo gitano. Los principales retos a los que hace frente esta delegación están relacionados con esa preocupación, intentando paliar todo tipo de situaciones negativas que sufren las familias. «Pretendemos contrarrestar las circunstancias que les hacen flojear. Buscamos la cercanía entre los vecinos y el pueblo gitano, considerándonos todos Iglesia» y atendiendo especialmente a aquellos que se perciben más alejados.
El 8 de abril se conmemora el día internacional del pueblo gitano, celebración en la que colabora esta pastoral. «Procuramos hacer actividades durante todo el año y asistimos a los domicilios, en la medida de lo posible, para visitar a las familias gitanas y hacer que se sientan acompañadas» expresa esta madre de familia. Colaboran en distintas eucaristías e imparten catequesis. Rosi agradece especialmente la labor que realiza la archidiócesis de Burgos con la delegación de Pastoral Gitana, garantizando la organización de este tipo de actividades: «Tanto el arzobispo don Mario, como el vicario general, Fernando, y especialmente José Luis Lastra, nos animan a hacernos más presentes a través de proyectos. Tenemos palabras de agradecimiento para mucha gente que colabora con nosotros y nos cede sus instalaciones. Los sacerdotes de las parroquias de San Pedro y San Felices, San Pedro de la Fuente y San Julián, así como la Facultad de Teología o las Teresianas siempre nos han abierto sus puertas».
Dentro de la población gitana destaca la expansión de la iglesia evangélica frente a la católica. La realidad del colectivo gitano se caracteriza por la presencia religiosa de distintos cultos, algo que aún sigue generando distanciamiento. «Tenemos más puntos en común que diferentes, pero es verdad que a los evangelistas no les gusta que nos presentemos como Iglesia católica, porque dicen sentirse rechazados y no reconocidos. Pero ahora son ellos los que nos rechazan a los que formamos la Iglesia católica, más bien contradicen nuestras creencias. Creen que tienen la verdad absoluta y el verdadero conocimiento de Dios» concluye.
Aunque existen, en ocasiones cuesta percibir familias cristianas entregadas con la Iglesia. Rosalina Vicente echa en falta cercanía en las celebraciones, para hacer crecer la fe. «Nuestra manera de celebrar la eucaristía no llega a todo el mundo. Ojalá se adaptase el lenguaje y las representaciones culturales, para así reencontrarnos todos como hermanos» porque el pueblo gitano, añade «esté en el culto que esté o fuera de él, lo que no pierde es la fe por Jesús de Nazaret».
Lleva colaborando con este colectivo más de 40 años. Aún estaba en el seminario mayor y Fermín enseñaba a leer y a escribir a los gitanos en la «escuela puente» que se ubicaba en la calle Cabestreros. «Facilitábamos su incorporación en las escuelas aportándoles formación básica». Años más tarde, ya ordenado sacerdote, colaboró en distintos talleres de prevención de drogas.
Actualmente, Fermín es el consiliario de la delegación de Pastoral Gitana. Celebra con ellos varias eucaristías y colabora en distintas actividades culturales. «Intentamos juntar a católicos y protestantes en actividades comunes. Ponemos de manifiesto que los gitanos son personas integradas, con trabajo, pese a que no es lo que muchos piensan».
Este sacerdote es también el delegado de Pastoral Penitenciaria. «A menudo establezco conversaciones con gente de etnia gitana, pero en la prisión de Burgos casi no hay gitanos de aquí» y recalca que después de tantos años acompañando a estas familias, sólo tiene palabras de agradecimiento. «La experiencia para mí es muy positiva, porque es un colectivo maravilloso. La sociedad no los reconoce como iguales, prueba de ello es que aún tenemos un poblado donde muchas familias viven en precarias condiciones. La integración de los gitanos en la sociedad es fundamental, pero debe serlo respetando su identidad y su cultura, porque si intentásemos cambiarlos ya no serían gitanos».
La parroquia de Nuestra Señora de Fátima peregrinó el pasado 14 de mayo a la Catedral, un día después de celebrar la fiesta de esta advocación mariana y coincidiendo con las fiestas de su comunidad parroquial. Los fieles fueron recibidos en la puerta del perdón, por la que pasaron tras escuchar la explicación del sentido que tiene dicho rito.
Cáritas Burgos ha dado a conocer el fallo de su concurso de fotografía. El motivo protagonista de las instantáneas ha sido el cuidado de la naturaleza, con la idea de concienciar de su importancia a la sociedad. El pasado sábado 15 de mayo, coincidiendo con la festividad de San Isidro Labrador, la entidad reveló las fotografías premiadas.
La publicación, hace seis años, de la encíclica ‘Laudato si», puso de actualidad la importancia de los cuidados y la urgencia de unir la dimensión social y la ambiental para la Iglesia. Con esta inspiración, en abril, Cáritas Diocesana de Burgos convocó un concurso de fotografía para «poner en valor la belleza de nuestra provincia, y especialmente de su entorno rural». Más de cien personas se presentaron a la convocatoria. El concurso se distribuyó en tres categorías (general, senior e infantil) y en cada una de ellas ha habido una fotografía ganadora. El fallo del jurado se ha dado a conocer esta semana y entre sus integrantes ha estado el fotógrafo Ángel Herráiz.
Las obras premiadas están firmadas por Mariano Calleja Merino, en Fuentelcésped, que ha conseguido ser el premiado en la categoría general; Noelia León Montoya, en Espinosa de los Monteros, ha sido la ganadora de la categoría infantil y la fotografía de Pilar Fernández Fernández, en Miraveche, ha sido distinguida en la categoría de mayores de 65 años. Los premios serán un lote de productos de proximidad y de comercio justo, una visita a un lugar significativo de nuestra provincia y una comida. Serán entregados a lo largo de los próximos días.
Una selección de todos los trabajos recibidos se expondrá en diversos pueblos y municipios de Burgos de forma itinerante. Con esta iniciativa, Cáritas ha querido recalcar la importancia del cuidado de la naturaleza, la necesidad de atajar las carencias y desafíos que afronta el mundo rural y la centralidad de una ecología integral dentro de su actuación. En el año 2020, la entidad atendió a 1.528 personas fuera de la capital, Miranda de Ebro y Aranda de Duero.
José Ángel Zamorano, del Seminario diocesano de San José, Abraham Israel Castillo, del Seminario Redemptoris Mater, Eric Hatunguimana y Anastase Hatungimana, ambos del seminario de Gitega, en Burundi, fueron ayer instituidos acólitos. Fue el propio arzobispo, don Mario Iceta, quien les admitió a desempeñar este ministerio en una eucaristía que tuvo lugar en la capilla del Seminario diocesano de San José.
El acolitado es un ministerio laical que faculta al bautizado o bautizada que lo recibe a cuidar del servicio del altar. También lo capacita para distribuir la sagrada comunión como ministro extraordinario; exponer públicamente el Santísimo Sacramento a la adoración de los fieles sin dar la bendición; o instruir a los fieles que ayudan en las acciones litúrgicas. Además, para los aspirantes al presbiterado y diaconado permanente es, junto con el lectorado, uno de los pasos previos a su ordenación.
A partir de la pandemia, el arzobispo reflexionó sobre cómo los avances de la ciencia parecen que alargan los años, pero no logran colmar los anhelos profundos del corazón. Con Sartre, experimentamos que, siendo limitados, «soñamos lo ilimitado, por lo que en cierto sentido se puede considerar que el hombre es una pasión inútil». Ante esta constatación, la Ascensión del Señor «nos muestra a Dios rompiendo los límites de nuestra existencia y abriéndonos a la eternidad». «Podemos participar de esa vida compartiendo la fe en Jesús, convertido en pan que da vida». Precisamente el ministerio del acolitado convierte a quien lo recibe en «servidores de la mesa del pan de la vida eterna». Por eso quien vive ese ministerio ha de nutrirse de ese pan eucarístico y, si además se encamina a ser presbítero, ha de hacer de toda su vida una ofrenda eucarística al Señor. Eso es lo que se quiere significar en el gesto principal del acolitado, que es la entrega de un cáliz y una patena a los candidatos.