Ciento cincuenta personas han participado en la peregrinación diocesana a Lourdes

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Ciento cincuenta personas, entre enfermos, acompañantes, camilleros y voluntarios, participaron, del 5 al 8 de septiembre, en la peregrinación organizada por la Hospitalidad Diocesana de Nuestra Señora de Lourdes, que este año alcanzaba su trigésimo octava edición. Acompañó a la expedición burgalesa el arzobispo, don Fidel Herráez Vegas, que presidió sendas eucaristías en la basílica de Santa Bernardita y en la gruta de las apariciones marianas.

 

Durante la segunda jornada, el arzobispo mantuvo un encuentro con la Hospitalidad y con los peregrinos en la sala Notre Dame de Joie. En él, don Fidel agradeció la presencia de todos y animó, de una manera cercana, a seguir construyendo juntos la Hospitalidad Diocesana de Nuestra Señora de Lourdes. La intervención del pastor diocesano dio pie al diálogo para que otras personas pudieran también expresarse y compartir sus reflexiones en relación con la hospitalidad y con la manera en que se puede mejorar y hacerla crecer cada año más.

 

Peregrinos, enfermos y voluntarios tuvieron ocasión de visitar el Museo de Santa Bernardita y participaron, además, en la procesión de antorchas, el Viacrucis, la procesión eucarística, una celebración penitencial y ya, durante la última jornada, en la Misa Internacional. 

 

La Hospitalidad Nuestra Señora de Lourdes es una asociación privada de fieles que ofrece un servicio, sin ánimo de lucro, a favor de personas desfavorecidas o con enfermedades que dificultan o impiden su integración laboral o social. Pone especial atención en ayudar y asistir adecuadamente a Lourdes a enfermos, discapacitados, ancianos y personas en riesgo de exclusión social. Tiene como finalidad propagar, difundir y vivir el espítitu del Mensaje de la Virgen Santísima a Santa Bernardita en Lourdes.

Imagen del mes de septiembre: El nacimiento de la Virgen María

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El retablo inmaculista de la Capilla de Santa Ana de la Catedral de Burgos es una de las obras cumbres de la escultura tardogótica europea. El abrazo jubiloso de Ana y Joaquín ante la Puerta Dorada de Jerusalem, en el centro del retablo, es un símbolo de la Concepción inmaculada de María. Por otra parte, sólo Ana está nimbada y en el relieve del nacimiento de la Niña, Joaquín no aparece. Realizado por Gil de Siloé en los años 1483-1486, es el primer gran retablo totalmente escultórico castellano. El policromador del conjunto fue su habitual colaborador Diego de la Cruz. El obispo Luis de Acuña fue el comitente que encargó este retablo para su capilla funeraria.

 

Obedeciendo las indicaciones angélicas, Joaquín y Ana se reencuentran ante la Puerta Dorada de Jerusalem, escena que se halla en el centro del retablo. Después, llega el tiempo del nacimiento de la Niña. Es un acontecimiento con abundante representación en el arte. Isabel de Villena relata este hecho en su Vita Christi. Se trata de un nacimiento importante, en el que puede estar Joaquín, generalmente en un lugar apartado como suele suceder con José en el nacimiento del Señor, o no aparecer. La importancia se concentra en Ana, lo cual expresa veladamente la falta de participación de Joaquín en el nacimiento de María.

 

Estamos ante una obra maestra de Gil de Siloé, una de las más singulares por los procedimientos utilizados. El escenario parece más propio de una pintura que de un relieve. Para el grupo de las seis escenas que aparecen en este retablo, entre ellas la que estamos contemplando, debió tomar como modelos pinturas contemporáneas, sobre todo flamencas. En principio puede considerarse que es una obra deudora de la pintura. Para conseguir la fuerza de la profundidad, el artista hace que la parte más saliente avance como si fueran las caras de un diedro; de esta forma el dosel que cobija la cama resalta porque es real, las cortinas cuelgan. Ana está real y no ficticiamente, bajo el dosel.

 

En la escena hay siete mujeres exclusivamente. La mayor densidad de las figuras se concentra en la parte derecha donde dos mujeres atienden a Ana, aunque no parece que necesite ayuda, ya que está leyendo tranquilamente recostada en el lecho. Se trata de una actitud infrecuente en las mujeres de aquella época, pero quizás se pretende resaltar la fama de mujer sabia que posteriormente enseña a leer a su hija. Esta actitud de madre y maestra de María crea un modelo iconográfico nuevo, en el que Ana lleva en su regazo o sostiene en sus brazos a su hija, mientras le muestra un libro abierto, indicando con su dedo que le está enseñando a leer. Sólo Ana y María están nimbadas.

 

De estas dos mujeres que asisten a Ana, la de la izquierda ha perdido las manos y ahora sostiene una bandeja que no es la original, quizás la original fuese algo similar. Va vestida con lujo y con un tocado de origen morisco. La que extiende la mano con un plato lleva en la cabeza una cofia de trenzado.

 

Una cofia similar también la utiliza la muchacha arrodillada en primer término. Su compañera lleva la toca que corresponde más comúnmente a una mujer de cierta edad. Estas dos mujeres sostienen en sus brazos el cuerpo desnudo de la recién nacida y parece que van a cubrirlo con el paño blanco. Bajo ellas se encuentra una especie de brasero. En otras obras, como el Misal Rico de Cisneros, se ve a una mujer que seca o calienta un paño también blanco al calor de unos carbones encendidos, que están esperando Ana y la otra sirvienta para envolver a María.

 

La fiesta de la Natividad de María tuvo su origen en Oriente, y su génesis se remonta al siglo V: la dedicación en Jerusalem, de una basílica en el lugar en donde se supone que nació la Virgen, hoy basílica de Santa Ana. Coincide esta celebración con el principio del año litúrgico bizantino y está considerada como la raíz de todas las fiestas, ya que con el nacimiento de la Virgen comienza a cumplirse la historia de salvación. El número ocho simboliza el renacimiento por el Bautismo, la Resurrección. Ocho son asimismo los lados de la pila bautismal y octogonal es la planta de los baptisterios. El número ocho representa lo intermedio entre la materia y el espíritu: es el número de los ángeles.

 

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Peregrinos y pintores «de brocha gorda» en Tierra Santa

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¿Cómo llegan 32 jóvenes burgaleses a pasar quince días de su verano pintando una casa de peregrinos en pleno Jerusalén? Hace casi un año, los jóvenes de la parroquia de San Cosme y San Damián recibían entusiasmados y un tanto escépticos la posibilidad de llevar a cabo un voluntariado en Tierra Santa.

 

El boca a boca entre amigos y conocidos hizo que las quince plazas en principio ofertadas tuvieran que convertirse en treinta y dos. A medida que pasaron los meses, se fueron concretando diferentes detalles, como la tarea a realizar: ayudar a una comunidad de Hermanas Brígidas que se veía en apuros para acondicionar la casa de peregrinos que regentaban en Jerusalén; las fechas del viaje: del 16 de agosto al 1 de septiembre; los diferentes lugares que visitarían: Nazaret, Jericó, Cafarnaún, el lago de Tiberíades, Belén…

 

Después de haber buscado la manera de conseguir algunos fondos para el viaje con una cena, un sorteo y la celebración de una cena-espectáculo ambientada en el Rocío, y tras una clase práctica de pintura, con las maletas cargadas de rodillos y pinceles y una mezcla de ilusión y nervios en el corazón, el grupo recalaba en Nazaret el 16 de agosto para comenzar la peregrinación.

 

Han sido casi 17 días cargados de emociones, en los que los jóvenes participantes aseguran haber llegado a sentirse como una verdadera familia. La experiencia comenzó con tres días recorriendo el norte del país. Establecidos en Nazaret, visitaron los diferentes lugares que sirvieron como escenario de la vida pública de Jesús. Así, tuvieron la oportunidad de celebrar la Eucaristía frente al lago de Tiberíades, en el lugar donde Jesús resucitado nombró a Pedro cabeza de la Iglesia. Asimismo, renovaron sus promesas bautismales en el río Jordán en una emotiva ceremonia. Además, visitaron las ruinas de la sinagoga en la que Jesús habría predicado en Cafarnaún, ciudad en la que estableció su residencia durante los años que pasó evangelizando, y pudieron también descubrir los restos de la ciudad de Magdala, de donde era originaria María Magdalena.

 

El domingo 19 los jóvenes llegaban a Jerusalén, donde eran acogidos «por una comunidad de hermanas que ha hecho de la estancia en Jerusalén una verdadera bendición», subraya Laura, una de las participantes en la experiencia. «Su permanente actitud de servicio y el hecho de que no perdieran nunca la alegría a pesar de ver como su convento iba progresivamente poniéndose patas arriba, nos ha brindado la posibilidad de experimentar la verdadera hospitalidad. La ayuda que hemos podido proporcionarles ha otorgado un sentido a nuestra peregrinación: nos hemos convertido no solo en turistas sino en verdaderos servidores, pudiéndonos encontrar con Jesús tanto en las hermanas como en los propios compañeros de trabajo».

 

«La peregrinación no solo nos ha permitido visitar Tierra Santa, sino empaparnos del espíritu de los cristianos que con tanta valentía desarrollan su vida en una tierra en la que los seguidores de Cristo deben soportar persecuciones y dificultades. Hemos podido celebrar el domingo con la comunidad de jóvenes de Belén, los cuales denotaban una alegría y entusiasmo desbordantes en sus cantos y bailes; participar del Via Crucis que los franciscanos realizan en la Vía Dolorosa cada viernes; acompañar a los judíos en su celebración del Sabbath y escuchar el testimonio del Patriarca emérito de Jerusalén, entre otras muchas vivencias que quedarán para siempre grabadas en nuestra memoria», añade.

 

«Regresamos a España con el corazón cargado de momentos, lugares y palabras que Jesús ha ido transmitiéndonos. Es ahora cuando toca poner en práctica las vivencias y enseñanzas de unos días tan intensos; en la normalidad del día a día, llevando a nuestros ambientes la alegría del Resucitado que con tanta fuerza hemos podido sentir en la tierra por la que Él caminó», concluye Laura. Pablo, el más joven de la expedición, lo corrobora: «Este voluntariado se ha convertido en una experiencia única llena de nuevas emociones y sentimientos, así como de servicio y enriquecimiento espiritual».

«La pequeña familia de Ecuador»

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Cinco jóvenes de entre 21 y 30 años, acompañados por una trabajadora social, participaron durante el pasado mes de julio en las actividades de voluntariado internacional que organiza desde hace unos años durante los meses de verano Cáritas Diocesana de Burgos en colaboración con la delegación diocesana de Misiones. Los integrantes de esta particular expedición han participando en acciones de animación sociocultural con niños y en actividades de cuidado de la Amazonía en la selva ecuatoriana, a la vez que han tenido la posibilidad de conocer los proyectos de cooperación al desarrollo de Cáritas y la actividad misionera de la Iglesia.

 

Paula Labrador, estudiante de Trabajo Social; María Cogollos, estudiante de Psicología; Miguel Grigelmo, estudiante de Audiovisuales; Maria Pacheco, profesora de idiomas, y Fernando Puigdomenech, seminarista estudiante de Teología, partieron rumbo a Ecuador sin ser conscientes de que, una vez allí, iban a vivir una experiencia que les iba «a marcar la vida de forma especial», tal como detalla el seminarista. Acompañados de Lourdes Viñé, trabajadora social de Cáritas en el arciprestazgo de Gamonal, entre los seis surgió pronto una gran amistad, hasta el punto de poder considerarse una «pequeña familia», donde todos eran «complementarios» hasta el punto de «ayudarse y apoyarse los unos para con los otros».

 

A lo largo de tres semanas, los jóvenes han vivido momentos «de gran intensidad» que procuraban compaginar con otros de «reflexión nocturna». Para Puigdomenech, lo allí vivido le ha supuesto «un crecimiento inmenso como persona», ya que la estancia en Ecuador le ha hecho valorar las cosas materiales de otra forma y saber disfrutar del momento presente, sin preocuparse por el tiempo o las posesiones: «Hay que dejarse llevar y disfrutar de la vida y de la gente».

 

La barca de Camilo

 

Si bien es cierto que el desarrollo del plan previsto tuvo que sufrir alguna modificación y hubo que «improvisar sobre la marcha», los jóvenes integrantes en el programa han podido vivir en primera persona lo que supone la participación en este tipo de proyectos de cooperación internacional. Han tenido la oportunidad de acercarse a la situación social y cultural de países empobrecidos, han aprendido a compartir y colaborar en una experiencia de solidaridad y han crecido personalmente y en el compromiso al servicio de los empobrecidos de la tierra. Además, han podido conocer el compromiso de la Iglesia en estas situaciones, acompañar en los proyectos de desarrollo de Cáritas y colaborar en la tarea de promoción, formación y acompañamiento que llevan a cabo las misioneras y misioneros.

 

Su periplo en tierras ecuatorianas comenzó en Puyo. Allí descubrieron de primera mano en qué consiste el «Proyecto Encuentro», un programa dirigido por las Hermanas Dominicas de la Enseñanza y que acompaña a 160 niños de familias en situación vulnerable y con los que se desarrollan actividades lúdicas, talleres, excursiones.

 

Tras la primera semana de trabajo en Puyo, la barca de Camilo trasladó a los jóvenes integrantes en el programa al interior de la selva, donde pudieron conocer la realidad que viven las comunidades indígenas de Sarayaku, Pacayaku y Canelos. En el trayecto, mientras caían unas gotas de lluvia, Camilo aseguró a los jóvenes que «cuando uno viaja en domingo por el río Bobonaza y llueve durante el recorrido, quiere decir que Dios nos bendice con su llegada». Y, en boca de Puigdomenech, «pudimos descubrir día tras día cómo esas palabras de hacían realidad».

 

La hermana Rosa, misionera en el lugar desde hace años, fue la encargada de recibirlos y trasladarles su testimonio de vida con las comunidades indígenas. Allí vivieron de primera mano la «capacidad de acogida, entrega y gratitud» de cada una de las familias con las que se encontraban: «Compartieron con nosotros en muchas ocasiones lo poco que tenían para comer o, incluso, iban a cazar el día anterior para podernos ofrecer algo». «Esta entrega y gratitud que mostraba cada  perostro persona con la que tratábamos quedó marcada como enseñanza y aprendizaje en cada uno de nosotros», revela el seminarista.

 

Tras visitar Pacayaku, donde distintas circunstancias impidieron hacer efectivo el plan previsto, la localidad de Canelos fue el último destino de la expedición. Fue una «semana selvática donde ni e calor ni el cansancio acumulado de días anteriores nos quitaron las ganas de seguir aprendido de cada persona que conocíamos». Los burgaleses, por su parte, aportaban sus «pequeños granos de arena en todo aquello en lo que les pudiéramos ser útiles».

 

Sonrisa y gratitud

 

Transcurridos unos días de su regreso de Ecuador, Fernando Puigdomenech constata una vez más que ha sido una experiencia inolvidable. Entre las cosas que se les han marcado a fuego destaca «la profunda generosidad que hay allá, la sonrisa imborrable de sus rostros y la inmensa gratitud que manifestaban por cada cosa que hacíamos». También les ha sorprendido su concepto y forma de entender la libertad, pues muchos de los indígenas que conocieron, aún pudiendo decidir vivir en la ciudad, decidían quedarse en la selva porque, «según ellos, eran más libres».

 

Ya una vez en Burgos, los seis jóvenes entienden que la experiencia misionera y solidaria allí vivida no puede caer en saco roto. Pretenden desde aquí «seguir apoyando en la medida en que podamos los proyectos que existen en Ecuador a través de Cáritas Burgos». Seguro que, a partir de ahora, puedan colaborar en la tarea de promoción, formación y acompañamiento que llevan a cabo las misioneras y misioneros y sensibilizar en sus casas y ambientes sobre la situación de la Amazonía y la necesidad del cuidado del medio ambiente.

El arte, lugar idóneo desde el que educar en clase de Religión

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Como viene siendo habitual al concluir el mes de agosto de agosto, los profesores de religión de los centros públicos han celebrado durante esta semana el encuentro con el que dar el pistoletazo de salida al nuevo curso escolar. La jornada, celebrada ayer en la casa de los Salesianos, tuvo un carácter formativo y cultural.

 

Comenzaba el día con la ponencia a cargo de Fernado de Pablo titulada «La experiencia de Dios en el arte». En su charla, el creador de la web www.dibujario.com, mostró a los docentes cómo acercarse a a una obra de arte para profundizar en su valor y saber cómo ver todo lo que puede transmitir. Seguidamente, la profesora Marta Casado compartió su labor docente desde la metodología del trabajo cooperativo.

 

Para terminar la mañana, tuvo lugar la celebración de la eucaristía, presidida por Jesús María Villaverde. En su homilía invitó a los profesores a «aprender de los niños», ya que ellos enseñan a estar abiertos a la vida y no «estar de vuelta de todo», a ver al otro con «naturalidad» dejando atrás la manía de «catalogar» y «etiquetar»; a decir la verdad con todas sus consecuencias y a seguir teniendo ganas de aprender sin pensar «que nosotros ya lo sabemos todo».

 

Tras la comida y una distendida sobremesa, la jornada concluía con la visita al Real Monasterio de la Huelgas, de la mano del profesor de historia Juan José Arnáiz, quien realizó un recorrido por los monarcas y monarquías mas importantes que dieron origen al monasterio y que hacen que este monumento del siglo XII esté lleno de relatos apasionantes.