El arzobispo de Burgos, don Fidel Herráez Vegas, comenzó en la jornada de ayer su visita pastoral a los religiosos de vida activa de la provincia, una tarea a la que dedicará los martes y jueves de cada semana. El objetivo, conocer la rica vida religiosa de la provincia, ahora también en su dimensión más apostólica, tras conocer, a los pocos meses de su llegada la diócesis, todos los monasterios de vida contemplativa.
En la jornada de ayer se desplazó hasta la zona sur de la ciudad para conocer la labor que realizan las Misioneras de Acción Parroquial, en el año que celebran su 75 aniversario desde su fundación por el que fuera arzobispo de Burgos, don Luciano Pérez Platero. Estas religiosas centran su actividad en el colegio María Mediadora, fundado en 1967 y donde se forman en la actualidad alumnos desde infantil a secundaria.
Más tarde, el pastor de la diócesis conoció el trabajo que realizan las Religiosas de María Inmaculada. Ubicadas en la calle Ramón y Cajal de la capital, estas religiosas centran su actividad apostólica en una residencia para jóvenes, centro social y academia nocturna.
En la diócesis trabajan un total de 16 congregaciones de vida activa masculinas y otras 33 femeninas. En total suman 68 comunidades.
Con una comida de seminaristas y familiares daba comienzo en la tarde de ayer el curso académico 2017-18 en el Seminario San José. La eucaristía de inauguración junto con los profesores tendrá lugar mañana martes 19 de septiembre presidida por el arzobispo, don Fidel Herráez.
En el Seminario Menor estudiarán este curso 15 adolescentes, uno más que el año pasado. En el Mayor vivirán 10 teólogos contando dos seminaristas de Burundi, uno de Soria y uno de La Rioja. Además, la diócesis cuenta con otro seminarista mayor, diácono, realizando estudios en el Colegio Español de Roma. A esto hay que sumar el Seminario diocesano misionero Santa María la Mayor.
Parece que tiene el rostro enfadado, quizás por ver correr el tiempo que incluso él mismo es incapaz de detener. Los minutos, las horas y los siglos pasan inexorables y él, con puntualidad milimétrica, indica a todos los que miran hacia esa ojiva elevada que el tiempo vuela. El Papamoscas es casi tan famoso como la Catedral que lo alberga, figura grotesca que visitantes y foráneos no dejan de contemplar cada vez que, a la hora en punto, hace sonar su campana abriendo la boca al ritmo de los tañidos.
El campanero Antonio Cano es el encargado de vigilar que el popular personaje dé las horas a su tiempo. Responsable del cuidado de las campanas de la seo, cuida del mantenimiento de la compleja mecánica que se oculta tras el reloj.
Con toda probabilidad, el Papamoscas estuviera en la Catedral entrado el siglo XVI. Según los documentos, en 1567 el Cabildo mostró su satisfacción a maese Pedro Relojero por la fabricación de un autómata que pagó por 1.325 maravedíes. Sin embargo, no fue este el primer reloj que tuvo la catedral. Las crónicas hablan ya de uno en 1384, realizado por el abad de San Millán y que costó 4.500 maravedíes pagados entre el Cabildo y la ciudad. Desde entonces, aquel reloj, instalado en el exterior de la torre norte de la catedral, tal como reflejan varios grabados, marcó la hora oficial de Burgos.
Casi un siglo después, en 1462, en varios documentos se amonesta al campanero de la Catedral porque aquel reloj «non andaba cierto». Así que, desde entonces, la Catedral contó con un relojero oficial, liberando del trabajo de dar cuerda a su mecanismo al campanero. En el siglo XVI, y siguiendo la moda de otras grandes catedrales europeas, el Cabildo optó por construir uno con movimiento escénico. Parece que el proyecto de un monje golpeando al toque de campana a un muchacho no agradó y el Papamoscas se convirtió en la opción elegida, siendo remodelado en 1743 y recientemente con las obras de rehabilitación integral de la Catedral, cuando el trabajo de los contrapesos fue sustituido por una instalación eléctrica, aun manteniendo su maquinaria original.
A pesar de su confusa historia, nadie mejor que este personaje con casaca roja y singular gorro sabe de los entresijos que guardan los siglos de nuestro primer templo. Sea como fuere, seguirá marcando inexorable las horas, contando los minutos que quedan para celebrar el octavo centenario de la Catedral.
La parroquia ortodoxa rumana Santos Apóstoles Pedro y Pablo ha celebrado hoy la bendición del terreno sobre el que se asentará la primera iglesia ortodoxa en la ciudad. Ubicada en la calle Navas de Tolosa sobre un terreno cedido por el Ayuntamiento de Burgos, la comunidad ortodoxa ha colocado esta mañana la primera piedra de un templo que se construirá al estilo «maramures», es decir, con gran protagonismo de la madera.
Al acto han asistido numerosos miembros de la comunidad ortodoxa de la ciudad, así como el obispo ortodoxo rumano en España y Portuga, Timotei, acompañado de sacerdotes ortodoxos y otros católicos que han querido sumarse a su celebración, entre los que se encontraba el vicario general, Fernando García Cadiñanos, quien ha acudido al acto en representación del arzobispo.
Después de diez años funcionando como parroquia en la ciudad, el acto de hoy supone para la comunidad ortodoxa «un gran proyecto que va a marcar tanto nuestra historia como la de esta comunidad española que nos ha recibido con tanta apertura y en la cual nos hemos integrado». En palabras de su pope, Claudiu Niocara, la construcción de la nueva iglesia se debe a la «ayuda de Dios y de nuestros patrones espirituales».
Con el acto de hoy la comunidad ortodoxa de Burgos ve culminado uno de sus principales sueños, la construcción de un templo propio donde celebrar sus liturgias. Hasta la fecha lo habían realizado en algunos locales cedidos por la Iglesia burgalesa, como la parroquia de la Ventilla y la iglesia de las Trinitarias.
La catedral se ha quedado hoy pequeña para acoger a los cientos de fieles que han querido rendir homenaje al Santísimo Cristo de Burgos. El arzobispo de la diócesis, don Fidel Herráez Vegas, ha presidido la celebración de la eucaristía que ha dado paso a la posterior procesión con la imagen del Cristo. Portada a hombros por cofrades de la Real Hermandad del Santísimo Cristo de Burgos y la cofradía de las Siete Palabras y Santísimo Cristo de Burgos, la talla ha procesionado por las calles del centro de la ciudad, concluyendo su recorrido en la seo con un besapies a la venerada imagen y la bendición a los presentes con el Lignum Crucis, una reliquia de la cruz de Cristo que en su día trajo en Condestable desde Santo Toribio de Liébana.
Además de los citados cofrades, a la celebración han asistido devotos procedentes de varios rincones del país, como Cabra del Santo Cristo, Sevilla, Alfarnatejo (Málaga), Chucena (Huelva) y Jimena (Jaén). También han estado presentes miembros de la Guardia Civil –que han escoltado la imagen durante la procesión– y de la corporación municipal en cumplimiento del tradicional voto de la ciudad.
En su homilía, el pastor de la diócesis ha pedido a los presentes «mirar al Crucificado» y reconocer en él a «Cristo que sigue entregándose y resucitando para nosotros, para todos». «Mirando la cruz –ha indicado– escucharemos lo que el Señor nos dice». Ahora bien, esa mirada a Cristo en al Cruz debe traducirse «en una fe viva, una esperanza activa y un amor concreto». En este sentido, ha señalado que la fe que profesan los cristianos «no son dogmas abstractos, sino la vida que Dios nos quiere regalar». Por ello, «es necesario interpretar la vida en clave de historia de salvación en la que no podemos estar de brazos cruzados, sino viviendo activamente» llevando a la práctica obras de caridad concretas.