Del 2 al 7 de mayo, el arzobispo D. Mario Iceta llevó a cabo la visita pastoral a las parroquias de San Antonio Abad y Nuestra Señora del Pilar, las cuales forman una unidad pastoral. Aprovechando la visita también se realizaron numerosas visitas que permitieron al prelado conocer los diversos grupos, colectivos y realidades tanto eclesiales como sociales presentes en el oeste de la ciudad, y por último, reunirse con los dos sacerdotes de las parroquias, Raúl Abajo y Jesús María Álvarez, y saludar personalmente a los Salesianos y Amigonianos que colaboran habitualmente con la parroquia.
Don Mario también sostuvo encuentros con las comunidades de vida religiosa y contemplativa, como las Misioneras Hijas del Calvario y las monjas del Monasterio de Santa María la Real de las Huelgas, entre otras. Además, visitó el colegio Niño Jesús, donde saludó a estudiantes y profesores, así como el colegio del Padre Aramburu, donde acompañado por el director, recorrió las instalaciones y saludó a varios grupos de alumnos.
Destacó la visita a la universidad, en la cual estuvo acompañado por el delegado de la pastoral universitaria y cultura y el vicario territorial. Durante la reunión con el rector y los vicerrectores, así como en el encuentro con alumnos de Educación Infantil que cursan la asignatura «El mensaje cristiano y su didáctica», y la reunión con un grupo de profesores cristianos, se promovió el diálogo y se expresó el compromiso de seguir fortaleciendo la colaboración entre ambas instituciones.
En cuanto a los colectivos con personas vulnerables, el pastor de la archidiócesis visitó la residencia gerontológica para personas mayores y el Centro INTRAS, que acoge a personas con enfermedades mentales.
Por otra parte, en relación con las celebraciones litúrgicas, la visita concluyó el domingo con la misa estacional en la Parroquia de Nuestra Señora del Pilar, donde administró el sacramento de la confirmación a un grupo de 13 adolescentes, así como una eucaristía y procesión en la ermita de San Amaro con motivo de la festividad de este santo peregrino.
El pasado jueves 11 de mayo tuvo lugar un animado encuentro festivo en el que diferentes familias de la comunidad gitana de Burgos se reunieron para celebrar el día del Pueblo Gitano y promover la preservación y transmisión de su lengua, el romaní. El evento estuvo dirigido por el especialista en romaní don Carlos Muñoz y tuvo lugar en el salón de actos de la Casa de la Iglesia.
La jornada contó con la participación de multitud de jóvenes que demostraron sus conocimientos del idioma romaní a través de divertidos juegos como el pasapalabra y su famoso «rosco». Los concursantes tuvieron la oportunidad de poner a prueba sus habilidades lingüísticas y optar a premios especiales. Además, al finalizar las actividades los asistentes pudieron «naquelar» un poco (hablar, en idioma caló).
Aurora Cerdá, teresiana y miembro del equipo de coordinación de Pastoral Gitana de Burgos, destacó la importancia de esta actividad para motivar a la comunidad gitana y fomentar el uso de este idioma.
Por su parte, Carlos Muñoz, un miembro de la comunidad gitana que ha dedicado más de 20 años al estudio, la enseñanza y la preservación del romaní, expresó su satisfacción por la experiencia vivida con el colectivo gitano de Burgos. «Me ha sorprendido gratamente porque no esperaba que gente joven tuviese los conocimientos que han demostrado tener», cuenta Muñoz. Sin embargo, también señaló que aún queda mucho por hacer para revitalizar el idioma y llamó a las entidades gitanas y a las ONG a comprometerse en este esfuerzo.
Desde el mundo gitano, se hacen demandas a las administraciones y gobiernos para que se reconozca y valore la lengua gitana como un idioma más del Estado español. Solicitando que se destinen los recursos necesarios para su recuperación, considerando esta tarea como una «deuda histórica por la represión ejercida por el Estado contra el pueblo gitano en España a lo largo de los siglos».
Sinodalidad. Es la palabra de moda en el vocabulario eclesial. Sin embargo, parece que era una actitud y un estilo que ya se respiraba en la Iglesia del siglo XVI. O por lo menos, en uno de los sacerdotes que, por su celo pastoral, se ha convertido en el patrón del clero secular español. «San Juan de Ávila vivió ya la sinodalidad», ha señalado esta mañana el obispo emérito de Jaén en la eucaristía que ha presidido junto al presbiterio burgalés. Don Ramón del Hoyo ha querido acompañar a los sacerdotes que estudiaron junto a él en el Seminario de Burgos y que han cumplido este año el 60 aniversario de su ordenación. Junto a ellos, también se han concitado los que llevan 25, 60 y 70 años de servicio ministerial y que han querido celebrar junto al resto del clero diocesano la fiesta de su patrono.
San Juan de Ávila fue «el paladín de la reforma eclesiástica», ha señalado don Ramón. Él se preocupó de la formación de los sacerdotes indicándoles «caminos certeros de santidad» e invitándoles a «frecuentar la Palabra de Dios, la eucaristía e ir templados al púlpito». Es, en definitiva, «un buen modelo a seguir», descubriendo en él «las claves de nuestra vida sacerdotal».
Una vida de entrega que se debe encauzar en clave sinodal, superando la «plaga» y la «perversión» del clericalismo, como se ha señalado desde distintos rincones del mundo en el proceso sinodal impulsado por el Papa. El obispo de Vitoria, Juan Carlos Elizalde, ha sido el encargado de subrayar algunos «acentos luminosos» que la sinodalidad plantea a los presbíteros. En este sentido ha destacado que su ministerio debe vivirse «en clave relacional», «para, con y desde los demás», en armonía y comunión y siendo «signo sacramental del mismo Cristo». Por eso, el sacerdote no debe ser «servil ni tirano, sino un humilde servidor» que ejerza su autoridad «como un oficio de amor» buscando el bien de las ovejas. «El sacerdote no ejerce solo un trabajo, no es un dirigente, ni un sindicalista, sino un pastor», ha advertido. También ha indicado que ha de ser un «hermano entre los hermanos» y «un hombre de la comunión eclesial y eucarística».
El acto ha contado con la presencia de doscientos sacerdotes y con la asistencia del arzobispo, don Mario Iceta, quien les ha agradecido su servicio y entrega a la archidiócesis. Además de la ponencia y la eucaristía, los sacerdotes han concluido su encuentro con una comida de hermandad.
Ayer, lunes 8 de mayo, tuvo lugar el Círculo del Silencio convocado por la delegación de Pastoral de Migraciones. Esta vez, las personas que se dieron cita en el paseo Sierra de Atapuerca lo hicieron para reclamar «un trabajo digno para todos los trabajadores inmigrantes», con motivo de la celebración el pasado 1 de mayo del Día del Trabajo.
Se contó con el testimonios reales de trabajadores, como por ejemplo el de Luis Fernando, que trabaja diez horas diarias y cobra tres euros la hora con un contrato temporal. Recuerda los primeros días en España «con tristeza y duelo por tener que abandonar su país por la pobreza y la inseguridad, pero con la ilusión de trabajar para conseguir un futuro mejor para él y su familia». En seguida se «dio de bruces con la realidad» al encontrarse con muchas dificultades a la hora de trabajar como «los recelos de la gente, trabajos precarios o directamente de explotación laboral».
Con este acto, se denunciaron los abusos que con frecuencia se comenten contra los trabajadores inmigrantes, «uno de los eslabones más explotados de la cadena que es el trabajo». El papa Francisco también ha alzado la voz ante esta injusticia y recuerda que «gracias a los migrantes y refugiados, tenemos la oportunidad de conocer mejor el mundo y la belleza de su diversidad. Podemos madurar en humanidad y construir juntos un nosotros más grande».
En su comunicado, la delegación de Pastoral de Migraciones ha hecho un llamamiento para que «se facilite la regularización legal de los inmigrantes» para que puedan tener un mejor acceso al mundo laboral y que estos puestos de trabajo «respeten su dignidad», sin ningún tipo de discriminación y se les retribuya con un «salario justo». En definitiva, un trabajo digno, con condiciones, sueldos y horarios que posibiliten hablar de un trabajo decente.
Este Círculo del Silencio ha contado con dos presencias especiales: el equipo de pastoral con inmigrantes de la parroquia de La Inmaculada, y un buen grupo de personas de la Casa de Acogida San Vicente de Paúl.
Este fin de semana ha tenido lugar el encuentro diocesano de monaguillos. El sábado 6 de mayo una treintena de monaguillos de diferentes parroquias de la ciudad de Burgos y de Aranda de Duero se dio cita en el Seminario San José para celebrar una jornada de convivencia, formación, juegos y oración.
Este encuentro tuvo como novedad que, por primera vez, no sólo estuvo organizado por el Seminario y la delegación de Pastoral Vocacional, sino que también participaron miembros de la vida consagrada. Varias religiosas se acercaron para acompañar a los participantes y a impartir alguno de los talleres programados.
La jornada comenzó a las 11:00 horas con un primer momento de formación con unos talleres que tratan de profundizar en diferentes cuestiones. Por ejemplo, los monaguillos pudieron aprender los distintos elementos que forman parte de la liturgia, la Palabra de Dios, la preparación del altar o la actitud que deben tener los monaguillos en la eucaristía, entre otros.
Tras un momento de comida compartida, la jornada finalizó por la tarde con la realización de una yincana y la celebración de la eucaristía. Concluía así uno de los eventos más tradicionales y consolidadas en la archidiócesis: con esta, ya van 33 ediciones realizadas.