Jesús Colina, fundador de Aleteia: «El futuro de la evangelización pasa por las redes»

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Clausura de la 71 Semana de Misionología. Foto: Rodrigo Mena

Foto: Rodrigo Mena

 

 

Las conferencias de Jesús Colina, periodista fundador del portal de internet Aleteia.org, y de don Ginés García Beltrán, obispo de Getafe y presidente de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social, pusieron ayer fin a la 71 Semana de Misionología, que se ha celebrado en la Facultad de Teología y que ha contado con la asistencia de alrededor de 170 personas. Además, por primera vez, todas las ponencias y mesas redondas se han retrasmitido por streaming, y se han contado en directo en las redes sociales. Se han alcanzado cerca de 6 millones de impresiones en Twitter, y se han multiplicado por cinco las visitas en el perfil de Facebook.

 

En su intervención, Jesús Colina ofreció algunas pinceladas sobre el futuro que se avecina: los móviles podrían quedar obsoletos en 2025, en 2045 las personas podrán convertirse en cyborgs y cada vez habrá menos condicionamientos de tiempo y espacio, con la realidad aumentada y virtual. Ante esta perspectiva, la Iglesia tiene que estar preparada, sostuvo, ya que la situación creada por internet y las redes sociales es una gran oportunidad. Al igual que el resto de los ponentes que han participado en estas jornadas, Colina expuso que internet ha provocado un cambio antropológico que va más allá de lo tecnológico: ha trasformado la forma de relacionarse. Advirtió, asimismo, de que las plataformas digitales crean filtros según el historial de cada persona y poco a poco van creando burbujas en las que solo se ofrecen al usuario los temas que le interesan. Esto, según explicó, es un reto para la evangelización, porque la Iglesia tiene que ser capaz de romper las burbujas para hacer llegar la Buena Noticia y poder establecer relaciones con las personas.

 

«Hay algo que ningún algoritmo puede detener, y es que yo comparta algo con alguien», afirmó el periodista. ¿Y cómo se consiguen mensajes que merezcan ser compartidos? Se trata de buscar el mensaje adecuado, que esté dirigido en el momento adecuado a la inteligencia y al corazón, respetando los formatos. «El 75% del éxito de un contenido depende del título». La evangelización, según explicó, tiene que aprender a escuchar lo que la gente quiere y busca, para salir al encuentro en tono positivo y no polémico, para lograr el acompañamiento.

 

En cuanto al futuro de la Iglesia, Colina esbozó el problema que presenta la crisis demográfica. «Hay algo que puede alterar toda esta tendencia: la evangelización», explicó. «Si no hacemos una conversión pastoral para asumir esta realidad, seguiremos perdiendo el tren». El fundador del exitoso portal de internet invitó a tomar el ejemplo de las Obras Misionales Pontificias, que fueron pioneras en el uso del cine y de los cómics.

 

«No sé cuál será el nuevo evento evangelizador de la historia, pero sí estoy seguro de que el futuro de la evangelización pasa por las redes». Colina recordó que el Papa Francisco ha convocado para toda la Iglesia un mes misionero extraordinario en toda la Iglesia, y lanzó a los asistentes el reto de coordinarse para poder llevar el mensaje a mucha gente a través de las nuevas redes.

 

Dos titulares que siempre triunfan: la caridad y los misioneros

 

Don Ginés García Beltrán, obispo de Getafe y presidente de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación, fue el encargado de impartir la conferencia de clausura de la Semana. El prelado reiteró, apoyándose en varios documentos del magisterio pontificio, la importancia de la comunicación para la Misión de la Iglesia y analizó las oportunidades y los riesgos que tienen los nuevos medios para esa comunicación. «Todos tenemos que perder el miedo a los medios».

 

Monseñor Beltrán recordó que con un solo tuit se puede llegar a mucha más gente que la que llena la catedral. «Con los nuevos medios podemos llegar más rápido a más personas», afirmó. Posteriormente reflexionó acerca de la presencia de la Misión de la Iglesia en los medios: «Hay dos titulares que siempre triunfan: la caridad y los misioneros». Explicó que las noticias misioneras gozan de buena salud en los medios «aunque hay que seguir trabajando», porque cuanto más se hable de la Misión, más amor se suscitará hacia ella, más ayudas se conseguirán, y se dará voz a los más pobres. «Todo lo que hable bien de los misioneros, habla bien de la Iglesia», aseguró.

 

Asimismo, analizó de qué forma los nuevos medios pueden ayudar a la misión de la Iglesia: «las tecnologías nos han creado un atajo». Pero para poder llegar, es necesario conocer los lenguajes y establecer puentes de confianza. Consciente de la Evangelización a través de internet no es completa pero sí necesaria, defendió que todos somos misioneros en el mundo digital, «especialmente los jóvenes».

 

La Semana fue clausurada por el arzobispo de Burgos, don Fidel Herráez, y don Francisco Pérez, arzobispo de Pamplona y presidente de la Comisión Episcopal de Misiones, quienes invitaron a los asistentes a seguir adelante con valentía y a aplicar todo lo aprendido en estas jornadas de formación misionera, que han contado con la participación de grandes expertos de la comunicación en diferentes ámbitos.

Una pastoral para los «artesanos de la alegría»: así acompaña la diócesis a los feriantes

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pastoral feria

Jesús, en el centro, junto con varios niños feriantes.

 

 

Burgos ha estado estos días de fiesta, y la feria que ha acompañado a los festejos continua instalada en la ciudad. Para muchos, este es un lugar de esparcimiento, juegos y ocio, y para otros, la feria es su mundo y su trabajo. Ellos son los «artesanos de la alegría», nombre con el que denominó el Concilio Vaticano II a los feriantes y personas que trabajan en los circos, y estableció entonces que, dada la vida itinerante que llevan, se debía hacer un esfuerzo por parte de las diócesis por adecuarse a su realidad. Una adecuación que implica facilitar el acceso a los sacramentos, además de escuchar y atender sus necesidades, y con esta idea nació el Departamento de Pastoral para Ferias y Circos.

 

Cuando pasan por Burgos, los feriantes ya saben quien les espera: Jesús Segura, laico y padre de cuatro hijos que desde hace 26 años está al frente de este Departamento. A pesar de la veteranía, se trata de una pastoral poco conocida, pero que realiza una tarea impagable con los trabajadores de este mundo tan diferente.

 

Preguntado sobre los motivos que le llevaron a implicarse de manera tan firme con ellos, Jesús responde con claridad. «Me enganchó esa forma diferente de vivir, tan radicalmente diferente a la nuestra, y tienen una alegría natural tremenda. Me sorprendió mucho que los valores familiares que manifiestan son mucho más fuertes que los que vemos en nuestra sociedad, y no digamos ya en el entorno del circo, donde la importancia de la familia es mucho mayor. Y hay que destacar también el altísimo concepto de la honestidad que tienen. Jamás he tenido problemas con los feriantes. Cuando llegan a la ciudad se encuentran con un ambiente hostil y son considerados de poco fiar por muchos, y lo cierto es que es más bien la gente de la propia ciudad quien aprovecha el tumulto de la feria para robar o provocar otro tipo de problemas».

 

Un mundo muy competitivo

 

La labor pastoral de Jesús y los voluntarios que le acompañan se centra sobre todo en los niños y jóvenes que viven en este entorno. «Son niños difíciles, ya que conviven con un entorno competitivo, violento y ruidoso. Desde muy pequeños tienen que desenvolverse de manera autónoma y les toca aguantar a borrachos y todo tipo de gente que se acerca a la feria. Vienen con sus familias a trabajar, y por eso hacemos actividades de ocio y tiempo libre con ellos». Por las mañanas levantan tarde (porque se acuestan tarde), y están con sus familias.

 

Sin embargo, a partir de las cinco de la tarde empieza el bullicio y los padres se preparan para atender a todos los que se acercan a la feria, y es aquí cuando Jesús y los voluntarios se acercan a estar con los chicos. «La alternativa que tienen si no les atendiésemos es la de quedarse en la caravana viendo la tele o dando vueltas por la feria. Así que nuestra labor consiste en sacarles de allí para que participen en juegos y deportes». Por suerte, Jesús contará este año con la colaboración de voluntarios y del Ayuntamiento, lo cual «es un apoyo genial», y que se sumarán a los voluntarios con los que ya cuentan y que son amigos de sus hijos mayores.

 

Evangelizar en este mundo no es fácil, ya que es muy materialista y competitivo, y la religiosidad presente es de carácter popular. «Y son muy agradecidos; cuando ven que alguien llega para ayudarles completamente gratis, la reacción es de mucho agradecimiento. Y realmente yo lo hago así: los que he recibido gratuitamente, lo tengo que dar también de manera gratuita, esta es mi manera de ser cristiano. Saben que de manera incondicional estoy allí, por lo que acuden a mi para buscar todo tiempo de consejos y ayuda».

 

Pasado y futuro de la pastoral

 

Los orígenes de esta pastoral se remontan a los años 70, cuando la monja burgalesa y franciscana de Montpellier María Eugenia Alegre se percató del gran problema de escolarización en el que estaban sumidos los niños que vivían en las ferias. Así que decidió, con su propia caravana y acompañada de una hermana de su congregación, acompañar a los feriantes allá donde fuesen para abordar la educación de los pequeños. Posteriormente, con la unión del sacerdote Miguel Mendizábal, que además era payaso y estaba inmerso en el mundo del circo, lograron que esta labor estuviera estructurada desde la Conferencia Episcopal. El proyecto despegó y en los mejores momentos que ha vivido esta pastoral, ha llegado a estar instalada en 15 ciudades y contaba con un encuentro nacional. «Ahora sin embargo está todo un poco parado» cuenta Jesús. «Si mañana dejo esto, desaparece, y por este motivo se pidió por parte de Imagina Burgos una moción para que hubiese apoyo por parte del Ayuntamiento. Y es que esto ha de tener un seguimiento al margen de mi».

Burgos volverá a cubrir de flores a su patrona

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Mañana arrancan las fiestas de san Pedro y san Pablo, las más señaladas del calendario burgalés. Y con ellas, los ciudadanos podrán asistir a diversos actos de carácter tradicional que tiene lugar en estas fechas. Uno de ellos es la ofrenda de flores a la patrona de la ciudad y la diócesis, Santa María la Mayor, y que se celebra tras la eucaristía solemne en la catedral en honor de los santos apóstoles que abre las fiestas.

 

Es la plaza del Rey San Fernando el lugar elegido para esta ofrenda. Allí, con la imagen de la patrona situada en un lateral de la catedral, se acercarán burgaleses y peñas para depositar ramos y coronas de flores a sus pies, convirtiendo el lugar en un impresionante y enorme altar lleno de colorido y flores. Así queda demostrado el cariño del pueblo burgalés hacia su patrona.

 

La comitiva de la que forman parte todas las personas implicadas en al ofrenda parte desde las inmediaciones de la parroquia de San Lesmes para encaminarse hasta la catedral y depositar las flores a los pies de la Virgen. Dicha comitiva está compuesta por representantes de las distintas peñas de la capital burgalesa; asociaciones culturales, casas regionales y miembros de la corporación municipal, encabezados por el alcalde de Burgos y las reinas de las fiestas.

 

La ofrenda, además, suele estar amenizada por la música de las diversas bandas y grupos de danza, y cuando esta toca a su fin, los Gigantilos entran en escena bailando y se escenifica una jota burgalesa a cargo del Comité de Folclore.

Ofrenda tradicional

 

El homenaje a la patrona se remonta al año 1954, cuando se nombró a la primera Reina de las fiestas. Los grupos de danzas la agasajaron con tantos ramos de flores, que optó por depositarlos en el altar de Santa María La Mayor. En 1955, el programa festivo de la ciudad incluía un acto de homenaje a la patrona, y aunque en algunas épocas la tradición se ha visto interrumpida, en el 1987 el Comité de Folclore la retomaba tal y como la conocemos en la actualidad.

 

Los «Sampedros», las fiestas más esperadas por todos los burgaleses

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Con las fiestas mayores de la ciudad a las puertas, Burgos se prepara para varios días de celebración con motivo de los santos apóstoles y mártires Pedro y Pablo. Será una semana de conciertos, fuegos artificiales, corridas de toros, barracas, espectáculos teatrales y sobre todo, de presencia de los personajes más destacados de la tradición burgalesa: Los Gigantillos y los Gigantones. Sin olvidar los tradicionales eventos como la ofrenda de flores a Santa María la Mayor.

 

Sin embargo, seguramente muchos se preguntarán por qué las fiestas mayores de la ciudad se celebran en la festividad de estos santos, cuando realmente el patrón de Burgos es san Lesmes, cuya fiesta se celebra en enero. Para explicar esto hay que remontarse varios siglos atrás. En Burgos, como en otras muchas localidades españolas, siempre se contó con festividades destacadas a lo largo del año. Unas eran de carácter extraordinario (como el nacimiento del hijo del rey o para pedir protección a un santo ante circunstancias difíciles como por ejemplo, un brote de peste), mientras que otras tenían carácter religioso y fecha fija, como la del Ángel Custodio o la Santa Cruz. Estas, de naturaleza local, suponían unas jornadas de descanso e interrupción del trabajo.

 

Eran las fiestas de la Santa Cruz, en honor del Santo Cristo de Burgos, las consideradas fiestas mayores de la ciudad, y ya se hablaban de ellas en escritos del siglo XVII. Sin embargo, fue en 1873 cuando el Ayuntamiento decide cambiarlas a san Pedro y san Pablo, tal y como están situadas actualmente, de manera que se sustituyó así la fiesta de mayor peso que era la de la Exaltación de la Santa Cruz que se celebra el 14 de septiembre. Y el motivo de este cambio fue muy simple: así estaba asegurado (más o menos) el buen tiempo, y con él, el tránsito de forasteros que acudían a la ciudad, lo cual estimulaba el comercio. Las fiestas se hicieron coincidir así con la tradicional feria de mercado ganadero, que tenía lugar el 29 de junio.

 

Por su parte, las fiestas de la Santa Cruz continuaron vigentes en el calendario varios años, conviviendo con las de San Pedro y San Pablo, pero fueron perdiendo importancia hasta desaparecer. A día de hoy, las fiestas de san Pedro y san Pablo han arraigado tanto que… ¿quién se imagina a Burgos sin sus «Sampedros»?

 

Fuente: Archivo Municipal de Burgos

Nuevo sacerdote: «La gente espera mucho de nosotros porque necesita a Dios»

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Jesús, durante alguno de sus cursos en Jerusalén.

Jesús, durante alguno de sus cursos en Jerusalén.

 

Jesús Varga Andrés nació en Burgos en 1993. Es el pequeño de tres hermanos y siempre ha vivido en la capital. Su parroquia ha sido la Inmaculada Concepción, en Gamonal. Fue monaguillo desde niño y entró al Seminario con 12 años, en septiembre de 2005. Los tres últimos años los ha pasado en Roma estudiando Sagrada Escritura en el Pontificio Instituto Bíblico. Ha colaborado en las parroquias de San Pedro y San Felices, San Julián, San Lesmes y San Gabriel de la Dolorosa en Riano, Italia, a las afueras de Roma, desempeñando varias tareas pastorales. También le gusta la música y ha ayudado en los coros de estas parroquias. En el Seminario fue, junto a sus compañeros, fundador del grupo de rock cristiano Pescadores de Hombres y llegaron a componer un musical vocacional con el título A corazón abierto. Fue ordenado diácono el 1 de Julio de 2017 y el próximo 30 de junio será ordenado sacerdote en la catedral.


¿En qué momento Dios se cruza en tu vida y sientes la vocación al sacerdocio?

 

Aunque entré muy pronto en el Seminario, la llamada de Dios tuvo lugar más adelante, cuando yo tenía unos 16 o 17 años. Estaba saliendo de la edad del pavo y, a través de ciertas experiencias, Dios me fue tocando el corazón poco a poco. Lo primero de todo fue la experiencia de hacer voluntariado en el Cottolengo del valle de las Hurdes, que es un lugar donde cuidan a las personas más enfermas y más pobres; yo fui obligado a ir por mi formador del Seminario, pero allí descubrí la belleza de dar sin recibir nada a cambio, de entregarse a los demás gratuitamente: me sentí muy feliz ayudando a aquellas personas, algunas de las cuales eran muy jóvenes y tenían graves enfermedades. Ahí Dios entró en mi vida y rompió la burbuja de comodidad en la que vivía.

 

¿Te resultó fácil dar el sí al Señor?

 

Desde luego que no. Al principio era un no rotundo. Yo me fijaba mucho en lo que tenia que dejar atrás, en lo que tenía que renunciar, como la carrera que quería estudiar, en mis amistades, en mi bienestar, por responder sí a la vocación a la que Dios me llamaba. Veía todo como una gran renuncia, hasta que con el tiempo me di cuenta de que en realidad era una entrega y que era mucho más grande aquello que recibía de Dios que aquello que dejaba.

 

¿Cómo has vivido con tu familia y amigos este proceso de vocación sacerdotal?

 

Mi familia desde el primer momento me ha apoyado y ha estado muy cerca en los distintos pasos que he ido dando. Admiro la generosidad de mis padres porque se fue mi hermano mayor al Seminario, el mediano y después el pequeño. Ellos siempre han estado abiertos a dejar crecer en la familia la vocación al sacerdocio. Mis hermanos fueron el ejemplo que seguí al entrar de pequeño en el Seminario, y hoy lo siguen siendo. Para mis amigos hubo diferencias: algunos me apoyaron desde el primer momento y otros lo calificaron como decepcionante y me decían que estaba desperdiciando la juventud y la vida. Pero es cierto que mis amigos también han vivido muy de cerca el desarrollo de mi vocación.

 

¿Cómo palpas desde tu propia persona lo que la sociedad espera del sacerdote de hoy?

 

Ciertamente, espera mucho. Veo en muchas ocasiones que estamos en el punto de mira tanto de lo que decimos como de lo que hacemos. Y es que esperan de nosotros porque necesitan de Dios, y en nosotros pueden ver a Dios actuar. A través del sacerdote buscan ver un Dios cercano y encarnado en los problemas que vive el hombre de hoy.

 

Cuento con la ayuda de los laicos para trabajar lo mejor posible; cuento con sus fuerzas, con sus consejos y seguro que aprenderé mucho de ellos. Les pido paciencia y comprensión.

 

¿La formación en el Seminario sirve realmente para la vida, o resulta demasiado teórica?

 

Es verdad que muchas veces se queda en teoría, y de la teoría a la práctica va un trecho. Pero la formación es muy importante: el sacerdote de hoy debe ser una persona muy preparada para dar respuestas y sobre todo para dar testimonio con su vida. Y por eso, el Seminario es muy importante, aunque es cierto que no debe ser una burbuja alejada de la realidad. A veces se proponen ideales inalcanzables y no podemos olvidar que tenemos los pies en la tierra.

 

¿Qué ha supuesto para ti la experiencia vivida en Roma?

 

Un gozo y una suerte. Vivir en el corazón de la Iglesia universal y tan cerca del Papa te hace mirar más allá y ver que la Iglesia no es solo tu diócesis o tu parroquia, sino que es muy grande y con mucha variedad de culturas. Además, el estudio de la Biblia me encanta, porque es muy útil y provechoso para la vida personal y seguro que también lo será para el futuro.

 

¿Algún mensaje especial del papa Francisco a los nuevos sacerdotes?

 

Recuerdo unas palabras que nos dirigió en una audiencia el año pasado: el desafío permanente es superar el individualismo, vivir la diversidad como un don, y buscar la unidad del presbiterio, que es signo de la presencia de Dios en la vida de la comunidad. Presbiterio que no mantiene la unidad, de hecho, echa a Dios de su testimonio.

 

¿De qué manera afrontas el reto de atraer a los jóvenes a la Iglesia?

 

Con mucha ilusión y ganas. Son el futuro y son la fuerza que necesita la Iglesia en estos momentos. Para mí, son la prioridad.

 

¿Qué les pides a los seglares, con los que tendrás que compartir tu trabajo en el día a día?

 

Que cuento con su ayuda para trabajar lo mejor posible; cuento con sus fuerzas, con sus consejos y seguro que aprenderé mucho de ellos. Les pido paciencia y comprensión.