Concluyen los ejercicios espirituales para sacerdotes en San Pedro de Cardeña

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Este sábado han concluido en el monasterio cisterciense de San Pedro de Cardeña los ejercicios espirituales coordinados por la Vicaría para el Clero destinados a los sacerdotes de la archidiócesis burgense.

 

Los ejercicios, en los que ha participado un nutrido grupo de sacerdotes diocesanos, han estado dirigidos por el padre Jesús Manuel García Gutiérrez SDB, profesor de Teología Espiritual Fundamental en la Universidad Pontificia Salesiana de Roma.

 

Esta tanda de ejercicios, la primera del curso, comenzó el pasado domingo y ha tenido como eje vertebrador la oración, al hilo de lo indicado por el papa Francisco de cara al Jubileo de 2025. En ese sentido, el profesor García Gutiérrez se ha centrado en los maestros de la oración, desgranando las claves que utilizaron grandes maestro de la oración como santa Teresa de Jesús, san Ignacio de Loyola, san Francisco de Asís o san Pablo VI, entre otros.

Los profesores de Religión comienzan el curso formándose para prevenir los abusos

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La Delegación de Educación de la archidiócesis de Burgos ha organizado este 3 de septiembre una jornada de formación para los profesores de Religión de la provincia. Coordinada por la Oficina de Protección de Menores y Personas Vulnerables de la archidiócesis, ha corrido a cargo de la psicóloga Elena Arderius, directora del Centro de Acompañamiento Integral de la Familia y profesora de la Universidad Francisco de Vitoria (UFV). En este encuentro han participado cerca de 50 docentes de la asignatura de Religión de toda la provincia.

 

La directora de la Oficina de Protección de Menores y Personas VulnerablesMercedes Hernández, ha señalado en su presentación que «los abusos son una realidad, ante la que tenemos la oportunidad de, en lugar de escandalizarnos, evangelizar y transformarla, convirtiéndonos en agentes de protección».

 

El objetivo de la jornada ha sido que los participantes puedan tomar conciencia de la magnitud de la realidad de los abusos sexuales en la sociedad actual, así como profundizar en el conocimiento de los signos físicos, psíquicos o conductuales reveladores de que un menor pueda estar siendo víctima de un posible caso de abuso sexual.

 

​En el transcurso de la charla se ha insistido, además, en la relevancia de la figura del profesor como agente de prevención y protección de los menores, fundamentalmente, promoviendo el uso de materiales y contenidos, desde las primeras etapas educativas, que le ayuden a conocer su valor único como persona que debe ser respetada, integralmente y en todos los ámbitos, y poniendo en práctica un estilo educativo que favorezca la acogida la cercanía, el interés y la escucha del alumno.

 

​Finalmente, desde su experiencia en la práctica clínica, la ponente ha expuesto a los participantes las formas y circunstancias en que los menores dan a conocer los abusos que sufren, indicando a los profesionales asistentes las actitudes y formas de proceder ante tal revelación.

 

La delegada de Educación de la archidiócesis, Manuela García, ha destacado la gran participación que ha cosechado la jornada de formación, que también ha servido a los participantes como un encuentro días antes de comenzar el curso lectivo. La jornada ha concluido con una misa que los participantes han ofrecido por Amaya Francés, una profesora de Religión de Burgos fallecida el pasado 2 de septiembre a los 43 años, dejando un imborrable testimonio de vida cristiana.

Recomencemos, desde Cristo, en lo cotidiano de la vida

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Queridos hermanos y hermanas:

 

Recomenzamos el tiempo cotidiano de la vida y volvemos a la entrega diaria. Y ahí, en este volver a empezar, Cristo se hace verdaderamente presente para recordarnos que debemos santificarnos en el ofrecimiento de la vida, el trabajo, la familia, las alegrías y las dificultades.

 

Decía san Josemaria Escrivá que «es en medio de las cosas más materiales de la tierra donde debemos santificarnos, sirviendo a Dios y a todos los hombres». De esta manera, cuando hacemos del trabajo ordinario un lugar de encuentro con el Señor, todo adquiere un sentido nuevo, sobrenatural, distinto. Hagámoslo con empeño, sin dejar un solo detalle sin cuidar, porque en el Cielo, adonde nos dirigimos de la mano de Dios, no hay trabajo ni planes ni conocimiento ni sabiduría que puedan suplir nuestra labor en esta Tierra (cf. Ec 9, 10).

 

El apóstol Pablo instaba a la comunidad de Corinto a mantenerse «firme e inconmovible», sin dejar de progresar en la obra del Señor, consciente de que su trabajo en Él no es en vano y «sabiendo que no dejará sin recompensa nuestro trabajo» (1 Cor 15, 57).

 

Cristo se hace presente, una y otra vez, en el quehacer frecuente de la vida. Ahí nos habla, nos renueva y nos alimenta con su presencia. Por eso, hemos de educar la mirada hacia Él para mirar con ojos nuevos las pequeñas cosas que hacen, de su Reino, un hogar tranquilo, sosegado y apacible de eterna salvación para todos. Mirar para aprender a ver, y viceversa, hasta que advirtamos a Dios en cada detalle, sentido y circunstancia de nuestra frágil existencia.

 

Cada inicio se convierte en una oportunidad para mirar como el Señor nos mira. A menudo, cuando su presencia permanece escondida entre cientos de detalles frecuentes, me pregunto cómo será la mirada de Jesús cuando habita en nuestros ojos. Y me imagino su rostro, su semblante y su gesto al contemplar el milagro de la vida. Y pienso que esa es la única manera en la que hemos de vivir: aprendiendo a mirar cómo Él lo hace.

 

Recomenzar desde Cristo es, también, acompañar y dejarse acompañar, acoger a quien acude a nuestro encuentro para buscar una luz o abandonarnos al hermano que aparece para iluminarnos el camino. Empezar de nuevo es ver a Dios en los ojos alborozados del resucitado y en las lágrimas mendicantes del herido, es darles un sentido renovado a los acontecimientos y es buscar la voluntad del Padre en todo aquello que nos sucede. Empezar es vivir el servicio con alegría, es desposeerse de las comodidades que nos encadenan y es amar lo que no siempre nos apasiona.

 

La vida en Cristo es un milagro que responde a un amor –el suyo– que no se marchita jamás. Cuidar el lugar que Dios ocupa en nuestra vida es el comienzo de una nueva aventura. Cada amanecer, por tanto, ha de revestirse de un deseo renovado que implica vivir la santidad en las pequeñas cosas, en todo aquello que parece insignificante a los ojos del mundo, en lo que por su incalculable sencillez y humildad pasan desapercibidas a los ojos superficiales.

 

De cara a esta etapa que ahora comienza y de la mano de la Virgen María, os invito a cuidar los detalles que tejen nuestra existencia, hasta que entendamos que nuestra vida «está escondida con Cristo en Dios» (Col 3, 3). Y no hay más camino hacia el Reino que este amor que tantas veces no se puede comprender porque supera toda nuestra capacidad, conciencia y entendimiento.

 

Aprendamos de María a tener presente al Señor en cada tarea, no nos apartemos de Dios cuando aflore el cansancio y recordemos siempre que el Señor recompensará con el infinito a cada uno por el bien que haya hecho (cf. Ef 6, 8).

 

Con gran afecto, pido a Dios que os bendiga.

 

+ Mario Iceta Gavicagogeascoa

Arzobispo de Burgos

El acompañamiento y la sinodalidad, prioridades pastorales para el nuevo curso

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El plan de pastoral ‘Peregrinos de Esperanza’ aborda el modo en que la Iglesia en Burgos quiere poner en práctica las conclusiones de la última Asamblea Diocesana. Las numerosas propuestas de su documento final decidieron abordarse en el transcurso de los sucesivos cursos pastorales, poniendo énfasis en algunos de sus puntos clave. Si el año pasado se hizo especial hincapié en la promoción del primer anuncio, este año, la archidiócesis se plantea como meta impulsar el acompañamiento y seguir desarrollando la sinodalidad.

 

Según explican desde la vicaría de Pastoral, se desea prestar atención a estos aspectos «porque los tenemos menos desarrollados, son más difíciles o hacen más falta». De esta manera, la idea del acompañamiento y la sinodalidad deberán «recogerse y concretarse también en las programaciones y proyectos de cada organismo diocesano y de las diversas comunidades cristianas, parroquias, arciprestazgos, vida consagrada y movimientos laicales».

 

Para ello, desde el equipo que configura la vicaría de Pastoral ofrecerán formación sobre el modo de desarrollar el acompañamiento. También plantean ofrecer propuestas concretas para la inserción en la comunidad cristiana y la continuidad más allá del primer anuncio, promoviendo así un proceso continuado a través de grupos de vida. También se impulsará la ejecución del plan diocesano de pastoral Familiar, con la creación de una red de agentes parroquiales y la educación afectivo-sexual de adolescentes y jóvenes, con nuevos métodos y personas preparadas para ejecutarlo.

 

Sinodalidad

 

Para seguir caminando en sinodalidad, las propuestas para el próximo curso se centran en participar en el Jubileo Universal del año 2025, que coincide con el 950 aniversario de la erección de la diócesis de Burgos. De esta manera, se pide que las diversas actividades que se programen «ayuden a crecer en conciencia diocesana y en misión evangelizadora».

 

También se proseguirá en la constitución de unidades pastorales, la promoción de ministerios laicales y la formación práctica acerca del discernimiento y la conversación espiritual como medio y modo de funcionar habitual en ámbitos de decisión.

Disfrutemos de la naturaleza y cuidemos la Creación

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Queridos hermanos y hermanas:

 

Espera y actúa con la Creación es la invitación que nos dirige el Papa Francisco con motivo de la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, que celebramos el próximo 1 de septiembre.

 

Con la única intención de que nuestra vida sea «canto de amor por Dios y cuidado de nuestra casa común», el Santo Padre pone su mirada en la carta que san Pablo escribe a los romanos (cf. Rm 8, 19-25), donde el apóstol de los gentiles se concentra en la esperanza cierta de la salvación por medio de la fe, «que es la vida nueva en Cristo».

 

Esta invitación clara a vivir según el Espíritu para esperar y actuar en consonancia con la Creación, y a hacerlo más adentro aún del corazón de Cristo, implica «vivir una fe encarnada» que, en palabras del Papa, «sabe entrar en la carne sufriente y esperanzada de la gente». En Jesús, el Hijo eterno hecho hombre, «somos verdaderamente hijos del Padre». Un gesto que nos invita a ser todos uno en el Amor, amándonos como Él nos ama (cf. Jn 13, 34-35) para hacer del Evangelio el único camino de verdadera salvación.

 

Hemos de renacer cada día, y no solo del agua y del espíritu, sino «de toda palabra que sale de la boca de Dios» (Mt 4, 4). A veces con gemidos, otras en silencio, pero siempre con un profundo anhelo de amor.

 

La Creación entera gime (cf. Rm 8,19-22), los cristianos gimen (cf. vv. 23-25) y gime el propio Espíritu (cf. vv. 26-27), revela el Santo Padre en su mensaje para esta Jornada. Por ello, toda la Creación «está implicada» en este proceso de un nuevo nacimiento. Un gemido que espera la tan ansiada liberación: «Se trata de un crecimiento escondido que madura, como “un grano de mostaza que se convierte en un gran árbol” o “levadura en la masa” (cf. Mt 13, 31-33)». Los comienzos son insignificantes, manifiesta, «pero los resultados esperados pueden ser de una belleza infinita».

 

Porque el amor a Dios y a los hermanos nos mueve a promover la naturaleza que Él mismo nos ha legado para que la cuidemos, la protejamos y la hagamos fecunda.

 

A menudo me estremezco al contemplar los hermosos paisajes de Castilla, o las puestas de sol en la calma serena del atardecer. Es el reflejo de la belleza de Dios, plasmada en la obra de sus manos que genera en nosotros el agradecimiento profundo y la admiración que estremece, capaz de calmar cualquier corazón desolado o en ruinas.

 

Cuántas veces nos arrepentimos de no apartar por un instante nuestras ocupaciones para contemplar la belleza que el Creador ha hecho surgir a nuestro alrededor.

 

El cuidado de la creación, insiste el Papa en su carta, «no es sólo una cuestión ética», sino también «eminentemente teológica», pues «concierne al entrelazamiento del misterio del hombre con del misterio de Dios». Este detalle, que «se remonta al acto de amor con el que Dios crea al ser humano en Cristo».

 

Ponemos la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, que celebraremos el próximo domingo, en las manos de María. Y así como todos somos llamados por el Padre para labrar y cuidar su admirable jardín (cf. Gn 2, 15), no podemos olvidar que la salvación del ser humano en Cristo es, también y como afirma el Santo Padre en su mensaje para esta Jornada, «esperanza segura para la Creación».

 

Con afecto, pido a Dios que os bendiga.

 

+ Mario Iceta Gavicagogeascoa
Arzobispo de Burgos