La Orquesta Sinfónica de Burgos y 70 voces estrenarán la Misa del VIII Centenario de la Catedral el 29 de junio

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La Misa del VIII Centenario de la Catedral de Burgos es una iniciativa de la Archidiócesis de Burgos y la Fundación VIII Centenario de la Catedral. Burgos 2021 encomendada al compositor burgalés Pedro María de la Iglesia, autor de la música, y Donato Miguel Gómez, responsable de la letra de las canciones. El proyecto ha sido coordinado por Juan Gabriel Martínez, ex director del Orfeón Burgalés y actual director artístico del Concurso Nacional de Coros Antonio José. Su estreno tendrá lugar el próximo día 29 de junio, desde la Escalera Dorada de la Catedral de Burgos, a las 10.00 horas, con motivo de la celebración de las fiestas de San Pedro y San Pablo y de los 800 años del templo gótico, y en ella intervendrán la Orquesta Sinfónica de Burgos (OSBu) y un coro de 70 voces.

 

En la rueda de prensa en la que se ha presentado la obra esta mañana en la sala capitular de la Catedral, Pedro María de la Iglesia ha explicado que será «una misa en castellano con un ordinario de cuatro partes para coro de voces blancas, coro mixto y orquesta sinfónica». La pieza está compuesta en una base tonal actual recogiendo influencias populares basadas en el jazz, la música clásica y el cine. En ella se recrean los principales ambientes sonoros que han pasado por la historia de la Catedral y su ciudad hasta nuestros días, como la música medieval y el canto gregoriano, la música renacentista y barroca fundamentalmente, con acercamientos puntuales a la música tradicional castellana.

 

Tanto en la composición como en la realización, la Misa del VIII Centenario es un proyecto íntegramente burgalés. En la parte coral, se han seleccionado 70 miembros, que pertenecen al Coro de Voces Blancas del Orfeón Burgalés y a la Federación Coral Burgalesa. En la parte instrumental, los 42 músicos pertenecen a la Orquesta Sinfónica de Burgos.  La realización del proyecto ha contado con la colaboración del Cabildo de la Catedral y de la Gerencia Municipal de Cultura del Ayuntamiento de Burgos.

 

Pedro María de la Iglesia nació en Burgos en 1958. Completó sus estudios en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid con mención honorífica en Fuga y premio fin de carrera en Composición. En 1978 comenzó a dirigir la Coral Infantil del Orfeón Burgalés, tres años después fundó la Coral Polifónica Ciudad de Salas y en 1984 la Coral de Cámara Vadillos. Ha sido profesor de Armonía y Formas Musicales en el Conservatorio Antonio de Cabezón y de Orquesta, Coro, Música de Cámara e Informática Musical en el Conservatorio Profesional Rafael Frühbeck de Burgos. Como compositor ha escrito obras para piano, música de cámara, coro y orquesta.

Naciones del mundo se dan cita en Miranda de Ebro

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El pasado sábado, la Fábrica de Tornillos de Miranda de Ebro acogió la tercera edición del Encuentro de Naciones, que promueve su comisión arciprestal de migraciones en colaboración con la delegación diocesana. Unas 350 personas participaron en el evento, que pretende mostrar las tradiciones y costumbres de los migrantes presentes en la ciudad del Ebro y que se celebró en un día especialmente caluroso, con el máximo de temperatura registrado en Miranda desde que hay datos, con 40,7º.

Hubo puestos de 12 países con sus banderas respectivas, artesanías y elementos de su folclore popular: de Europa, Rumanía, Ucrania y España; de África, Mali y Costa de Marfil; y de América, Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Perú, República Dominicana y Venezuela.

Tras un paseo por cada puesto, para sellar los «pasaportes» que recibieron los asistentes, el acto comenzó con una oración al Dios desde la llamada del papa Francisco a la amistad social y la fraternidad universal. Después tocó el turno a las representaciones artísticas de varias personas y agrupaciones: grupo Mies de Miranda de Ebro, danzas ecuatorianas y colombianas, rap ucraniano, baile boliviano, animadas canciones y bailes rumanos… También hubo tiempo para una rifa de productos de comercio justo, juegos para los niños y una gran degustación de delicias de diversos lugares del mundo.

Corpus Christi, un «misterio de fe, esperanza y caridad»

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En 1264, un milagro eucarístico en Bolsena (Italia) impulsó al papa Urbano IV a instituir la fiesta del Corpus Christi con la idea de sacar en procesión a Jesús Sacramentado por las calles y plazas de pueblos y ciudades de todo el mundo. Aquella tradición nunca se vio suspendida, incluso cuando su expansión por Europa corrió de la mano de la temida peste negra. Los dos últimos años, sin embargo, la fiesta se «confinó» en Burgos en el interior de la Catedral, igual que tuvieron que hacerlo numerosas personas en sus casas, a causa del coronavirus.

 

Hoy, ya sin restricciones sanitarias, la fiesta del Corpus ha vuelto a la ciudad con la solemnidad de siempre y con las novedades introducidas en 2019, el último año antes de la pandemia: con misa y procesión en horario vespertino. Este año, además, se ha estrenado itinerario procesional y la custodia con el Santísimo sobre la carroza de plata del maestro Suárez ha recorrido la plaza de Santa María, Nuño Rasura, el Espolón, la calle Santander, San Juan, Laín Calvo y La Paloma, evitando la parada en la Plaza Mayor y en un itinerario salpicado por numerosos altares cuidados por la asociación «Pro Corpus Burgos».

 

Al finalizar el recorrido, el arzobispo ha impartido la bendición con el Santísimo desde el balcón de la Catedral de la plaza del Rey San Fernando, donde ha esperado la comitiva de autoridades civiles, asociaciones eucarísticas, Gigantillos, Gigantones y los Danzantes de la ciudad y numerosos burgaleses, que han acompañado al Señor en todo el trayecto. «El Señor nos arropa en cada momento y nosotros hoy lo arroparemos a él», ha predicho don Mario Iceta momentos antes de la procesión. Y así ha sido.

 

En su homilía ha subrayado que la eucaristía es «un misterio de fe, esperanza y caridad». «Misterium fidei porque es duro seguirlo y tenemos que acoger su grandeza aún en medio de nuestras oscuridades». Misterio de caridad porque «el amor exige presencia» y «Cristo ha querido quedarse entre nosotros», pues «no es un relojero que se desentiende del mundo», sino que «está en medio de nosotros para abrazarnos con su presencia y con su amor. No estamos solos en los momentos de dificultad», ha insistido. «El Señor es descanso en la fatiga, luz en la oscuridad, fortaleza en la debilidad». Por último, ha indicado, la eucaristía es también «misterio de esperanza», pues en ella «Cristo viene a buscarnos cuando las fuerzas fallan al final de nuestras vidas».

 

En el día de Cáritas, el pastor de la archidiócesis ha recordado también que la eucaristía exige que «seamos nosotros su misterio de caridad para los demás». «La mentalidad de Jesús es diferentes de los demás y nos invita: ‘Dadles vosotros de comer’». «Jesús necesita tu pobre ofrenda para alimentar a la humanidad, para compartir lo que tenemos», que quizás «no es dinero, pero sí tiempo, generosidad, habilidades, dones que el Señor nos ha dado… para dar de comer a la multitud», ha invitado.

 

Burgos suma nuevos beatos a su santoral

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El arzobispo, don Mario Iceta, se ha desplazado hasta Sevilla para participar en la ceremonia de beatificación de 27 mártires Dominicos, tres de ellos burgaleses. Se trata de veinte sacerdotes, estudiantes, novicios y hermanos del convento de Almagro; cinco frailes del convento de Almería, un laico dominico de Almería y una monja dominica martirizada en Huéscar. La celebración ha estado presidida por el cardenal Marcello Semeraro, prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos, en la catedral sevillana; ha sido concelebrada por varios obispos y ha contado con la presencia de numerosos miembros de la orden fundada por el también burgalés Domingo de Guzmán.

 

En su homilía, el prefecto de la Congregación para Causa de los Santos ha destacado que estos mártires fueron «personas humanamente muy diversas, con sus caracteres e historias personales», pero a las que les unía el carisma dominico. Se ha detenido especialmente en el caso de la religiosa beatificada, sor Ascensión de San José, que fue martirizada hasta la muerte al negarse al pisar el crucifijo, y ha destacado la radicalidad de la fidelidad al Evangelio de los nuevos beatos hasta el último momento.

 

El cardenal Semeraro ha afirmado que «estos cristianos hacen plantearse a quienes contemplan sus vidas interrogantes irresistibles ¿Por qué son así? ¿Qué es eso que los inspiran? ¿Por qué están con nosotros? Ese testimonio constituye de por sí –ha añadido– una proclamación silenciosa, pero a la vez clara y eficaz de la Buena Nueva».

 

Aludiendo al papa Francisco, el cardenal ha recordado que «el Señor no nos manda a una situación cómoda y fácil, nos lo recuerdan nuestros mártires. Vivir como cristiano puede ser una cosa mal vista, sospechosa, ridiculizada, y las persecuciones no son solo una realidad del pasado, hoy también la sufrimos», ha subrayado.

 

Dionisio Pérez García, Paulino Reoyo García y Ricardo Manuel López y López se suman así a la amplia lista de mártires burgaleses asesinados por odio a la fe durante la persecución española de los años 30 del pasado siglo. Sebastian Sáinz López no compone finalmente la lista de burgaleses, ya que su procedencia es cántabra.

El arzobispo, un «aprendiz» del Curpillos

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Había ganas. Muchas. Después de dos años de ausencia a causa de la pandemia, los burgaleses se han lanzado en masa a vivir su tradicional fiesta de Curpillos. Y aunque el año pasado la celebró a puerta cerrada con las monjas de las Huelgas con una eucaristía privada, «con todo tipo de tapabocas y geles», también el arzobispo tenía interés por vivir de cerca esta festividad, «después de haber leído mucho para conocer el alma de esta fiesta y de Burgos». Una fiesta de la que ha dicho ser «un aprendiz» y que enseña a todos «a relativizar lo que no es esencial» y a despertar «del insomnio» en el que el mundo se consume «por cosas que son superficiales».

 

«Hay que tomarse la vida en serio», ha dicho en su homilía ante la comunidad cisterciensse, los responsables municipales, autoridades militares y burgaleses presentes en el acto. «Podemos vivir en modo pelusa, donde me lleve el viento», inmersos «en la banalidad, la superficialidad o la inconsistencia». «Pero la vida es seria; la gente lo pasa mal, está sola en sus problemas y no podemos estar a lo banal y a lo superficial», ha denunciado. «Cuando nos tomamos la vida en serio, cada uno puede poner su granito de arena: acompañar a los pobres, dar de comer a un anciamo, sacar a pasear a un enfermo de alzheimer, acompañar a los pobres o a una familia que lo pasa mal». «Si no ponemos nuestros panecillos duros y nuestros peces el Señor no puede dar de comer» a la multitud hambrienta.

 

Don Mario Iceta ha señalado que «podemos esperar en la eternidad, en el Señor», pues «estamos de paso, no tenemos aquí nuestra morada definitiva; nuestra morada es el cielo». Por eso, la fiesta eucarística del Curpillos enseña que «solo la eternidad es la medida del tiempo, más grande que las cosas frugales de este mundo». «Cuánta gente sobrevive… Jesús te dice: ‘Toma mi carne para vivir y no te conformes con migajas de fin de semana’», ha concluido. «Cristo permanece para siempre, hoy, en el Parral cuando el chorizo y la morcilla se acaben, el lunes, el martes… y hasta en tu Viernes Santo de dolor».

 

Tradición eucarística

 

Tras la misa ha tenido lugar la procesión con el Santísimo Sacramento por las calles del barrio de Huelgas. Y es que la del Curpillos o «Corpus Chico» es una fiesta típicamente burgalesa en torno a la eucaristía. Se celebra en torno al Real Monasterio desde el siglo XIV, cuando la fiesta del «Corpus Christi» se celebró de forma particular ocho días después con otra pequeña procesión eucarística. En torno a ella ha surgido una importante cultura popular que conjuga lo religioso y lo profano. A la misa y procesión se han añadido otros elementos del folklore castellano, como bailes de danzantes y gigantones o la popular «jira» al parral. Además, durante la procesión con el Santísimo se porta también el pendón de la batalla de las Navas de Tolosa, parte de la tienda del califa Miramamolín que los cristianos trajeron a Burgos como trofeo de aquella victoria de la Reconquista.